viernes, 20 de marzo de 2026

Primate

 

Título original: Primate

Año: 2025 (Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia)

Director: Johannes Roberts

Productores: Walter Hamada, John Hodges, Bradley Pilz

Guionistas: Johannes Roberts, Ernest Riera

Fotografía: Stephen Murphy

Música: Adrian Johnston

Intérpretes: Johnny Sequoyah (Lucy), Jess Alexander (Hannah), Troy Kotsur (Adam), Victoria Wyant (Kate), Gia Hunter (Erin), Benjamin Cheng (Nick), Charlie Mann (Drew), Tienne Simon (Brad), Miguel Torres Umba (Ben), Amina Abdi (Susan), Robin Chalk (intérprete), Joe Abercrombie (editor), Nick Romano (oficial de Policía)

Sinopsis: Durante unas vacaciones, Lucy, junto a un par de amigas, vuelve a su casa en Hawái con su familia. Todo apunta a que las jovencitas van a pasar unos estupendos días de fiesta. Pero Ben, el chimpancé-mascota de su padre, al que tratan y consideran como uno más de ellos, ha contraído la rabia y se ha vuelto muy agresivo. Lucy y sus amigos se refugian en la piscina, tratando de evitar los ataques del feroz simio.

En un episodio de la primera temporada de la serie Landman: Un negocio crudo (Landman, 2024-), Tommy Norris (sublime Billy Bob Thornton) le cuenta a su hija, Ainsley (una pizpireta Michelle Randolph), que de niño quiso tener un chimpancé. Para vestirlo de marinero y esas cosas que se ven por la tele. Pero se olvidó de dicha idea cuando comprendió que estos monos están lejos de esa infantil e inocente imagen que se vende de ellos. Que lo que hacen es arrancarte las pelotas, destrozarte la cara a mordiscos y arrojarte su mierda. Y es que un chimpancé puede ser muy peligroso, y mucho más si el animal está enfermo de rabia, como ocurre en la presente película realizada por Johannes Roberts.

Primate, tras pasarse el pasado 2025 por distintos festivales de cine con notable éxito de público, sería una de las primeras cintas de corte fantástico-terrorífico estrenadas en 2026 [1]. Con ella, su director, el británico Johannes Roberts, volvía por sus fueros con una nueva cinta de survival horror con amenaza animal circunscrita a un espacio reducido donde la bestia tiene más libertad de movimiento que sus potenciales víctimas humanas. Ahora bien, si en A 47 metros (47 Meters Down, 2017) y su secuela, A 47 metros 2: el terror emerge (47 Meters Down: Uncaged, 2019) [2] teníamos a un par de chicas aterrorizadas bajo el agua por unos escualos, en su nueva propuesta Johannes nos lleva a una lujosa mansión de Hawái donde un grupo de jóvenes tienen que hacer frente a un chimpancé con rabia, y los chavales se ven obligados a atrincherarse en la piscina para tratar de mantenerse a salvo. Ahora el medio acuático es el asidero, el refugio, cuando en aquéllas era el medio natural por donde se movía el peligro. Pero más allá del cambio de bestia y escenario, llama la atención el diferente enfoque con el que su responsable conduce la historia. Frente al suspense de aquellas dos aventuras subacuáticas, en la presente se apuesta por la acción, la violencia (y el gore) [3] y el humor negro en un esquema más desenfadado que nos lleva de la mano al slasher ochentero.

Una muchacha enfrentada a un primate (en este caso un orangután) en el marco acotado de una enorme mansión (en una localidad costera de Inglaterra) era la premisa argumental de uno de los films británicos de la Cannon, Link (Link, 1986), realizado por el australiano Richard Franklin. Cierto es que la cinta de Johannes comparte no pocos puntos en común con aquélla, aunque allí el simio no tenía ninguna enfermedad y sí muchas ganas de rebelarse y vencer su condición de ser inferior. Evolucionar para situarse en el mismo plano que los humanos, hablar con estos de tú a tú y dejar de ser un mero sirviente. Al igual que el Rey Louie, quería conocer el secreto del fuego para así tener poder (que cantara Louis Jordan) y ello aprovecharía la improvisada/forzosa heroína, Jane (Elisabeth Shue), para escapar de sus garras y no ser otra de sus víctimas. Sin embargo, Johannes Roberts no menciona dicho trabajo entre los referentes [4], y sin embargo señala como la principal influencia para su película el Cujo (Cujo, 1983) que Lewis Teague [5] realizara sobre la novela homónima de Stephen King (la idea de Primate surgió precisamente a partir de una anécdota de unos quince años atrás que tuvo Johannes con un perro). Tanto Roberts como su coguionista, Ernest Riera [6], consideran a King su maestro, y junto a aquélla también reconocen la importancia para esta nueva cinta de otra adaptación a la pantalla del célebre autor de Portland, Christine (Christine, 1983), así como de otros trabajos del director de ésta, John Carpenter, caso de la seminal La noche de Halloween (Halloween, 1978), a la que hacen diversas referencias/reverencias y de la que se acogen a su esquema de slasher. De igual manera se acercan a la reconocible música del realizador oriundo de Carthage para la banda sonora. Johannes tuvo claro desde un primer momento que quería efectos visuales prácticos, prescindiendo en lo posible de las imágenes creadas por ordenador. Utilizar a personas disfrazadas (a Miguel Torres Umba, precisamente), animatronics y efectos prácticos en lugar de crear simios virtuales, lo que conlleva a una mejor comunión con el respetable y logra una mayor verosimilitud pese a no contar con un presupuesto demasiado holgado [7].

También como en A 47 metros, el protagonismo principal de la que aquí nos ocupa recae en un grupo de chicas y una vez más hay dos hermanas entre ellas. Debido a la intención de estructurar la cinta como un slasher, no bastaba reducir el protagonismo a dos personajes, sino que la ocasión requería unos cuantos más para servir de víctimas al mono asesino. Esta carne de cañón recae en una amiga y compañera de clase, más despendolada y ligera de cascos, un viejo amigo de la familia muy dado a fumar porros y potencial ligue de aquélla, y en un par de chicos tan pijos e idiotas como odiosos (uno blanco y uno negro) que son con los que más disfruta la audiencia cuando caen bajo las garras del rabioso Ben. Y es que, como en los viejos y buenos (o malos) slashers, los adolescentes con ganas de juerga y sexo son los más propicios para pasar a mejor vida... y de una forma harto violenta. El clímax final lo protagoniza Adam, el padre de las dos hermanas, el antropólogo al que presta su físico el oscarizado actor sordomudo Troy Kotsur [8]. No estaba inicialmente en el guion, pero al entrar Kotsur en el reparto se modificó la conclusión, y se hizo aún más física y animal la confrontación entre el progenitor de las jóvenes y el chimpancé enfermo de rabia, lo que le vino muy bien a la cinta.

Primate es un film hecho por unos fans del cine de terror y destinado a un público igualmente acérrimo del género. Es decir, una película de terror de las de toda la vida. De las que no se avergüenzan por ello. No es ni pretende ser elevated horror, ni su responsable ansía cubrirse con un manto de genialidad y dignidad por albergar temas sociales e importantes, ni alzarse como abanderado de tales o cuales cuestiones de interés humano... Por suerte. Es un título para disfrutar con un buen mal rato, que busca la complicidad del respetable, no sermonearlo ni adoctrinarlo. Con sus partes de suspense que preceden las dosificadas escenas de asesinatos (algunos muy bestias), con su humor justo y necesario, con su reparto joven y hermoso (sin pedir disculpas por ello), con un más que correcto apartado técnico con unos muy adecuados efectos a cargo de Millenium FX y una estupenda fotografía obra de Stephen Murphy. Quien se vea/crea por encima de todo esto y necesite de grandes valores y “autores” para el género, pues que recurra a Jordan Peel, Jennifer Kent y demás pesados...

Alfonso & Miguel Romero

[1] A los cines españoles llegaría el 6 de febrero. Su premiere tuvo lugar en el Festival de Sitges de 2025.

[2] Comentada en este mismo blog: https://lesdansesmacabres.blogspot.com/2022/07/a-47-metros-2-el-terror-emerge.html

[3] La cinta sería clasificada por la MPAA como R por su fuerte contenido sangriento y violento, gore, lenguaje, y por cierto consumo de drogas.

[4] Tampoco nombra entre sus referentes otro pequeño gran clásico de los ochenta con un mono como peligrosa y asesina amenaza en un entorno acotado: Atracción diabólica (Monkey Shines, George A. Romero, 1988). En ella un joven estudiante, Allan (Jason Beghe), sufre un accidente y queda paralítico. Un amigo, Geoffrey (John Pankow), que experimenta con monos capuchinos, le proporciona un ejemplar hembra de nombre Ella, de la que ha fingido su muerte en el laboratorio, para que le ayude con sus tareas. Geoffrey sigue experimentando con el animal, y la inicial empatía que había entre Ella y el discapacitado lleva a un duelo entre ambos para ver quién es más fuerte y se hace con el mando de la relación, cobrándose varios cadáveres de por medio. Con el suspense por encima de las vísceras, tan propias de las películas de zombis de su responsable, Atracción diabólica fue en su momento uno de los trabajos de Romero mejor considerados por la crítica.

[5] Director también de otro imprescindible título con peligro animal, La bestia bajo el asfalto (Alligator, 1980).

[6] Señalado por Riera en la entrevista que concedió en Sitges por este trabajo al blog La Abadía de Berzano: https://cerebrin.wordpress.com/2026/02/09/entrevista-a-ernest-riera-coguionista-de-primate/

[7] Compárense los ataques del hidrofóbico mono con los digitales de, por ejemplo, el ciervo y los conejos de Bambi: The Reckoning [tv/dvd/br: Bambi: La venganza, Dan Allen, 2025], por nombrar otra reciente cinta de survival con ataque animal.

[8] Quien se hizo en 2022 con la estatuilla al mejor actor de reparto por su rol en CODA: Los sonidos del silencio (CODA, Sian Heder, 2021).