sábado, 3 de enero de 2026

MUNDO AMARILLENTO DE ODIO Y DESTRUCCIÓN

 

 

-         Qué siga caminando por la ley de Dios, como lo hago. Sólo hay muerte y destrucción por todas partes, no puedo creer más en él, lo siento. Sólo he visto mal, se matan unos a otros, la envidia, la traición.

-         Y tu fe.

-         Mi fe, no puedo tener fe en algo que nunca me ha proporcionado bien. Era lo único que me quedaba su fe, pero ahora no creo en nada, solo en la muerte, esa maldita muerte. Me da miedo, pero en este mundo no queda ya nada y creo que nunca hubo nada.

-         Tú, sacerdote, un luchador de Dios, dices estas palabras.

-         Mis palabras sucias y ensuciadas, no creo que haya Dios. Por él hubo guerras, por la religión se levantaron legiones de destructores, qué verdadero Dios haría esas cosas.

Mira, extraño, a tu alrededor, mira bien. No puedo ayudar   más, las personas me piden que les dé la salvación, como he de hacerlo, mandarlas al paraíso, ¿qué paraíso? Si no existe, solo existe muerte.

-         Crees entonces en el Diablo

-         Me preguntas que si creo en el Diablo, me río sólo de pensar que exista el Diablo. El bien y el mal, nada, te he dicho que no creo en nada. Muchos años he tenido los ojos vendados, pero ya no. No los puedo tener mas cerrados, siempre he ignorado la verdad, la triste y cruel verdad. Soy un sacerdote, que ha vagado ya muchos años en soledad, siempre buscando paz. Pero Dios sabe “si algún día existió” que nunca la he hallado, años y años en busca del perdón de la felicidad, buscando por estas tierras olvidadas por las manos de Dios. Y he encontrado solamente sangre y dolor, personas muriendo sin consolación.

-         Y en el amor.

-         El amor, qué amor encuentras en el mundo, dime ¿lo sabes tú?

-         Yo no lo sé.

-         Extraño, no sé de donde vienes, ¿el amor existió alguna vez? Padres que matan a sus propios hijos, hermanos contra hermanos, maridos que matan a sus esposas por celos. El amor no existe.

-         La amistad.

-         ¿Qué amistad? Amigos traicionando su amistad por nada, ahogando la fidelidad en momentos. Solo escucho voces susurrantes al suicidio, a la locura de este mundo. Quemaría yo mismo las iglesias, las cruces, todo lo que un maldito día creímos que era el bien.

-         Piensas que toda la culpa es del Diablo.

-         Te dije antes que no creo en el Diablo, simplemente en el mal. No sé si el mal lo creó el Diablo, pero la verdad no me importa. Lo único que tengo claro es que el bien no existe ni existirá nunca, el amor verdadero nunca duró, la amistad se extinguió y Dios hace tiempo murió.

-         Pero tú sí tienes sentimientos, quizás las personas se salven por sus sentimientos puros.

-         Sentimientos... El de culpa, de sentirnos culpables por no hacer nada para cambiar este mundo. Los niños mueren de hambre, hombres maltratando a mujeres, violaciones, muertes. Asesinan por dinero, poder… y una larga lista de aberraciones que no quiero contar. Estoy muy cansado ¿De donde sales, extraño, que todo me preguntas?

-         ¿Por qué me lo preguntas sacerdote? Quizás importe.

-         ¿Cómo sabes a que me dedicaba? ¿Quién eres en realidad, extraño?

-         Yo que me he llevado regiones enteras, países, hasta dejarlas desiertas. Nunca antes me había llamado la atención una persona con tanto sentido de la culpa, tantas ganas de arreglar el mundo sin poder arreglarlo. A un sacerdote abandonando su fe, traicionando a su Dios y sin quererlo creyendo en el mío. Mi Rey, el todo poderoso de todo el universo, mi padre, Satán. Sabes ahora quien soy.

-         ¿Cómo no saberlo ya amigo mío? Cuántas noches te he llamado a voces para que me recogieras en tus brazos helados y tu pecho en llamas, uno de los únicos abrazos verdaderos, los brazos de la muerte. Tú, muerte, vestida de mendigo, preguntando por el bien y el mal, vuelve a lucir tu capa negra de fría seda y llévame contigo al único sitio que queda vivo. Guíame con tu guadaña a la entrada de la muerte, agárrame de la mano, lejos, al olvido de la muerte. Dame paz en mi camino, amigo, llévame de una vez contigo.

-         Ven, sacerdote, acompáñame. No olvides lo que te voy a contar. Sí existió una vez el bien, pero fue apagándose poco a poco, un día todo fue maravilloso incluso para mí “la muerte”. Sólo me llevaba a personas ancianas, a enfermos terminales. Pero a medida que el mundo ha ido evolucionando, he podido contemplar  a través de los siglos con mis propios ojos cómo se han ido pudriendo las almas de los seres, tus semejantes. Cómo el poder y la sed de destrucción se han ido apoderándose de ellos, guerras, odios sufrimiento y dolor.

-         ¿Pues quién tuvo la culpa, mi antiguo Dios o el tuyo?

-         Sacerdote, todos ayudaron, todos aportaron su granito de arena, pero los que aportaron más fueron los mortales con grandes dotes de hipocresía, de maldad, ellos, como tú bien has dicho antes. Vosotros, los de tu raza, lo habéis destruido todo, este paraíso, donde pudisteis vivir tranquilos en paz, en armonía. Sólo vosotros habéis tenido la culpa de que este mundo desaparezca algún día no muy lejano. Me dais pena.

-         Gracias por venir a recogerme.

-         Pudisteis tenerlo, todo pero lo utilizasteis todo para hacer el mal.

-         La humanidad se eliminará para siempre ¿verdad, muerte?

-         Sí, un día todos moriréis y la tierra, todo, se destruirá. Incluso yo moriré, no habrá nada. Ni Dios ni Diablo, nada, la oscuridad.

-         Entonces…

-         Sí, sacerdote, por una vez habrá paz.

-         Para siempre.

-         Para toda la eternidad.

-         ¿Cuándo partimos, muerte?

-         Ven, abrázame, sacerdote, te cubriré con mi capa y por fin podrás descansar tranquilo.

-         ¿De verdad, muerte, que habrá paz donde me llevas?

-         Confía en mí.

-         Eres lo único que me queda, muerte.

-         Lo sé, sacerdote, vayámonos pues, amigo mío.

 

La muerte y el sacerdote se fueron alejando de estas tierras solas y abandonadas.

Llevándole a un lugar donde el sacerdote no podrá sufrir más su dolor, se fue de este mundo amarillento de  odio y destrucción.

Adiós, muerte, hasta pronto.


Malina Murnau

(Relato de 1995, incluido en mi libro 13 Relatos Macabros)

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