sábado, 17 de octubre de 2026

Weird Magazine # 4, septiembre 2026.

Hasta el estreno de 2001: una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick, 1968), que obtuvo una inmensa aceptación crítica y comercial, el cine de ciencia ficción no era tomado muy en serio por críticos y pensadores de distinta ideología. Las más de las veces, el género había venido enfocado al público juvenil en producciones destinadas mayoritariamente a los autocines. De igual modo, la televisión había enfocado sus producciones ci-fi a un target adolescente. El film de Kubrick dio el pistoletazo de salida a una ciencia ficción más adulta, y entre finales de los sesenta y durante buena parte de los setenta el cine de ciencia ficción se alejó de la aventura espacial y de los peligros atómicos con amenazadores bichos gigantes producto de la radicación de los que solían ocuparse el ejército, prefiriendo mostrar una cara más amarga. Anteriormente alguna cinta (más o menos) apocalíptica se pudo ver en las pantallas, pero es en los años de la contracultura y las graves crisis que asolaban a los Estados Unidos cuando se estrenaron una serie de producciones distópicas que no miraban con buenos ojos los actos de los hombres ni para con ellos mismos ni para con el resto del mundo, ni avecinaban un destino muy halagüeño para la humanidad. Cintas como la trilogía (que no es tal) protagonizada por Charlton Heston, El planeta de los simios (Planet of the Apes, Franklin Schaffner, 1968), El último hombre... vivo (The Omega Man, Boris Sagal, 1971), y Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, Richard Fleischer, 1973) [1], o como aquella Nueva York, año 2012 (The Ultimate Warrior, Robert Clouse, 1975) que protagonizara un otoñal Yul Brynner. Para 1977 la ciencia ficción retoma la aventura (blanca y juvenil), la space opera y el puro entretenimiento con héroes y villanos y finales felices gracias al rotundo éxito generado por La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas), marcando el rumbo que el género tendrá como preferente en la década siguiente.

El cine post-apocalíptico, tal como la mayoría del público lo concibe, triunfaría especialmente en la década de los ochenta. El estreno de Mad Max, salvajes de autopista (Mad Max, George Miller, 1979), un film australiano de bajo presupuesto que recaudó una cuantiosa taquilla a nivel mundial, marcaría un antes y un después en el (sub)género. Mas fue a partir de su (primera) secuela, Mad Max, el guerrero de la carretera (Mad Max 2, 1981), cuando estalla el auténtico boom por la ciencia ficción post-atómica y ésta adopta/adapta los temas y tropos que la harán fácilmente reconocible en un sinfín de trabajos que se rodarán por muy distintos puntos del planeta: parajes desolados y destruidos (por guerras, epidemias, etc) donde parte de la población ha sido diezmada, y algunos han regresado a un estado de barbarie y se agrupan por clanes/tribus (son habituales los peinados con cresta mohawk), movidos/motivados por la violencia y la más pura y dura supervivencia; donde hay escasez de recursos (apenas queda gasolina ni agua, y son bienes muy codiciados), y gobiernan líderes tiránicos/mesiánicos cuyas hordas/ejércitos se desplazan con vehículos tuneados para correr y destruir. Donde hay héroes (los menos) y villanos (muchísimos) en el sentido más clásico/arquetípico de los films y novelas de aventuras. El triunfo en los ochenta de la muscle opera, con sus hiper musculados héroes de una pieza, se hizo notar también en la ciencia ficción postapocalíptica. Acción, violencia, algunos desnudos (preferiblemente femeninos), tipos fuertes y aguerridos de pocas palabras, villanos de tebeo...  Cine de puro entretenimiento/evasión, con tramas sencillas y fácilmente reconocibles/asimilables por el público, alejadas las más de ellas de la ironía, el trasfondo y la crítica de otro de los films seminales (y también muy copiados) del (sub)género, 1997: Rescate en Nueva York (Escape from New York, John Carpenter, 1981). Las salas de programa doble, los cines de verano, y los nacientes videoclubs ayudaron, y mucho, a la difusión de estas películas (y de otros tantos géneros). Hubo también algunas (pocas) propuestas arty de carácter apocalíptico, aunque no fueron muchas ni las más aplaudidas por la platea.

Destaca en aquellos prolíficos ochenta, edad de oro de estas películas, la fructífera producción que se hizo desde Italia en los postremos años de esplendor (ya en franca decadencia) del cine de género transalpino. La ciencia ficción post-atómica que seguía los pasos dados por Max Rockatansky fue uno de los últimos filones que se exprimieron/explotaron desde el país con forma de bota, y en los que son bien reconocibles el reciclaje de elementos/detalles/tramas/desarrollos propios del péplum y, sobre todo, del spaghetti-western. Viejos zorros como Sergio Martino, Lucio Fulci, Bruno Mattei o Enzo G. Castellari continuaron/prolongaron sus carreras en el medio a través de esta particular ciencia ficción donde la acción se imponía a la reflexión, y donde la explotación/apropiación de éxitos foráneos era la moneda común.

Un tipo de cine, un modo de ver la ciencia ficción que, al igual que la mayoría de los (sub)géneros se ha prolongado/recuperado en el nuevo siglo, aunque ahora sean menos (y con cierta mirada nostálgica) los que se decanten por la pura explotación, y más los que tratan de llevar un mensaje, en ocasiones adaptando libros de cierta reputación.

El pasado mes de septiembre salía a la venta el cuarto número (y parece que, lamentablemente será el último) del Weird Magazine, el “magazine oficial del canal de YouTube Videoclub Weird” editado por Pano Art Books, dedicado en esta ocasión al cine de ciencia ficción apocalíptica, o como indica su cubierta “Especial guerreros de descampao”. Un total de 135 páginas recorriendo el apocalipsis de unos días de futuro pasado que cuenta con el buen hacer de un buen puñado de expertos en el cine de género, como Javier Pueyo, Octavio López-Sanjuán, Juan P. Rodríguez Lazo, José Luis Salvador Estébenez, Fernando Rodríguez Tapia, o los encargados de dar a luz a esta criatura: Sergi Atencia Sánchez (SAS) y José Manuel Sarabia, entre tantos otros, y donde los que esto firmamos tenemos el placer de colaborar.

Este ejemplar cuenta con el prólogo del realizador Óscar Aibar, cuyo primer largometraje fue precisamente un film afín a la temática tratada, la malditísima Atolladero (1995). Cinta que tomaba como base el cómic de mismo título, publicado por la revista Makoki en 1990, que él escribió y que contó con los lápices del polémico Miguel Ángel Martín. Su rodaje fue una completa odisea, marcada por la desgracia y los problemas hasta tal punto que en no pocas ocasiones se pensó que no llegaría a terminarse [2]. Para colmo, apenas conoció estreno en cines ni tuvo edición en vídeo. Y no ha sido hasta tiempos más recientes que se ha podido ver y disfrutar con la calidad merecida. Aibar recuerda para Weird Magazine aquel (amargo) debut en la pantalla, y lo hace mirando atrás con más reflexión que ira y parafraseando constantemente el poema No volveré a ser joven de Jaime Gil de Biedma [3].

No falta el (obligatorio) poster, que esta vez nos trae a Cindy Weird, la chica eslogan de la revista, motorizada en un mundo futurista distópico, evocándonos el recuerdo de aquella rubia ilustrada por Luis Royo de la portada del videojuego Turbo Girl que editara Dinamic en la década de los ochenta.

No te quedes sin “el fanzine de la muchachada” que también es “¡apto para pollaviejas! Son cien copias numeradas la edición. Lo podéis conseguir a través de la página de Pano Art Books: https://panoartbookstienda.com/

Alfonso & Miguel Romero

[1] Adaptaciones de las novelas El planeta de los simios (La planète des singes, Pierre Boulle, 1963), Soy leyenda (I Am Legend, Richard Matheson, 1954) y ¡Hagan sitio!, ¡hagan sitio! (Make Room! Make Room!, Harry Harrison, 1966) respectivamente. La de Matheson ya contaba con una adaptación previa en 1964, en régimen de coproducción entre Estados Unidos e Italia, a cargo de Ubaldo Ragona y Sidney Salkow y con Vincent Price de protagonista, así como con un mediometraje realizado en España en 1967 por Mario Gómez Martín.

[2] Muy recomendable la lectura del libro Making of (Mondadori, 2008), donde el propio Aibar relata aquella intensa experiencia.

[3] Uno de los poemas que eligió su buen amigo Loquillo para su primer disco de poemas, a los que puso música su habitual colaborador Gabriel Sopeña. De hecho, el álbum se tituló precisamente La vida por delante (Hispavox, 1994), como dice uno de los versos del poema.


jueves, 8 de octubre de 2026

The Damned en concierto, sala EM, Sevilla 1991.

 

En los últimos años, la multitud de salas de conciertos que hay en Sevilla, así como las diferentes asociaciones musicales han nutrido a la capital andaluza de una estupenda y variada agenda de conciertos que hasta no hace tantos años era imposible/impensable.

Quitando aquellas Cita en Sevilla y Leyendas de la guitarra, que durante años proporcionaron a la ciudad de una serie de interesantes directos, no eran muchos los promotores que se animaban a traer por estos lares bandas que no estuvieran en el candelero de las radiofórmulas... Pero claro, alguna que otra sorpresa se dio. Y una de ellas fue la actuación en 1991 de la banda británica The Damned en la sala EM, que por lo general funcionaba como discoteca para la juventud pija de la época. Nuestro amigo Eduardo Álvarez allí estuvo, y nos lo rememora en las siguientes líneas.

The Damned en sus tempranos tiempos

Ya han pasado muchos años de cuando vi en 1991 a The Damned en la discoteca EM, sitio donde también pude ver a otra gran banda inglesa, los Doctor Feelgood, con el cantante Lee Brilleaux al frente. Recuerdo que fui con bastantes amigos a la discoteca EM, que estaba al lado del recinto de la feria de abril, y mientras íbamos para allá pensaba en cómo sería el concierto y, claro, en aquellos años era difícil conseguir discos o casetes y tener referencias, pero The Damned eran ya una leyenda. 

Donde tocaron The Damned fue en la parte de atrás de la discoteca. El concierto fue al aire libre, y pude verlos subir al escenario y comprobar que Dave Vanian era muy pálido. Lo de "Vanian" era por Transilvania, patria chica del conde Drácula; y a Rat Scabies le vi con su aspecto de roedor, y le dije a mis amigos que el apodo era ideal pues parecía una rata. También vi a mi admirado Captain Sensible, y mi amigo Ricardo se sintió decepcionado pues no estaba Brian James. Sí estaba Paul Gray, ex bajista de Eddie and the Hot Rods.

Del concierto recuerdo que soltaron un sonido muy caótico, y eso me gustó. Además, tocaron canciones como "Born to Kill", "New Rose", "I Feel All Right", "Feel the Pain" y la muy polémica "So Messed Up".

Fue un gran concierto de una banda pionera en todo, por ser primero punks y luego siniestros. Y recuerdo que a la vuelta iba en coche con unos amigos y les hablé y conté batallitas de The Damned, del boxeador José Legrá, del equipo de fútbol argentino Independiente de Avellaneda, de la serie de televisión Corrupción en Miami (Miami Vice, 1984-1989), y de que tenía revistas eróticas donde aparecían Pam Grier, Ágata Lys, Susana Estrada, Bárbara Rey, Regina Do Santos, la exhuberante Eva León, Norma Duval y la gran Caprice .Y un amigo me dijo que me envidiaba pues esas revistas eran un auténtico tesoro.

Eduardo Álvarez Cónsul

miércoles, 7 de octubre de 2026

The Damned en directo en la Sala Wagon, Madrid, 27 de septiembre de 2026. Crónica de un concierto accidentado.

 

Cinco décadas hace este año 2026 que The Damned se subieron por primera vez a un escenario. En la gira internacional por sus cincuenta años, la banda británica recalaba en España en tres citas: en Valencia, el viernes 25 de septiembre dentro de la programación del Visor Fest, que tuvo lugar en el auditorio Marina Norte Bareclonat; en Barcelona el sábado 26 en la Razzmatazz; y el domingo 27 en Madrid en la Sala Wagon.

Visto que no incluía esta visita a nuestro país ningún concierto por tierras andaluzas [1], y como no era plan de dejar pasar la oportunidad de ver a Dave Vanian y los suyos, por razones de logística nos decantamos por asistir a la última de las citas programadas. Y la mañana del domingo 27 nos dirigimos a la estación de Santa Justa y cogíamos junto a un amigo el AVE dirección a la capital. “La calidad del servicio no es la misma desde hace cuatro o cinco años”, nos comentaba nuestro compañero de correrías. Totalmente cierto. La enorme, desbordante, cantidad de turistas (extranjeros y nacionales) que colapsan cada día la estación, y las larguísimas colas que se montan para los distintos embarques, han sobrepasado y con mucho la infraestructura que bastaba para dar el mismo servicio hace tan sólo unos años. Ello unido al lamentable accidente ferroviario que tuvo lugar el pasado 18 enero en Adamuz, Córdoba, ha ocasionado que los retrasos sean cada vez más corrientes (y asumidos por los viajeros). Afortunadamente, nuestro viaje de ida no sufrió ningún atraso (el de vuelta no sería lo mismo), ni ningún otro percance.

El viaje se hizo corto y agradable. Llegamos a nuestro destino al mediodía, con la estación de Atocha rebosada de gente, y disponiendo nosotros de tiempo de sobra para permitirnos un paseo por el rastro, bajo un sol de justicia, y hacer algunas paradas para comer y beber algo (siempre hay un motivo que celebrar, dice el refrán), y pasar por algunas tiendas (aprovechando la libertad de apertura en días festivos que tiene Madrid). Después paramos en el apartamento reservado para darnos una ducha, descansar un poquito y prepararnos para ir al evento.

La Wagon, sita en la parte superior de la estación de Chamartín, abría sus puertas con amplia anticipación a la hora programada, las 20:30, para que la banda saliera a escena. Llegamos con tiempo de sobra para colocarnos entre las primeras filas. Aún no había mucha afluencia de gente en la sala. Como era de esperar, nos encontramos con un público variopinto (la larga trayectoria del grupo y sus distintas etapas han ido acercando a una gran variedad de fans a la banda) que, eso sí, en su mayoría peinaba canas. La banda celebra, como decíamos al principio de estas líneas, cincuenta años en activos. Sus integrantes rondan los setenta, quien más y quien menos, y de igual modo la mayoría de sus seguidores no son precisamente unos jovenzuelos. Unos/as pocos/as de los asistentes incluso llevaban bastón o muleta para ayudarse a caminar.

Poco a poco la Wagon se fue llenando, y para cuando llegaba la hora señalada se encontraba un generoso número de personas colmando el recinto. Los indispensables Dave Vanian, Capitán Sensible y Rat Scabies [2], junto a los también míticos y memorables Paul Gray y Monty, no se hicieron de rogar y The Damned tomaban el escenario. Abriendo fuego con “Streets of Dreams” para meterse al público en el bolsillo sin ningún problema desde los primeros acordes. De esta etapa, más gótica, de la banda también sonaron cortes como “Shadow of Love”, “The History of the World (Part I)”, “Just Can’t Be Happy today”, “Is It a Dream?”, o la tan esperada (y cantada por todo el respetable) versión del “Eloise” de Barry Ryan que el grupo registrara en 1986. Tampoco faltó un (somero) repaso a su (primigenia) etapa más punk, con clásicos de la talla de “Love Song”, “Second Time Around”, “Machine Gun Etiquette” o la indispensable “Neat Neat Neat”, con la que concluirían este bloque. Hubo lugar también para recordar/homenajear a Brian James, uno de los miembros fundadores del grupo [3], fallecido en marzo de 2025. Y cerraron tras un par de bises, la fundacional “New Rose” y la dinámica “Smash It Up”.

The Damned sabían que contaban con el beneplácito de la afición asistente y se mostraron muy cómodos durante la actuación. Mr. Vanian, con su eterno look de dandi siniestro, no se estuvo quieto en ningún momento, recorriendo el escenario de una punta a otra a lo largo de todo el concierto y acercándose cada dos por tres a las primeras filas. Tampoco el Capitán Sensible ni Paul Gray quisieron permanecer parados, buscando igualmente el apoyo del respetable. Poco se le puede achacar a una banda con tanto recorrido, que sabe muy bien quiénes son y qué espera el público de ellos. Algunos fallos técnicos en la percusión y poco más. Resultó muy cuestionable (e incómodo), esto responsabilidad de la sala, el machacón y cegador juego de luces. También el sonido falló en alguna que otra ocasión. Pero bueno, esos son cosas que no tienen gran importancia. Lo peor del evento vino por parte del público. Es decir, por parte de “cierto sector del público”. Un puñado de tipos borrachos, por supuesto no de los más veteranos, se emperraron en que estaban en un concierto de punk (ignorando, conscientemente o no) el resto de la trayectoria de la veterana banda. Y para ellos, en su cerrazón, un concierto de punk es una excusa (como cualquier otra) para hacer el cafre. No bailar pogo, no hablamos de eso. Estamos hablando de dar codazos en la espalda a quien tienen delante, empujar a diestro y siniestro, propinar patadas a cualquiera que esté en frente, tirarle vasos de cerveza al personal por encima (como si fuera barata la birra en el local...), etc. Y es que ni siquiera aguardaron a que diera comienzo la parte con los temas punk de The Damned, cuando empezaron a armar bulla aún estaban sonando temas más tranquilos.

Esto llevó a que más gente acabara implicada en el barullo. O contagiados por el frenesí violento o respondiendo al mismo (y uno se pregunta: para qué llegar con tiempo y hacerte con un buen sitio si luego se va a montar esto y te van a desplazar/echar/golpear).  Pero también dio lugar a que muchos otros se fueran para atrás, apartándose de la violencia y evitando recibir hostias no deseadas y/o entrar en pelea con alguien. Ya hemos comentado que no pocos de los asistentes tenían ya una edad en la que estos saraos no son bienvenidos. A ver, una cosa es moverte y bailar con tu círculo de amistades, dar saltos (sin atizar intencionadamente a nadie), y demás. Estas en un concierto, de acuerdo. Y otra muy distinta ir a sacudir a todo quisqui. Al finalizar el show eran legión las caras de cabreo y decepción entre el público, y la gente (indignada) comentaba que esa actitud violenta estaba fuera de lugar. Un punto y final amargo a una cita muy esperada que podía haber acabado de otra forma mucho más positiva si los retrasados de turno, parapetados bajo el abrigo de su ignorancia, no confundieran una sala de conciertos con un estadio de fútbol. Porque es la misma actitud de utilizar lo que en tiempos fue un deporte para irse a dar de hostias de una forma, digamos, aceptada/interiorizada hoy socialmente.

Comentando del tema unos días después con una amiga, ésta nos declaraba que recientemente había estado en una diminuta sala de Sevilla, en un concierto de una banda alejada de postulados punk, en el que también una sección del público se entregaba a una espiral de golpes y empujones como si de un liberador y dionisiaco ritual obligatorio se tratara. Y es que la alargada sombra de los imbéciles acecha en cualquier rincón. O lo que es lo mismo: en todos lados hay gilipollas.

Alfonso Romero & Malina Murnau

[1] Casualmente, el sábado 26 de septiembre actuaba en Granada The Sisters of Mercy, banda en la que militara durante un tiempo Patricia Morrison, la esposa desde 1996 de Dave Vanian, líder de The Damned. Aunque desde hace unos años en las redes hay rumores de su separación, oficialmente la pareja sigue junta.

[2] Rat Scabies llegó a tocar con la banda de gothabilly The 69 Cats. De ellos os hablamos hace un tiempo en este mismo blog: https://lesdansesmacabres.blogspot.com/2023/08/el-oscuro-rockabilly-de-69-cats.html

[3] También fue uno de los creadores de la banda The Lords of the New Church, aquí junto al norteamericano Stiv Bators (exDead Boys).


viernes, 2 de octubre de 2026

VVAA “Porky’s” (Polygram, 1982).

 

Los turbulentos tiempos que vivían los Estados Unidos conforme avanzaban los sesenta y que terminaron de reventar en los setenta, ayudaron a triunfar a una cinta como American Graffiti (American Graffiti, George Lucas, 1973), que proyectaba una mirada de añoranza a momentos pasados, a unos años más sencillos y felices. Arrancando con ella lo que se conocería como películas de nostalgia, con tramas ambientadas entre finales de los cincuenta y los primeros sesenta, y que trataron un buen puñado de producciones que gozaron del favor del público en las carteleras de los setenta e incluso en un puñado de años de la siguiente década [1]. 

Dejando a un lado el dramatismo del film de Lucas y de algunos de los títulos que la siguieron, la publicación National Lampoon’s, que llevaba en activo desde 1970 y que a mediados de la década alcanzaba altas cotas de ventas, estrenó con respaldo de la Universal su primera producción cinematográfica, Desmadre a la americana (National Lampoon’s Animal House, John Landis, 1978) [2]. Una respuesta a esta ola de films de nostalgia, ambientada en 1962, donde el humor más grueso, sexual y escatológico hacía aparición, adueñándose de la función, para terminar por tomar las salas de cine por asalto, generando una serie de imitaciones, y no sólo en los Estados unidos, que arrasarían en los cines (y videoclubs) de medio mundo a lo largo de los ochenta [3]. Dando lugar a una serie de exitosas cintas que a su vez tendrían sus propias secuelas y copias. Un caso llamativo fueron las diferentes producciones israelíes comandadas por los inefables Menahem Golan y Yoram Globus, y realizadas por Boaz Davidson, que dieron comienzo con Polo de limón (Eskimo Limon, 1978), y cuyos personajes prolongarían sus aventuras amorosas-sexuales en un puñado de continuaciones que se venderían muy bien en multitud de países. Y que Golan, Globus y Davidson prolongaron y trasladaron a suelo estadounidense, ya pilotando los dos primeros los mandos de Cannon Films, con El último americano virgen (The Last American Virgin, 1982), aunque ésta se desarrollaba en los años de su producción, no en los cincuenta o sesenta.

BSO de Baby Love (1983), de Dan Wolman, una de las producciones israelíes de Golan & Globus

Al poco de comenzar los ochenta llegaría a las pantallas una de las más célebres cintas que siguieron la estela del film de John Landis, la producción canadiense Porky’s (Porky’s, 1981). Escrita, co-producida, y dirigida por Bob Clark, que con este trabajo se distanciaba de sus anteriores propuestas, donde se había hecho un nombre en el cine de terror con la realización de Children Shouldn’t Play with Dead Things [vd: La noche de los muertos vivientes II; tv/br: Los niños no deben jugar con cosas muertas, 1972], Deathdream [tv/vd/dvd/br: Crimen en la noche, 1974] o Black Christmas [tv/vd/dvd/br: Navidades negras, 1974], así como la producción de la interesantísima Deranged [tv: Trastornado, 1974], cuya realización recayó en sus colaboradores Jeff Gillen y Alan Ormsby, y que se inspiraba en las andanzas de Ed Gein, “el carnicero de Plainfield”, llegando a las salas de cine poquito antes que La matanza de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974) de Tobe Hooper, que tomaba el mismo caso como inspiración. Tras éstas, Clark iría pasando a mejores divisiones y en 1981 reventó las carteleras con un título (en principio) muy alejado de sus más tempranas producciones.

Porky’s, ambientada en 1954 en la sureña Florida, narraba con humor irreverente (ahora diríamos políticamente incorrecto) las aventuras festivo-sexuales de un grupo de chavales de instituto que parece que no tienen otra cosa en la cabeza que perseguir faldas. En una de éstas se les ocurre ir a un burdel flotante del condado vecino, el Porky’s, que toma su nombre de su dueño (al que interpreta el orondo Chuck Mitchell), un tipo racista y muy cabrón que les hará una jugarreta a los chicos... Aunque al final le saldrá caro.

Las bromas y desventuras del grupo de jovenzuelos protagonistas calaron hondo en el público. La cinta obtuvo un rotundo éxito a nivel internacional (hoy día no se hubieran estrenado en salas de cine), engendrando un sinfín de títulos similares, así como dos secuelas oficiales, Porky’s II: Al día siguiente (Porky’s II: The Next Day, 1983), en la que no salía el personaje de Chuck Mitchell aunque siguiera en el título, y ¡Porky’s contraataca! (Porky’s Revenge, 1985), escrita y producida por Clark pero dirigida por James Komack. Pero además, el éxito de Porky’s daría paso a que muchos distribuidores españoles (con más cara que escrúpulos) trataran de pasar por continuaciones a un puñado de trabajos que en realidad nada tenían que ver con aquélla.

Tercer volumen de la banda sonora de American Graffiti (1973)

Volviendo con el citado film de George Lucas, éste nos ofreció una banda sonora repleta de canciones de R’n’R, R&B, surf, doo-wop, high school, etc, que fue igualmente un rotundo éxito de ventas en su edición física en doble LP, acarreando una continuación en otros volúmenes, así como una respuesta por diferentes países publicando sus propias recopilaciones de oldies nacionales e internacionales. Las siguientes películas que se acercaron a esta temática de nostalgia apostaron del mismo modo por llenar sus BSO de viejos éxitos de los años retratados en sus tramas, destacando la de The Wanderers (Las pandillas del Bronx), publicada por RCA. El film de Landis no fue tampoco una excepción, y no fueron pocos quienes se acercaron a la música de Sam Cook, Otis Day & the Knights y otros gracias a la película [4]. Incluso las producciones israelíes de Golan y Globus recurrieron a la misma estrategia, logrando una notable venta de los álbumes publicados. Buena prueba de ello fue el reportaje sobre la banda sonora del film Polo de limón que hicieron en el programa televisivo Aplauso de TVE [5].

LP de la banda sonora de Desmadre a la americana (1978)

Porky’s no fue una excepción, y también se musicó con una serie de éxitos de los años cincuenta, década en la que transcurría la acción. Polygram se encargaría de publicar el LP al poco de estrenarse la cinta, incluyendo doce de las canciones, generalmente de corte romántico, que suenan en la película. Podemos escuchar a Patti-Page en un par de ocasiones con “Tennesee Waltz” (que abre el álbum) y “Mockingbird Hill”, en su estilo de pop-country, a los Crew-Cuts a ritmo de doo-wop con sus inmortales “Sh-Boom” y “Earth Angel”, a The Platters con su tema más emblemático, la balada vocal “Only You”, a Les Paul con “How High The Moon”, y las baladas pop “'Til I Waltz Again With You” y “Why Don't You Believe Me” a cargo de Teresa Brewer y Joni James respectivamente. No obstante, es la estrella del country Hank Williams quien más representación tiene en el álbum con hasta cuatro de los más famosos cortes de su exitosa y abruptamente corta carrera [6]: “Cold Cold Heart”, “Honky Tonkin’”, “Your Cheatin’ Heart” y “Lovesick Blues”. No obstante, algunos de los temas que suenan en el film no llegaron a aparecer en el disco. Fue el caso de, por ejemplo, el “Maybellene” de Chuck Berry.

Porky’s II contaría de igual manera con una BSO compuesta por un puñado (aunque menos) de canciones de los años cincuenta, pero ésta no llegó a conocer formato físico. No ocurriría lo mismo con la siguiente entrega de la saga, ¡Porky’s contraataca!, que fue la más cuidada e interesante de las tres... pero de eso ya os hablamos hace un tiempo en este mismo blog... [7]

Alfonso & Miguel Romero

[1] Nos adentramos en este tema en este enlace: https://lesdansesmacabres.blogspot.com/2025/05/seis-respuestas-diferentes-american.html

[2] En su juvenil reparto se encontraba Karen Allen, que también estaría al año siguiente en una de las mejores respuestas al fundacional film de George Lucas, The Wanderers (Las pandillas del Bronx) (The Wanderers, Philip Kaufman, 1979). 

[3] Más información en esta entrada: https://cerebrin.wordpress.com/2020/08/24/van-wilder-animal-party/

 [4] No obstante, en la banda sonora de Desmadre a la americana encontrábamos un par de temas versionados para la ocasión por uno de los intérpretes de la misma, el genial John Belushi. Que se ocupó de cantar “Louie, Louie”, de Richard Berry, y “Money (That’s What I Want)”, de Berry Gordy.

[5] No obstante, la versión “made in USA” de estas, El último americano virgen, desarrollada en los primeros ochenta, contó con una banda sonora repleta de pop y new wave a cargo de Blondie, The Police, Devo, U2, The Cars, The Commodores, y muchas otras formaciones.

[6] El 1 de enero de 1953, a la temprana edad de 29 años, un fallo cardíaco ponía fin a la vida de Hank Williams. Algunos detalles del suceso aún no han quedado claros. Por cierto, la música de este imprescindible músico de country ocupó igualmente un lugar destacado en uno de los grandes títulos del Nuevo Hollywood en los años setenta, el drama sureño La última película (The Last Picture Show, Peter Bogdanovich, 1971), cuya trama transcurría también en la década de los cincuenta.

[7] https://lesdansesmacabres.blogspot.com/2023/05/bob-clark-dave-edmunds-y-la-banda.html


martes, 8 de septiembre de 2026

Mis tres libros favorito: Ufología

 


Hay muchos libros  que considero buenísimos sobre el tema que hoy tocamos. Pero a continuación subo los que para mi considero los mejores. 

No hago una reseña de ellos, ni mucho menos. solo es mi recomendación personal.  Si le interesa el tema ya saben a leer libros.


¿Ovnis?, Sí pero... (1979-2022)


Hacia un replanteamiento de la noción contemporánea de la realidad.

Escrito por el escritor Miguel Peyró. Publicado originalmente 1979, y con una nueva reedición en 2022.
Considerado libro de culto y escrito con una planteamiento bastante novedoso y fuera de lo normal. 
Si alguien le gusta el tema, no deje de conseguirlo y leerlo. Una joya.



la verdadera Historia del Condesito (2009)

(Probable contacto tecnológico con Seres Extraterrestres)

Escrito por Julio Marvizón Preney.  Un auténtico viaje a lo desconocido, con mucha información que hace su lectura una delicia. Recomendado al cien por cien.


Los Hombres de Negro y los Ovnis (1979)


Escrito  por Fabio Zerpa. Primera edición 1979. Para mi uno de los mejores de la colección que saco Plaza & Janes sobre temas de parapsicología y ufología y temas diversos dentro del misterio.

¿Quiénes son los Hombres de Negro? Si es un tema que le interesa no deje de leerlo.

martes, 25 de agosto de 2026

Para mi madre...



 Te extrañé

Te añoré

Pero perdí la batalla,

Acabó conmigo.

No puedo seguir con mi vida,

Dependiendo del tiempo.

Me ahogo en mi tristeza,

Todo fue extraño, tan solitario, tan mal.

En la celda de mi soledad

No se irá nunca este dolor.

Solo quiero gritar

Salir corriendo

No puedo más, en la cárcel de cristal

El dolor no se marchó, 

Se quedó conmigo, en mi corazón y no me abandonó..

Creí que fue un sueño cruel

Pero fue la realidad

Daño mental.

Mi dolor y yo

Duele y duele cada vez más

Lagrimas de sangre recorren mi rostro,

Cierro los ojos y te puedo ver

Te fuiste mi amor

y aquí me quede yo

Te quiero

 El 3 de septiembre del 2019 algo murió  dentro de mi, mi madre falleció. Y en varios días hará siete largos y raros años, si tenerte. Este es mi dolor.

domingo, 23 de agosto de 2026

La pesadilla

 


Le rodeaba una oscuridad absoluta. Aunque tuviera los ojos abiertos, no podía ver nada. Estaba paralizado por el miedo. Un hedor insoportable le dejaba casi sin respiración.

Olor a humedad, algo que había estado años cerrados. Sus pies estaban sumergidos en agua, o eso creía él.

Dio unos pasos hacía adelante y se topó con una pared, pringosa y cubierta de algo que creyó bichos.

De repente notó cómo algo le tocaba la pierna derecha. Se puso a gritar.

Fue cuando entró en ese habitáculo un pequeño rayo de luz, que se abrió encima de su cabeza.

Raúl miró hacia arriba y pudo ver una ranura por donde podía entrar luz. Sonrió. Pero enseguida esa ranura desapareció, volvió rodearle la oscuridad. Algo le empezó a morder los pies. El pánico se apodero de él. Comenzó a gritar, y sus gritos no paraban.

 Se encontraba de nuevo en su cama.

Todas las noches, desde hacía semanas, tenía la misma pesadilla, siempre la misma.

Nadie le creía, sus compañeros se reían de él.

Raúl tenía diez años, pero ningún amigo, y sus padres no le tenían en cuenta. Estaban muy preocupados con sus maravillosos e importantes trabajos. Simplemente nadie lo escuchaba. Estaba solo.

 Otra vez de nuevo, está en ese lugar que odia tanto. Siente miedo, mucho miedo. Y presiente que no se encuentra solo.

Nota algo distinto en la pesadilla.

Nota como el agua va subiendo. Sigue sin poder ver nada. Intenta moverse, tropieza con algo y cae al agua. Enseguida pone sus manos en el suelo y puede tocar algo. Es como si fuera una masa blanda, siente un asco terrible y se incorpora. Está de nuevo en pié. Grita con todas sus fuerzas.

De nuevo algo de luz, mira hacía arriba, de nuevo esa pequeña ranura da un poco de claridad, un anhelo de vida. Siente que se encuentra mejor. Pero le dura poco. Se cierra la ranura, vuelve la oscuridad. Y Raúl vuelve a gritar histérico.

De nuevo en su cama, llora.

 Las noches siguen igual. Se encuentra mal, enfermo.

Tiene miedo, no quiere ir a la cama, no quiere dormir.

 De nuevo está en esa pesadilla. Nota que algo le muerde de nuevo, ya sabe que son. Son ratas, le muerden. Le duele.

Esta vez se despierta y ve que sus pies están sangrando.

Sus padres lo llevan a urgencias. Son mordeduras de roedores.

No sabe qué hacer, no puede resistir al sueño. Cae en su cama dormido.

Sabe que está solo, sus padres no le creen.

Pero esta vez Raúl ha guardado una pequeña linterna dentro de sus calzoncillos. Esta vez podrá ver a su alrededor.

Está de nuevo en ese lugar, oscuridad, olor a humedad y muerte.

Saca su linterna y la enciende. Ve las ratas y grita. Pero eso no es lo peor.

 Las ratas se están dando un festín, Raúl ve cadáveres putrefactos.

Gira a su alrededor, puede ver que está rodeado por una pared de ladrillos húmedos cubiertos de limo. El hedor es insoportable. Está en un pozo rodeado de cadáveres. Otra vez nota que entra luz desde arriba, hay alguien. Es el que abre la tapa todas las veces.

Raúl le grita, le pide auxilio. Pero no tiene respuesta.

Otra vez cierra la tapa.

Vuelve a gritar, para despertar en su cama.

 Otra noche más, no podrá aguantar por más tiempo.

De nuevo en la pesadilla. Esta vez está cubierto de agua hasta el pecho. Enseguida agarra su linterna, pero esta no enciende, se ha mojado.

De nuevo se abre esa ranura que deja que entre algo de luz.

Ve con ojos asustados que está rodeado de cuerpos muertos flotando en el agua.

La luz se hace más intensa, la tapa se abre más de lo normal.

Raúl mira hacía arriba. Grita, algo monstruoso se asoma. Es un ser peludo, horrendo, gigantesco. El ser mira a Raúl.

El niño empieza a gritar, pero el grito es cortado, ese ser tira algo al agua. Raúl se pega a la pared mohosa.

Pero puede ver que ha arrojado a un niño. Está mordisqueado, lleno de sangre, las tripas por fuera de su abdomen flotan en el agua.

Raúl no puede apartar los ojos del niño que flota ante él. El cadáver abre los ojos y mira hacía Raúl. Éste grita, no puede escapar, ese ser cae al agua Le está agarrando el cuello. Raúl no puede gritar, cierra los ojos, los vuelve abrir y ve a ese ser aferrado a su pequeño cuello. No puede respirar, intenta luchar, pero su pequeño cuerpo no puede hacer nada con semejante bestia.

Siente que sus fuerzas le abandonan.

Y nota como ese monstruo le muerde la cabeza, pero no siente dolor, sólo sueño y se abandona y ya no siente nada.

 Sus padres lloran, ven a su hijo tumbado en la cama. Totalmente mojado, ensangrentado, casi morado.

Su madre le llama, grita desconsolada. Grita sobre la pesadilla que tenía su hijo.

 Raúl escucha la voz de su madre, pero muy lejos, demasiado lejos.

Nota su cuerpo débil, se encuentra muy cansado. Nota su cuerpo flotar, flotar en el agua del pozo. Sus ojos se cierran. Ya no oye nada, no siente nada. Solo hay oscuridad.


Relato de Malina Murnau (2012)

jueves, 20 de agosto de 2026

VA.AA. “Once Upon A Time... The Tarantino Sound Vol.2” LP (New Continent, 2026)

 


El año pasado comentábamos en este mismo blog la importancia de las canciones y el particular uso que de ellas hace en su cine Quentin Tarantino, y lo hacíamos precisamente en nuestro comentario del LP (y CD) recopilatorio Once Upon A Time... The Tarantino Sound editado por el sello New Continent en 2024 [1]. Y este 2026 llegaba a las tiendas un segundo volumen, siguiendo la tónica del anterior. En esta ocasión tenemos veintitrés temas, doce en la cara A y once en la B, reuniendo canciones que escuchamos en y asociamos a las películas del director de Reservoir Dogs (Reservoir Dogs, 1992), junto con otras que no se han incluido en ninguno de sus films. Algunas de las segundas son de grupos o solistas de los que sí ha usado en sus trabajos algún otro tema, otras que sí estaban en sus cintas, pero que se nos ofrecen aquí en versiones de otros artistas, y unas terceras ajenas a los títulos del director pero que encajarían de todos modos perfectamente en cualquier película de Tarantino.

De este modo la cara A abre con el instrumental “Comanche” de The Revels, perteneciente a la banda sonora de Pulp Fiction (Pulp Fiction, 1994), y que sonaba en la famosa y tensa escena en el interior de la casa de empeños Mason-Dixie, cuando Zed (Peter Greene) y Maynard (Duane Whitaker) entran con el señor Wallace (Ving Rhames) en “la vieja habitación de Russell” y dejan al “tarado” (Stephen Hibbert) con Butch (Bruce Willis). Continúa con una selección de cortes, como “Peter Gunn” de Duanne Eddy [2], “School Days” de Chuck Berry, “So Doggone Lonesome” de Johnny Cash, y “Rock-a-billy Boogie” de Johnny Burnette, que realmente no están vinculadas con ninguna cinta del realizador. Si bien de Chuck Berry usaría “You Never Can Tell” en Pulp Fiction, y de Johnny Cash “Tennessee Stud” en Jackie Brown (Jackie Brown, 1997) y “A Satisfied Mind” en Kill Bill Volumen 2 (Kill Bill Vol.2, 2004) [3]. De modo similar se incluye el “Baby It’s You” de The Shirelles, cuando en Death Proof (Death Proof, 2007) la que sonaba era la versión que de la misma grabara la banda Smith en 1969. A ésta sigue el “Formula Of Love” de William Bell, que sí sonaba tal cual en el mismo film. Y la cara termina con el “Stupid Cupid” de Connie Francis y el “Waitin’ in School” de Ricky Nelson que ya fueran incluidos en la versión CD del volumen previo, la de la Francis no corresponde a ninguna película y la de Ricky Nelson estaba en Pulp Fiction cuando Mia Wallace (Uma Thurman) y Vincent Vega (John Travolta) llegan al bar 50's donde tendrá lugar su famoso baile [4]. Rematando con el “Down in Mexico”, que en la versión de los Coasters escuchábamos en Death Proof [5], pero aquí se incluye la ofrecida por Bobby Short, que vería la luz en 1957 en el sello Atlantic.

Bruce Willis y Ving Rhames en Pulp Fiction (1994)

La cara B da comienzo con el que fuera el primer gran éxito a nivel nacional (ya para RCA) de Elvis Presley, “Heartbreak Hotel”, y tras éste encontramos “(Love is) the Tender Trap” de Frank Sinatra, y más adelante también el “How High The Moon” de Les Paul & Mary Ford, otros tres cortes incluidos a modo de bonus en la edición en disco compacto del primer volumen. La del Rey apareció en la B.S.O. de Amor a quemarropa (True Romance, 1993), dirigida por Tony Scott a partir de un guion escrito por Tarantino, la segunda hacía lo propio en el mismo film pero cantada por Robert Palmer [6], mientras que la tercera no ha sonado en ningún título del universo tarantiniano, El resto de la cara vuelve a alternar temas incluidos en títulos en los que el realizador tuvo alguna relación, como el “Jack the Ripper” de Link Wray [7], que sonaba en Desperado (Desperado, 1995) de su amigo Robert Rodriguez, donde Quentin hacía un cameo; o el “Sentimental Journey” del mexicano Juan García Esquivel, perteneciente al film de episodios Four Rooms (Four Rooms, 1995), para el que Tarantino dirigió uno de ellos, pero donde dicha canción sonaba en el capítulo realizado (nuevamente) por Rodriguez. Varios de los cortes incluidos en esta segunda cara en realidad no forman parte del tarantinoverse, caso de “The Gremmie” de The Tornadoes, “Air Tavel” de Chris Farlowe, “Fever” en la versión de Bobby Freeman, o el “Pastures of Plenty” (original de Woody Guthrie) con la orquesta de Ennio Morricone y la voz de Peter Tevis, que sería fundamental en el devenir del séptimo arte gracias a su influencia en la música de los wésterns de Sergio Leone. Y otros cortes del álbum aparecen en diferentes versiones, como el “Malagueña Salerosa” a cargo de Abbe Lane & Xavier Cugat, y que en Kill Bill Volumen 2 escuchábamos por Chingón (el grupo de Robert Rodriguez); el “A Satisfied Mind” de Johnny Cash que en el disco aparece por Paul Wagoner; o el “Spudnik” en la versión original de The Ventures, tema que posteriormente registraran The Lively Ones como “Surf Rider”, que fue la incluida en la banda sonora de Pulp Fiction. Del mismo modo nos topamos nuevamente con The Ventures realizando “Green Leaves of Summer”, que en Malditos bastardos (Inglorious Basters, 2009) podíamos oír a cargo de Nick Perito.

Link Wray, el rey de la guitarra twang

Asimismo, junto al contenido, las canciones propiamente dichas, tenemos un cuidado continente, acorde con lo que acostumbra New Continent. Si la primera entrega de estas compilaciones dedicadas a Quentin Tarantino lucía una portada de fondo rojo y un vinilo de 180 gramos del mismo color, ya que el motivo principal era Pulp Fiction, en este segundo volumen que aquí nos ocupa tanto la portada como el disco son de color amarillo, al igual que la cubierta de Kill Bill: Volumen 1 (Kill Bill: Vol.1, 2003). Invirtiéndose, por tanto, sendos colores en relación con los de los posters del díptico que nos narraba la sangrienta venganza de Mamba negra/La novia (Uma Thurman) contra Bill (David Carradine) y los suyos. Del mismo modo el “Vol. 2” que encontramos en el título del presente álbum nos enlaza con estos mismos trabajos.

Once Upon A Time... The Tarantino Sound Vol.2 se suma a la (amplia) discografía dedicada al realizador nacido en Knoxville. Sigue siendo, tanto por la selección de cortes como por su presentación, una pieza bien avenida en cualquier colección, sea de los fans de las B.S.O. o de cualquiera que disfrute de la buena música en general. La pena es la cantidad de temas incluidos en las películas del homenajeado que aún han quedado fuera, sobre todo de Reservoir Dogs, Django desencadenado, Los odiosos ocho (The Hateful Eight, 2015), y en especial de Érase una vez... en Hollywood (Once Upon a Time... In Hollywood, 2019), film que el primer volumen apenas tocaba y aquí totalmente ausente cuando su banda sonora nos ofrece un amplio repertorio de estupendas canciones sixties. El caso de los dos wésterns, Django desencadenado y Los odiosos ocho, sería distinto: el primero ya incluía una composición original, “Ancora qui”, escrita expresamente para la película por Ennio Morricone e interpretada por la cantante italiana Elisa Toffoli, y para la segunda el maestro italiano prepararía diversos temas, destacando el reconocible tema principal "L'ultima diligenza di Red Rock", cuya partitura completa le valió el premio Óscar a la mejor banda sonora original.

Brad Pitt con look a lo Hal Needham en Erase una vez... en Hollywood (2019)

Es bien sabido que Tarantino cuida mucho la música que emplea en sus películas, y que el modo en que la utiliza para reforzar las distintas escenas, en ocasiones como motor narrativo, es otra de las virtudes que público y crítica han aplaudido desde siempre al realizador. Recuperando en sus bandas sonoras composiciones de cualquier década, y donde incluso hay cabida para los homenajes (o plagios), y las apropiaciones, que en sus manos se convierten en un collage sublime, como pasa con las múltiples referencias cinematográficas desperdigadas a lo largo de su filmografía. Coleccionista de discos, que tiene escrupulosamente ordenados por estilos, ha confesado que para hacer la selección musical que introducirá en sus trabajos, se encierra para buscar las que queden perfectas para el tono requerido en según qué momento. Y que le resulta esencial el tema que se escuchará durante los créditos iniciales, que sin duda marcará el devenir de la película. No es la mera inclusión de un puñado de canciones al voleo y esperar que funcionen y se fusionen con las imágenes, craso error cometido mucho en los últimos tiempos en films y series. Sino tratar de encontrar esa simbiosis que hace que en nuestra mente queden indisolubles.

Alfonso & Miguel Romero

[1] Ver comentario en https://lesdansesmacabres.blogspot.com/2025/06/vaaa-once-upon-time-tarantino-sound.html

[2] Otro de los más célebres temas de Duanne Eddy, “Rebel Rouser”, fue incluido en un film estrenado, como Pulp Fiction, en 1994. Nos referimos a Forrest Gump (Forrest Gump), de Robert Zemeckis, y podemos escuchar aquél en la escena en que el protagonista empieza a correr por los Estados Unidos.

[3] De Johnny Cash también usaría Tarantino el “Ain’t No Grave” en algún tráiler de Django desencadenado (Django Unchained, 2012).

[4] En Pulp Fiction de Ricky Nelson podíamos escuchar además su “Lonesome Town”.

[5] Si bien The Coasters publicaron su versión original en 1956, la que Tarantino usó en su película fue una posterior registrada por el grupo en 1973.

[6] La original fue introducida por la Voz en la película El solterón y la menor (The Tender Trap, 1955), de Charles Walters, que aquél protagonizara junto a Debbie Reynolds.

[7] Algunas ediciones de la banda sonora de Pulp Fiction incluyen el mítico “Rumble” de Wray, que en la película suena en la escena que tiene lugar en el restaurante Jack Rabitt Slim’s.

jueves, 13 de agosto de 2026

Screamin’ Meemies: The Trap (Dirty Trash Fuck’n Show!!! Records, 2026).

 

En la edición de 2026 del Psychobilly Meeting de Santa Susana volvieron a participar The Screamin’ Meemies [1], trío de psychobilly ubicado entre Kiev y Barcelona liderado por la cantante y contrabajista Alicia Panchenko. En esta ocasión además presentaban su LP The Trap, disponible en formato físico desde poco antes del evento tras su debut en digital en febrero de este año. El álbum en cuestión ha sido editado por el sello japonés Dirty Trash Fuck’n Show!!! Records.

Tras una década de trayectoria y algunos cambios en la formación, en los que el grupo ha ido depurando y robusteciendo su sonido, por fin podemos disfrutar de la música de Screamin’ Meemies en vinilo. Una decena de temas entre los que han incluido su versión del famoso “All That She Wants” que popularizaran a comienzos de los noventa los suecos Ace of Base, pero donde priman sus composiciones propias de potente y melódico psychobilly, tales como “Something’s Wrong”, “Bang!”, “Drivin’ Me Crazy” o “Motherfucker”, tema que por cierto cuenta con un trabajado videoclip.

Alfonso & Miguel Romero

 [1] No confundir con los neozelandeses Screaming Meemies.


viernes, 7 de agosto de 2026

Telepredicadores: adoctrinando a los fieles desde las ondas.

 

“A partir de ahora nos quedan diez horas de predicadores y programas de agricultura”

Justin Long en Jeepers Creepers (Jeepers Creepers, 2001)


En su autobiografía, Yo necesito amor (Ich brauche Lieve, 1988), Klaus Kinski definía a los telepredicadores como “unos actores tan malos que no los contrataría ni Menahem Golan” [1]. A los ojos de las Grandes Costas y de los extranjeros estos evangelistas catódicos, tan propios de la televisión usamericana, que sueltan su sermón y piden donativos para la iglesia (para sus iglesias) pueden resultar unos fantoches, unos timadores, unos mercachifles que usan la palabra de Dios para sacar los cuartos al personal como antaño hicieran los buhoneros que llevaban el elixir que (supuestamente) lo curaba todo. Es más, parecen una adaptación al medio y a su tiempo de aquellos predicadores ambulantes que, en lugar de quedarse en alguna parroquia de cualquier barrio o pequeña localidad, recorrían los distintos pueblos vociferando los más violentos pasajes de las Sagradas Escrituras al aire libre o bajo una carpa (todo muy circense, sí) [2]. Pero en el Medio Oeste y en el Sur de los Estados unidos, principalmente, estos oradores televisivos cuentan con una amplia congregación de feligreses que les siguen fervorosamente y les aportan grandes cantidades de dinero. La mayoría de ellos son ministros protestantes fundamentalistas, y muchos han promovido el llamado Evangelio de la Prosperidad, doctrina que promete salud, riqueza y felicidad a sus fieles. La salvación y los milagros al alcance de cualquier telespectador a cambio de unos pocos (o muchos) billetes.

Billy Graham, evangelista super-star

Antes que la televisión se instaurara, un puñado de oradores buscaron una mayor audiencia a través de la radio. Una pionera en estas cuestiones fue Aimee Semple McPherson, fundadora de la Iglesia Cuadrangular, que en las décadas de 1920 y 1930 usó la radio y el teléfono para acercarse a un público más numeroso. Igualmente, el cine fue un estupendo medio que precedió a las ondas catódicas en estas cuestiones, y en él se mostraron visionarios el productor Dick Ross y el evangelista baptista Billy Graham, que por 1951 fundaron la productora World Wide Pictures, desde donde realizaron películas cristianas y grabaciones de los sermones del segundo. Graham, posiblemente el evangelista más famoso de la historia, mantendría relaciones con el séptimo arte el resto de su vida, interviniendo como actor en muchos films, en ocasiones haciendo de sí mismo, además de ser una presencia habitual en la pequeña pantalla, participando en muchos shows, y dejó publicados antes de su óbito en 2018 casi una treintena de libros. Por 1956 empieza a emitirse por radio y televisión el programa The Old-Time Gospel Hour, presentado por el ministro Jerry Falwell y emitido desde la iglesia bautista Thomas Road, que transmitía el servicio dominical de dicha congregación. Logrando una gran audiencia a nivel nacional, y generando una importante fuente de ingresos a Falwell, que alcanzaba más de 90 millones de dólares a principios de la década de los ochenta. La popularidad del programa se mantuvo durante los noventa, periodo en el que continuó emitiéndose en cientos de emisoras de todo el país. El programa de televisión llegó a su fin tras el óbito de Falwell en 2007. Su hijo, Jonathan Falwell, asumió el papel de ministro principal en los servicios dominicales y, tiempo después, integró el programa en Internet, en la biblioteca de vídeos en línea y el sitio web de retransmisiones en directo de la iglesia, denominado Thomas Road On Demand. Otros hitos en el tema de los telepredicadores lo supondrían la Christian Broadcasting Network (CBN), cadena de televisión fundada en 1960 en Virginia Beach por el ministro baptista Pat Robertson [3]; así como el espacio televisivo In Touch, que en 1978 empezara a transmitir Charles Stanley, y que se traduciría a unos cincuenta idiomas.

Pat Robertson, telepredicador y magnate de los negocios

Los años ochenta fueron realmente lucrativos. La difusión de la televisión por cable y satélite y el conservadurismo que se adueñó del país durante los años de la Administración Reagan ayudaron a crecer las cuentas bancarias de los telepredicadores, que iban consiguiendo progresivamente más seguidores entre los televidentes. Sus programas eran en parte show y en parte religión, entretenimiento y evangelización a un tiempo. Algunos de estos oradores catódicos causaron mucho revuelo en los medios, y no sólo desde el púlpito que les brinda la pequeña pantalla. Pat Robertson, por ejemplo, obtendría muchas respuestas de protesta hacia sus declaraciones (muy) conservadoras sobre el adulterio, la política, y otros temas. Pero han sido más aireados por el cuarto poder los escándalos monetarios y sexuales que han acompañado a un puñado de televangelistas. Los excesos en lujos (Rolex de oro, casas millonarias) de Benny Hinn serían muy criticados. Aunque mucho más sonado resultó el caso del matrimonio formado por Jim y Tammy Faye Bakker, quienes levantaron un auténtico imperio religioso, PTL Ministries, fundado en 1974, y que iría mucho más allá de las emisiones por televisión, llegando a construir Heritage USA, ¡un parque temático cristiano! El escándalo de Jim Bakker saltó a la luz a finales de los años ochenta, resultando uno de los mayores colapsos mediáticos y financieros en la historia de la televisión estadounidense [4]. El famoso telepredicador cayó en desgracia tras destaparse una doble vida de fraudes masivos y affaires sexuales. Su esposa, Tammy Faye Bakker, fue un auténtico fenómeno social y una de las mayores personalidades religiosas televisivas de su época, forjándose además una sólida carrera en el mundo discográfico [5]. Falleció en 2007, víctima del cáncer, dejando tres autobiografías escritas en vida. Otra de las personalidades propicias a los escándalos fue el predicador pentecostal Jimmy Lee Swaggart. Nacido en Luisiana en 1935, comenzó a dar sus sermones por televisión en 1975, prolongándose a lo largo de las décadas, y logrando una gran audiencia a nivel nacional e internacional. La transmisión de Un estudio de la Palabra de Dios se emitía por todo el país y por el extranjero a través de setenta y ocho canales diferentes en ciento cuatro países, y posteriormente en directo a través de Internet. En la década de 1980 su programación catódica fue transmitida a más de tres mil estaciones y sistemas de cable cada semana, siendo vistas por más de ocho millones de personas en los Estados Unidos y más de quinientos millones en todo el mundo, convirtiéndose en el medio de comunicación más amplio del Evangelio en la historia. En sus mejores tiempos llegó a ganar la friolera cifra de ciento cuarenta millones de dólares al año. La figura de Swaggart siempre estuvo rodeada de polémica. Sus cruzadas resultarían célebres y muy rebatidas por los sectores más liberales, e igual de aireados resultaron sus escarceos con prostitutas. Como curiosidad, era primo del cantante y pianista de R’n’R Jerry Lee Lewis. Las parodias no se harían esperar. Desde Saturday Night Live, Phil Hartman y Dana Carvey hicieron troncharse al público a costa de los escándalos de estos telepredicadores.

Jimmy Lee Swaggart, quién teme al predicador feroz

Si bien la fe cristiana tuvo gran importancia en la música americana de raíces desde sus comienzos, ya fuera folk, country, blues o góspel, también ésta señalaría con dedo acusador a los predicadores televisivos y radiofónicos, tachándolos de timadores que se aprovechan de los feligreses para sacarles el dinero en favor de su propio enriquecimiento. Centrándonos en el country, tantas veces tachado (y en muchas ocasiones injustamente) de música conservadora e inmovilista, encontramos muchas canciones al respecto. Johnny Cash, cuya vida siempre basculó entre el pecado (y los excesos) y su devoción religiosa [6], atacó a los falsos profetas en, por ejemplo, “The Wall”, compuesta por Harlan Howard y que el “Hombre de negro” grabara para su disco Orange Blossom Special, publicado por Columbia a comienzos de 1965. Quizá el tema más conocido, que se burlaba de los escándalos relacionados con el matrimonio Bakker y con Jimmy Lee Swaggart, sea “Would Jesus Wear a Rolex”, escrito por Margaret Archer y Chet Atkins y registrado por Ray Stevens en 1987 en su álbum Crackin Up!. Mientras que a ritmo de country-rock Crosby, Still Nash & Young satirizaban sobre aquéllos y sus revuelos sexuales y financieros en “American Dream”, que podíamos escuchar en el disco de mismo nombre que lanzó Atlantic en 1988. Hay muchos más. John Anderson recurriría a los televangelistas en la melancólica “Would You Catch a Falling Star”, escrita por Bobby Bradock, que salió como segundo sencillo del álbum I Just Came Home to Count the Memories (Warner Bros, 1982). Y en tiempos más recientes podemos citar “Grown Men Don’t Cry” de Tim McGraw, elegido como primer single del álbum Set This Circus Down (Curb, 2001), y dentro del dark-country, Dark Country Boy se ha reído de los telepredicadores en temas como “Gravel In My Blood”.

Johnny Cash, predicando en el infierno

También el mundo de las viñetas mostraría (de manera negativa) a los telepredicadores en no pocas ocasiones. Lo hemos visto en The Boys (206-2012), la serie de cómics creada por Garth Ennis y Darick Robertson, donde la religión, al igual que los noticieros, es un (otro) arma del Estado que usa para controlar y mantener al mismo tiempo contento al pueblo. Pero quedémonos con el reverendo William Stryker y su cruzada anti-mutantes de la novela gráfica de La Patrulla X Dios ama, el hombre mata (God Loves, Man Kills), publicada por Marvel en 1983 y que contó con guion de Chris Claremont y los lápices de Brent Eric Anderson.

Y respecto al cine, éste ha recurrido frecuentemente a estos predicadores que usan los medios para difundir la palabra de Dios, proyectando las más de las veces una mirada desconfiada e incluso paródica de ellos. Nos viene bien traer aquí al corrupto telepredicador, el reverendo Billy, al que da vida el disc-jockey “Wolfman” Jack en la cinta de terror Motel Hell (Motel Hell, Kevin Connor, 1980). Y al orador catódico Melvin Belli, interpretado por Dom DeLouise, empeñado en cerrar un burdel, por aquello del pecado de la carne, de La casa más divertida de Texas (The Best Little Whorehouse in Texas, Colin Higgins, 1982), film basado en el homónimo musical de Brodway y que contó como principales protagonistas con Dolly Parton y Burt Reynolds. También un burdel y un predicador (encarnado de forma jocosa por Terrell Bennett) encontrábamos en la comedia hicksploitation The Night They Robbed Big Bertha’s (Peter Kares, 1975). Pray TV (1980), realizada por Rick Friedberg, versaba sobre una cadena de televisión en quiebra que es comprada por un televangelista que se hace de oro tergiversando sus negocios con programación religiosa. Igualmente paródica era la visión que daba de los telepredicadores Pass the Ammo (1987), dirigida por David Beaird y vista en España en formato doméstico como A Dios rogando... y a los fieles timando. Tim Curry interpretaba aquí a un excéntrico religioso. Ned Beatty, que había previamente encarnado a un telepredicador en un telefilm (también) titulado Pray TV (1982), emitido por TVE como El predicador de televisión, dio vida junto a Lana Schwab a una pareja de televangelistas ansiosos de ganar dinero, parodias evidentes del matrimonio Bakker, en la spoof-movie Reposeida (Repossessed, Bob Logan 1990). Los Bakker, no obstante, verían sus vidas (sus éxitos y sus escándalos) trasladadas a la gran pantalla en Los ojos de Tammy Faye (The Eyes of Tammy Faye, Michael Showalter, 2021), con Jessica Chastain y Andrew Garfield en los papeles protagónicos. También Jimmy Lee Swaggart ha sido reinterpretado en cine (y televisión). En Gran bola de fuego (Great Balls of Fire!, Jim McBride, 1989), biopic del Killer Jerry Lee Lewis, aquél aparece con el rostro de Alec Baldwin; mientras que Jonah Lees le prestaría su físico en la serie catódica Sun Records (2018-2019), siendo como el reverso de la moneda de su famoso primo y a todas luces un personaje siempre desagradable. Mientras que un prisma caricaturesco se proyectaba sobre el reverendo Jimmy Current (Chris Sarandon), personaje más bien  secundario de la comedia de terror Bordello of Blood [tv/vd/dvd: El club de los vampiros, Gilbert Adler, 1996], película perteneciente a la serie Cuentos de la Cripta (Tales From the Crypt).

"Wolfman" Jack absorto en su lectura en Motel Hell (1980)

En cuanto a los predicadores que usaron la radio para sus sermones, cabe hacer mención de la hermana Alma (Agnes Moorehead) cuyo programa escucha la cada vez más desquiciada Helen Martin (una muy apropiada Shelley Winters) en el psycho-drama ¿Qué le pasa a Helen? (What’s the Matter with Helen, Curtis Harrington, 1971). Además, una de las mejores cintas de temática sureña de los noventa, Camino del cielo (The Apostle, 1997), retomaba el tema de los predicadores radiofónicos. Un trabajo escrito, dirigido y protagonizado por Robert Duvall, sobre un orador de Texas que mata al amante de su esposa y, tras huir a un pueblo de Luisiana, empieza una nueva vida adiestrando al rebaño desde una emisora de radio local. Contó en el reparto con un joven Walton Goggins, con Billy Bob Thornton (en un pequeño papel) y con June Carter Cash -miembro de la Carter Family y (segunda) esposa de Johnny Cash-. Elogiada por la crítica, llegó a estar nominada al Oscar al Mejor Actor para Duvall. Cruda y apasionada, muestra perfectamente que la locura y el fanatismo, el Bien y el Mal, Dios y el Diablo, van de la mano en perfecta armonía destructora.

Robert Duvall llevando los Evangelios desde la radio en Camino del cielo (1997)

Lejos de desaparecer ante las nuevas tecnologías y hábitos de consumo, de ser y formar parte del pasado siglo XX, estos religiosos televisivos han seguido acompañando a sus fieles seguidores a lo largo del nuevo milenio. En el cine no han faltado ejemplos de telepredicadores siniestros, caso del Jim Cunningham (Patrick Swayze) de la cult-movie Donnie Darko (Donnie Darko, Richard Kelly, 2001); o el televangelista interpretado por Simon Prast que insiste en la degradación y el pecado de forma constante y obsesiva (hay algo personal en su sermón) en X (X, Ti West, 2022), y que volvería cargado de malas intenciones en la tercera entrega de la saga, MaXXXine (MaXXXine, Ti West, 2024).

Un par de cintas estrenadas directamente en televisión (y muy diferentes entre sí) mostraron a predicadores afroamericanos. Come Sunday (2018), dirigida por Joshua Marshton, trataba el caso de Carlton Pearson, un destacado pastor pentecostal y telepredicador estadounidense que fundó la exitosa mega-iglesia Higher Dimensions en Tulsa, congregando a más de seis mil fieles durante los años noventa. Su fama internacional se vino abajo cuando afirmó que el infierno no existía y promovió el Evangelio de la Inclusión, provocando que fuera declarado hereje por otros líderes religiosos. Chiwetel Egiofor encarnaría al predicador caído en desgracia en esta cinta que se pudo ver por la plataforma Netflix. De muy diferente signo se mostraba Honk for Jesus. Save Your Soul (2022). Acogiéndose al formato de falso documental (mockumentary), Adamma Ebo, en su debut como directora de largometrajes, elaboraba una comedia satírica sobre estos siempre cuestionados hombres de Dios. Adamma se ocupó del guion, la dirección y la producción, adaptando un corto propio de 2018. Contando con Regina Hall y Sterling K. Brown como la primera dama y el pastor de una mega-iglesia, que intentan reabrir y reconstruir su congregación tras un gran escándalo. Austin Crute, Nicole Beharie y Conphidance participan en roles secundarios. Hall y Brown ejercieron de productores de la película junto con Daniel Kaluuya, quien la produjo bajo el pabellón de su 59% Productions, y Jordan Peele figura como productor ejecutivo con su productora Monkeypaw Productions.

Los Gemstone, el lucrativo negocio de los telepredicadores en el siglo XXI

Pero si tenemos que destacar en el audiovisual de tiempos más recientes una (muy ácida y paródica) visión sobre los telepredicadores esa es por derecho propio la que arroja la serie Los Gemstone (The Righteous Gemstones, 2019-2025). Creada para HBO por Danny McBride, quien también escribiría e incluso dirigiría muchos de sus episodios, además de reservarse uno de los principales (y más jugosos) papeles. La trama circula alrededor de una poderosa y millonaria familia de oradores, liderada por el patriarca (al que interpreta John Goodman), que en busca siempre de agrandar sus ya bien saneadas arcas expanden sus sermones a través de una plataforma digital (signo de los tiempos). Ambientada en Carolina del Sur, a lo largo de sus cuatro temporadas podemos ir viendo, perfectamente integrados en las diversas tramas, todos los clichés que los estadounidenses les señalan al hillbilly en particular y al redneck en general, y donde no es difícil reconocer entre los diferentes personajes y sus acciones a algunos famosos telepredicadores.

Y es que aún hoy, o tal vez ahora más que nunca, con más medios de difusión, más plataformas de televisión, más redes sociales y una tecnología cada vez más avanzada, la salvación, la salud, la prosperidad y cualquier milagro siguen en venta. Dios te ama, Jesús salva... por un puñado de dólares.

Alfonso Romero & Malina Murnau

[1] Kinski había trabajado en los setenta con Menahem Golan en la película Operación relámpago (Mivtsa Yonatan, 1977), que éste dirigiera y produjera (junto a su primo Yoram Globus) en su Israel natal. Para cuando el actor de origen alemán escribe sus memorias, Golan y Globus son bien conocidos en el mercado internacional al estar al frente de Cannon Films, productora estadounidense que adquirieron en 1979 y que a lo largo de los ochenta se hizo muy famosa por sus títulos de acción, muchos de ellos protagonizados por Chuck Norris, Charles Bronson y Michael Dudikoff.

[2] En la gran pantalla, tal vez la más destacada representación de estos predicadores ambulantes nos la brindara Richard Brooks en El fuego y la palabra (Elmer Gantry, 1960), según la novela de Sinclair Lewis publicada en 1927. Inolvidable Burt Lancaster como el amoral vendedor ambulante Elmer Gantry que, reconvertido a orador, se une con una evangelista, encarnada por Jean Simmons, en busca de fama y dinero. Y no está de más recodar la comedia El charlatán (Leap of Faith, 1992), dirigida por Richard Pearce y protagonizada por Steve Martin.

[3] Marion Gordon Robertson,  más conocido como Pat Robertson, fue un carismático evangelista y magnate de los medios de comunicación, canciller y CEO de Regent University, y presidente de Christian Broadcasting Network. Su formidable éxito en las finanzas permitió sostener la campaña presidencial del propio Robertson en 1988.

[4] El documental Praise the Lord (1988), de William Cran, investigaba el ascenso y caída del matrimonio Bakker así el porqué los organismos gubernamentales no investigaron a fondo las acusaciones de corrupción contra aquéllos.

[5] Aunque hayan predominado los hombres (la religión siempre ha sido machista, no nos engañemos), no han faltado destacadas mujeres televangelistas. Pongamos por caso a Pauline Hutchison Joyce Meyer, conocida como Joyce Meyer, autora y conferencista cristiano-evangélica de la teología en los USA. Sus programas de radio y de televisión se transmiten en más de setenta idiomas, en unos doscientos países. Ha publicado además más de setenta libros sobre la vida cristiana.

[6] Cash, que grabó muchísimos temas de temática religiosa, llegó a registrar uno junto al evangelista Billy Graham, que fue amigo suyo, “The Preacher Said Jesus Said”, incluido en su LP Man in Black (Columbia, 1971).