domingo, 22 de marzo de 2026

Amblin Entertainment, sus primeros 45 años. La productora de nuestras maravillas. (Pano Art Books, 2025, Sergi Atencia Sánchez editor)

 

Sergi Atencia Sánchez, editor de Pano Art Books y veterano crítico de cine, rinde aquí homenaje a la Amblin, la productora que su admirado Steven Spielberg [1] fundara por 1981 junto a Frank Marshall y Kathleen Kennedy, y que ahora cumple nueve lustros de andadura. Una compañía que redefinió el cine popular y que atesora a lo largo de todos estos años en su extenso catálogo no pocos títulos de éxito y un buen puñado de cintas que quedaron grabadas a fuego en el imaginario cinéfilo-colectivo. Apostando por la fantasía blanca y un cine familiar y positivo, alejándose de este modo de los parámetros más oscuros y pesimistas que marcaron a la industria de Hollywood en la década de los setenta. Prefiriendo aquél historias muchas veces protagonizadas por personajes infantiles, ya sean niños o adultos que, como Peter Pan, nunca crecieron (o quisieron crecer), que se enfrentan a temas/tramas fantásticas (o no) desde la inocencia y la fragilidad, solventando de paso trances emocionales; situadas en tantas ocasiones en pequeñas ciudades aisladas del Medio Oeste, cuya tranquilidad y cotidianidad se ven irrumpidas por un elemento externo; y en las que la familia y la amistad se alzan como asideros con los que solventar las adversidades y buscar lo bueno de uno mismo, recuperando y haciendo suyo el espíritu/la magia que revoloteaba por las cintas de Frank Capra.

Amblin Entertainment, sus primeros 45 años. La productora de nuestras maravillas, con más de 600 páginas y más de 100 películas comentadas, analiza los cambios surgidos en la productora década a década, y recoge reseñas de todos y cada uno de los trabajos producidos por la compañía en su larga trayectoria, además de anunciarnos los próximos proyectos de la casa. Para tan ambiciosa empresa, el autor ha contado con la ayuda de su socio en Weird Magazine, José Manuel Sarabia (Jota M Weird en los créditos), de otros colaboradores de dicha publicación (caso de los muy ocupados Octavio López Sanjuán y Reverendo Wilson), y de muchas más firmas hasta llegar a casi una treintena de colaboradores entre los que hemos tenido el honor de participar.

El libro cuenta con dos ediciones distintas. Una en tapa blanda y un solo volumen, y otra en tapa dura y dividido en dos tomos.

Para más información os dejamos la dirección de su página web: https://panoramicadelasartes.com/pano-books/

Alfonso & Miguel Romero

[1] La editorial cuenta también en su catálogo con más trabajos sobre el “Rey Midas de Hollywood” como Spielberg a lo largo de sus monstruos, escrito por el propio Sergi Atencia.


viernes, 20 de marzo de 2026

Primate

 

Título original: Primate

Año: 2025 (Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia)

Director: Johannes Roberts

Productores: Walter Hamada, John Hodges, Bradley Pilz

Guionistas: Johannes Roberts, Ernest Riera

Fotografía: Stephen Murphy

Música: Adrian Johnston

Intérpretes: Johnny Sequoyah (Lucy), Jess Alexander (Hannah), Troy Kotsur (Adam), Victoria Wyant (Kate), Gia Hunter (Erin), Benjamin Cheng (Nick), Charlie Mann (Drew), Tienne Simon (Brad), Miguel Torres Umba (Ben), Amina Abdi (Susan), Robin Chalk (intérprete), Joe Abercrombie (editor), Nick Romano (oficial de Policía)

Sinopsis: Durante unas vacaciones, Lucy, junto a un par de amigas, vuelve a su casa en Hawái con su familia. Todo apunta a que las jovencitas van a pasar unos estupendos días de fiesta. Pero Ben, el chimpancé-mascota de su padre, al que tratan y consideran como uno más de ellos, ha contraído la rabia y se ha vuelto muy agresivo. Lucy y sus amigos se refugian en la piscina, tratando de evitar los ataques del feroz simio.

En un episodio de la primera temporada de la serie Landman: Un negocio crudo (Landman, 2024-), Tommy Norris (sublime Billy Bob Thornton) le cuenta a su hija, Ainsley (una pizpireta Michelle Randolph), que de niño quiso tener un chimpancé. Para vestirlo de marinero y esas cosas que se ven por la tele. Pero se olvidó de dicha idea cuando comprendió que estos monos están lejos de esa infantil e inocente imagen que se vende de ellos. Que lo que hacen es arrancarte las pelotas, destrozarte la cara a mordiscos y arrojarte su mierda. Y es que un chimpancé puede ser muy peligroso, y mucho más si el animal está enfermo de rabia, como ocurre en la presente película realizada por Johannes Roberts.

Primate, tras pasarse el pasado 2025 por distintos festivales de cine con notable éxito de público, sería una de las primeras cintas de corte fantástico-terrorífico estrenadas en 2026 [1]. Con ella, su director, el británico Johannes Roberts, volvía por sus fueros con una nueva cinta de survival horror con amenaza animal circunscrita a un espacio reducido donde la bestia tiene más libertad de movimiento que sus potenciales víctimas humanas. Ahora bien, si en A 47 metros (47 Meters Down, 2017) y su secuela, A 47 metros 2: el terror emerge (47 Meters Down: Uncaged, 2019) [2] teníamos a un par de chicas aterrorizadas bajo el agua por unos escualos, en su nueva propuesta Johannes nos lleva a una lujosa mansión de Hawái donde un grupo de jóvenes tienen que hacer frente a un chimpancé con rabia, y los chavales se ven obligados a atrincherarse en la piscina para tratar de mantenerse a salvo. Ahora el medio acuático es el asidero, el refugio, cuando en aquéllas era el medio natural por donde se movía el peligro. Pero más allá del cambio de bestia y escenario, llama la atención el diferente enfoque con el que su responsable conduce la historia. Frente al suspense de aquellas dos aventuras subacuáticas, en la presente se apuesta por la acción, la violencia (y el gore) [3] y el humor negro en un esquema más desenfadado que nos lleva de la mano al slasher ochentero.

Una muchacha enfrentada a un primate (en este caso un orangután) en el marco acotado de una enorme mansión (en una localidad costera de Inglaterra) era la premisa argumental de uno de los films británicos de la Cannon, Link (Link, 1986), realizado por el australiano Richard Franklin. Cierto es que la cinta de Johannes comparte no pocos puntos en común con aquélla, aunque allí el simio no tenía ninguna enfermedad y sí muchas ganas de rebelarse y vencer su condición de ser inferior. Evolucionar para situarse en el mismo plano que los humanos, hablar con estos de tú a tú y dejar de ser un mero sirviente. Al igual que el Rey Louie, quería conocer el secreto del fuego para así tener poder (que cantara Louis Jordan) y ello aprovecharía la improvisada/forzosa heroína, Jane (Elisabeth Shue), para escapar de sus garras y no ser otra de sus víctimas. Sin embargo, Johannes Roberts no menciona dicho trabajo entre los referentes [4], y sin embargo señala como la principal influencia para su película el Cujo (Cujo, 1983) que Lewis Teague [5] realizara sobre la novela homónima de Stephen King (la idea de Primate surgió precisamente a partir de una anécdota de unos quince años atrás que tuvo Johannes con un perro). Tanto Roberts como su coguionista, Ernest Riera [6], consideran a King su maestro, y junto a aquélla también reconocen la importancia para esta nueva cinta de otra adaptación a la pantalla del célebre autor de Portland, Christine (Christine, 1983), así como de otros trabajos del director de ésta, John Carpenter, caso de la seminal La noche de Halloween (Halloween, 1978), a la que hacen diversas referencias/reverencias y de la que se acogen a su esquema de slasher. De igual manera se acercan a la reconocible música del realizador oriundo de Carthage para la banda sonora. Johannes tuvo claro desde un primer momento que quería efectos visuales prácticos, prescindiendo en lo posible de las imágenes creadas por ordenador. Utilizar a personas disfrazadas (a Miguel Torres Umba, precisamente), animatronics y efectos prácticos en lugar de crear simios virtuales, lo que conlleva a una mejor comunión con el respetable y logra una mayor verosimilitud pese a no contar con un presupuesto demasiado holgado [7].

También como en A 47 metros, el protagonismo principal de la que aquí nos ocupa recae en un grupo de chicas y una vez más hay dos hermanas entre ellas. Debido a la intención de estructurar la cinta como un slasher, no bastaba reducir el protagonismo a dos personajes, sino que la ocasión requería unos cuantos más para servir de víctimas al mono asesino. Esta carne de cañón recae en una amiga y compañera de clase, más despendolada y ligera de cascos, un viejo amigo de la familia muy dado a fumar porros y potencial ligue de aquélla, y en un par de chicos tan pijos e idiotas como odiosos (uno blanco y uno negro) que son con los que más disfruta la audiencia cuando caen bajo las garras del rabioso Ben. Y es que, como en los viejos y buenos (o malos) slashers, los adolescentes con ganas de juerga y sexo son los más propicios para pasar a mejor vida... y de una forma harto violenta. El clímax final lo protagoniza Adam, el padre de las dos hermanas, el antropólogo al que presta su físico el oscarizado actor sordomudo Troy Kotsur [8]. No estaba inicialmente en el guion, pero al entrar Kotsur en el reparto se modificó la conclusión, y se hizo aún más física y animal la confrontación entre el progenitor de las jóvenes y el chimpancé enfermo de rabia, lo que le vino muy bien a la cinta.

Primate es un film hecho por unos fans del cine de terror y destinado a un público igualmente acérrimo del género. Es decir, una película de terror de las de toda la vida. De las que no se avergüenzan por ello. No es ni pretende ser elevated horror, ni su responsable ansía cubrirse con un manto de genialidad y dignidad por albergar temas sociales e importantes, ni alzarse como abanderado de tales o cuales cuestiones de interés humano... Por suerte. Es un título para disfrutar con un buen mal rato, que busca la complicidad del respetable, no sermonearlo ni adoctrinarlo. Con sus partes de suspense que preceden las dosificadas escenas de asesinatos (algunos muy bestias), con su humor justo y necesario, con su reparto joven y hermoso (sin pedir disculpas por ello), con un más que correcto apartado técnico con unos muy adecuados efectos a cargo de Millenium FX y una estupenda fotografía obra de Stephen Murphy. Quien se vea/crea por encima de todo esto y necesite de grandes valores y “autores” para el género, pues que recurra a Jordan Peel, Jennifer Kent y demás pesados...

Alfonso & Miguel Romero

[1] A los cines españoles llegaría el 6 de febrero. Su premiere tuvo lugar en el Festival de Sitges de 2025.

[2] Comentada en este mismo blog: https://lesdansesmacabres.blogspot.com/2022/07/a-47-metros-2-el-terror-emerge.html

[3] La cinta sería clasificada por la MPAA como R por su fuerte contenido sangriento y violento, gore, lenguaje, y por cierto consumo de drogas.

[4] Tampoco nombra entre sus referentes otro pequeño gran clásico de los ochenta con un mono como peligrosa y asesina amenaza en un entorno acotado: Atracción diabólica (Monkey Shines, George A. Romero, 1988). En ella un joven estudiante, Allan (Jason Beghe), sufre un accidente y queda paralítico. Un amigo, Geoffrey (John Pankow), que experimenta con monos capuchinos, le proporciona un ejemplar hembra de nombre Ella, de la que ha fingido su muerte en el laboratorio, para que le ayude con sus tareas. Geoffrey sigue experimentando con el animal, y la inicial empatía que había entre Ella y el discapacitado lleva a un duelo entre ambos para ver quién es más fuerte y se hace con el mando de la relación, cobrándose varios cadáveres de por medio. Con el suspense por encima de las vísceras, tan propias de las películas de zombis de su responsable, Atracción diabólica fue en su momento uno de los trabajos de Romero mejor considerados por la crítica.

[5] Director también de otro imprescindible título con peligro animal, La bestia bajo el asfalto (Alligator, 1980).

[6] Señalado por Riera en la entrevista que concedió en Sitges por este trabajo al blog La Abadía de Berzano: https://cerebrin.wordpress.com/2026/02/09/entrevista-a-ernest-riera-coguionista-de-primate/

[7] Compárense los ataques del hidrofóbico mono con los digitales de, por ejemplo, el ciervo y los conejos de Bambi: The Reckoning [tv/dvd/br: Bambi: La venganza, Dan Allen, 2025], por nombrar otra reciente cinta de survival con ataque animal.

[8] Quien se hizo en 2022 con la estatuilla al mejor actor de reparto por su rol en CODA: Los sonidos del silencio (CODA, Sian Heder, 2021). 


jueves, 26 de febrero de 2026

Pompas Fúnebres

 

Hoy tengo el placer de entrevistar a Juan Cañadas (Fatchivo), histórico del R´n´R estatal en diversos estilos:  psychobilly, garage, surf, afterpunk gótico, punk siniestro… Ha militado en bandas como Makiavelix, Radioactive Kids, Cromosoma 3, Espeluzznantes, Cosmic Vampires, Circunskija... y ahora tiene una nueva formación llamada Pompas Fúnebres radicada en el Ejido (Almería) y con gran calidad, como todo lo que ha hecho.

¿Cómo surge la idea de Montar Pompas Fúnebres y quienes lo integráis?

Siempre me rondó la cabeza montar una banda de punk siniestro y después del COVID andaba un poco parado con la música. Hablé con un amigo de aquí y le comenté la idea y, bueno, todo salió rodando solo y estamos muy contentos de poder plasmar lo que queríamos a la perfección en poco tiempo. Ten en cuenta que el grupo lo formamos este verano.

El grupo lo integramos Alex punk bajo y segunda voz , Javi el Pibi a la batería y coros y yo a la guitarra y voz. Somos como una familia de no muertos.

¿Cómo definirías vuestra música y que bandas os influyen?

Punk siniestro, con influencias del death rock , el horror punk y el post punk.

La lista de bandas sería interminable, pero por citar algunas: Parálisis Permanente, Desenterradas, Bauhaus, Sister Of Mercy, Kante Pinrélico, Morticia y los Decrépitos, The Cramps, Espasmódicos, Desechables, Eskorbuto, 45 Grave , Calabrese, Eyaculación Postmorten, La Casa Usher y un muy largo etc ( muy muy largo), aunque estamos sobre todo influenciados por el punk oscuro en español.

¿Me pasaste temas en directo, que por cierto me gustaron mucho, pero por el momento solo actuáis y me gustaría saber si tenéis pensado grabar algo?

Estamos deseando de meternos en el estudio para plasmar nuestros temas en cualquier formato.

¿Cómo ves el panorama musical actual y que grupos destacarías?

El panorama musical dentro de estilos afines a lo que estoy haciendo ahora con Pompas Fúnebres la verdad es que tiene bastante movimiento. Vuelve a resurgir una visión un poco más oscura dentro del punk ,como pasó en los 80's con la movida más siniestra.

Hay un montón de bandas en el territorio nacional con las cuales tenemos bastantes cosas en común, como Desenterradas, Sound of Grave, Ke?!, Kandelabro, Cruces Bajas, Endora y sus Vicios, etc. Y bandas de siempre como Kante Pinrélico, que siguen al pie del cañón. Y ya te digo, solo hablando de sonidos más punks cercanos a nuestra visión de éste.

¿Acabáis de participar con Los Espeluzznates y Cosmic Vampires, en el disco que he producido yo, Alfonso Carlos López presenta… Vintage Sounds, que ha supuesto para vosotros y que sensaciones os da el recopilatorio?

Es brutal participar en una recopilación con grupos tan variados y de tanta calidad, por fin el under puede llegar a más oídos gracias a la difusión que está teniendo.

Por cierto, hablando de Los Espeluzznantes fuisteis teloneros de un grupo que me fascina, The Fuzztones, ¿Cómo fue la experiencia?

Fue una pasada. Para nosotros un sueño ya que somos muy fans de la banda. Les regalamos un CD que a Rudy le gustó mucho, tanto el sonido como las ilustraciones, y querían que los acompañaros como teloneros en otras fechas, lo cual nos fue imposible.

Con Circuskija grabasteis en Perú. Relátanos esta experiencia y alguna otra de las bandas que veas interesante.

Circuskija fue producido en Perú pero grabamos yo aquí y mi hermano en Inglaterra, que es donde reside. Andaba un tiempo queriendo hacer algo de darkwave y, bueno, fue durante el COVID, cuando aprovechamos ya que teníamos mucho tiempo, una disquera peruana, Tumbas Abiertas, se interesó en lo grabado y con la coproducción junto a Rara Avis se pudo hacer. Se movió tanto allí como aquí y el resto del mundo, y subimos algunos videos en Youtube, algunos en plataformas dedicadas a la difusión de ese estilo.

Actualmente hay muy buenas bandas con sonido darkwave, y algunas triunfando bastante, como Twin Tribes, She Past Away, Dark, Molchat Doma, Bragolin, Trisomie, Mementut, Lebanon Hanover, etc.

Viene al caso la siguiente pregunta ya que me comentabas un día que te apasiona la cumbia psicodélica, al igual que a mí, ahonda en esto.

Es un estilo que me gusta hace muchos años por ser tan bailongo y tener ese toque psicodélico loco de los 60 y 70. Además, escuchar versiones de rock’n’roll clásico en clave de cumbia es un locura. Hace años lo pinchaba (entre temas surf, yeyé, etc) cuando no era tan conocido el estilo y la gente se quedaba loca, jajaja,y no paraban de bailar.

Eres un gran amante de la serie B, el terror la ciencia ficción… ¿Cuáles son tus referentes en cine literatura, comics, etc?

Todo lo que huele a terror me gusta desde pequeño. En cine quizá me decanto por los clásicos de la Universal, sin olvidar las películas de los 80 , las de bajo presupuesto de los 50 y los 60, así como la visión del terror en el expresionismo alemán ,cine gore, zombis...

Siempre digo que mi libro favorito es El exorcista, pero no le hago ascos a Edgar Allan Poe o Lovecraft, así como pulp de terror y ciencia ficción de serie b.  Comics siempre: Creepy, Vampus ,Dossier Negro, e Historias de la Cripta.

Ya que estamos…Un disco, una película y un libro que sean imprescindibles para ti.

Me lo pones muy difícil con esto... jeje...

Disco: Yo creo que uno de los discos que más me cambió el concepto de muchas cosas fue el Walk Among Us de los Misfits, aunque tengo muchos discos imprescindibles.

Peli: Nosferatu de Murnau, me marcó mucho y la vi de muy pequeño. Siempre he creído que fue la que sembró mi pasión por el horror.

Libro: El exorcista.

En tu profesión de tatuador ¿Qué estilo de tatuajes te gustan más, los old school u otros?

Tradicional, el old school siempre, y lo que más me gusta es hacer temática de Halloween clásico en ese estilo.

¿Cuáles son vuestros planes inmediatos como banda?

Grabar lo antes posible (en cuanto podamos económicamente) y actuar allá donde nos llamen, estamos sumando nuevos temas al repertorio... ¡Y por supuesto visitar los cementerios de tu ciudad!

Alfonso Carlos López




Emanuela Hutter: "Goose Bumps" (Hi-Style Records,2026, LP).

 

A comienzos de febrero del presente año, concretamente el día 6, salía al mercado Lovers & Fears, tercer álbum del ahora cuarteto La Perra Blanco, producido en Chicago nada menos que por Jimmy Sutton y cuyo tercer single de adelanto, “Sin amor”, contó con una breve aparición en la segunda voz de JD McPherson, buen amigo de aquél. Pocos días después también veía la luz este Goose Bumps, segunda aventura en solitario de Emanuela Hutter, vocalista del bien conocido grupo suizo de R’n’R Hillbilly Moon Explosion, tras A Girl Like You en 2017, contando también con Sutton en la producción (además de colaborar en los coros), y cuyo single de adelanto que pudimos disfrutar un mes antes, “Everybody’s Valentine”, fue escrito por McPherson.

Diez canciones con esa tan bien reconocible como envolvente voz de Emanuela, que arrancan con el mencionado single de aires puramente 60’s, que es lo que prima en el disco. Moviéndose entre el rhythm & blues de “Kiss Me”, la más sucia “Mean Lovin’ Machine”, la guitarra surf de “The Voices”, o el sonido de los grupos de chicas que produjera Phil Spector en “And When You Cry”. Aunque también hay sitio para el country, más calmado en “Today I Forgot to Cry” y “After a Long Life”, o más movido con “One Legged Girl”. Y por supuesto no podían faltar un par de baladas, que tan bien se le dan a nuestra protagonista, “Monday Morning” y “Quiet”, la segunda de las cuales cierra el álbum.

Aunque Hi-Style Records acostumbra a lanzar sus trabajos en CD y LP, hasta el momento Goose Bumps sólo está disponible (dejando a un lado las plataformas digitales y centrándonos en el formato físico) en vinilo de color rojo. Atentos, porque tienen previsto una extensa gira para presentarlo donde volverán a contar con Jimmy Sutton, como pudimos comprobar en el pasado Rockin’ Race de Málaga.

Alfonso & Miguel Romero


sábado, 21 de febrero de 2026

Reivindicando a Eloy de la Iglesia: "Eloy de la Iglesia. El placer oculto del cine español" (Carlos Barea editor, Editorial Dos bigotes, 2024). "Eloy de la Iglesia, adicto al cine" (Gaizca Urresti, 2025).

 

El cineasta Eloy de la Iglesia (Zarautz 1944, Madrid 2006) fue y sigue siendo el ejemplo paradigmático de director maldito dentro del cine español. Comercial e incómodo a un tiempo, sus películas solían ser un muy particular cruce entre cine de explotación (oportunista en cuanto a los temas a tratar y el enfoque elegido, haciendo hincapié en los dos pilares básicos de la exploitation, el sexo y la violencia) y el cine de autor (con un mensaje sociopolítico personal e intransferible, que le acarreó no pocas enemistades, y un estilo formal fácil de identificar por más que le tacharan de poco cuidado). Maltratado y repudiado por la crítica (tanto de derechas como de izquierdas) y por algunos de sus compañeros/colegas, sus títulos eran no obstante bien recibidos por el público, que llenaba las salas en los pases de sus películas. Desaparecería de las carteleras en la segunda mitad de los ochenta, tras el algo anacrónico, y sin embargo exitoso, estreno de La estanquera de Vallecas (1987). La situación personal por aquel entonces del director vasco era muy caótica, pues padecía serios problemas con la heroína [1]. Y no sería hasta 1996 cuando Diego Galán, desde el Festival de Cine de San Sebastián, reivindicara su filmografía y su importancia en el cine español dedicándole una retrospectiva que repasaba su trayectoria y la publicación del libro colectivo Conocer a Eloy de la Iglesia, que editó la Filmoteca Vasca.

Eloy fue una rara avis dentro del panorama estatal. Un cineasta que en muchos aspectos se asemeja al de otro de los malditos de este país, Iván Zulueta, aunque las propuestas fílmicas de uno y de otro difieran mucho en intenciones y en forma. Ambos nacieron en el País Vasco en el seno de una familia burguesa; vivieron la dictadura franquista desde una posición contraria al régimen pero privilegiada por su posición social y económica; trabajaron en televisión antes de dar su salto a la gran pantalla; practicaron un cine personal que daría títulos de culto, ganando adeptos con el paso del tiempo; los dos eran homosexuales y se engancharon a la heroína; y ambos terminaron retirados/exiliados de las carteleras, aunque en este último caso la diferencia es notable: Iván Zulueta se apartó voluntariamente de la dirección, hundido, debido al fracaso que supuso el estreno de su película Arrebato (1979), mientras que Eloy de la Iglesia tendría que apartarse en un momento en que su dependencia de la aguja no le permitía trabajar [2], a la vez que el cine en este país (tras la llegada de Pilar Miró como Directora General de Cinematografía) imponía unas directrices encaminadas a la producción de títulos “de calidad” donde los postulados de aquél no eran bienvenidos.

Algo amargo en la boca, la película "número uno" de Eloy de la Iglesia.

De 1987 a 1996, durante una década, Eloy de la Iglesia iría quedando en el olvido, saliendo su nombre a relucir de vez en cuando en algunas publicaciones o programas de televisión para atacar sus películas y/o su persona. Tras su recuperación por parte del Festival de Cine de San Sebastián, dirigiría Calígula (2001) para Estudio 1 de TVE. Y regresaría al patio de butacas unos años más tarde, en 2003, con Los novios búlgaros, adaptación de la novela de mismo título de Eduardo Mendicutti publicada diez años antes. No hubo tiempo para más, pues Eloy fallecía en 2006, a los 62 años, debido a complicaciones tras una operación de riñón por un tumor, probablemente debido a una septicemia.

A lo largo del presente siglo el cine de Eloy de la Iglesia ha tenido una constante revisitación/reivindicación. Por un lado, debido al creciente interés por el denominado cine quinqui, facturado en los años de la Transición Española, del que el director de origen vasco fue uno de sus principales baluartes. Una serie de exposiciones, documentales y ensayos críticos en revistas o libros monográficos, han analizado este fenómeno cultural que sacudiera el país desde el lumpen de extrarradio [3].

Aunque ya había múltiples ejemplos anteriores en la cinematografía española, fue con Perros callejeros (1977) cuando se dio el pistoletazo de salida a este cine de quinquis, sacando a la luz uno de los rasgos del lado oscuro de la Transición. La película supuso un enorme éxito y su director, José Antonio de la Loma, trataría/repetiría la temática en un ramillete de cintas que aprovechaban el tirón comercial de aquella. Otros realizadores, como Francisco Lara Polop o Ignacio F. Iquino, se sumaron a este filón, tan comercial como de (supuesta) denuncia que, no obstante, también tendría sus aportaciones “más serias y de autor” con Deprisa, deprisa (1981), de Carlos Saura, y/o 27 horas (1986), de Montxo Armendáriz.  Ahora bien, mientras que las propuestas de José Antonio de la Loma, Iquino y/o Polop señalaban la creciente ola de delincuencia juvenil en España como una consecuencia de los nuevos “aires de libertad” de la democracia y la falta de mano dura (propia del régimen franquista) para con los criminales [4], las películas de quinquis realizadas por Eloy de la Iglesia apuntaban a las desigualdades sociales/económicas/educativas propiciadas por una dictadura que marginó, olvidó y no atendió a la escolarización y atención de ciertas capas de la sociedad. Atendiendo a Simón Andreu [5], intérprete que trabajó en diversas ocasiones tanto con De la Loma como con De la Iglesia, mientras que el primero de éstos se acercó al lumpen “desde fuera”, el segundo lo trató “desde dentro”, donde se metió, para bien y para mal, y pudo hablar con más conocimiento de causa, sintiendo una mayor empatía y simpatía por estos jóvenes desclasados. Eloy de la Iglesia se encaprichó/enamoró de uno de estos chicos, José Luis Manzano, y lo convirtió en su muso y protagonista de sus películas de delincuentes juveniles. Su celo para con el chaval impidió que éste proliferara como actor, trabajando (casi) en exclusiva para él, protagonizando sus cinco películas enmarcadas en el cine quinqui: Navajeros (1980), Colegas (1980), El pico (1983), El pico 2 (1984) y La estanquera de Vallecas. La relación que mantuvieron ambos fue muy destructiva, marcada por los celos, la heroína y la violencia, y abocada a un final trágico [6].

Navajeros, un éxito del cine quinqui

Por otra parte, ha habido igualmente en los últimos años diferentes exposiciones y libros que se han acercado de una u otra forma a la figura y la trayectoria profesional de Eloy de la Iglesia. Entre las primeras encontramos en 2018 la muestra Oscuro objeto de deseo, organizada en San Sebastián por Tabakalera, y llevada al año siguiente a Madrid; y entre los segundos y dejando a un lado el arriba citado Conocer a Eloy de la Iglesia, que queda ya lejos en el tiempo, tenemos Urinarios de celuloide. El cine de Eloy de la Iglesia (Vial Books, 2020), coescrito por Jesús Navarro, Victor Olid y José Manuel Romero Moreno, repasando su filmografía y explorando sus consecuencias en la cultura popular; o Lejos de aquí (2017), escrito y autoeditado por Eduardo Fuembuena [7], un voluminoso estudio de más de 800 páginas centrado en la relación entre el director y su muso y amante José Luis Manzano, haciendo de paso balance del periodo histórico nacional que va de 1977 a 1992.

A todo ello se han sumado más recientemente un nuevo libro, Eloy de la Iglesia. El placer oculto del cine español (2024), publicado por Dos Bigotes, y el documental Eloy de la Iglesia, adicto al cine (2025), realizado por Gaizca Urresti, y que queremos recomendar/comentar desde este blog.

El libro, coordinado por Carlos Barea, reúne algo más de una decena de firmas. Dividido en once capítulos, escritos cada uno por un autor diferente, donde se analiza la carrera completa tras las cámaras de Eloy, sus temas y obsesiones, sus actores y actrices, sus diferentes etapas, etc. a través de un prisma político/sociológico respecto a la España que le tocó vivir/sufrir. Diferenciándose de estudios anteriores sobre el director por acercarse a su figura y obra desde una óptica gay y queer. Aplaudiendo la osadía de un pionero que llegó a incluir una visión y unos intereses homosexuales incluso en sus trabajos facturados durante la dictadura, aunque fuera (en ocasiones) de una manera más sutil y velada.

A Eloy le corresponde, una vez caída (al menos de forma oficial) la censura, la primera película española de temática abiertamente gay, Los placeres ocultos (1977), para la que contó con la colaboración de su (amigo y) guionista habitual, Gonzalo Goicoechea, también vasco, burgués y homosexual, al igual que el director. Su estreno estuvo repleto de polémica en aquella España que trataba de despertar y ponerse al día tras cuarenta años de castrante nacionalcatolicismo. Más importante y polémico aún resultó su siguiente trabajo, El diputado (1978), que trataba de un político del partido comunista que oculta su homosexualidad, molestando y poniendo en jaque no sólo a la derecha más rancia, sino también sacando a relucir la homofobia de la izquierda, incluyendo (aprovechando la progresiva apertura) atrevidas (para la época) imágenes de sexo, e incluso orgías, entre hombres.

Previamente, en sus filmes dentro del marco de los últimos años de la dictadura, entre sus títulos más cercanos al thriller, al giallo y al terror, nos legó un tríptico de interesantes trabajos, con libretos de Antonio Fos, donde ponía en la picota instituciones heteronormativas asumidas (y obligatorias) en aquella época, como el matrimonio o la familia. Títulos como El techo de cristal (1971), La semana del asesino (1972), que se haría con el récord de cortes capadores verbigracia a la censura franquista, y Nadie oyó gritar (1973). En todas ellas tenemos a un personaje central enclaustrado en un vecindario que les agobia (símbolo de la España del momento) y que terminan haciendo uso de la violencia como única solución y válvula de escape. El sueño de la razón franquista generaba monstruos. Se impone en estas historias un marcado voyeurismo, y en las tres las relaciones lésbicas y gays se alzan e imponen como respiro ante las obligaciones heterosexuales impuestas por el régimen. Una condición, la homosexual, que hay que vivir en los márgenes de la sociedad. La siguiente película del director, Una gota de sangre para morir amando (1973), un encargo de José Frade, volvía a transitar los terrenos del thriller y el giallo pero en un escenario distópico de ciencia ficción, que bebía descaradamente de La naranja mecánica (A Clockwork Orange, Stanley Kubrick, 1971), donde Eloy volvería a incluir sus obsesiones y sus puyas hacia el sistema represor.

Voyeurismo, pulsión homosexual y un reguero de cadáveres en La semana del asesino

La marginalidad y el grito agrio reclamando libertad (política, sexual, etc.), tal como se refleja en este estudio, fueron constantes también en el cine del realizador vasco. Sus personajes son marginados (por la sociedad, la familia, etc.) que tratan de salir adelante en un ambiente que les es hostil. Si obviamos Fantasía... 3 (1966), film infantil de sketches que el mismo Eloy consideraba su película número cero y que hizo con el propósito de entrar en el cine, su primera cinta sería Algo amargo en la boca (1969), que sorprendió a propios y extraños. Una suerte de Teorema (Teorema, Pier Paolo Pasolini, 1968) trasladado a la idiosincrasia española del momento, con no poco de La casa de Bernarda Alba (1936) lorquiana. Un trabajo que ya encausa lo que será la filmografía de su autor y que, en cierta forma, supone un precedente de títulos posteriores como Nido de viudas, de Tony Navarro, o Luto riguroso, de José Ramón Larraz, ambos estrenados en 1977, en plena Transición Española. Del mismo modo, marginados son los protagonistas de sus películas de terror y sus thrillers, al igual que los muchachos del lumpen que aparecen y/o protagonizan sus cintas estrenadas durante los años de la Transición y de los primeros tiempos del PSOE en el poder.

En cuanto al documental firmado por Gaizca Urresti, éste llegaba a la cartelera en un estreno bastante limitado el pasado 25 de diciembre de 2025, tras su pase por distintos festivales, donde se haría con el aplauso de crítica y público. En aquel Festival de San Sebastián de 1996 que supuso el regreso de Eloy al panorama nacional, después de años de recuperación personal y de ostracismo por parte de la industria, el cineasta declaró “Mi adicción a la droga es poca cosa comparada con mi adicción al cine”, y de ahí coge el presente trabajo su título. Una idea que partió de Oihana Olea, sobrina del director Pedro Olea y productora de Los novios búlgaros. Oihana llevaba tiempo interesada en este proyecto que originalmente iba a dirigir Diego Galán (fallecido en 2019), y que no pudo hacerse en su momento por falta de financiación. Con la entrada de TVE respaldando la producción sobre 2022, Oihana contactó con Urresti, quien acababa de ganar el Goya con Labordeta. Un hombre sin más (2022) y se encontraba trabajando en otros dos documentales. Tras preparar la producción, el rodaje daría comienzo a mediados de 2024, y estuvo listo justo para presentarlo en el marco del Festival de San Sebastián de 2025.

Urresti, en sus propias palabras [8], se pone al servicio del sujeto objeto de estudio, en este caso Eloy de la Iglesia, y no pretende emularlo o hacer manierismos autorales [9], sino acercarse a su legado a través de una serie de entrevistas con distintos críticos, intérpretes, colaboradores y amigos que trataron muy de cerca y conocieron bien al cineasta. El documental está estructurado en una serie de ciclos, según los periodos políticos del país en los que se desarrolló la filmografía del realizador, incidiendo en los trabajos de Eloy que, según Urresti, tienen más importancia, como La semana del asesino, Los placeres ocultos, El diputado y las películas de quinquis, y quedando en el tintero otros como Cuadrilátero (1970), Una gota de sangre para morir amando, o La mujer del ministro (1981), así como sus primigenias aportaciones televisivas, que los considera trabajos más bien alimenticios y/o menos relevantes.

Lejos de las hagiografías tan caras de un tiempo a esta parte, Urresti se muestra honesto, sin ocultar nada de la (no precisamente ejemplar) vida de Eloy de la Iglesia, pero tampoco cebándose en los asuntos y vivencias más turbios. Compaginando/uniendo vida y obra del realizador nacido en Zarautz, el documentalista muestra y demuestra en un hábil montaje cómo las vivencias personales de De la Iglesia marcarían su posterior filmografía. Intérpretes como Ángel Pardo, José Sacristán o María Luisa San José, directores como José Luis Garci o Pedro Olea y, entre otros, colaboradores varios nos ofrecen un fresco con los claroscuros de un director intelectual, pero con vocación populista (hacía películas para el público, no para los críticos ni para ganar festivales). Un cineasta que aún hoy, dos décadas después de su muerte, sigue resultando incómodo para muchos. Se echa en falta sin embargo a gente como Simón Andreu, uno de los actores que más reincidió con De la Iglesia, o Pedro Mari Sánchez, quien dobló voz para Eloy en algunas ocasiones y protagonizara Otra vuelta de tuerca (1985), adaptación muy sui géneris de la novela homónima de Henry James, donde el director vasco se acercó a un cine más académico y culto (tal como mandaban los cánones del cine español por entonces) sin renegar de sus señas de identidad temáticas. Urresti contestaba a estas ausencias alegando que Andreu estaba muy mayor, y que a Pedro Mari le fue imposible por cuestiones de agenda.

Eloy de la iglesia, adicto al cine, el documental, entraría en la edición de los premios Goya de este 2026, donde también competirían títulos como Maspalomas (2025), de Aitor Arregi y José Mari Goenaga, o La cena (2025), de Manuel Gómez Pereira, otros dos trabajos que reclaman esa necesaria libertad individual (sexual, política, etc.) que Eloy ya demandaba muchos años (décadas) atrás. Aunque sólo unos pocos, muy pocos, siguieron la senda provocadora e incómoda del director vasco. Podríamos nombrar como continuador de su legado a Agustí Villaronga, en cuya filmografía resaltan filmes como Tras el cristal (1986), El niño de la luna (1989), o El mar (2000), con historias valientes y crudas que relatan relaciones masculinas de dependencia, enfermedad, amor y sexo más allá de la complacencia del respetable. Cintas sin embargo mejor valoradas por la crítica que recompensadas por (la asistencia a salas d)el público.

Alfonso & Miguel Romero

 [1] Pepe Salcedo, que se encargó del montaje del film, lo pasó fatal por esta adicción de Eloy, llegando a decir que no volvería a trabajar con él. Sin embargo, se ocuparía de la edición del regreso a la gran pantalla de Eloy ya en el presente siglo en la que fuera a la postre su última película.

[2] Eloy de la Iglesia se hizo adicto a la heroína cuando ya tenía cuarenta años. Según comentó el propio director, estaría tomando dicha sustancia durante cuatro años y pudo salirse a tiempo. Y que lo peor no fue desengancharse sino escapar de la situación de marginalidad a la que le había desterrado su adicción.

[3] Dentro de esta recuperación del (sub)género quinqui en pleno siglo XXI, no faltarían algunos directores que se animaran a llevar a la pantalla nuevas propuestas. La más conocida/aplaudida será posiblemente Las leyes de la frontera (2021), de Daniel Monzón, aunque la más cercana al cine de Eloy sería Clandestinos (2007), de Antonio Hens.

[4] Tal vez sea La patria del Rata (1981), de Francisco Lara Polop, la cinta que más cargue las tintas contra la naciente democracia española, culpándola de los males que acechaban en aquellos momentos al país.

[5] En el documental Sesión salvaje (2019), de Paco Limón y Julio César Sánchez, centrado en el cine de género español facturado entre los sesenta hasta bien entrados los ochenta. Para mayor información de dicho trabajo visitar https://cerebrin.wordpress.com/2019/12/13/sesion-salvaje/

[6] El 20 de febrero de 1992 se encontró el cuerpo sin vida de José Luis Manzano en un apartamento del número 5 de la madrileña calle Rafael de Riego, que ocupaba en ese periodo Eloy de la Iglesia. Hacía un par de días que había dejado voluntariamente un programa de reinserción para exconvictos en Móstoles, al que se había apuntado al salir de desintoxicación tras recibir el tercer grado y abandonar la prisión. La autopsia desveló que la causa de la muerte había sido de naturaleza violenta. Se encontraron principios de heroína y de otros tóxicos en su sangre, orina y órganos vitales. Además, el cuerpo se halló fuertemente golpeado, debido a la agresión por parte de un compañero de piso en Móstoles, y señalado por varias heridas punzantes, debidas al uso de la aguja hipodérmica en diferentes momentos. No obstante, los registros con el fin de hayar alguna papelina o resto de drogas llevados a cabo por la policía judicial en el lugar de los hechos dieron resultado negativo.

[7] El título del libro hace suyo el de la canción homónima de Antonio Flores incluida en la banda sonora de la película Colegas de Eloy de la Iglesia.

[8] En la entrevista que dio sobre este documental para La Abadía de Berzano: https://cerebrin.wordpress.com/2026/01/07/entrevista-a-gaizka-urresti-director-de-eloy-de-la-iglesia-adicto-al-cine/

[9] Al contrario que El último arrebato, documental dedicado a Iván Zulueta y su film de culto, realizado por Enrique López Lavigne y Marta Medina y que llegaba a festivales y plataformas también en 2025.


miércoles, 11 de febrero de 2026

Iruña Zombi (Editorial Lamiñarra, 2025).

 

Pedro Garate Hernaez, escritor, vecino de Sarrigurren y nacido en Iruña en 1990, por tanto paisano mío, publica Iruña Zombi, su segunda obra, cuyo estupendo diseño de portada ha sido realizado por Javier Álvarez Vidaurre. Está ambientada en la referida ciudad, adentrándonos en un apocalipsis zombi causado por un virus.

 El asesino de las Peñas (Editorial Lamiñarra, 2025) fue su debut en forma de thriller/novela negra con gran calidad. En Iruña Zombi, la ciudad y el propio entorno cercano, como Sarrigurren, se nos presentan a modo de escenario inhóspito rodeado de muerte e incertidumbre. Podemos encontrar en esta novela todos los ingredientes que hacen que te mantenga pegado a la lectura: zombis, lugares que nos traen gratos recuerdos a los iruindarras (aunque vale para los foráneos también, ya que la ambientación no interfiere con la universalidad del libro), personajes como Luis, Aimar y Nerea que se acababan de conocer por Tinder, quedando atrapados juntos, un grupo de supervivientes, una madre y sus dos hijos, una secta cuyos miembros van armados vistiendo túnicas blancas con capuchas que quieren purificar el mundo matando cruelmente a la gente, etc.  Acción, pasajes inquietantes, humanidad, supervivencia y demás hacen de esta historia una delicia para los amantes tanto del mundo zombi como para los de la literatura en general. No quiero destripar el argumento, pero nos encontramos ante una de las mejores lecturas del género de ciencia ficción y terror de la actualidad, además con un final inesperado muy bien traído. La prosa es acertadísima, mantiene en todo momento un gran ritmo e interés y aporta una perspectiva nueva a las publicaciones sobre la materia de muertos vueltos a la vida y las pandemias.  Estamos ante un escritor muy personal que posee un estilo propio excelente y que ya se ha afianzado como uno de los grandes e imprescindibles autores.

Alfonso Carlos López