sábado, 31 de octubre de 2026

Nuestras peores pesadillas (especial Halloween)

 


Para este Halloween desde Les Danses Macabres os proponemos una serie de títulos de auténtico impacto. Con aquellas películas que más mal rollo nos dieron. Ideal para una noche de pesadillas.

Malina Murnau

La gran comilona (La Grande Bouffe, Marco Ferreri, 1973). 

Nunca la vi, y hará unos cinco años que por fin me atreví y la visioné. Y para mi asombro me dio un mal rollo la película que no podría explicar bien. No quiero hacer referencia a algunas escenas para no joder la visión a aquellas personas que no la han llegado a ver.

Me puso mal cuerpo, a veces los pelos de punta. Tiene muy mala leche y te hace pensar “pero qué coño estoy viendo”, “putos ricos de mierda”. El que la conozca me entenderá al decir esto. Película obligatoria de vionar. Y con todo esto decir que no creo que la vuelva a revisar, o quizás sí, ya se verá.

El ente (The Entity, Sidney J. Furie, 1983).

La vi con 17 años y ya estaba curtida bien en el cine de terror. Pero esta película en concreto leí antes un artículo en un libro de parapsicología de un caso de que una mujer era violada por un ente invisible. Y cuando me enteré de que dicho film trataba de eso, no lo dudé y la alquilé en el videoclub de mi pueblo. Y, joder, que me dio mal rollo. Con decir que esa noche dormí fatal y tuve tremendas pesadillas. 
La he podido ver al menos cuatro veces y es una película que te deja siempre mal cuerpo.

Mártires (Martyrs, Pascal Laugier, 2008).

Y por supuesto tengo que nombrar esta genialidad sobre la tortura. Dura de ver y que al final te deja muerta. El ser humano como siempre es el peor monstruo. Una auténtica joya. Y a quienes no les de mal rollo esta película deciros que sois unos enfermos :P


Alfonso Romero

Saló o los 120 días de Sodoma (Saló o le 120 giornate di Sodoma, Pier Paolo Pasolini, 1975).

Tras la denominada “trilogía de la vida”, Pasolini, hundido por una serie de reveses con su vida personal e intelectual, con la sociedad y con todo, se embarcó en una nueva trilogía, ésta dedicada a la muerte. El primero de los títulos (que resultó a la postre su última película) fue la demoledora Saló o los 120 días de Sodoma, que no llegó a ver estrenarse, pues fue asesinado antes de que el film llegara a los cines. Mucho se especuló sobre quién andaba tras la muerte del pensador/escritor/director, y que quien acabó en la cárcel por ello no fue el culpable o al menos no actuó solo o por iniciativa propia...
Pero, bueno, lo importante, la película... Tomando al Marqués De Sade de referente, Pasolini elaboró una oscura fábula sobre el poder y la corrupción/seducción del mismo, alcanzando altas cotas de gore, sadismo y escatología. Lanzando una mirada muy pesimista hacia la raza humana.

Mi madre (Ma mere, Christophe Honoré, 2004).

A mucha gente le molestó/dolió el visionado de esta cinta francesa. Y es que resulta francamente incómoda de ver por la amoralidad y perversión en la que progresivamente van avanzando sus personajes. Desde luego, desde el país vecino nos legaron en los primeros años del presente siglo un buen ramillete de títulos que causaron un fuerte impacto en el respetable.

La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, Tobe Hooper, 1974).

Una auténtica pesadilla y el film más cercano al terror más puro y visceral para quien esto suscribe. Una película que define en sí misma una época dura y crucial para los Estados Unidos, donde se percibe todo el malestar que sacudía al país.  El bajo presupuesto (y una muy meticulosa dirección artística y un cuidadísimo trabajo de fotografía) juega a favor de los resultados. Una obra maestra del terror, el American Gothic, el mal rollo y el sinsentido de este puñetero mundo. Contradiciendo a Dario Argento, estoy seguro que una de las puertas al infierno está en Texas.


Miguel Romero

Mártires (Martyrs (2004), Pascal Laugier, 2008).

Tras El internado, Pascal Laugier sorprendió a todos cuando estrenó Mártires en el festival de Cannes. Algunos de los asistentes abandonaron la sala, otros vomitaron. Laugier reconoció que escribió el guion estando bajo un fuerte estado de depresión.

A nuestro país tardó bastantes años en llegar, y lo hizo directamente en DVD y en plataformas. En Estados Unidos lo distribuyó el infame señor Weinstein, quien se arrepintió de haber comprado los derechos (una película sobre su vida hubiera sido aún peor…), y la editó bajo una filial en dos versiones, una de ellas bastante masacrada. La poderosa Blumhouse haría un lamentable remake que afortunadamente no ha llegado por aquí.

En Mártires toda la película es brutal, pero el final ya…

The Human Centipede II (Full Secuence) (The Human Centipede II (Full Secuence), Tom Six, 2011).

Durante la presentación de su conocida The Human Centipede, la gente le preguntaba a su director, Tom Six, qué pasaría si a alguien se le ocurriera llevar a la práctica lo que él había propuesto en su película. El muy pillo usó esa idea para la secuela, protagonizada por el particular Laurence R. Harvey. Tan extrema que le obligaron a estrenarla en blanco y negro (el DVD incluye también la original versión en color).

Aún haría una tercera, pero como aquí había llegado a lo máximo, ésta última sería una comedia (lo más loca posible, eso sí), rodada en Estados Unidos en su juego metacinematográfico (antes que esto estuviera de moda) contó con los villanos de las dos anteriores.

Gusanos de seda (Francisco Rodríguez Fernández, 1977).

Una madre posesiva y castradora (Rafaela Aparicio) quiere casar a su introvertido hijo (Antonio Ferrandis), ya mayorcito, con una chica mentalmente discapacitada, ya que ésta es de familia bien, quienes sólo les piden a cambio que les den un nieto. Todo se complica con la llegada de la Guerra Civil.

Una película en la que sólo el personaje de Esperanza Roy se salva de la quema. Todos los demás son ruines y despreciables. Rodada en una buena época para el cine español.


Carlos Enríquez

Debo confesar que con los años me he vuelto muy sensible ante las carnicerías cinematográficas. Una cinta del tipo de Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, Ruggero Deodato, 1980) consigue revolverme el estómago (seguramente por eso ya no veo ese tipo de cine), si bien las películas que de verdad llegan a incomodarme y me dejan poso son aquellas que me obligan a asistir a la degradación moral de sus personajes. Porque, quieras que no, esos personajes nos recuerdan cosas sobre nosotros mismos, y eso puede llegar a ser muy perturbador. Para esta edición de LAS TRES he elegido tres películas que me han trastornado, incomodado y hecho pensar a partes iguales. La primera versa sobre una secta que desarrolla su actividad en un idílico rinconcito de Suecia; la segunda retrata a una banda de metal extremo nacida en la fría oscuridad de Noruega; la tercera nos cuenta las andanzas de un puñado de señoritos españoles. Y, aviso a navegantes, estos últimos son los que más desasosiego me causaron.

Midsommar (Midsommar, Ari Aster, 2019).

Ari Aster no apaga luz alguna para inquietarnos; de hecho, hace justo lo contrario. En Midsommar el horror se pasea a pleno sol, entre flores, paisajes deliciosos y gente sonriente. Dani, una joven devastada por una tragedia familiar y atrapada en una relación sentimental bastante chunga, viaja a Suecia con su novio y unos amigos para asistir a una celebración «tradicional». Lo que encuentran allí dista mucho de parecerse a unas vacaciones. La comunidad practica unos rituales espantosos, pero lo perturbador no es solo la violencia, sino la naturalidad con que sus miembros la aceptan. Todo tiene una explicación, una tradición que lo justifica. Hecha pedazos emocionalmente, Dani descubre entre sus nuevos amigos lo que no encontraba en su vida anterior: afecto y sentimiento de pertenencia. Aster nos coloca así en una posición incómoda. Entendemos la necesidad de Dani de sentirse querida e incluso comprendemos que ese mundo pueda atraerla. Hasta que recordamos el precio. La película me perturba porque consigue que desconfíe de sus personajes y de mi propia empatía para con Dani. Porque, al final, todos necesitamos pertenecer a algo o a alguien, y eso nos convierte en seres vulnerables.

Señores del caos (Lords of Chaos, Jonas Åkerlund, 2018).

De Suecia pasamos al black metal noruego de los noventa. Aquí juego con ventaja porque me gusta el metal y conozco la historia de Mayhem, Varg Vikernes, Euronymous y demás. También sé que Lords of Chaos se toma algunas libertades respecto a los hechos reales. Conviene verla como película, no como estudio de personajes ni como documento historiográfico. Lo interesante de la cinta no es tanto la sucesión de incendios, crímenes y provocaciones como el mecanismo psicológico que los empuja. Unos chavales empiezan jugando a ser los tipos más siniestros del planeta y acaban atrapados en su propia representación. En realidad, arrastran unas inseguridades evidentes y necesitan pertenecer a algún sitio. Y lo que ayer era una pose hoy exige una demostración de autenticidad; mañana, claro está, alguien tendrá que ir un poquito más lejos para no parecer un farsante, así que la peli va retratando esa mezcla de vanidad, incertidumbre y necesidad de reconocimiento que sienten los miembros de la pandilla. Unos chavales que confunden transgredir con tener personalidad, y que terminan convirtiendo su propia identidad en una trampa. No es necesario compartir sus gustos musicales —y mucho menos sus delitos, faltaría más— para reconocer lo peligroso que puede resultar un grupo cuando nadie quiere ser el primero en decir «hasta aquí hemos llegado».

Calle Mayor (Juan Antonio Bardem, 1956).

Y llegamos a mi favorita, una película española en blanco y negro que no exhibe cadáveres ceremoniales ni iglesias ardiendo. Calle Mayor me produjo en su día (y hoy también) una desazón muy duradera. Aquí no estamos ante fanáticos que viven en lugares remotos; hablamos de una ciudad de provincias de nuestra querida España, donde un grupo de señoritos aburridos decide gastarle una broma a Isabel, una mujer soltera de treinta y cinco años. El asunto trata de que un guaperas que se llama Juan fingirá estar enamorado de ella.  Para los amigos de Juan todo es un entretenimiento de café y casino; para Isabel, interpretada de maravilla por Betsy Blair, representa la posibilidad de una vida distinta. Nosotros como espectadores conocemos el engaño desde el principio, y cada nueva ilusión de Isabel se convierte en una tortura que crece y crece mientras asistimos a la catástrofe.

Bardem refleja el estancamiento, la monotonía y el peso de las apariencias bajo el régimen franquista de la España de los años cincuenta; una sociedad asfixiada por el conservadurismo y la tradición, dispuesta a burlarse de quien no encaja. Otro de sus aciertos está en retratar la cobardía, el miedo a quedar excluido del grupo. El bueno de Juan sabe que está haciendo daño, empieza a sentir remordimientos y, aun así, no encuentra el valor para detenerse. Porque, claro, él necesita seguir perteneciendo al grupo, y sus amigos no necesitan ser monstruos, les basta con reírse y seguir adelante.

Mientras tanto, la cámara, las calles y los interiores parecen estrecharse alrededor de Isabel, ajena a la miseria moral de sus verdugos, que no llevan maquillaje blasfemo ni pertenecen a una secta. Son tipos corrientes, mediocres, tarugos; de esos que saludan con educación y luego destrozan a alguien por pasar el rato. Porque de esos nos hemos cruzado todos con unos cuantos. 

No reniego del horror puro y duro. Holocausto caníbal y algunos de sus parientes tuvieron su momento en mi educación sentimental (o en mi mala educación). Pero hoy día yo insisto más en el cine que me deja pensando que en aquel que me pone a prueba el estómago. Las tres películas que he elegido hablan de la crueldad y de la necesidad de pertenecer al grupo, y si tuviera que elegir la más perturbadora me quedaría con Calle Mayor, puesto que sus personajes no vivían (ni viven actualmente) tan lejos de nosotros. Hay otra peli que vi hace poco y que me dejó en shock: Las habitaciones rojas (Les chambres rouges, 2023, Pascal Plante). La recomiendo también.


Oscar Villalta

La maldición (Ju -On /The Grudge, Takashi Shimizu, 2002).

Ahora ya estamos muy baqueteados con el Horror Japonés, pero aquella puerta abierta por Hideo Nakata en 1998 con The Ring, dejó una colección de bombazos que golpearon a los espectadores más ávidos de nuevas sensaciones. Ese modelo de pánico, seco, con poco diálogo, sin apenas efectos visuales y muy atmosférico, se basaba en construir una historia impactante y contarla sin más ayuda que una absoluta maestría del tempo y dominio de planificación. La cámara eran nuestros ojos y por eso podías sentir además de ver al fantasma protagonista de la función.

De entre todas, siempre recordaré como la más angustiosa, la obra maestra de Takashi Shimizu, Ju-On, donde presentó al icónico niño Toshío, artífice de unos escalofríos que todavía puedo sentir al escuchar aquel maldito sonido. Pocas películas me han provocado una reacción tan visceral, incluso a día de hoy. El primer visionado fue horrible. La amo.

El exorcista (The Exorcist, William Friedkin, 1973).

Vaya por delante que hablamos de mal rollo, no de terror o miedo al uso, es más, cualquier manifestación demoníaca u otra fuerza de mal, me hace verdaderamente feliz, incluso si es trufada de los más pirotécnicos efectos visuales o momentos gore.

¿Qué tiene pues, este mainstream, que me hace apretar los dientes y apartar la mirada en cada visionado, sin excepción?... Pues...Un reconocimiento médico. Y las posteriores pruebas a las que es sometida Regan, que, de verdad, son sufrimiento puro. Totalmente explícitas y lo que es peor (o mejor), llenas de completa empatía hasta el punto de vivirlo en tu propia carne. Que Friedkin era un genio absoluto, lo sabemos. Que lo filmó buscando provocar exactamente el efecto que describo, pues seguramente...Pero, vamos...¡¡Es que fue al cuello!! (Ironía, estoy seguro que muchos lo entenderán).

Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, Ruggero Deodato, 1980).

 Y ahora sí, la película que peor cuerpo me ha dejado en toda mi vida. Sin remisión. Y son muchos factores los que le dan el podio. la vi por primera vez a los 13 o 14 años. A esa edad, una película así es como un puñetazo que te rompe la nariz y nunca vuelve a estar igual. Ese estilo documental, mil veces copiado y jamás igualado, ya da miedo de por sí, y cuando empiezan las atrocidades, uno no da crédito a tanta locura, y aún te deja más en shock, experimentar el horror más puro al ritmo de una de las melodías más hermosas de la historia del cine, gracias al maestro Riz Ortolani.

Un cine agresivo, cruel y hermoso a la vez como sólo podían regalarnos desde Italia.

Vista hoy, sigue conservando su aura legendaria y aún es capaz de llenar de angustia, polémica e incluso tristeza a cualquier espectador de cualquier generación. Personalmente, tuve un antes y un después de Holocausto caníbal.


Jesús Manuel Pérez Molina

Hay películas que se hacen para dar miedo, otras para incomodar, otras para masturbar no solo tu cuerpo sino el alma y las entrañas... y hay otras que hacen todo lo anterior y te impresionan de tal manera que te dejan marcado de por vida como lo puede hacer cualquier experiencia traumática. Aquí dejo tres películas que me dejaron igualmente impresionado y marcado por el poder de sus imágenes.

Masacre (Ven y mira) (Idi i smotri, Elem Klimov, 1985).

Recuerdo que de chaval me encontraba en los videoclubs de mi pueblo esta peli y como chico impresionable que era, esta carátula me causaba cierto miedo y morbo al mismo tiempo. El caso es que nunca alquilé la película porque el miedo era mayor al morbo. Hará unos 15 años, cuando salió en DVD, comencé a verla esperando encontrarme algo parecido a las producciones americanas sobre la II Guerra mundial o una hazaña bélica italiana y lo que me encontré fue una peli rarísima, rusa, filmada durante la existencia de la URSS con planos y secuencias típicas del cine de arte y ensayo, pero incómoda de ver por varias razones. No me convenció porque no era lo que esperaba y ahora aprovechando una edición en HD restaurada le he dado una nueva oportunidad y aquí estoy con el miedo metido en el cuerpo y sin poder de dejar de pensar en lo que he visto: una versión rusa, cruda y cruel de Los desastres de la guerra de Goya en una peli pringosa que te hace sentir sucio. Las escenas de crueldad y tortura psicológica que vemos a través de la pantalla no tienen nada que ver con el cine bélico. Ven y mira es una patada a mala leche en la entrepierna. Un viaje a la locura y a la sinrazón, una ojeada al infierno. Una película que te quita las ganas de muchas cosas...

Amagi Pass (Amagi goe, Haruhiko Mimura, 1983).

No sé ni por dónde empezar. Una de mis obsesiones cinematográficas y literarias ha sido y son las historias de iniciación, de despertar sexual y sensual donde un jovenzuelo hasta cierto punto inocente pero con las hormonas revolucionadas es seducido por una mujer madura que le descubre los mecanismos del funcionamiento del mundo. De hecho, cosillas tan bonitas como Malicia, El graduado o La chica de la maleta son algunas de mis películas de cabecera a las que, sin duda, les sumo este título. Lo que empieza de una manera lenta con un viejo policía investigando un crimen acaecido 40 años atrás y con visos a convertirse en algo cómico en los primeros momentos del flashback donde se nos va desgranando la historia de unos torpes agentes del orden de pueblo intentando resolver el asesinato de un retrasado mental se convierte en una historia de amor trágico entre una guapísima prostituta barata de 23 años y un chavalillo de 14 que se prenda de la manera más enfermiza de ella... además tenemos una banda sonora que recuerda al cine italiano de semejante temá1tica. Y el final...ay, ese final...si casi lloro de la emoción. Qué guapa es la actriz, qué manera de poner como una moto al chavalín y luego partirle el corazón, qué manera de despedirse de él cuando se la lleva la policía, qué manera de decirle que calle sólo con la mirada, qué complicidad y entendimiento...qué maravilla de película.

Ruff Sex (Uma to Onna to Inu, Hysayasu Sato, 1990). 

Al comenzar la película me sorprendió mucho al ver que en esta ocasión el Hisayasu Sato cambiaba sus ambientaciones urbanas de azoteas, habitaciones de apartamentos claustrofóbicos y calles atestadas de gente por un ambiente playero, muy luminoso, solitario y evocador por lo que pensé que a lo mejor me iba a encontrar algo fiestero y alegre. Qué equivocado estaba. Ruff sex cuyo título original es Caballo, mujer y perro es lo más asqueroso que he visto de este hombre. A ver cómo cuento esto... Una tía que se viste de cuero, con las pintas de Lina Romay y que tiene a dos asistentes con cara de ser anormales y puede que hasta subnormales se dedican a violar, con la ayuda de un perro (por mucho filtro que se ponga, ahí está el chucho dá1ndole al tema sin truco alguno), a todo el que se aventura por esa playa. Tenemos también a un pescador necrófilo que recoge cuerpos ahogados de chicas y los colecciona en una caseta donde también le da rienda al fornicio enfermizo. Y a una chica con pintas de inocente que servirá de carnaza tanto al trío del perro como al pescador que la cree muerta hasta que recupera el sentido y que resultará ser hermana de la dueña del perro... y por si esto fuera poco, al final desaparece el perro, pero es sustituido por un caballo y venga dale a tu cuerpo alegría Macarena, ahí a lo vivo. Eso sí, con un filtro que distorsiona lo imprescindible no sea que pensemos que los que hacen estas cosas son unos guarros...qué mal cuerpo se me ha quedado... ¿Quién le escribía estas cosas al Sato? Ni en la más retorcida y cochina película brasileña he visto yo semejante espectáculo de guarreo sucio.


Alfonso Carlos López

Junko (Abhinav Thakur, 2017).

Película inspirada en un suceso real, que conmocionó a la sociedad japonesa y a todo el resto del mundo. Dirigida por Abhinav Vimal Thaku, con Neelam Deysarkar, Aayush Thakur, Aarav Mavi , Aashif Eqbal y Priyank Tiwari.  Me quedé noqueado cuando conocí la noticia de Junko Furuta, de 17 años, de su asesinato, violación, humillaciones y torturas que sufrió en un apartamento por parte de unos compañeros de clase, adolescentes, después de 44 días de infierno extremo en 1988. Está en idioma hindi y ambientada en la India, con algunos elementos del argumento diferentes pero que reflejan muy bien el terrible crimen.

Holocausto caníbal (Cannibal Holocaust, Ruggero Deodato, 1980).

Impactante obra de Ruggero Deodato, sobre caníbales en la selva amazónica, que vino precedida de una gran campaña de publicidad. En el reparto: Carl Gabriel Yorke, Francesca Ciardi, Perry Pirkanen, Luca Barbareschi, Robert Kerman, etc… Unos reporteros van a la citada selva y provocan a los indígenas que viven apartados de la sociedad moderna, incluso empalan a una mujer, para hacer un documental lo más bizarro posible. Vi el estreno muy jovencito y recuerdo gente que vomitaba y se salía al ver las imágenes de los caníbales devorando la carne de los documentalistas y cómo, mientras van muriendo, no dejan de grabar. Se dijo en los medios que eran unas cintas que se encontraron en la Amazonía, y que todo era veraz, lo que contribuyó todavía más al éxito de la cinta. En cualquier caso, a pesar de ser fake y que jamás ocurrió, estamos ante un excelente largometraje y un referente del género, con una banda sonora espectacular.

El ciempiés humano (The Human Centipede (Firs Sequence), Tom Six, 2009).

Film inquietante, dirigido por Tom Six, con el siguiente elenco: Dieter Laser, Ashley C.Williams, Ashynn Yennie, Akihiro Kitamura… en donde un mad doctor construye con tres personas un ciempiés humano, cosiendo a un chico y dos chicas, con operaciones, dando como resultado, a los tres unidos por la boca y el ano en fila respectivamente, en una postura que se tienen que mover juntos con las piernas dobladas para desplazarse. Solo puede comer comida “fresca” el primero, mientras que las dos mujeres que van detrás se alimentan de las deposiciones del hombre, la primera de detrás del varón de las de él directamente  y la última de la de la otra fémina. Tuvo dos secuelas más. 


David Suárez Sánchez

Un monstruo viene a verme (A Monster Calls, J.A. Bayona, 2016).

Un drama con tintes fantásticos donde un niño con una imaginación desbordante sufre la enfermedad de su madre, una película con un guion donde pude comprobar que toda la sala de cine salió con lágrimas. Bestial guion, ya que no es fácil conseguir ese efecto. 

Siempre a tu lado ( Hachiko) (Hachi. A Dog’s Tale, Lasse Hallstrom, 2009). 

Un drama donde la amistad entre una persona y un perro supera los límites del amor. Un drama que hoy en día se sigue considerando una obra maestra. Basada en hechos reales,  con un guion adaptado de los mejores del séptimo arte.
 
La lista de Schlinder (Schindler’s List, Steven Spielberg, 1993).

Una joya de Steven Spielberg donde la crudeza embarga toda la película. Desde principio a fin te sumerges en el sufrimiento del pueblo judío y todo el dolor que causaron los nazis,  con especial atención a la niña de rojo como lo resalta el director ya que es una película en blanco y negro. Una joya de película que te pone mal cuerpo después de ver tanto sufrimiento.


Susanna Annasus

¡Madre! (Mother, Darren Aronofsky, 2017).

Cuando vi esta película me gustó muchísimo, la historia, el enfoque que le dio el director. Pero sí que hubo momentos que me causaron angustia y mucho malestar. Pensé en no ver más esta película. Es un momento puntual que le ocurre al bebé (no quisiera hacer spoiler) y me produjo tal angustia que incluso grité, era algo que no me esperaba. Por todo lo demás, me gustó como desarrollan la historia de los personajes. Enseña como una gran metáfora, que permite varias interpretaciones ya sea tema religioso, psicológico y existencial. Mostrando el egoísmo humano, el odio.

De este director he visto varias de sus películas y son bastante intensas, suele abordar comportamientos del ser humano como por ejemplo en Cisne negro (2010), como en Whale (2022).

Es un director que recomendaría, como también la película ¡Madre!, pero consiguió transmitirme una mala sensación, y un malestar que no la volvería a ver, por toda la angustia. Tiene un elenco de actores que también me gustaron muchísimo como Ed Harris, Javier Bardem, Michelle Pfeiffer, etc...

Midsommar (Midsommar, Ari Aster, 2019).

Es una película del género folk-horror. Tiene imágenes muy perturbadoras que lograron causarme sensación de malestar, espero no hacer spoiler a nadie. El tema principal es la preocupación por pertenecer a un lugar, y sentirte acogida dentro de ese sitio. También la película se enfoca en cómo existen grupos tóxicos, sectas donde te sientes acogido, muestran un lado amable pero existen sus normas y reglas, cuanto más avanza la película vas viendo que no son tan maravillosos como al principio nos quieren hacer creer. Hay varias escenas impactantes, que me causaron ese malestar y que no me atrae a volver a ver esta película. La actriz principal, Florence Rose Pugh, me gusta muchísimo como trabaja aquí y también en otras películas en las que la he visto últimamente. Apoyo a todo el que quiera a verla.

Longlegs (Longlegs, Osgood Pekins, 2024).

También es una película muy intensa, cargada con mucha simbología. Me gusta sobre todo el personaje principal que es la investigadora, toda la historia. Nicolas Cage consigue realizar un personaje que me resulta un ser manipulador, psicópata y asesino, que a través de sus manipulaciones consigue dañar y destruir.

Y lo más perturbador es el rostro del personaje de Cage. Una sensación de inquietud, un rostro que refleja la perversidad humana. Casi inhumano. El equipo de maquillaje hizo un buen trabajo! Porque es perturbador tanto sonriendo, como serio e inmóvil.


Oscar “Woody” Correa

Hay películas que han marcado a varias generaciones y que ya son auténticos clásicos de lo impactante y que nos vienen fácilmente a la cabeza, como por ejemplo: Holocausto caníbal, La naranja mecánica, Braindead, Saló o los 120 días de Sodoma, Nekromantik... Con lo que desde la juventud ya hemos sido impactados de sobra con todas estas obras maestras y no sé si por joven e inconsciente, y habiéndolas disfrutado mucho, ya lo damos por “procesado”… Pero uno se va haciendo mayor y se cree que ya no puede haber nada que le impacte con todo ese efecto acumulado de estos clásicos a sus espaldas, por lo que encontrar películas más recientes capaces de crearte todavía ese mal cuerpo, y dejarte todavía sensaciones interesantes, pensando además que ya lo había visto todo y que nada “podrá ya sorprenderme”. Así que voy a dejar los clásicos a un lado y centrarme en tres joyitas de los últimos años y que, en alguna de ellas, he llegado incluso a apartar la mirada y/o cerrar los ojos, a mi edad!!! 

El listado de mi top reciente sería por tanto: 

Irreversible (Irréversible, Gaspar Noé, 2002).

Empezamos ya fuerte. Gaspar Noé no es precisamente un director preocupado por el bienestar emocional del público. De otra manera diferente ya me había impresionado bastante en Clímax, que no me la esperaba sinceramente (el baile hipnótico inicial y el final me encantaron). En Irreversible nos propone un viaje hacia las profundidades de la condición humana (ya con menos LSD), contado además al revés, como si la historia no fuese suficientemente desagradable y necesitara complicarnos también la narrativa. Una película muy incómoda y bestia, con escenas de violencia y mucha crudeza, potenciada además por la forma de rodar y mover la cámara, y los ambientes rojos, que te meten más en las sensaciones. Aquí no hay cositas relajadas, ni giros cómicos, pero sí su poquito de angustia, su cuarto y mitad de venganza, ración doble de palizas y una sensación bastante persistente de necesitar un jacuzzi luego.

Titane (Titane, Julia Ducournau, 2021). 

De la misma manera ya me había dejado muy buenas sensaciones y mal cuerpo (y algún amigo que la había visto conmigo traumatizado de por vida) su anterior película, Crudo (2016). Y entonces llegó Ducournau para demostrar que con Titane todavía tenía algunas fronteritas que cruzar... Había ganado la Palma de Oro en Cannes, por lo que pensaba que sería mucho menos bestia que Crudo, pero Titane es una auténtica fiesta del body horror, la carne, los fluidos, las transformaciones físicas y las relaciones familiares que harían parecer normal cualquier comida de Nochebuena de la Familia Addams o de los Bundy (los de Matrimonio con hijos, no Ted)… Sí, todo suena al maestro Cronenberg, pero de otra manera… Había escenas para No Olvidar, u Olvidar, según el día, y usando muchas comillas, como la del “aborto”, la transformación, el “parto”, el “sexo” con Cadillac (OK, OK, OK, se viene Crash y de nuevo Cronenberg), pero sobre todo la del baile a los bomberos, simple pero SÚPER desagradable y mal cuerpo… Y podría poner 3 o 4 más!

Crímenes del futuro (Crimes of the Future, David Cronenberg, 2022).

Y para rematar la faena, habiendo ya nombrado al maestro del horror corporal, estaba claro que alguna suya tenía que caer! Teniendo en cuenta que a sus casi ochenta años sigue empeñado en “sus cosas” y en recordarnos lo de la Nueva Carne. En un futuro donde la humanidad está experimentando extrañas mutaciones y el dolor físico ha desaparecido, la cirugía se convierte en una forma de arte y el cuerpo humano en una especie de exposición itinerante de arte contemporáneo. Su “divo” Viggo Mortensen, y otras actrices que se prestan a estas locuras como Léa Seydoux y Kristen Stewart protagonizan esta secuencia de operaciones con público, órganos de diseño y todo arte (nunca mejor dicho) de intervenciones quirúrgicas, pero sobre todo mucha INCOMODIDAD… Como a más a más de desagradable: Las operaciones con público y asientos, extracción de órganos con (cómo no) máquinas con brazos mecánicos y hasta la autopsia de un niño! A esto se suman otras cositas también muy desagradables como personajes con el cuerpo cubierto de orejas, heridas y cicatrices que provocan rollito sexual, prótesis orgánicas y todo tipo de modificaciones corporales que se ven en primer plano!!! Si yo ni podía ver En Buenas Manos con el Dr. Bartolomé Beltrán, donde al menos la gente sólo tenía  2 orejas!


Pero no todo lo que nos impacta y marca tiene que ser horrible. También puede llevarnos al terreno de los sueños placenteros, como las que los compañeros nos recomiendan a continuación.

Eduardo Álvarez Cónsul

The Warriors (Los amos de la noche) (The Warriors, Walter Hill, 1979).

Toda la película ocurre de noche y como reflejan la cultura de las pandillas juveniles de Nueva York con sus "colores", es una ambientación muy buena. Fue muy polémica, pues las pandillas se enfrentaron en las puertas de los cines, y los críticos de cine, que viven en otro mundo distinto a esta "subcultura", no entendieron nada y empezaron a hablar de manera paternaliasta de los pandilleros, diciendo que por su pobreza y falta de oportunidades no pudieron ir a la universidad. Uno de los miembros de The Warriors, que era un verdadero pandillero juvenil, respondió "Para mí sobrevivir cada día es mi propia universidad". Siempre se ha dicho que la pandilla de los "Rogue Males" eran una pandilla creada por la propia policía y motivos no faltan para creerlo.

La música, tanto en lo que es la banda sonora como en la música ambiental, ayuda mucho. Lo mismo que el personaje de la locutora, que no se le ve la cara salvo sus facciones afroamericanas, y va informando de la trama de la película.

Recuerdo que esta cinta que, aunque fue muy criticada, se convirtió en un título icónico, y el protagonista Michael Beck incluso años después recibió una llamada desde la Casa Blanca de Washington del presidente Ronald Reagan, que décadas antes fue actor, y le dijo que era un fan de The Warriors.

The Great Rock and Roll Swindle (The Great Rock and Roll Swindle, Julian Temple, 1979).

Con esta película protagonizada por los míticos Sex Pistols fue cuando más devoto me volví de la música rock, ahora me gustan todos los géneros musicales.

Aunque Malcom Mac Laren con su egocentrismo quiere parecer el inventor de todo, el norteamericano Kim Fowey ya se le adelantó una década antes. La película está muy bien, con momentos memorables con Sid Vicious cantando "My Way" en el Olimpia de París, con Paul Cook y Steve Jones en Brasil con Ronald Biggs, cerebro del robo del tren de Glasgow, o cuando los Sex Pistols en el verano de 1977 tocan por el río Támesis la archiprohibida "God Save the Queen".

Hitman (Hitman, George Armitage, 1972).

Esta fue una de las primeras blaxploitation que se hicieron protagonizada por el ex jugador de fútbol americano Bernie Casey, aquí junto a la gran Pam Grier.

La película es un remake de la británica Asesino implacable (1971) de Mike Hodges, pero la lluviosa New Castle es sustituida por la soleada Los Ángeles y la mafia de las máquinas tragaperras es sustituida por la Mafia del porno. Las escenas de cama y los desnudos de Pam Grier son muy explícitos, además aparecen las icónicas torres de Watts. Este barrio es como Harlem en Nueva York, Southside en Chicago y Brixton en Londres.

En el reparto se pueden ver actores habituales del género blaxploitation como Roger E. Mosley, luego famoso por su personaje de " T.C " en Mágnum, P.I. (1980-1988), Roland "Rudy” Challenger y Bob Harris entre otros.


David Cortabarria

La petición es sencilla, pero abre una cornucopia de películas que me marcaron para siempre. Para facilitar(me) la tarea opto por un breve recorrido cronológico entre cine y televisión, dejándome muchos artefactos en el tintero. Este delicioso blog me pone a prueba una vez más…

Planeta prohibido (Forbidden Planet, Fred M. Wilcox, 1956).

Visionado el 7 de febrero de 1981 en TVE, en el espacio “Sábados de cine”, con pausas publicitarias, en riguroso blanco y negro en el primer receptor serio de TV que llegó a casa, un Philips que era casi inmune a la obsolescencia programada.

Pese a haberlo visto en las peores condiciones posibles (hoy día inaceptables), sin color, doblado y con cortes… aquel pase ya me fundió el cerebro para siempre. Aquello fue demasiado para un niño de 7 años, porque me gustaba absolutamente todo lo que veía. El platillo volante tripulado por Leslie Nielsen, el robot Robbie, el doctor Morbius (Walter Pidgeon), Altaira Morbius (Anne Francis, mi primer “crush” cinéfilo), la ultrapionera música electrónica de Bebe y Louis Barron… y el planeta mismo. Su tecnología adelantadísima en el tiempo, llenando sus infinitos niveles… ufff… aquello despertó en mí el deliciosamente tóxico virus de la exploración urbana (o urbex), aparte de exacerbar mi preferencia vital por la ciencia-ficción.

Años más tarde, tras haberla visto en pantalla grande, y disfrutado muchas veces en DVD y Blu-Ray, sigue siendo una de mis películas favoritas, piedra fundacional del sentido de la maravilla que ya buscaba con ahínco en mi primerísima juventud. El tiempo ha asignado a este artefacto el estatus que se merece, el de ser una joya del cine de todos los tiempos. Creo que merece ser más reivindicada. Me alegro mucho por todos aquellos que no la han visto todavía, porque tendrán la oportunidad de ser realmente felices al visionarla.

Blade Runner – Director’s Cut (1992) (Blade Runner, Ridley Scott, 1982).

Visionada en la sala 2, fila 6, del cine Trueba de San Sebastián, en marzo de 1993.

Aquello fue muy resonante. Hasta la fecha mi Blade Runner era el doblado, con la triste referencia en formato 4:3 del birrioso VHS publicado por Warner (¿De quién fue la ultraestúpida idea de convertir el formato panorámico a 4:3, amputando imagen por doquier?). Y el día que descubrí Blade Runner en su formato correcto, con las voces originales y la fantástica música de Vangelis en todo su esplendor, ahí comprendí que mi vínculo con esta película sería para siempre. Un derroche de talento, la primera obra cinematográfica que hacía justicia al gran escritor Philip K. Dick, el primer film ciberpunk que plasmaba con belleza infinita una distopía contradictoriamente apetecible… El recuerdo de ese pase es absolutamente imborrable y resonante.

La fiebre por Blade Runner sigue intacta. Y trato de alimentarla con cualquier artefacto que la complemente (discos, libros, cómics, videojuegos…). A día de hoy, con el estreno inminente de la serie Blade Runner 2099 el 25 de noviembre de 2026, la criatura que Scott perfiló junto a Hampton Fancher, David Peoples y Philip K. Dick sigue gozando de buena salud.

Mad Max: Furia en la carretera (Mad Max Fury Road, George Miller, 2015).

Visionada en la sala 3, fila 3, del cine Príncipe de San Sebastián, en mayo de 2015.

Esta catedral absoluta del cine de acción ostenta un record personal que aún no ha sido superado: es, hasta el mismísimo momento en que estoy escribiendo estas líneas, la última película que ha conseguido exaltarme de manera rotunda en una sala de cine. Ahí estaba yo, a mis 41 años, pateando el suelo y moviendo los brazos cual adolescente desnortado presa de una excitación enorme ante la magia que Miller estaba desplegando en la pantalla. 

Fury Road tendrá, concedido, la premisa más floja y endeble de todas. Algún sádico que solo rinda culto a Sus Satánicas Majestades Dreyer, Bergman y Godard dirá que lo de Miller no es cine, sino videoclip barato para espectadores nada elevados (como ellos, que solo ven buen cine). Y me parece perfecto.

Yo solo creo en lo que experimento. Y el día que vi Fury Road en el cine aquello me agarró del cuello y convirtió 2 horas en 20 minutos de furibundo placer audiovisual. Mad Max 2 (1981), a su lado, es un magnífico borrador. Fury es puro esplendor incandescente y cromado de una distopía que el director australiano ha ido destilando con el paso del tiempo, y un manual de estilo sobre cómo rodar una película que le habría puesto cachondo perdido al gran Sam Peckinpah. 

Han transcurrido más de 20 visionados en Blu-Ray de tan alucinante peliculón: Siempre regreso a Fury Road. Su magia permanece intacta, y poquísimas películas me han impactado como ésta. Al que no la haya visto todavía que sepa que le deseo un bautismo del octanaje más puro. Que lo flipe en un Valhalla brillante y cromado.


Y para terminar, unas recomendaciones para un Halloween distinto. Tres slashers de bajo presupuesto, alejados de los consabidos títulos de rigor.

Ángel Marrero

Hollowgate (Ray Di Zazzo, 1988).

"Una noche en el infierno... Más aterradora que Halloween o Viernes 13", reza la pretensiosa sinopsis de este slasher de la más baja estofa. Aquí tenemos a un maníaco a medio camino entre Norman Bates (Psicosis, 1960) y Michael Myers (Halloween, 1978). A causa de una experiencia traumática que sufrió de niño, durante la noche de Halloween, "Mad" Mark Walters perdió la cabeza. Sin embargo, en lugar de ser encerrado en un manicomio como cualquier otro chalado, su madre lo recluyó en la mansión familiar, convertida en una especie de psiquiátrico privado. Tras años de encierro, "Marky" asesina a su madre y se dispone a despachar también a un par de parejitas tontunas que acaban atrapadas en su casoplón. Todo ello, cómo no, en Halloween. Porque, a pesar de que este matarife está traumado con la noche de las brujas, se lo pasa pipa asesinando a sus víctimas disfrazado de diferentes personajes para cada ocasión. Malos los disfraces y peores las muertes, aunque también podemos ver un muñeco a guisa de fiambre con unas tijeras clavadas en un ojo muy resultón. En definitiva, un truño de slasher, pero encantador.

Hauntedween (W. Doug Robert son, 1991).

Otro basurón de slasher a rebufo del clásico de John Carpenter, que podríamos definir como un "Halloween a la sureña" por estar ambientado en un poblacho imaginario de Kentucky. El prota de este pifostio es un tal Eddie Burber, un chaval obsesionado con el terror que curraba como portero en una "casa encantada", propiedad de su familia. Una noche de Halloween, Eddie asesina a una chiquilla en la casa, interpretando a tope su papel de matarife. Tras cometer este crimen, se pega veinte años viviendo con su madre en una cabaña escondida en el bosque, pero, a la muerte de esta, Eddie decide regresar a su antiguo hogar. Sus nuevas víctimas serán los casquivanos miembros de una fraternidad universitaria, que celebran la fiesta de Halloween en la vieja "casa encantada" de los Burber. Como el maníaco de Hollowgate, Eddie resulta ser un gran aficionado a las mascaradas y perpetra sus escabechinas haciéndolas pasar por numeritos macabros que forman parte del espectáculo. Vamos, otro petardazo de slasher de mucho cuidado, pero entre cuyas muertes encuentras algunas realmente impactantes, pese a su cutrez. Todo ello aderezado con las soplapolleces de la típica pandi de lerdos juveniles que no piensa más que en la juerga y el folleteo, además de unos cuantos "tetas fuera", que siempre son bienvenidos en esta clase de pestiños.

Jack-O (Steve Latshaw, 1995).

Otro slasher peleón, envuelto en un halo legendario y producido por mítico director y productor de Serie B Fred Olen Ray. En este pifostio se marcan un cameo dos estrellas del cine de bajo presupuesto: John Carradine como el brujo Walter Machen (¿de qué nos suena ese apellido?) y Cameron Mitchell, interpretando al presentador de un programa de películas de terror de TV, bajo el cautivador nombre de "Dr. Cadáver". Y entre los personajes secundarios encontramos a la scream queen Linnea Quigley, que nos deleita con uno de sus despelotes gratuitos, enseñando sus tetas de silicona con pezones como espitas. Pero nada como el matarife de turno: un espantapájaros con cabeza de calabaza que despacha a sus víctimas a golpe de guadaña y atiende al nombre de Jack-O (solo le faltó el "Lantern" para completar el nombre), como se llaman las típicas calabazas talladas de Halloween. Muy flojas las escabechinas, pero muy guapo el espantajo y el despelote de la Quigley.

El argumento de Jack-O es el siguiente: En el siglo XIX, el brujo Machen maldice Oakmoor Crossing, un pueblecito de Massachusetts, justo antes de ser ahorcado. Para ello invoca a un ser diabólico, Jack-O, a quien encomienda la misión de asesinar a la familia de su verdugo, Arthur Kelly. Sin embargo, Kelly consigue librarse del demonio vengador y lo encierra en su tumba gracias a un amuleto. Cien años después, un grupito de capullos desaprensivos profana la tumba y libera a Jack-O, que se dispone a proseguir el exterminio de los descendientes de los Kelly... Bueno, los Kelly y cualquiera que se cruce en su camino. ¡Se viene una noche de Halloween de auténtico espanto en Oakmoor!


sábado, 17 de octubre de 2026

Weird Magazine # 4, septiembre 2026.

Hasta el estreno de 2001: una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968), que obtuvo una inmensa aceptación crítica y comercial, el cine de ciencia ficción no era tomado muy en serio por críticos y pensadores de distinta ideología. Las más de las veces, el género había venido enfocado al público juvenil en producciones destinadas mayoritariamente a los autocines. De igual modo, la televisión había enfocado sus producciones ci-fi a un target adolescente. El film de Kubrick dio el pistoletazo de salida a una ciencia ficción más adulta, y entre finales de los sesenta y durante buena parte de los setenta el cine de ciencia ficción se alejó de la aventura espacial y de los peligros atómicos con amenazadores bichos gigantes producto de la radicación de los que solían ocuparse el ejército, prefiriendo mostrar una cara más amarga. Anteriormente alguna cinta (más o menos) apocalíptica se pudo ver en las pantallas, pero es en los años de la contracultura y las graves crisis que asolaban a los Estados Unidos cuando se estrenaron una serie de producciones distópicas que no miraban con buenos ojos los actos de los hombres ni para con ellos mismos ni para con el resto del mundo, ni avecinaban un destino muy halagüeño para la humanidad. Cintas como la trilogía (que no es tal) protagonizada por Charlton Heston, El planeta de los simios (Planet of the Apes, Franklin Schaffner, 1968), El último hombre... vivo (The Omega Man, Boris Sagal, 1971), y Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, Richard Fleischer, 1973) [1], o como aquella Nueva York, año 2012 (The Ultimate Warrior, Robert Clouse, 1975) que protagonizara un otoñal Yul Brynner. Para 1977 la ciencia ficción retoma la aventura (blanca y juvenil), la space opera y el puro entretenimiento con héroes y villanos y finales felices gracias al rotundo éxito generado por La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas), marcando el rumbo que el género tendrá como preferente en la década siguiente.

El cine post-apocalíptico, tal como la mayoría del público lo concibe, triunfaría especialmente en la década de los ochenta. El estreno de Mad Max, salvajes de autopista (Mad Max, George Miller, 1979), un film australiano de bajo presupuesto que recaudó una cuantiosa taquilla a nivel mundial, marcaría un antes y un después en el (sub)género. Mas fue a partir de su (primera) secuela, Mad Max, el guerrero de la carretera (Mad Max 2, 1981), cuando estalla el auténtico boom por la ciencia ficción post-atómica y ésta adopta/adapta los temas y tropos que la harán fácilmente reconocible en un sinfín de trabajos que se rodarán por muy distintos puntos del planeta: parajes desolados y destruidos (por guerras, epidemias, etc) donde parte de la población ha sido diezmada, y algunos han regresado a un estado de barbarie y se agrupan por clanes/tribus (son habituales los peinados con cresta mohawk), movidos/motivados por la violencia y la más pura y dura supervivencia; donde hay escasez de recursos (apenas queda gasolina ni agua, y son bienes muy codiciados), y gobiernan líderes tiránicos/mesiánicos cuyas hordas/ejércitos se desplazan con vehículos tuneados para correr y destruir. Donde hay héroes (los menos) y villanos (muchísimos) en el sentido más clásico/arquetípico de los films y novelas de aventuras. El triunfo en los ochenta de la muscle opera, con sus hiper musculados héroes de una pieza, se hizo notar también en la ciencia ficción postapocalíptica. Acción, violencia, algunos desnudos (preferiblemente femeninos), tipos fuertes y aguerridos de pocas palabras, villanos de tebeo...  Cine de puro entretenimiento/evasión, con tramas sencillas y fácilmente reconocibles/asimilables por el público, alejadas las más de ellas de la ironía, el trasfondo y la crítica de otro de los films seminales (y también muy copiados) del (sub)género, 1997: Rescate en Nueva York (Escape from New York, John Carpenter, 1981). Las salas de programa doble, los cines de verano, y los nacientes videoclubs ayudaron, y mucho, a la difusión de estas películas (y de otros tantos géneros). Hubo también algunas (pocas) propuestas arty de carácter apocalíptico, aunque no fueron muchas ni las más aplaudidas por la platea.

Destaca en aquellos prolíficos ochenta, edad de oro de estas películas, la fructífera producción que se hizo desde Italia en los postremos años de esplendor (ya en franca decadencia) del cine de género transalpino. La ciencia ficción post-atómica que seguía los pasos dados por Max Rockatansky fue uno de los últimos filones que se exprimieron/explotaron desde el país con forma de bota, y en los que son bien reconocibles el reciclaje de elementos/detalles/tramas/desarrollos propios del péplum y, sobre todo, del spaghetti-western. Viejos zorros como Sergio Martino, Lucio Fulci, Bruno Mattei o Enzo G. Castellari continuaron/prolongaron sus carreras en el medio a través de esta particular ciencia ficción donde la acción se imponía a la reflexión, y donde la explotación/apropiación de éxitos foráneos era la moneda común.

Un tipo de cine, un modo de ver la ciencia ficción que, al igual que la mayoría de los (sub)géneros se ha prolongado/recuperado en el nuevo siglo, aunque ahora sean menos (y con cierta mirada nostálgica) los que se decanten por la pura explotación, y más los que tratan de llevar un mensaje, en ocasiones adaptando libros de cierta reputación.

El pasado mes de septiembre salía a la venta el cuarto número (y parece que, lamentablemente será el último) del Weird Magazine, el “magazine oficial del canal de YouTube Videoclub Weird” editado por Pano Art Books, dedicado en esta ocasión al cine de ciencia ficción apocalíptica, o como indica su cubierta “Especial guerreros de descampao”. Un total de 135 páginas recorriendo el apocalipsis de unos días de futuro pasado que cuenta con el buen hacer de un buen puñado de expertos en el cine de género, como Javier Pueyo, Octavio López-Sanjuán, Juan P. Rodríguez Lazo, José Luis Salvador Estébenez, Fernando Rodríguez Tapia, o los encargados de dar a luz a esta criatura: Sergi Atencia Sánchez (SAS) y José Manuel Sarabia, entre tantos otros, y donde los que esto firmamos tenemos el placer de colaborar.

Este ejemplar cuenta con el prólogo del realizador Óscar Aibar, cuyo primer largometraje fue precisamente un film afín a la temática tratada, la malditísima Atolladero (1995). Cinta que tomaba como base el cómic de mismo título, publicado por la revista Makoki en 1990, que él escribió y que contó con los lápices del polémico Miguel Ángel Martín. Su rodaje fue una completa odisea, marcada por la desgracia y los problemas hasta tal punto que en no pocas ocasiones se pensó que no llegaría a terminarse [2]. Para colmo, apenas conoció estreno en cines ni tuvo edición en vídeo. Y no ha sido hasta tiempos más recientes que se ha podido ver y disfrutar con la calidad merecida. Aibar recuerda para Weird Magazine aquel (amargo) debut en la pantalla, y lo hace mirando atrás con más reflexión que ira y parafraseando constantemente el poema No volveré a ser joven de Jaime Gil de Biedma [3].

No falta el (obligatorio) poster, que esta vez nos trae a Cindy Weird, la chica eslogan de la revista, motorizada en un mundo futurista distópico, evocándonos el recuerdo de aquella rubia ilustrada por Luis Royo de la portada del videojuego Turbo Girl que editara Dinamic en la década de los ochenta.

No te quedes sin “el fanzine de la muchachada” que también es “¡apto para pollaviejas! Son cien copias numeradas la edición. Lo podéis conseguir a través de la página de Pano Art Books: https://panoartbookstienda.com/

Alfonso & Miguel Romero

[1] Adaptaciones de las novelas El planeta de los simios (La planète des singes, Pierre Boulle, 1963), Soy leyenda (I Am Legend, Richard Matheson, 1954) y ¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio! (Make Room! Make Room!, Harry Harrison, 1966) respectivamente. La de Matheson ya contaba con una adaptación previa en 1964, en régimen de coproducción entre Estados Unidos e Italia, a cargo de Ubaldo Ragona y Sidney Salkow y con Vincent Price de protagonista, así como con un mediometraje realizado en España en 1967 por Mario Gómez Martín.

[2] Muy recomendable la lectura del libro Making of (Mondadori, 2008), donde el propio Aibar relata aquella intensa experiencia.

[3] Uno de los poemas que eligió su buen amigo Loquillo para su primer disco de poemas, a los que puso música su habitual colaborador Gabriel Sopeña. De hecho, el álbum se tituló precisamente La vida por delante (Hispavox, 1994), como dice uno de los versos del poema.


jueves, 8 de octubre de 2026

The Damned en concierto, sala EM, Sevilla 1991.

 

En los últimos años, la multitud de salas de conciertos que hay en Sevilla, así como las diferentes asociaciones musicales han nutrido a la capital andaluza de una estupenda y variada agenda de conciertos que hasta no hace tantos años era imposible/impensable.

Quitando aquellas Cita en Sevilla y Leyendas de la guitarra, que durante años proporcionaron a la ciudad de una serie de interesantes directos, no eran muchos los promotores que se animaban a traer por estos lares bandas que no estuvieran en el candelero de las radiofórmulas... Pero claro, alguna que otra sorpresa se dio. Y una de ellas fue la actuación en 1991 de la banda británica The Damned en la sala EM, que por lo general funcionaba como discoteca para la juventud pija de la época. Nuestro amigo Eduardo Álvarez allí estuvo, y nos lo rememora en las siguientes líneas.

The Damned en sus tempranos tiempos

Ya han pasado muchos años de cuando vi en 1991 a The Damned en la discoteca EM, sitio donde también pude ver a otra gran banda inglesa, los Doctor Feelgood, con el cantante Lee Brilleaux al frente. Recuerdo que fui con bastantes amigos a la discoteca EM, que estaba al lado del recinto de la feria de abril, y mientras íbamos para allá pensaba en cómo sería el concierto y, claro, en aquellos años era difícil conseguir discos o casetes y tener referencias, pero The Damned eran ya una leyenda. 

Donde tocaron The Damned fue en la parte de atrás de la discoteca. El concierto fue al aire libre, y pude verlos subir al escenario y comprobar que Dave Vanian era muy pálido. Lo de "Vanian" era por Transilvania, patria chica del conde Drácula; y a Rat Scabies le vi con su aspecto de roedor, y le dije a mis amigos que el apodo era ideal pues parecía una rata. También vi a mi admirado Captain Sensible, y mi amigo Ricardo se sintió decepcionado pues no estaba Brian James. Sí estaba Paul Gray, ex bajista de Eddie and the Hot Rods.

Del concierto recuerdo que soltaron un sonido muy caótico, y eso me gustó. Además, tocaron canciones como "Born to Kill", "New Rose", "I Feel All Right", "Feel the Pain" y la muy polémica "So Messed Up".

Fue un gran concierto de una banda pionera en todo, por ser primero punks y luego siniestros. Y recuerdo que a la vuelta iba en coche con unos amigos y les hablé y conté batallitas de The Damned, del boxeador José Legrá, del equipo de fútbol argentino Independiente de Avellaneda, de la serie de televisión Corrupción en Miami (Miami Vice, 1984-1989), y de que tenía revistas eróticas donde aparecían Pam Grier, Ágata Lys, Susana Estrada, Bárbara Rey, Regina Do Santos, la exhuberante Eva León, Norma Duval y la gran Caprice .Y un amigo me dijo que me envidiaba pues esas revistas eran un auténtico tesoro.

Eduardo Álvarez Cónsul

miércoles, 7 de octubre de 2026

The Damned en directo en la Sala Wagon, Madrid, 27 de septiembre de 2026. Crónica de un concierto accidentado.

 

Cinco décadas hace este año 2026 que The Damned se subieron por primera vez a un escenario. En la gira internacional por sus cincuenta años, la banda británica recalaba en España en tres citas: en Valencia, el viernes 25 de septiembre dentro de la programación del Visor Fest, que tuvo lugar en el auditorio Marina Norte Bareclonat; en Barcelona el sábado 26 en la Razzmatazz; y el domingo 27 en Madrid en la Sala Wagon.

Visto que no incluía esta visita a nuestro país ningún concierto por tierras andaluzas [1], y como no era plan de dejar pasar la oportunidad de ver a Dave Vanian y los suyos, por razones de logística nos decantamos por asistir a la última de las citas programadas. Y la mañana del domingo 27 nos dirigimos a la estación de Santa Justa y cogíamos junto a un amigo el AVE dirección a la capital. “La calidad del servicio no es la misma desde hace cuatro o cinco años”, nos comentaba nuestro compañero de correrías. Totalmente cierto. La enorme, desbordante, cantidad de turistas (extranjeros y nacionales) que colapsan cada día la estación, y las larguísimas colas que se montan para los distintos embarques, han sobrepasado y con mucho la infraestructura que bastaba para dar el mismo servicio hace tan sólo unos años. Ello unido al lamentable accidente ferroviario que tuvo lugar el pasado 18 enero en Adamuz, Córdoba, ha ocasionado que los retrasos sean cada vez más corrientes (y asumidos por los viajeros). Afortunadamente, nuestro viaje de ida no sufrió ningún atraso (el de vuelta no sería lo mismo), ni ningún otro percance.

El viaje se hizo corto y agradable. Llegamos a nuestro destino al mediodía, con la estación de Atocha rebosada de gente, y disponiendo nosotros de tiempo de sobra para permitirnos un paseo por el rastro, bajo un sol de justicia, y hacer algunas paradas para comer y beber algo (siempre hay un motivo que celebrar, dice el refrán), y pasar por algunas tiendas (aprovechando la libertad de apertura en días festivos que tiene Madrid). Después paramos en el apartamento reservado para darnos una ducha, descansar un poquito y prepararnos para ir al evento.

La Wagon, sita en la parte superior de la estación de Chamartín, abría sus puertas con amplia anticipación a la hora programada, las 20:30, para que la banda saliera a escena. Llegamos con tiempo de sobra para colocarnos entre las primeras filas. Aún no había mucha afluencia de gente en la sala. Como era de esperar, nos encontramos con un público variopinto (la larga trayectoria del grupo y sus distintas etapas han ido acercando a una gran variedad de fans a la banda) que, eso sí, en su mayoría peinaba canas. La banda celebra, como decíamos al principio de estas líneas, cincuenta años en activos. Sus integrantes rondan los setenta, quien más y quien menos, y de igual modo la mayoría de sus seguidores no son precisamente unos jovenzuelos. Unos/as pocos/as de los asistentes incluso llevaban bastón o muleta para ayudarse a caminar.

Poco a poco la Wagon se fue llenando, y para cuando llegaba la hora señalada se encontraba un generoso número de personas colmando el recinto. Los indispensables Dave Vanian, Capitán Sensible y Rat Scabies [2], junto a los también míticos y memorables Paul Gray y Monty, no se hicieron de rogar y The Damned tomaban el escenario. Abriendo fuego con “Streets of Dreams” para meterse al público en el bolsillo sin ningún problema desde los primeros acordes. De esta etapa, más gótica, de la banda también sonaron cortes como “Shadow of Love”, “The History of the World (Part I)”, “Just Can’t Be Happy today”, “Is It a Dream?”, o la tan esperada (y cantada por todo el respetable) versión del “Eloise” de Barry Ryan que el grupo registrara en 1986. Tampoco faltó un (somero) repaso a su (primigenia) etapa más punk, con clásicos de la talla de “Love Song”, “Second Time Around”, “Machine Gun Etiquette” o la indispensable “Neat Neat Neat”, con la que concluirían este bloque. Hubo lugar también para recordar/homenajear a Brian James, uno de los miembros fundadores del grupo [3], fallecido en marzo de 2025. Y cerraron tras un par de bises, la fundacional “New Rose” y la dinámica “Smash It Up”.

The Damned sabían que contaban con el beneplácito de la afición asistente y se mostraron muy cómodos durante la actuación. Mr. Vanian, con su eterno look de dandi siniestro, no se estuvo quieto en ningún momento, recorriendo el escenario de una punta a otra a lo largo de todo el concierto y acercándose cada dos por tres a las primeras filas. Tampoco el Capitán Sensible ni Paul Gray quisieron permanecer parados, buscando igualmente el apoyo del respetable. Poco se le puede achacar a una banda con tanto recorrido, que sabe muy bien quiénes son y qué espera el público de ellos. Algunos fallos técnicos en la percusión y poco más. Resultó muy cuestionable (e incómodo), esto responsabilidad de la sala, el machacón y cegador juego de luces. También el sonido falló en alguna que otra ocasión. Pero bueno, esos son cosas que no tienen gran importancia. Lo peor del evento vino por parte del público. Es decir, por parte de “cierto sector del público”. Un puñado de tipos borrachos, por supuesto no de los más veteranos, se emperraron en que estaban en un concierto de punk (ignorando, conscientemente o no) el resto de la trayectoria de la veterana banda. Y para ellos, en su cerrazón, un concierto de punk es una excusa (como cualquier otra) para hacer el cafre. No bailar pogo, no hablamos de eso. Estamos hablando de dar codazos en la espalda a quien tienen delante, empujar a diestro y siniestro, propinar patadas a cualquiera que esté en frente, tirarle vasos de cerveza al personal por encima (como si fuera barata la birra en el local...), etc. Y es que ni siquiera aguardaron a que diera comienzo la parte con los temas punk de The Damned, cuando empezaron a armar bulla aún estaban sonando temas más tranquilos.

Esto llevó a que más gente acabara implicada en el barullo. O contagiados por el frenesí violento o respondiendo al mismo (y uno se pregunta: para qué llegar con tiempo y hacerte con un buen sitio si luego se va a montar esto y te van a desplazar/echar/golpear).  Pero también dio lugar a que muchos otros se fueran para atrás, apartándose de la violencia y evitando recibir hostias no deseadas y/o entrar en pelea con alguien. Ya hemos comentado que no pocos de los asistentes tenían ya una edad en la que estos saraos no son bienvenidos. A ver, una cosa es moverte y bailar con tu círculo de amistades, dar saltos (sin atizar intencionadamente a nadie), y demás. Estas en un concierto, de acuerdo. Y otra muy distinta ir a sacudir a todo quisqui. Al finalizar el show eran legión las caras de cabreo y decepción entre el público, y la gente (indignada) comentaba que esa actitud violenta estaba fuera de lugar. Un punto y final amargo a una cita muy esperada que podía haber acabado de otra forma mucho más positiva si los retrasados de turno, parapetados bajo el abrigo de su ignorancia, no confundieran una sala de conciertos con un estadio de fútbol. Porque es la misma actitud de utilizar lo que en tiempos fue un deporte para irse a dar de hostias de una forma, digamos, aceptada/interiorizada hoy socialmente.

Comentando del tema unos días después con una amiga, ésta nos declaraba que recientemente había estado en una diminuta sala de Sevilla, en un concierto de una banda alejada de postulados punk, en el que también una sección del público se entregaba a una espiral de golpes y empujones como si de un liberador y dionisiaco ritual obligatorio se tratara. Y es que la alargada sombra de los imbéciles acecha en cualquier rincón. O lo que es lo mismo: en todos lados hay gilipollas.

Alfonso Romero & Malina Murnau

[1] Casualmente, el sábado 26 de septiembre actuaba en Granada The Sisters of Mercy, banda en la que militara durante un tiempo Patricia Morrison, la esposa desde 1996 de Dave Vanian, líder de The Damned. Aunque desde hace unos años en las redes hay rumores de su separación, oficialmente la pareja sigue junta.

[2] Rat Scabies llegó a tocar con la banda de gothabilly The 69 Cats. De ellos os hablamos hace un tiempo en este mismo blog: https://lesdansesmacabres.blogspot.com/2023/08/el-oscuro-rockabilly-de-69-cats.html

[3] También fue uno de los creadores de la banda The Lords of the New Church, aquí junto al norteamericano Stiv Bators (exDead Boys).


viernes, 2 de octubre de 2026

VVAA “Porky’s” (Polygram, 1982).

 

Los turbulentos tiempos que vivían los Estados Unidos conforme avanzaban los sesenta y que terminaron de reventar en los setenta, ayudaron a triunfar a una cinta como American Graffiti (American Graffiti, George Lucas, 1973), que proyectaba una mirada de añoranza a momentos pasados, a unos años más sencillos y felices. Arrancando con ella lo que se conocería como películas de nostalgia, con tramas ambientadas entre finales de los cincuenta y los primeros sesenta, y que trataron un buen puñado de producciones que gozaron del favor del público en las carteleras de los setenta e incluso en un puñado de años de la siguiente década [1]. 

Dejando a un lado el dramatismo del film de Lucas y de algunos de los títulos que la siguieron, la publicación National Lampoon’s, que llevaba en activo desde 1970 y que a mediados de la década alcanzaba altas cotas de ventas, estrenó con respaldo de la Universal su primera producción cinematográfica, Desmadre a la americana (National Lampoon’s Animal House, John Landis, 1978) [2]. Una respuesta a esta ola de films de nostalgia, ambientada en 1962, donde el humor más grueso, sexual y escatológico hacía aparición, adueñándose de la función, para terminar por tomar las salas de cine por asalto, generando una serie de imitaciones, y no sólo en los Estados unidos, que arrasarían en los cines (y videoclubs) de medio mundo a lo largo de los ochenta [3]. Dando lugar a una serie de exitosas cintas que a su vez tendrían sus propias secuelas y copias. Un caso llamativo fueron las diferentes producciones israelíes comandadas por los inefables Menahem Golan y Yoram Globus, y realizadas por Boaz Davidson, que dieron comienzo con Polo de limón (Eskimo Limon, 1978), y cuyos personajes prolongarían sus aventuras amorosas-sexuales en un puñado de continuaciones que se venderían muy bien en multitud de países. Y que Golan, Globus y Davidson prolongaron y trasladaron a suelo estadounidense, ya pilotando los dos primeros los mandos de Cannon Films, con El último americano virgen (The Last American Virgin, 1982), aunque ésta se desarrollaba en los años de su producción, no en los cincuenta o sesenta.

BSO de Baby Love (1983), de Dan Wolman, una de las producciones israelíes de Golan & Globus

Al poco de comenzar los ochenta llegaría a las pantallas una de las más célebres cintas que siguieron la estela del film de John Landis, la producción canadiense Porky’s (Porky’s, 1981). Escrita, co-producida, y dirigida por Bob Clark, que con este trabajo se distanciaba de sus anteriores propuestas, donde se había hecho un nombre en el cine de terror con la realización de Children Shouldn’t Play with Dead Things [vd: La noche de los muertos vivientes II; tv/br: Los niños no deben jugar con cosas muertas, 1972], Deathdream [tv/vd/dvd/br: Crimen en la noche, 1974] o Black Christmas [tv/vd/dvd/br: Navidades negras, 1974], así como la producción de la interesantísima Deranged [tv: Trastornado, 1974], cuya realización recayó en sus colaboradores Jeff Gillen y Alan Ormsby, y que se inspiraba en las andanzas de Ed Gein, “el carnicero de Plainfield”, llegando a las salas de cine poquito antes que La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974) de Tobe Hooper, que tomaba el mismo caso como inspiración. Tras éstas, Clark iría pasando a mejores divisiones y en 1981 reventó las carteleras con un título (en principio) muy alejado de sus más tempranas producciones.

Porky’s, ambientada en 1954 en la sureña Florida, narraba con humor irreverente (ahora diríamos políticamente incorrecto) las aventuras festivo-sexuales de un grupo de chavales de instituto que parece que no tienen otra cosa en la cabeza que perseguir faldas. En una de éstas se les ocurre ir a un burdel flotante del condado vecino, el Porky’s, que toma su nombre de su dueño (al que interpreta el orondo Chuck Mitchell), un tipo racista y muy cabrón que les hará una jugarreta a los chicos... Aunque al final le saldrá caro.

Las bromas y desventuras del grupo de jovenzuelos protagonistas calaron hondo en el público. La cinta obtuvo un rotundo éxito a nivel internacional (hoy día no se hubieran estrenado en salas de cine), engendrando un sinfín de títulos similares, así como dos secuelas oficiales, Porky’s II: Al día siguiente (Porky’s II: The Next Day, 1983), en la que no salía el personaje de Chuck Mitchell aunque siguiera en el título, y ¡Porky’s contraataca! (Porky’s Revenge, 1985), escrita y producida por Clark pero dirigida por James Komack. Pero además, el éxito de Porky’s daría paso a que muchos distribuidores españoles (con más cara que escrúpulos) trataran de pasar por continuaciones a un puñado de trabajos que en realidad nada tenían que ver con aquélla.

Tercer volumen de la banda sonora de American Graffiti (1973)

Volviendo con el citado film de George Lucas, éste nos ofreció una banda sonora repleta de canciones de R’n’R, R&B, surf, doo-wop, high school, etc, que fue igualmente un rotundo éxito de ventas en su edición física en doble LP, acarreando una continuación en otros volúmenes, así como una respuesta por diferentes países publicando sus propias recopilaciones de oldies nacionales e internacionales. Las siguientes películas que se acercaron a esta temática de nostalgia apostaron del mismo modo por llenar sus BSO de viejos éxitos de los años retratados en sus tramas, destacando la de The Wanderers (Las pandillas del Bronx), publicada por RCA. El film de Landis no fue tampoco una excepción, y no fueron pocos quienes se acercaron a la música de Sam Cook, Otis Day & the Knights y otros gracias a la película [4]. Incluso las producciones israelíes de Golan y Globus recurrieron a la misma estrategia, logrando una notable venta de los álbumes publicados. Buena prueba de ello fue el reportaje sobre la banda sonora del film Polo de limón que hicieron en el programa televisivo Aplauso de TVE [5].

LP de la banda sonora de Desmadre a la americana (1978)

Porky’s no fue una excepción, y también se musicó con una serie de éxitos de los años cincuenta, década en la que transcurría la acción. Polygram se encargaría de publicar el LP al poco de estrenarse la cinta, incluyendo doce de las canciones, generalmente de corte romántico, que suenan en la película. Podemos escuchar a Patti-Page en un par de ocasiones con “Tennesee Waltz” (que abre el álbum) y “Mockingbird Hill”, en su estilo de pop-country, a los Crew-Cuts a ritmo de doo-wop con sus inmortales “Sh-Boom” y “Earth Angel”, a The Platters con su tema más emblemático, la balada vocal “Only You”, a Les Paul con “How High The Moon”, y las baladas pop “'Til I Waltz Again With You” y “Why Don't You Believe Me” a cargo de Teresa Brewer y Joni James respectivamente. No obstante, es la estrella del country Hank Williams quien más representación tiene en el álbum con hasta cuatro de los más famosos cortes de su exitosa y abruptamente corta carrera [6]: “Cold Cold Heart”, “Honky Tonkin’”, “Your Cheatin’ Heart” y “Lovesick Blues”. No obstante, algunos de los temas que suenan en el film no llegaron a aparecer en el disco. Fue el caso de, por ejemplo, el “Maybellene” de Chuck Berry.

Porky’s II contaría de igual manera con una BSO compuesta por un puñado (aunque menos) de canciones de los años cincuenta, pero ésta no llegó a conocer formato físico. No ocurriría lo mismo con la siguiente entrega de la saga, ¡Porky’s contraataca!, que fue la más cuidada e interesante de las tres... pero de eso ya os hablamos hace un tiempo en este mismo blog... [7]

Alfonso & Miguel Romero

[1] Nos adentramos en este tema en este enlace: https://lesdansesmacabres.blogspot.com/2025/05/seis-respuestas-diferentes-american.html

[2] En su juvenil reparto se encontraba Karen Allen, que también estaría al año siguiente en una de las mejores respuestas al fundacional film de George Lucas, The Wanderers (Las pandillas del Bronx) (The Wanderers, Philip Kaufman, 1979). 

[3] Más información en esta entrada: https://cerebrin.wordpress.com/2020/08/24/van-wilder-animal-party/

 [4] No obstante, en la banda sonora de Desmadre a la americana encontrábamos un par de temas versionados para la ocasión por uno de los intérpretes de la misma, el genial John Belushi. Que se ocupó de cantar “Louie, Louie”, de Richard Berry, y “Money (That’s What I Want)”, de Berry Gordy.

[5] No obstante, la versión “made in USA” de estas, El último americano virgen, desarrollada en los primeros ochenta, contó con una banda sonora repleta de pop y new wave a cargo de Blondie, The Police, Devo, U2, The Cars, The Commodores, y muchas otras formaciones.

[6] El 1 de enero de 1953, a la temprana edad de 29 años, un fallo cardíaco ponía fin a la vida de Hank Williams. Algunos detalles del suceso aún no han quedado claros. Por cierto, la música de este imprescindible músico de country ocupó igualmente un lugar destacado en uno de los grandes títulos del Nuevo Hollywood en los años setenta, el drama sureño La última película (The Last Picture Show, Peter Bogdanovich, 1971), cuya trama transcurría también en la década de los cincuenta.

[7] https://lesdansesmacabres.blogspot.com/2023/05/bob-clark-dave-edmunds-y-la-banda.html