sábado, 1 de febrero de 2025

Mis tres favoritas de... Gustavo Adolfo Bécquer

 

Malina Murnau

“Las hojas secas” (1865).

Pongo ésta en primer lugar ya que, aunque no sea una de sus obras más conocidas, a mí en particular me encanta. Es muy cortita, pero en esa brevedad transmite mucho. La decadencia de la vida, el pasar del tiempo. Y lo breve que puede ser una vida.  La primera vez que lo leí me encanto. Al leerlo te das cuenta lo hermoso y triste que es al mismo tiempo, una pequeña joya.

"El Monte de las Ánimas" (1861).

En esta leyenda que más se puede pedir, es una maravilla desde el principio hasta el fin.  Noche de difuntos y la festividad de todos los santos. Alonso en busca de esa cinta que perdió su prima Beatriz, y que esta reta a ir a buscarla en el monte de las ánimas. Todo un clásico. La más leída y conocida del autor. 

“La promesa” (1885).

Esa mano, esa promesa... Imposible dejarla fuera de mis favoritas. Romanticismo en cada palabra, lenguaje poético en todo su esplendor. El amor, la muerte. Margaritas siempre.

Muy complicado quedarme con tres, pero creo que he elegido bien, ya que son las que me inspiraron para crear mis primeros poemas. La muerte, el amor, el miedo.

Pero dejo fuera auténticas joyas. Por eso me gusta el de elegir tres. Hay que machacar el coco y decidir realmente cual te gusta más y con cual te quedarías.

Raúl Allén ilustra la leyenda de 'Las hojas secas'.

Neferet

"El Monte de las Ánimas" (1861).

Leyenda por antonomasia del autor. 

Creo que es una de las leyendas más leídas precisamente porque es atemporal. Escrita antes de los 23 años de edad, entra dentro de la colección de narraciones sorianas, todas exquisitas. A destacar el seguimiento hora a hora, casi al minuto diría yo de la lucha interna por la culpa y los terrores nocturnos de Beatriz. Abordando, así mismo las consecuencias del castigo por la vanidad y el capricho. Terminando con un final visualmente sobrecogedor e impactante.

"La venta de los gatos" (1862).

La escojo por el gran cariño que le tengo, al ser tan autobiográfica y transcurrir en mi ciudad. La venta siempre ha sido un lugar al que he podido acudir en mi adolescencia. Destacó la descripción histórica de la ciudad y de esta venta y su entorno en 1.860. La trama es un romance donde es testigo el autor con un trágico desenlace como no podía ser de otro modo. (Se trasluce la comparación luz y sombras con la Sevilla del ayer y del hoy).

“Cartas desde mi celda” (1864).

Lo he escogido porque son relatos menos conocidos al no incluirse en las leyendas. Relatan su periplo en Soria, que se encontraba en un retiro convaleciente. La descripción del viaje, desde que coge el tren, el monasterio de Veruela, los lugares abandonados, propios del romanticismo como el cementerio de la aldea, que describe con tanto detalle, hace que te traslades allí sumergiéndote a otra época en un abrir y cerrar de ojos. 

En concreto las cartas sexta, séptima y quizás también la octava, son las más interesantes porque hablan de las últimas brujas que existieron en España (considerándose real la historia que narra), así como la brujería de la época y todo lo que rodea ese mundo.

Alfonso Romero

Lentamente caen las hojas secas al pasar

Y el Cierzo empieza a hablar

En una tibia mañana el sol asoma ya

No llega a calentar

Cuando divises el monte de las Ánimas

No lo mires, sobreponte

Y sigue el caminar

Que decía una de las estrofas del tema “Camino Soria” de Gabinete Caligari. Y es que la fuerte impronta de Gustavo Adolfo Bécquer ha quedado bien patente a lo largo de los años en múltiples artistas, más allá y más acá de la literatura: el cine, el cómic, o la música, por ejemplo, han sabido homenajear y absorber la obra de este genial poeta y narrador nacido en Sevilla. Sus “Rimas y leyendas”, así como el resto de sus escritos,  son un referente ineludible para múltiples generaciones (lástima que los más jóvenes hayan mostrado poco interés en su obra... y en la cultura en general).

“El miserere” (1862).

Carlos Giménez llevó al arte secuencial este genial relato en una historieta que vería la luz por primera vez en 1971 en las páginas de la revista Trinca. La búsqueda de la redención tras años de pecado, llevarán a un romero a tratar de escribir un miserere que le redima de su pasado. Pero no encontrará sino la locura al tratar de trascribir ese cántico que se oye todas las noches de Jueves Santo.

"El Monte de las Ánimas" (1861).

Ambientada en Soria, como bien nos recordaron los Gabinete, sobre un monte que fue guarida de los caballeros templarios y donde se vivió una batalla terrible entre dicha orden y los nobles. Desde entonces, cada año durante la noche de todos los Santos, las almas de los guerreros caídos en la batalla regresan a nuestro mundo. Un referente claro para “La noche del terror ciego” (1972), y las otras tres películas que Amando de Ossorio dedicó a sus vengativos templarios redivivos.

 “La cruz del diablo” (1871).

Una leyenda sobre la condición, digamos, diabólica de algunos hombres. Con un noble caballero convertido en un cruel tirano en el pueblo de Bellver. Paul Naschy (Jacinto Molina en su DNI) escribió un guion para llevarla al cine (con otras leyendas), proyecto del que quedaría finalmente excluido y que dirigió el británico John Gilling... quedando lejos de sus más notables trabajos para Hammer Films.

"El miserere", según Carlos Giménez

Ángel Marrero

“La cruz del diablo” (1871).

Sin duda, una de las leyendas favoritas de cualquier fan de Bécquer. Me encanta esta historia del caballero maldito, cuya armadura vacía pero viviente recuerda a la de aquel otro gran clásico de la literatura gótica que es "El castillo de Otranto", obra del escritor inglés y pionero del género Horace Walpole. Mi primer contacto con el relato de Bécquer fue a través de "La cruz de los atormentados", una historia del dibujante Joan Boix inspirada en su leyenda, donde la cruz demoníaca sigue ganando almas para el averno.

“El miserere” (1862).

Otra encantadora historia de fantasmas, la cual me hace recordar "Los elixires del diablo" del escritor romántico alemán E. T. A. Hoffmann. Aquí encontramos a un compositor arrepentido de sus pecados (curiosamente de origen alemán), que viajando como peregrino por tierras españolas será testigo de un pavoroso espectáculo: el cántico fantasmal de unos monjes asesinados en su monasterio un Jueves Santo. En los años setenta, el dibujante Carlos Giménez hizo una adaptación al cómic tan alucinante como amena.

“El beso” (1863).

Otra maravillosa leyenda de ruinas y fantasmas, a la que Bécquer le otorgó ciertas connotaciones patrióticas. Durante los tiempos de la guerra de la Independencia, un destacamento de soldados franceses busca alojamiento en un convento abandonado de Toledo. Allí su capitán se enamora de una estatua funeraria, que representa a una bella dama, a cuyo lado se alza también la estatua de su esposo, un valeroso caballero que luchó antaño contra los moros que invadieron España. Al intentar besar a la estatua de la dama, el capitán gabacho recibe una tremenda bofetada por parte de la estatua del caballero que lo mata en el acto. Me sigue alucinando este final tan inesperado como brutalmente "gore". Bajo estas líneas dejo una simpática y viejuna ilustración del relato.

"La cruz de los atormentados", Bécquer según Joan Boix


Ilustración para "El beso"

Eduardo Álvarez Cónsul

"El Monte de las Ánimas" (1861).

De este libro siempre recordare el final.

"Maese Pérez el organista" (1861).

Esta historia la ley en mi época de estudiante y todavía recuerdo a un compañero de clase a quien un profesor le dijo " Maese Pérez el cínico ".

"La venta de los gatos" (1862).

Hace unos años pasé por un sitio de Sevilla llamado "La venta de los gatos" y ufff... me acorde de esta historia de Bécquer pues alguien me dijo que se inspiró en dicha venta.

Miguel Romero

A pesar de su fama y prestigio universal poco se ha adaptado su obra, qué pronto nos olvidamos de los nuestros…

"Maese Pérez el organista" (1861).

Esta leyenda del organista que tocaba en el sevillano convento de Santa Inés, recuerdo que antes de leerla vi la adaptación que hizo de ella Televisión Española. Eran los tiempos de Pilar Miró…

"El miserere" (1862).

Uno de sus más famosos cuentos. Fue una de sus historias incluidas en el film “La cruz del diablo”, que John Gilling dirigiera en 1975.

También Carlos Jiménez hizo una adaptación al cómic.

"El monte de las ánimas" (1861)

Otra de sus más conocidas leyendas. También formó parte del film de Gilling.

Carlos Enríquez

Uno de los grandes del Romanticismo español. Difícil centrarme en solo tres obras si incluimos su poesía, que el bueno de Gustavo Adolfo nunca llegó a ver publicada en vida. Sin embargo, si nos enfocamos únicamente en sus leyendas, la elección se vuelve más sencilla. Mis favoritas son, sin duda, “El Monte de las Ánimas” y “Los ojos verdes”, ambas con elementos naturales en común y un componente macabro y sobrenatural. Son dos cuentos románticos de terror y misterio que, en resumidas cuentas, podríamos etiquetar como «góticos», dada su fuerte raigambre medieval. Además, he querido incluir un poema, uno de mis favoritos de todos los tiempos, por evocador, por su impecable escritura y por el tema que trata: “Volverán las oscuras golondrinas”.

"El Monte de las Ánimas" (1861).

Cuando era niño, en un campamento de verano en Navezuelas, un animador nos contó esta leyenda con la única ayuda de unos trapos, una linterna y su rostro. Me marcó. Horas después, en las tiendas de campaña, temblábamos como hojas, muertos de miedo. Por cierto, otro día, ese mismo chaval nos contó “La noche del terror ciego” (¡más templarios!). Casi nada. Otra noche sin pegar ojo.

Volviendo a “El monte...”, Bécquer juega con lo sobrenatural, con antiguas leyendas sorianas, con los conflictos entre la Orden del Temple y la nobleza de Castilla, con el eterno elemento femenino de su obra y con esos lugares oscuros donde «lo muerto» no descansa. El monte es el destino, el lugar mágico. Toda la historia está imbuida de un ambiente medieval y misterioso que arrastra al lector a mascar la tragedia. No quiero contar más para no arruinar la experiencia de lectura.

“Los ojos verdes” (1861).

Bécquer nos sumerge en otra historia de terror, en la que un cazador se adentra en el bosque y conoce a una misteriosa mujer de ojos verdes. Aquí don Gustavo Adolfo juega con antiguas creencias sobre los espíritus femeninos demoníacos que habitan en el Moncayo. La historia explora temas como el amor apasionado, la culpa, el más allá y otros elementos sobrenaturales, dejando en el lector un escalofriante sentido de la inevitabilidad del destino y del peso de los pecados pasados.

“Volverán las oscuras golondrinas” (1870).

Un poema sublime, con una forma y un ritmo evocadores. En resumen, Bécquer nos habla de cómo todo transcurre de manera inevitable, de cómo el tiempo se nos escapa sin posibilidad de retenerlo. La imagen de las golondrinas regresando simboliza esos momentos que se repiten, pero nunca de la misma manera. De igual modo, «Volverán las tupidas madreselvas» nos recuerda que la naturaleza sigue su curso, a pesar de lo que nosotros queramos. Nuestras vidas no se detienen, y lo que vivimos, una vez pasado, jamás regresa. Podemos interpretar esto como la nostalgia de un amor irrecuperable (tema absoluto en el romanticismo) o con cualquier otro asunto al que queramos extrapolar la idea, y esa sensación que de que el tiempo lo ha cambiado todo y por mucho que hagamos no lo podemos recuperar. 

Para acabar, decir que lo curioso de estas obras es que Bécquer no necesita ser demasiado explícito para llegar al lector. Usa símbolos y metáforas para tratar temas universales como el amor, la muerte y la fugacidad de la vida. A veces parece que te habla directamente al corazón, como si te contara algo personal, pero al mismo tiempo logra que cualquiera se identifique con sus palabras. Esa capacidad de sumergirte en su mundo plagadito de sensaciones intensas (como buen autor romántico) es lo que hace grande su obra. Ya sea la nostalgia de un amor perdido o el terror que transmite un monte plagado de vida «nocturna», su estilo sigue atrapando a la gente. Por eso, todavía hoy, seguimos hablando de él y de sus historias y, con toda seguridad, esto va a seguir ocurriendo. Por cierto, atención a su faceta de ilustrador, merece la pena echar un vistazo a sus dibujos.

Ilustración de Gustavo Adolfo Bécquer

Alfonso Carlos López

Bécquer, nacido en Sevilla en el 17 de febrero de 1836 y fallecido en Madrid el 22 de diciembre de 1870, ha sido uno de los mejores escritores que hayan existido. Ese estilo romántico que tanto me gusta, muy influido además por el romanticismo alemán, es sencillamente magnífico. De este escritor insigne he escogido estas tres obras:

“El Monte de las Ánimas” (1861).

Un cuento increíble que vio la luz el 7 de noviembre de 1861 con todos los ingredientes del terror clásico que lo envuelve. El comienzo es espectacular, creando ya el ambiente con lo de la habitación a la noche: el tañido de las campanas, el crujir de los cristales estremecidos por el aire frío de fuera… Entrando en materia, cuenta lo que le ocurrió a Alonso al querer complacer a su prima Beatriz en la noche de difuntos, con su desafío a su citado primo de que vaya a recuperar una cinta perdida esa noche en el Monte de las Ánimas. Se narra la leyenda de los Templarios en su batalla con los nobles de Soria por envidia, ya que un rey les encargó la defensa del feudo a esta orden, enterrándose en el atrio de la iglesia los muertos de ambos bandos. En la Noche de Todos los Santos se oye doblar la campana de la iglesia y las ánimas corren por el monte envueltas en sus ropas echas jirones. Como se dice: la imaginación es un caballo que se desboca…

“El miserere” (1862).

Publicado el 17 de abril de 1862 nos relata la tragedia de unos monjes asesinados por un caballero malvado que había sido desheredado por su padre ya que se construyó un monasterio con los caudales que le hubieran correspondido a él. Todos los Jueves Santo las almas de los religiosos vuelven y entonan el Miserere. Cuenta como un músico llega al Monasterio de Fitero (Navarra) para pasar la noche ya que peregrina a Santiago. Allí le narran una historia terrorífica que le llevará a la locura ya que querrá escuchar el miserere de los monjes sin hacer caso de que no vaya al monte donde se aparecen y cantan. Me gusta mucho la finalización donde pasa a partitura lo que había oído, pero al no poder haber escuchado el final no pudo concluirlo y murió enloquecido por el esfuerzo quedando la obra inconclusa y con frases extrañas.

“Maese Pérez el organista” (1861).

Este cuento de 1861 nos adentra en una leyenda recogida por Bécquer donde un organista de la iglesia de Santa Inés de Sevilla muere tocando en Nochebuena. Se describe el ambiente de la Sevilla de la época y se describe a Maese Pérez como ciego, virtuoso, bondadoso, de 78 años, enfermo y con una hija novicia. El citado día hay una gran afluencia de gente a la misa. Él pensaba iba a ser la última para él ya que iba a ser sustituido por otro músico, pero se presenta y por ello interpreta una música celestial muriendo en el momento de la consagración. A partir de ahí la historia narra diversos acontecimientos, con su apoteosis final que es cuando el órgano suena solo.  Está narrado maravillosamente con una prosa evocadora y refleja muy bien el mundo sobrenatural.

Otros trabajos imprescindibles suyos son: “La ajorca de oro”, “El beso”, “La cruz del diablo”, “El gnomo”, “La venta de los gatos”, etc.

"El Monte de las Ánimas" ilustrado por Aintzane Cruceta

Joanna

“Maese Pérez el organista” (1861).

La historia del organista Maese Pérez y sus prodigiosas manos que todos querían escuchar en Nochebuena en la misa del gallo, y que seguiría tocando... incluso más allá de su muerte.

“El gnomo” (1863).

Situada en Aragón, a las faldas del monte del Moncayo, un anciano relata a jóvenes como advertencia la existencia de unos malvados seres, los gnomos, cuya llamada, como las de las sirenas, puede llevarte a la perdición.

“El beso” (1863).

Ambientada en Toledo, en los tiempos de la España ocupada por las tropas napoleónicas, narra la historia de un capitán francés seducido por la belleza de una estatua. El amor nos lleva a hacer locuras.

Jorge Arincón

Había leído las leyendas hacía mucho tiempo y me picó la curiosidad de volverlas a releer porque me encapriche de la magnífica edición que sacó Valdemar hace poco.

Tenía un poco de miedo de que tanto tiempo después me decepcionaran y no las encontrase tan buenas cómo la primera vez.

Después de releerlas, tengo que decir que me siguen pareciendo espectaculares y deberían de ser de lectura obligatoria para cualquier chaval en el colegio. Ahí van mis favoritas,

"La rosa de pasión" (1862).

 Que los judíos son un pueblo que no ha despertado especiales simpatías a lo largo de la historia, por decirlo suavemente, es un hecho. 

Esta leyenda del autor bebe de las creencias populares que enraizaron y que pintaban al prototipo de judío cómo tipo avaro de nariz picuda.

Prejuicios a parte, el relato es fantástico y sirve cómo extensión para crítica a cualquier fanatismo religioso sobre el que se impone el amor de la hija del protagonista.

No había reparado en éste relato cuando los leí por primera vez y con la relectura reciente de las leyendas se ha convertido en mi favorito.)

"La ajorca de oro" (1861).

Me encanta este relato y especialmente ese final. La atmósfera de tensión que consigue crear el autor con el protagonista aterrado en la iglesia vacía de madrugada, es impresionante.

"Maese Pérez el organista" (1861).

Posiblemente sea el relato más reconocido de todos los que componen las leyendas.

El relato cómo casi todos los que componen las leyendas, te absorbe desde el principio y su desenlace es de los que no se olvidan.

David Cortabarria

Vericuetos del destino, hace décadas que no escribo nada sobre Bécquer (1836-1870, ¡Qué pronto te fuiste, genio!), nuestro Edgar Allan Poe patrio (salvando las diferencias, por supuesto). Sus leyendas contienen muy buen material para una antología del terror fantástico, y de haber sido un autor americano habría tenido más difusión que el ya mencionado Poe o Lovecraft.

Selecciono tres de sus leyendas que más me gustan.

"La cruz del diablo" (1860).

Una premisa interesantísima, una armadura maldita de un psicópata señor feudal que dio rienda suelta a su maldad en las espantosas cruzadas, y que termina siendo poseída por el diablo que la lía de mala manera en el pueblo de Bellver de Cerdaña. Qué lástima que Sam Raimi o John Carpenter no se hubieran fijado en esta leyenda, porque habría dado para una muy interesante adaptación de puro fantaterror. 

"La creación" (1861).

Extraña y deliciosamente atípica, sobre cómo el dios alquimista Brahma fecunda a Maya, engendrándose así los gandharvas, quienes experimentan en el alucinante laboratorio de su padre la creación de un nuevo mundo… Mi leyenda favorita de Bécquer, que aquí se adelantó muchas décadas a escritores como Terry Pratchett o Neil Gaiman, que habrían estado encantados de haber escrito semejante delicia. Y encima con giro final, en la más pura línea de los relatos ultracortos de Fredric Brown. Una joya oculta del siempre reivindicable Bécquer.

"Los ojos verdes" (1861).

Una leyenda que leí hace ya mucho tiempo, pero que se me quedó grabada en la memoria. Una seducción fatal y diabólica, que hunde sus raíces en arcanas fuentes literarias. Con un par de retoques sería un muy buen relato de una antología de Stephen King. Malsano, melancólico y con un toque de fatalidad que lo convierten en una de mis leyendas favoritas.

Susanna Annasus

Es de los primeros escritores y poetas del que me enamoré perdidamente siendo niña. Recuerdo que no tenía ninguna obra de él, e iba a la biblioteca a copiar sus poemas, empapelé mi cuarto con muchos poemas suyos, poster de películas, y las letras de las canciones que me gustaban. Era caótico la mezcla explosiva que había en esas paredes y en la puerta.

Y tengo un detalle super emotivo, que el tío de mi amiga, le di tanta pena supongo, de ver una niña tan pequeña obsesionada, que me regaló un librito pequeño, que guardo como un tesoro. Con la cubierta roja, y para mí fue el mejor de los regalos. Un gesto tan sencillo, pero que me marcó, porque alguien se había dado cuenta por mi pasión por las letras.

De Bécquer es que me encanta todo, hasta su imagen. Con los años fui aprendiendo que era una métrica trabajada, una métrica sencilla, pero de una mente privilegiada. Era poeta, pintor, escritor, colaboró con obras como las zarzuelas, porque también le apasionaba la música. Le influía el romanticismo alemán como Heine, y le influía también escritores como Byron. Una de las frases que repetía mucho era que “la mejor poesía escrita es aquella que no se escribe”.

Me cuesta decidirme cuál sería mis favoritos de él, mientras miro mi pequeño librito con su poemario. Creo que a todos los que nos apasionan escritores así, nos resulta muy difícil decidirnos, pero haré un super esfuerzo por Malina.

Aparte quería destacar, que también le influía los amigos y compañeros que tenía que eran poetas como él, supongo que se embriagaba de todos ellos, y conseguía plasmarlo.

De sus rimas, la que siempre me sentí muy identificada y me hacía emocionarme, era la rima VIII (25) de su obra “El libro de los gorriones: colección de proyectos, argumentos, ideas y planes de cosas diferentes que se concluirán o no según sople el viento”. Es un manuscrito de 1869, y recopilado por amigos suyos (Campillo y Ferrán) fueron haciendo recopilatorio y ayudando así a la viuda de Bécquer y sus hijos con el dinero que sacaban. Pues este poema dice así:

"Cuando miro el azul horizonte

perderse a lo lejos,

al través de una gasa de polvo

dorado e inquieto,

me parece posible arrancarme

del mísero suelo,

y flotar con la niebla dorada

en átomos leves,

cual ella deshecho.

Cuando miro de noche en el fondo

oscuro del cielo

las estrellas temblar, como ardientes

pupílas de fuego,

me parece posible a do brillan

subir en un vuelo,

y anegarme en su luz, y con ellas

en lumbre encendido

fundirme en un beso.

En el mar de la duda en que bogo,

ni aun sé lo que creo,

¡sin embargo, estas ansias me dicen

que yo llevo algo

divino aquí dentro!"

Con estos versos, me sentía reflejada y sentía que realmente él expresaba los mismos sentimientos que tenía yo en mi corazón. No había conocido todavía ni el amor, siendo tan pequeña, ni sabía cómo era, ni cómo sería, pero ya con Bécquer me imaginaba ese laberinto de pasiones del romanticismo.

Él se muestra tal cual es en sus rimas, extrae todo sentimiento que lleva dentro y puedes llegar incluso a sentir el calor, el frio que transmite. Muy realista y observador, con una capacidad de escribir detalles y también expresar todo el caos del mundo interior.

De sus leyendas, que me gustaban muchísimo, sobre todo cuando celebrábamos la noche de difuntos (soy de una familia muy practicante, curioso) pues me gustaba leer las leyendas de Bécquer, era muy conocida su leyenda urbana del monte de las ánimas. Pero para mí, la leyenda que más me gustaba y con la que me sentía muy identificada era “El rayo de Luna”, escrita en 1862. Y la sitúa en Soria. Describe como un poeta Manrique, va expresando sus sentimientos incomprendidos, su locura interior, abandonando toda la realidad. Persigue una fantasía, una mujer, y se deleita, se enamora, se apasiona por ella sin verla. Para mi es una de las leyendas más pasionales que he leído de Bécquer.

Pienso que él se sentía así, buscaba y buscaba esa amada, que se perdía entre los árboles, y que tristemente no lograba atrapar, ni encontraba.

Otra leyenda “Maese Pérez el organista”, es una leyenda recogida por Bécquer de 1861, trata de la leyenda de un organista que tocaba en el Convento de Santa Inés en Sevilla. Me gusta muchísimo, porque un poco me recuerda a Poe (espero que nadie me quiera matar por el comentario). Me fascina la evocación del arte que no muere, que siga “vivo” aún tras su muerte. Es una leyenda que atrae a leerla, a conocer que está sucediendo. Con suspense, y ese halo de romanticismo. Muy cultural, y muy conocedor de la sociedad en aquel tiempo.



miércoles, 29 de enero de 2025

Manejando serpientes en nombre del Señor


 “And the only thing faster than the cattleman's gun

Was the preacher man's hand and finger

He pulled iron from his side and let that bullet fly

Beat the rattlesnake to the hammer

While preacher embraced forgiveness

Oh, they finally understood

Under that sheepskin cloak of his

Was a history of blood

“Cattleman’s Gun”, de Dean Brody


When the service was over they told us the biggest

rattlesnake they had in that service was 5 feet long.

Honey the one they brought by me was long.

I'm not knocking these people.

I promise I′m not knocking them.

I don′t if they are right or wrong

 “Here Come the Rattlesnakes", de Wendy Bagwell


Una noche en Tennessee un predicador que manejaba serpientes se nos acercó y preguntó: ¿Muchachos, tienen serpientes en el carro? Le dijimos que no. ¿Cómo, me estás diciendo en serio que no tienes ninguna serpiente de cascabel en tu carro? No señor, no tenemos. Sus ojos se dilataron como platos. ¿Qué les pasa, muchachos, están locos o qué?

Salvación en Sand Mountain, De Dennis Covington.


En la película The Devil All the Time [tv: El diablo a todas horas, Antonio Campos, 2020], adaptación del libro homónimo de Donald Ray Pollock, el actor y músico Pokey LaFarge interpreta a Theodore, un sarcástico tipo que se encuentra en muy mal estado de salud debido a las mordeduras sufridas por una serpiente que manejaba durante una misa. 

Televangelistas que hablan del pecado y la redención desde la pequeña pantalla, oradores itinerantes que recitan con pasión sus sermones bajo una carpa no muy diferente a la de un circo, párrocos de pequeñas localidades que se saben al dedillo las debilidades y secretos más íntimos de sus feligreses. Tipos excéntricos muchos de ellos que han dado que hablar en los medios por sus polémicas [1], pero ninguno ha llamado tanto la atención y dejado en shock al profano como los predicadores manipuladores de serpientes. “La interpretación del cristianismo por parte del blanco sureño siempre parece avergonzar al resto de la nación” [2]. Oficios religiosos y reptiles venenosos, una combinación peligrosa propia y característica de la zona de los Apalaches. Una fe incondicional hacia el Grandísimo (fanatismo dirían algunos) que convence a los feligreses de tener el Espíritu Santo dentro y poder manejar sin peligro ofidios mortales. Por no hablar de otras actividades nada recomendables ni saludables sobre el púlpito tales como la injerencia de veneno (generalmente estricnina en tarros de fruta o ácido de batería), o acercarse fuego a la cara hasta lo (in)soportable. Ceremonias que suelen incluir también exorcismos en vivo y/o curaciones de personas y animales. “Una religión de emoción extrema y escapismo desesperado” [3]. Pero ¿de dónde proceden estas extrañas, bizarras y arriesgadas prácticas de manipular serpientes dentro de los ritos eclesiásticos que parecen más propias de las religiones o cultos precristianos o de un espectáculo de barraca de feria?

George Went Hensley

Atendiendo a las teorías más difundidas, sería por 1909 cuando se inicia esta singular práctica “religiosa” de la mano del predicador pentecostés George Went Hensley [4], ministro de la Iglesia de Dios en Grasshopper Valley, Tennessee, a través de la interpretación literal de una cita atribuida a Jesús en el decimosexto capítulo del Evangelio según Marcos: "Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes; y si beben algo mortífero, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán las manos, y sanarán" [5]. El manejo de serpientes como prueba o demostración de fe fue haciéndose popular allá por donde Hensley viajaba y predicaba, sobre todo en pequeños pueblos de Tennessee, Kentucky, las Carolinas, Virginia, Ohio e Indiana. Extendida a otras congregaciones, un mayor conocimiento general se dio ya en la segunda mitad de los sesenta gracias al famoso documental Holy Ghost People (1967), realizado por Peter Adair, sobre la comunidad religiosa de Pentecostal, en Scrabble Creek, Virginia del Oeste, donde pueden verse, entre otros actos, la manipulación de serpientes durante la misa. El distinguido profesor universitario J. Wayne Flynt confirmó que el manejo de estos reptiles en los actos religiosos se daba con más frecuencia no en las regiones más aisladas de los Apalaches, como cabría de suponer, sino en zonas periféricas que al poco de iniciarse el siglo XX estaban soportando el cambio de la agricultura de subsistencia a la industria, lo que aquél constató como una ayuda para que los montañeses sobrellevaran la humillación de ser pobre y hillbilly.

Ceremonia con serpientes en la Iglesia God with Signs Following en Lejunior, en el condado de Harlan, Kentucky, 15 September 1946. Foto de Russell Lee.

Pese a que a muchos que se tienen por civilizados pueda parecer cosa del pasado, aún a día de hoy no es raro encontrarse en algunas zonas de los Apalaches la convicción en pequeñas congregaciones de poder controlar (gracias a la fe ciega en Dios) a una serpiente venenosa, animal que recordemos representa al Diablo en las Sagradas Escrituras [6]. La práctica está prohibida (con muy diferentes matices) en casi todo el país [7], excepto en Virginia occidental, pero ello no impide que se siga llevando a cabo en más de un centenar de iglesias, la mayoría en el Sur. Gente como el propio Hensley y otros como James Miller, Jamie Coots, su hijo Cody Coots, o Charles Prince, por citar unos pocos, son considerados meros charlatanes para muchos y unos salvadores bendecidos por el Altísimo según unos pocos. El historiador y folclorista Thomas Burton ha profundizado mucho en el tema. En 1993 publicó el libro Serpent-Handling Believers, donde afirmaba que dicha práctica es una compleja creencia religiosa tradicional de un grupo de cristianos estadounidenses que deberían ser respetados, y colaboró en el documental Alabama Snake [tv: Alabama Snake, 2020], que recogía el caso del ministro pentecostal Glenn Summerford, acusado de intentar asesinar a su esposa con una serpiente de cascabel, hecho ocurrido en la ciudad de Scottboro, Alabama, el cuatro de octubre de 1991. El juicio contra Summerford marcaría profundamente al Sur de los Apalaches. Dennis Covington, uno de los periodistas que siguieron el caso, reflejaría la historia en la novela de no ficción Salvación en Sand Mountain (Salvation on Sand Mountain: Snake-Handling and Redemption in Southern Appalachia, 1995), consiguiendo elogiosas críticas [8].

The House of the Lord Jesus es una de las iglesias que continúan con la manipulación de serpientes en pleno siglo XXI

Los medios de información siempre se han acercado a estas prácticas haciendo hincapié en lo estrambótico de la ceremonia, y sin perder ocasión de cubrir las mordeduras a feligreses o ministros que en no pocas ocasiones se han cobrado sus vidas. La primera muerte por manipulación de serpiente documentada ocurrió en la Iglesia Dios Evangelista en 1922 en Cleveland, Tennessee. El propio Hensley, al que mordieron a lo largo de los años muchos ofidios, murió en 1955 víctima del veneno de uno de estos reptiles que le inyectó durante una ceremonia en Altha, Florida. En el presente siglo, donde la televisión ha cogido una mayor importancia gracias a los canales temáticos y a las plataformas, no han faltado documentales y docuseries (con un formato próximo/lindante con los reality shows) que se han arrimado a los manipuladores de serpientes: junto al arriba citado sobre Glenn Summerford cabe señalar también Heaven Come Down (Michael Mees & Gabriel Wrye, 2006), y Snake Salvation (2013), serie de National Geographic centrada en los pastores Jamie Coots y Anrew Amblin [9].

Joe Egender en pleno éxtasis místico en Holy Ghost People (2013)

Por supuesto que el cine y la televisión (junto a otros medios, como la literatura o el cómic) han aprovechado/reflejado estas curiosas ceremonias religiosas en algunas películas y series, las más de las veces desde una perspectiva burlona (cuando no sarcástica) o al menos desde la desconfianza [10]. En la cinta de terror Jennifer [vd: Jennifer, 1978], dirigida por Brice Mack [11], encontramos una particular variación del éxito de Carrie (Carrie, Brian De Palma, 1976), mezclado con La revolución de las ratas (Willard, Daniel Mann, 1971). En ella, la chica protagonista, Jennifer Baylor (Lisa Pelikan), una muchacha que proviene de una congregación muy religiosa de una pequeña población de los Apalaches, en lugar de poderes telequinéticos tiene la capacidad de dominar a las serpientes. Y si antaño en su localidad las usara en las misas, ahora en la gran ciudad le servirán para ejecutar su sangrienta venganza. Al muy exaltado/excéntrico padre de la muchacha le prestaba su físico el veterano Jeff Corey [12]. Y tenemos muchos más ejemplos. Moe, el cascarrabias camarero de Los Simpson (The Simpsons, 1989-), confiesa a Homer ser un manipulador de serpientes, mostrando sus manos llenas de heridas, en Homer, el hereje (Homer the Heretic, 1992), tercer episodio de la cuarta temporada de la longeva serie creada por Matt Groening. En Guncrazy (Guncrazy, Tamra Davis, 1992), Billy Drago da vida a Hank Fulton, un predicador que manipula ofidios. En Señales y milagros (Signs and Wonders, 2000), noveno episodio de la séptima temporada de Expediente X (The X-Files, 1993-2018), los agentes Mulder y Scully investigan diversos asesinatos que al parecer han sido provocados por mordeduras de serpientes. La investigación los conduce hasta un grupo religioso que podría estar matando a sus víctimas utilizando a estos animales. En tiempos más recientes, además de The Devil All the Time, con la que iniciábamos estas líneas, cabe nombrar Holy Ghost People (Mitchell Altieri, 2013), un thriller de puro gótico sureño sobre una joven en busca de su hermana perdida en los Apalaches. Allí la protagonista se topará con un peculiar culto religioso y descubrirá qué ha pasado con su familiar. El mismo año Joseph Mazzello sería un predicador pentecostal en la cuarta temporada de Justified: La ley de Rayland (Justified, 2010-2015), serie de FX sobre el personaje del agente Raylan Givens (fantástico Timothy Oliphant) creado por Elmore Leonard. Them That Follow [tv: Los fieles, Britt Poulton & Dan Madison Savage, 2019], versaba sobre una comunidad aislada en los Apalaches, donde el pastor Lemuel Childs (Walton Goggins) manipula serpientes para probar la fe de su rebaño. Su hija Mara (Alice Englert) descubre un secreto que puede poner fin a la comunidad. Y, por no extendernos más, en la serie Los Gemstone (The Righteous Gemstones, 2019-), sobre una familia de telepredicadores evangelistas, podemos ver en Interludio III (Interlude III, 2023), quinto episodio de la temporada tres, a Peter Montgomery (Steve Zahn) manipulando serpientes.

Moe muestra las heridas de sus manos en Homer, el hereje (1992)

Poster del film Jennifer (1978).

Y, para terminar, en letra impresa cabe destacar a Harry Crews, escritor sureño nacido en Bacon, Georgia, y aclamado por gente como Hunter S. Thompson o Norman Mailer, quien entre la pintoresca fauna de su novela Festín de serpientes (A Feast of Snakes, 1976), no podía faltar un predicador manipulador de los susodichos reptiles. Pero, claro, hay muchos, muchos más libros sobre el tema: Go Tell It on the Mountain (James Baldwin, 1953), I Believe in the Holy Spirit (Michael Green, 1975), Righteous: Dispatches from the Evangelical Youth Movement (Lauren Sandler, 2006), The Handler (Kindle Edition, 2008), A Land More Kind Than Home (Wiley Cash, 2012), Hermana muerte (Little Sister Death, William Gay, 2015), The Snake Handler (Cody Goodfellow y J. David Osborne, 2017), The Boatman’s Daughter (Andy Davidson, 2020), Shiner (Amy Jo Burns, 2020), o Woman of Light (Kali Fajardo-Anstine, 2022).

Festín de serpientes, la ficción bebe de la realidad en la obra de Harry Crews

Terminemos con unas palabras del propio Harry Crews: “Un hombre que se creía Cristo me expulsó el demonio que llevaba dentro en Colorado Springs”. Todo, incluso la religión, es más singular y apasionado en el Dirty South.

Alfonso & Miguel Romero

[1] Jimmy Lee Swaggart, impetuoso predicador (y primo del pionero del R’n’R Jerry Lee Lewis), fue uno de los precursores en el televangelismo, logrando unas cifras de audiencia enormes en la década de los ochenta. Aunque suele ser más recordado por sus polémicas declaraciones y por sus escándalos con prostitutas. También el matrimonio Tammy Faye Bakker y Jim Bakker se convertirían en dos de los más famosos telepredicadores entre finales de los setenta y primeros ochenta (época de irrupción y auge de los sermones evangelistas en las ondas catódicas) para pasar a los noticieros por sus “caídas en el pecado”.

[2] En palabras de Jim Goad en Manifiesto Redneck. De cómo los hillbillies, los hicks y la basura blanca se convirtieron en los chivos expiatorios (The Redneck Manifesto: How Hillbillies, Hicks, and White Trash Became America's Scapegoats, 1997).

[3] Ibidem cita 2.

[4] Wensley contaba en su historial con detención en 1925 por, como buen hillbilly, fabricar licor ilegal (moonshine) durante los años de la prohibición.

[5] A pesar que ya en el siglo XXI la práctica está en un nivel muy bajo, según afirmaba en 2003 el catedrático Ralph W. Hood.

[6] Algunos investigadores, caso de Ralph W. Hood y William Paul Williamson, afirman que la práctica surgió de manera independiente, sin mediación de George Hensley, en Sand Mountain, Alabama, alrededor de 1912. Y tras un par de décadas, las serpientes estaban siendo manejadas abiertamente en los servicios de adoración al aire libre al este de Birmingham. No obstante, los historiadores recalcan que la labor de Hensley fue esencial para la difusión de esta actividad en los oficios religiosos.

[7] Ya en 1950, la Legislatura de Alabama, reaccionando ante varias muertes por manipulación de serpientes, aprobó un proyecto de ley que hacía ilegal "manejar, usar o exhibir cualquier serpiente venenosa o reptil de tal manera que ponga en peligro la salud de una persona”.

[8] El mismo autor publicaría en 2004 el libro de ficción Riviera Redneck (Redneck Riviera: Armadillos, Outlaws, and the Demise of an American Dream).

[9] Coots falleció en 2014, debido a la mordedura de una serpiente de cascabel, durante un servicio en Middlesboro, Kentucky; mientras que Amblin fue llevado a juicio en 2014, acusado de llevar una vida peligrosa, pero el jurado se negó a juzgarlo.

[10] La revista de cómics Picture News, en su número 2, correspondiente a febrero de 1946, daba una imagen muy negativa de los hillbillies y de la manipulación de serpientes en las viñetas de “Snake Worship in the USA!”, obra de John A. Lehti.

[11] Comentamos más profundamente dicho film en el siguiente enlace: https://cerebrin.wordpress.com/2021/06/21/jennifer-vd-jennifer/

[12] Corey interpretaría una década más tarde un rol similar, ahora (sin serpientes) como predicador mormón fundamentalista de una pequeña comunidad (muy) religiosa de Colorado, en Mensajero de la muerte (Messenger of Death, J. Lee Thompson, 1988). Una de las más logradas propuestas de Cannon Films para el lucimiento de Charles Bronson.

sábado, 25 de enero de 2025

Mis tres favoritas de... David Lynch

 

Malina Murnau

"Twin Peaks" ("Twin Peaks" 1990-1991).

La pongo primera, aunque sea una serie, porque me encantó su rareza y su mal rollo. 

"El hombre elefante" ("The Elephant Man", 1980).

Para mí su mejor película. Una maravilla.

"Dune" ("Dune", 1984).

Y me quedaría con ésta. Cuando la vi me gustó bastante, y muy seguida sería “Terciopelo azul” (1986), y si pienso en todas sale Kyle MacLachlan, este hombre me marcó en “Twin Peaks”. 

Nunca he sido mucho de este director, ahora me caerán tortazos por doquier. Pues sí, nunca estuvo en mis directores favoritos, lo siento.

Alfonso Romero

“Terciopelo azul” (“Blue Velvet”, 1986).

Lynch era un declarado fan del noir clásico, y no sólo de los grandes títulos del género, sino también de las piezas esquinadas, particulares, extrañas y bizarras. Con “Terciopelo azul”, y tras el desastre comercial y crítico de “Dune” (1984), el autor recuperaba el aplauso del respetable y de la crítica con un film noir llevado a su particular terreno, a su personal universo que fue creciendo, desarrollándose, película a película, cuadro tras cuadro, spot tras spot, documental tras documental, libro tras libro, etc. La trama tenía lugar en un presente con vistas al pasado (tal vez en un momento atemporal, es Lynch), con magníficos oldies en la banda sonora y esenciales en el devenir de la historia, en una cotidianidad rutinaria y perversa a un tiempo. Dennis Hopper con la mascarilla de oxígeno es una imagen icónica del cine de su director, del cine de los ochenta, y del séptimo arte en general.

“Una historia verdadera” (“A Straight Story”, 1999).

Un drama de ambientación rural que parece no tener relación con los modos y mundos propios de su director pero que, bien mirado, era puro David Lynch, repleto de esos personajes tan característicos (por no decir marcianos) y situaciones tan propias de sus películas. Con Richard Farnsworth en el papel principal, y con Sissy Spacek como su hija y Harry Dean Stanton como su hermano, dos intérpretes a quienes los dramas rurales les van como anillo al dedo. El Americana según Lynch. Emotiva y personal.

“Carretera perdida” (“Lost Highway”, 1997).

Una nueva propuesta de cine negro, un paseo por un universo de pesadilla, tanto para su(s) protagonista(s) como para el espectador. Lynch continuaba escarbando en la mente humana más retorcida, desconcertando a parte del público de paso, y legándonos una de las grandes muestras del cine negro de su década. Un film de género y de autor sin traicionar lo uno ni lo otro, sino subiendo varios niveles... para descender(nos) a los infiernos.

Miguel Romero

A punto de cumplir años nos dejaba David Lynch, artista completo, pintor, fotógrafo… y, por supuesto, director. Creador de su propio universo, genio único… a ver si se enteran y dejan de imitarlo malamente. De su muy particular filmografía me quedaría con…

“Una historia verdadera” (“A Straight Story”, 1999).

Tras haber subido muchos peldaños en su particular universo con “Carretera perdida” (1997), Lynch sorprendía a propios y extraños cambiando totalmente de registro con este emotivo drama humano (género hoy día muy habitual, pero este film tiene ya más de 25 años) que, como su nombre indica, está basado en hechos reales -vamos, lo que ya hiciera mucho antes en “El hombre elefante” (1980)-.

El veterano especialista reconvertido en actor Richard Farnsworth protagoniza como un anciano que vive en Iowa con su hija “algo lenta” (Sissy Spacek) y que, a pesar de sus muchos achaques y enfermedades, irá a ver a su hermano (Harry Dean Stanton, junto a Jack Nance uno de los actores con los que más contó nuestro homenajeado) a Wisconsin cuando se entera que éste ha sufrido un infarto, aunque llevan unos diez años sin hablarse. Pero el único vehículo que tiene es una segadora, con la que tendrá que recorrer 500 kilómetros.

Farnsworth, que cuando empezó a rodar la película tenía ya bastante avanzado el cáncer, poco después acabaría de un disparo con sus insoportables dolores, abandonando este mundo a la edad de 80 años. Sería éste su último trabajo, un magnífico trabajo.

“Terciopelo azul” (“Blue Velvet”, 1986).

Lynch se recuperaba del fracaso de “Dune” (1984) y se ganaba a la crítica con esta revisión del noir. Lleno de personajes extravagantes, viejas canciones y uno de los comienzos más recordados de la década, el joven que empieza a investigar al encontrar una oreja cortada.

Reunía a Dennis Hopper con su viejo amigo (y compañero de juergas) Dean Stockwell.

“Carretera perdida” (“Lost Highway”, 1997).

De nuevo cine negro, pero llegando mucho más lejos. Bastante se habló de su significado, aunque su director aconsejaba que el público simplemente se dejara llevar por las imágenes.

Bill Pullman, Patricia Arquette (en un doble papel, de morena y de rubia), Balthasar Getty, Robert Blake (que realmente da miedo), Richar Pryor (ya en silla de ruedas debido a la esclerosis múltiple), Henry Rollins, Gary Busey, Marilyn Manson, la modelo Lisa Boyle… y muchos más, entre ellos un peligroso gánster al que encarna Robert Loggia, quien se sorprendió que le dieran el papel ya que poco más de diez años atrás había cogido a Lynch del cuello cuando prefirieron a Hopper que a él para el papel del villano de “Terciopelo azul”.

Hasta siempre, maestro.

Eduardo Álvarez Cónsul

“Terciopelo azul” (“Blue Velvet”, 1986).

Esta es para mí la película más conseguida de David Lynch, con una gran atmosfera que lo hace todo más creíble, y con un Dennis Hopper más malo, siempre se dijo que era el papel de su vida.

En el reparto aparecen Kyle MacLachlan, Isabella Rossellini, Laura Dern, Hope Lange y Dean Stockwell.

"Twin Peaks" (“Twin Peaks”, 1990-1991).

Esta serie de televisión fue otro trabajo muy conseguido por parte de David Lynch como director de algunos episodios y productor, con buena ambientación, música y personajes conseguidos. Con Kyle MacLachlan como el agente Dale Cooper. Michael Ontekean, Russ Tamblyn, Richard Beymer, y  las hermosas Peggy Lipton, Victoria Caitlin, Sheylin Fenn, Shelley Johnson y Joan Chen.

"Dune" (“Dune”, 1984).

Pese a que es una space opera muy larga tiene buenos momentos.

En el reparto aparecen Kyle MacLachlan, Sting (por entonces más conocido por ser el cantante y guitarrista del grupo The Police) y Patrick Stewart años antes de ser el Capitan Picard en "Star Trek Nueva generación" y luego el Profesor X .

Alfonso Carlos López

“El hombre elefante” (“The Elephant Man, 1980).

Excelente película británica-estadounidense de 1980 que narra la historia real de Joseph Merrick de una manera cruda y conmovedora.  Dirigida por David Lynch y protagonizada por John Hurt, Anthony Hopkins, Anne Brancroft, John Gielgud, Wendy Hiller, Michael Elphick, Hannah Gordon y Freddie Jones. Se basa en los libros de “El Hombre Elefante y otras reminiscencias” (1923) de Sir Frederick Treves y “El Hombre Elefante Un Estudio de la dignidad humana” (1971) de Ashley Montagu. La trama trata sobre el citado Joseph Merrick, que padece graves deformidades físicas, pero no mentales, ya que es una persona inteligente que debido a su aspecto físico sufre una gran discriminación y explotación e incluso es tenido por deficiente mental. A finales del siglo XIX, el doctor Frederick Treves descubre en una atracción circense a Merrick que estaba siendo exhibido ilegalmente. A partir de ahí se desarrolla esta extraordinaria cinta. El film fue grabado en blanco y negro, todo un acierto que incrementa el dramatismo y la fuerza de las imágenes. Está magníficamente ambientada en la época y tuvo un gran éxito.

“Terciopelo azul” (“Blue Velvet”, 1986).

Trabajo estadounidense de 1986 cuyo director fue David Lynch con mezcla de elementos de terror psicológico y cine negro, protagonizada por Kyle MacLachlan, Isabella Rossellini, Dennis Hopper, Laura Dern, Hope Lange y Dean Stockwell. Por cierto, su título homenajea a la preciosa canción de Bobby Vinton, de título homónimo y tiene una formidable banda sonora. Cabe destacar también el soberbio tema “In Dreams” de Roy Orbison. El comienzo con la aparición de una oreja humana en unos arbustos ya nos indica que estamos ante un film sorprendente y que irá in crescendo en interés y misterio. Resultó otro gran éxito del director, formando parte de esas películas de culto e inolvidables que tiene en su haber Lynch y que ya son clásicos en la historia del séptimo arte.

“Cabeza borradora” (“Eraserhead”, 1977).

Esta obra de David Lynch de 1977, innovadora y transgresora es un icono del cine surrealista, del thriller psicológico y contiene tintes de horror. Los papeles principales corrieron a cargo de: Jack Nance, Charlotte Stewart, Allen Joseph, Jeanne Bates, Judith Anna Roberts, etc La filmación se realizó en blanco y negro, hecho que le dio un gran empaque, contribuyendo a crear esa atmósfera tan especial. Lynch estuvo influido por sus lecturas de juventud como “La metamorfosis” de Frank Kafka o  “La nariz” de Nicolái Gógol, e incluso el guion se inspiró en su miedo a la paternidad, por lo ocurrido a su hija Jennifer al nacer que precisó de cirugía correctiva, y por los 5 años que vivió con su familia en una barrio conflictivo de Filadelfia. El argumento incide en las pesadillas que desde pequeño sufre Henry Spencer, su paternidad de un niño prematuro y no humano, que se instala en su casa junto a su madre Mary y demás acontecimientos. Quisiera resaltar algo que me resulta muy curioso y me encanta, que es lo de el tema del escenario iluminado tras el radiador que muestra la presencia de una mujer. En definitiva, esta cinta es una maravilla que debo reseñar por su calidad y originalidad.

El día 15 de enero del 2025 moría David Lynch víctima de un enfisema pulmonar a los 78 años. Recibió diversos premios a lo largo de su carrera como el Oscar honorífico y la Palma de Oro de Cannes por “Corazón salvaje” (1990). Otras películas imprescindibles de Lynch son: la ya citada “Corazón salvaje”, “Mulholland Drive” (2001), la serie “Twin Peaks” (1990), “Carretera perdida” (1997), “Dune” (1984), etc. Una gran pérdida para el mundo del cine y de la cultura en general la muerte de este genial cineasta.

Carlos Enríquez

Triste pérdida la de este gran director, dolorosa y reciente. Dicen que David Lynch es uno de esos cineastas que debes amar u odiar. A mí no me gusta ser tan drástico, creo que su filmografía abarca películas de muy diversa consideración. Algunas me gustan, otras me entusiasman, unas pocas me parecen pasables y en un último grupo podría incluir cintas que ni me agradan ni entiendo.

Es cierto que hay que conocer su obra, sobre todo porque ha transformado la perspectiva del medio audiovisual. Su visión es única: a ratos incomprensible, en otros momentos original, con destellos visuales de genio y con tramas que, probablemente, no comprenda ni él mismo. Eso sí, pienso que su cine es algo elitista y pretencioso, pensado para iniciados. Pero bueno, dejando de lado generalidades, he elegido tres obras que, por una razón u otra, me han marcado: “Twin Peaks” (1990), “Una historia verdadera” (1999) y “Dune” (1984).

"Twin Peaks" (“Twin Peaks”, 1990-2017).

Incluyo aquí todo el conjunto: la serie clásica, las películas, la nueva temporada… todo. “Twin Peaks” no es solo una serie policiaca; es un viaje hacia secretos oscuros, giros inesperados, paisajes fascinantes y momentos de inquietud. Una coctelera única e irrepetible de drama, humor negro, intriga y personajes que parecen salidos de una película de terror. En otras palabras: Lynch en estado puro. Siempre la recomiendo como una de las grandes series de todos los tiempos, aunque admito que a medida que avanza, en ciertos momentos, empezó a dejarme frío.

“Una historia verdadera” (The Straight Story, 1999). 

Esta película es una joyita. Lynch demuestra aquí que también sabe hacer cosas tranquilas y hermosas. La historia sigue a un anciano que viaja cientos de kilómetros en su cortacésped para reconciliarse con su hermano enfermo. Suena simple, pero es estupenda. La película está llena de humanidad, con personajes que muestran luces y sombras, y un fino sentido del humor. Hay elementos típicos de Lynch, como los paisajes rurales, pero esta vez no hay giros extraños ni surrealismo. La historia toca el corazón mediante su sencillez y profundidad. Es la prueba de que Lynch sabe reinventarse cuando quiere y que siempre está dispuesto a desafiarse a sí mismo.

“Dune” (“Dune”, 1984).

Antes de que Denis Villeneuve dirigiera su versión (que, debo admitir, me ha gustado más que la de Lynch, aunque algunos puedan discrepar), Lynch adaptó “Dune” en los años 80. Fue un proyecto caótico: los estudios se cabrearon, hubo recortes y el resultado final no fue el que él había planeado. A pesar de todo, la película contiene elementos memorables: los vastos desiertos de Arrakis, los imponentes gusanos de arena, los personajes, las naves espaciales, la especia y las intrigas de las casas nobles. La estética sigue siendo impresionante incluso décadas después. No es una película perfecta, pero la ambición y creatividad de Lynch son evidentes. La elijo aquí porque fue la primera cinta suya que vi de manera «consciente», y lo cierto es que me dejó alucinado. Aunque, como mencioné antes, la versión de Villeneuve me ha hipnotizado aún más. Eso sí, estamos en otra época, y los recursos actuales superan ampliamente los de los años 80 (lo digital marca la pauta, para qué nos vamos a engañar). Lynch, como siempre, hizo uso de toneladas de imaginación para plasmar su idea de la novela de Herbert. 

En definitiva, sus pelis son un desafío al espectador, el tipo nunca se repite. Un maestro capaz de hacerte sentir cosas inesperadas. Lo echaremos de menos, aunque nos quede su obra. Por cierto, ¿alguien está viendo “Outer Range”? La recomiendo… ¡es David Lynch por los cuatro costados! 

Joanna

“Cabeza borradora” (“Eraserhead”, 1977).

A más de uno y de una le estalló la cabeza cuando vio “Cabeza borradora”. Para bien o para mal: para amar a su director por una propuesta tan osada y personal o para odiarlo por pasarse por el forro todas las convenciones. Un film de arte y ensayo, como se les llamaba antes, carne de cineclub, cuando había cineclubs. La carta de presentación de David Lynch fue el arranque de una filmografía que, como una montaña rusa, no daría tregua al espectador sino era para atizarle con un giro más fuerte e inesperado.

“Mullholland Drive” (“Mullholland Drive”, 2001).

A comienzos del siglo XXI David Lynch estrenaba “Mullholland Drive”, una película en principio fiel a sus señas de identidad. Una nueva trama de misterio, cuyo bellísimo envoltorio y larga duración parecían llevar todo aún más lejos que nunca, si eso era posible. Donde muchos de sus rasgos aparecían retorcidos, escondidos, pero visibles para quien sabe leer entre las líneas de su director. La crítica se deshizo en elogios.

“Inland Empire” (“Inland Empire”, 2006).

Junto a la temporada de “Twin Peaks” de 2017, “Inland Empire” es uno de los trabajos de David Lynch más crípticos y personales. Parecen hechos los dos para sus fans más acérrimos o para la crítica más arriesgada e innovadora, pero tiendo a pensar que los hizo para sí mismo. Un mal sueño. Alicia en el país de las maravillas donde la Reina Roja puede estar acechando en cualquier parte. El Mago de Oz con la bruja mala del oeste dispuesta a todo. Una vez cruzas el espejo ya no hay vuelta atrás.

David Cortabarria

Y se nos fue un creador realmente único, con tan solo 78 años. Una víctima más de esa basura llamada tabaco, arma legal de destrucción masiva. La cabezonería de mi tocayo a la hora de no dejar de fumar precipitó su muerte. Sí, que cada uno haga lo que quiera, y hay que respetar y aceptar las decisiones… pero es que aquí se apaga una luz portentosa. Desaparece un creador de universos. Egoístamente pienso que a este hombre aún le quedaba mucho por decir, y muchísimo por aportar. Y me encantaba su cara, y su fabuloso peinado. Lo que habría dado por haberme tomado un café junto a él, conversando sobre cine, vida y universos paralelos…

Escoger solo tres de sus películas me parece, en esta ocasión, una tarea muy complicada dada la especial naturaleza de su filmografía. Me gusta en su integridad, tanto en su cine más personal, surrealista y extraño, como en sus propuestas más accesibles y siempre interesantes. Me tranquiliza que mis compañeros de líneas, seguro, vayan a cubrirla perfectamente. 

Con todo, mi trío de ases lynchianos:

"El hombre elefante" ("The Elephant Man", 1980).

Peliculón sin paliativos con un impecable Anthony Hopkins y un magnífico John Hurt al servicio de una historia tremenda, muy triste y humana como ella sola. Provista de una desolación dickensiana que precisa de un visionado muy atento y espaciado en el tiempo, porque es muy sensible y nada sensiblera, y bañada de un primoroso blanco y negro que la realza constantemente. La película en la que Lynch desplegó sus alas y demostró a cualquiera lo buen director que es. 

“Una historia verdadera” (“A Straight Story”, 1999).

Una película de carretera y manta, de ritmo pausado pero jamás lento, un viaje de 500 kilómetros que es un gozadón absoluto, con un Richard Farnsworth (Alvin Straight, cuyo apellido desarma por completo el estúpido título en castellano) absolutamente idóneo para soportar todo el peso de la sencilla y bella historia. Como en el caso de “El hombre elefante”, lo humano corta en transversal todo el entretenidísimo film, trufado de bellísimas escenas para enmarcar y no olvidar nunca. A diferencia del título anteriormente comentado, aquí el visionado frecuente, siempre emotivo y conmovedor, no deja un poso de tristeza. David Lynch despliega una sensibilidad fuera de serie, a la par que firma una obra que es una auténtica preciosidad. 

Twin Peaks, temporada 3, episodio 8 Gotta Light? (¿Tienes fuego?)

Sí, es un episodio de una serie mítica, pero siempre la percibo como una película. Una donde nos encontramos a un Lynch que entronca con su vertiente más surrealista y donde disfruta de una libertad creativa insólita en cualquier serie. He visto dos veces la serie de “Twin Peaks”, pero de este episodio los visionados llegan a seis, y sumando. Y no tengo ni idea, ni quiero saber, el porqué de mucho de lo que veo, porque me encanta que sea un misterio insondable, disfruto mucho siendo testigo de algo inexplicable que siempre me pone a prueba mis percepciones racionales. “Ésta es el agua y éste el pozo. Bébetela toda y desciende. El caballo es el blanco de los ojos y la oscuridad interior”. Ese abstruso mantra se repite a lo largo de buena parte del metraje, y se me incrusta en la mente mientras asisto a un delicioso desparrame que es una de las cotas más surrealistas y fantásticas de la obra de este director. Más tarde o más temprano leeré una de las muchas interpretaciones que hay sobre tan enigmático y tremendo episodio, pero de momento me funciona de perlas el poder adentrarme en él como si pudiera revivir un sueño. No quiero ver su urdimbre, solo sumergirme en ese páramo onírico y sentir una vez más su hermosa desolación. Y encima, a modo de hemistiquio, una actuación de Nine Inch Nails… todo un regalo de Lynch, a quien le debo el descubrimiento del grupo Chromatics, que apareció al final del episodio 1 con su temazo “Shadow”, y que me llevó a descubrir a su fundador Johnny Jewel, de quien guardo un recuerdo espectacular de un concierto que dio en mi ciudad natal, San Sebastián. 

Resumen perfecto de la obra lynchiana más surrealista, este episodio es uno de los momentos más extraños, sensacionales e irrenunciables que haya tenido el placer de visionar/experimentar. Tan rotundo como eso, sí.  

Coda final:

David Lynch en “Lucky” (John Carrol Lynch, 2017), en un fabuloso cameo, hablando sobre su tortuga. Descacharrante y emotiva maravilla. Y en “Los Fabelman” (“The Fabelmans”, Steven Spielberg, 2022), encarnando de manera impresionante al gran John Ford. Brevedad y genialidad.

Fernando Rodríguez Tapia

Nada difícil escoger tres películas de David Lynch. Su filmografía tiene suficientes obras para elegir dada su incuestionable calidad. 

El criterio en esta ocasión ha sido por el impacto personal que me causaron los títulos seleccionados en su momento dejando fuera obras maestras como “El hombre elefante” (1980), “Terciopelo azul2 (1986), “Una historia verdadera” (1999) e incluso “Mulholland Drive” (2001).

“Dune” (“Dune”, 1984). 

Una de mis películas favoritas de ciencia ficción por más que su propio autor cuestionara el resultado final. La primera parte me resulta espléndida teniendo en cuenta la dificultad de trasladar el libro de Frank Herbert a la pantalla. El conflicto político, el misterio, la presciencia y el mito están perfectamente mostrados por el cineasta con especial mención para los repulsivos Harkonnen y ese mundo decadente que representan. En la segunda parte de la película se aprecian más las intromisiones de los productores, pero el film resultante es una obra atípica, singular y alternativa a la ciencia ficción planteada por el cine norteamericano y en concreto a la popular saga emprendida por George Lucas. Una película fascinante cuyos mejores momentos son muy superior a lo elaborado por Villeneuve en su reciente y más asequible díptico. La especia fluye.

“Carretera perdida” (“Lost Highway”, 1997).

Un film hipnótico, toda una experiencia visual cuando la vi por primera vez en cine. Un viaje a la oscuridad filtrado por el cine negro, el terror, el surrealismo, el misterio y la ruptura del relato a modo de desdoblamiento casi onírico vertebrado por el personaje principal. Una obra de sugerentes lecturas con imágenes tenebrosas y atmosferas perturbadoras donde no falta un sentido oscuro del erotismo, el miedo como forma esencial y una representación del mal muy inquietante que se prolonga una vez acabada la película. Una obra clave en el devenir de la filmografía del director.

Twin Peaks, el regreso: Episodio 8 (2017): El universo cinematográfico de David Lynch perfectamente compactado en menos de una hora mostrando el origen maligno que asola tanto a Twin Peaks como a toda la nación que representa. Pocas veces se ha logrado en televisión una pieza de arte y ensayo en blanco y negro que conecte tan bien las sublimes pesadillas que desarrolló en los años cincuenta del pasado siglo "La Dimension Desconocida" de Rod Serling con el enigmático mundo personal ideado por el autor de “Cabeza borradora” (1977). Una pieza magistral.

Oscar "Woody" Correa

Onírico, perturbador, surrealista, fuera de la lógica tradicional,  visualmente impactante, atmósferas que marcan… efectivamente todo esto son algunas de las cosas que te surgen cuando piensas en este maestro del cine, al menos para mí, David Lynch. Revisando su filmografía, realmente no ha hecho tantas películas, y se han podido mezclar varios factores, por ejemplo que siempre ha valorado la libertad creativa y la integridad artística por encima de la productividad y no siempre la industria lo ha entendido o se ha arriesgado a ello.

Todo está hablando ya de David Lynch en estos días de duelo ante una grandísima pérdida en el mundo creativo, por lo que los comentarios y orden de favoritos me gustaría hacerlos justo por los conceptos que David Lynch siempre pregonaba sobre que sus películas no estaban hechas para ser “entendidas” en el sentido tradicional, sino para ser “sentidas”, en concreto “…la experiencia completa que vive y siente el espectador y lo que le hace sentir, un viaje emocional y sensorial más que algo que pueda explicarse de manera lógica… una combinación de sonido e imagen, que juntos pueden crear una experiencia más allá de las palabras… ”… sin entrar en disquisiciones más complejas, porque no es necesario para evocar su filmografía. Y con sus propias premisas mis tres favoritas son: 

"Mulholland Drive" ("Mullholland Drive", 2001).

Para mí su gran obra maestra y una de mis películas favoritas, Mulholland Drive es un thriller psicológico que mezcla el glamour y los sueños de Hollywood con sus pesadillas más oscuras. 3 veces que la he visto y 3 veces me ha hecho sentir cosas y sensaciones diferentes, y no solo eso, nuevos entendimientos, conceptos, ideas, y versiones diferentes de los finales!!! Y si la viera una cuarta… El papel casi de presentación de Naomi Watts también es clave (y la réplica que le realiza Laura Harring, también suma), el de una mujer con amnesia (o no), en una de las mejores actuaciones de su carrera. Es una obra en su globalidad profundamente enigmática que juega con los límites entre la realidad y la fantasía. "Mulholland Drive" es una de las películas más analizadas y debatidas de Lynch, entre muchos foros y opiniones considerada una obra maestra del siglo XXI (por sacar un dato y que no parezca que me lo invento y que me puede lo que me gusta, por ejemplo en 2022, fue elegida como la mejor película del siglo XXI por la prestigiosa encuesta de Sight & Sound).

"Twin Peaks" ("Twin Peaks", 1990-1991).

Revolucionó la televisión en su época al combinar géneros y estilos de una manera única, introduciendo una narrativa compleja, personajes multidimensionales y un estilo visual Lynch inconfundible. La audiencia de la TV de la época no estábamos preparados para esto y el impacto fue brutal. Esta apuesta de Lynch por demostrar que la televisión podía ser tan artística y ambiciosa como el cine, creó parte de lo que hoy tenemos… En lo personal, en su época, solo se hablaba de “¿Quién mató a Laura Palmer?”, esa pregunta atrapó a millones de personas y convirtió a la serie en un fenómeno mundial, sentando las bases para muchas de las series modernas… Yo precisamente estaba contando las horas para que se estrenará el siguiente capítulo y poder sentarme junto a la TV, y poder comentar al día siguiente todo sobre los personajes (desde el mítico agente Cooper, al inquietante Bob que daba mucho miedo, pasando por todos los excéntricos habitantes de Twin Peaks), la trama, las dudas, y las sorpresas que iba revelando semana a semana, esa incertidumbre generaba la comidilla de toda la semana, y las múltiples versiones que todos teníamos del final…  cuando terminaba cada capítulo me quedaba “flipado” y medio en trance por horas/días… En resumen, "Twin Peaks" no solo rompió las reglas de la televisión, sino que las reescribió, dejando un legado que sigue influyendo a cineastas y creadores, y sobre a los aficionados que tuvimos la fortuna de vivir ese momento, y hasta los que la pueden ver el día de hoy. 

"Carretera perdida" ("Lost Highway", 1997).

Cuando la vi en cine en su estreno (precisamente con otros integrantes de este blog) la sensación a la salida no era comparable al de otras películas que hubiera visto antes (salvo escasas excepciones)… Esta película es un rompecabezas surrealista que combina el neo-noir con una narrativa fragmentada y perturbadora, cuyo protagonista es un músico acusado de asesinato que, de forma inexplicable (o no), se transforma en otra persona mientras cumple condena. Otra cosa que me encanta es su atmósfera opresiva, acompañada por una inquietante banda sonora del clásico Angelo Badalamenti y otros artistas como David Bowie, Nine Inch Nails y Marilyn Manson, que refuerza su poder y su impacto hipnótico. También encumbrar a Patricia Arquette que aunque ya había hecho apariciones de culto con esto también entra en el legado de actrices de culto… "Carretera perdida" es la base de su trilogía.

Susanna Annasus

David Lynch es, y me entristece decir era, uno de mis directores favoritos, es fascinante y atrayente, en cuanto a personalidad y a su potente imagen. Es uno de los directores que transmiten una personalidad tan fuerte, y su gran sensibilidad. Era director, artista, actor, guionista. Era un creador total y con necesidad de expresar todo lo que había en su mente a través del cine, de la pintura, de la música, de la fotografía. Era un creador, no hay otra manera de definirlo.

La primera obra que vi de él y que me impactó fue siendo niña, fue “Dune” de 1984, está basada en el primer libro homónimo de la saga de “Dune”, de Frank Herbert. La curiosidad que esta película tuvo varios intentos, varios directores fueron elegidos para realizarla, pero acabó siendo David Lynch quien la realizó y acabó, aunque fueron muchos más metrajes como ocho horas, pero obligado tuvo que ir eliminando metraje para dejar la hora y pico que tiene la película. Es una película que me fascinó sobre todo las imágenes, la música, los actores, la historia. Es una película atemporal, creo que la veamos en la época que la veamos fascina. Me gusta muchísimo, los personajes y cómo los representan los actores.

“Blue velvet” es de 1986, (y como detalle curioso personal, pero que están en mi mente simplemente. Detalle: Porque la primera vez que recuerdo el cine fue cuando fui a ver “Alien”, y que mi madre me sacó rápida, cuando salió el bicho para que no me causara trauma, sin embargo aún recuerdo más estar sentada fuera y la sensación de rabia de querer ver la película y la cortina de terciopelo azul que había fuera. ) Me encantó muchísimo esta película, me impactaron muchos detalles, ese halo de misterio, la historia. Con el tiempo ver la sensualidad, el erotismo que hipnotiza en esta película. Utiliza casi los mismos actores que en Dune, me gustan mucho Dean Stockwell y Dennis Hopper. El título de la película fue tomado por una canción de Bobby Vinton. Cómo se desarrolla la película a través de una imagen impactante una oreja tirada en el suelo, cómo se va introduciendo en la historia, cada vez más terrorífica psicológicamente. Son personajes muy perturbadores, como en casi toda la filmografía de David Lynch.

“Twin Peaks”, del año 1990, que fue una serie que nos tuvo enganchados a casi todos. He visto la serie con los años y me resulta tan curiosa. No tiene el mismo impacto de cuando eres una adolescente, pero creo que es una de las mejores series que he visto. Esta creada por David Lynch junto a Mark Frost, consta de 48 episodios en total. Porque hubo dos temporadas con 30 capítulos, y una tercera temporada rodada 25 años después, en 2017, regresó David Lynch y Mark Frost con “Twins Peak: The return”.

Como curiosidad, que el primer, tercer y último episodio fue dirigido por Lynch. Todos los demás episodios fueron dirigidos por directores invitados. Los guiones fueron escritos por Lynch, Mark Frost, Robert Engels y Harley Peyton.

En 1992, Lynch realizó la película “Twin Peaks: Fire Walk with Me” de la cual se eliminó muchísimas escenas, bastante metraje.

Como me fascinaba lo que iba viendo de él, comencé a buscar y a interesarme por todo lo que hiciera. La música está creada por Angelo Badalamenti.

“Eraseheard” de 1977, es una película considerada de culto, de terror muy abstracta y perturbadora, está protagonizada por Jack Nance, creo que es de esos largometrajes que su mente necesitaba expulsar y expresar lo que sentía. Con imágenes perturbadoras, personajes de igual manera. Utiliza su arte surrealista, los pensamientos más oscuros y los miedos más internos: querer transmitir sus miedos más ocultos.

“Mulholand Drive” del año 2001, es un thriller psicológico, escrita y dirigida por David Lynch. Son historias que al principio no aparentan tener relación, pero luego con el tiempo se van entrelazando. Me encanta una de las actrices principales, Naomi Watts. Al principio era una idea para hacerla serie, o tenía pensamiento él de realizar luego una serie con la trama de esta película. Me gusta mucho como va desarrollando las historias, me recuerda a las historias de mujeres que representa Hitchcock. De mujeres hermosas, cautivadoras, superfemeninas, las dos opuestas entre ellas, rubia y morena. La música, el ritmo de la película podría parecer de Allen.

“Wild at Heart” de 1990, está basada en la novela homónima de Barry Gifford. Lo primero que me encanta el actor principal, Nicolas Cage, y Willem Dafoe. Esta película es música, sexo, violencia, deseos prohibidos. Relación amorosa tóxica a tope. La relación de dos forajidos viviendo a tope sus vidas y huyendo del mundo. Me gusta porque parece un videoclip largo de la relación de ellos dos.

“The Straight Story”, finalizo con esta película porque me trae paz. Es del año 1999, es una de las películas de David Lynch que me transmite paz. Es una película basada en una historia real del viaje que realizó en 1994 Alvin Straight. Está llena de unas imágenes muy bellas, acompañadas con una banda sonora muy hermosa realizada por Angelo Badalamenti. La película fue grabada por los lugares que fue pasando realmente Alvin Straight. Como anécdota triste, que el actor Richard Farnsworth, que hacía el papel de Alvin, durante el rodaje desarrolló una enfermedad terminal. La parálisis que muestra en la película es real. Y se suicidó al año siguiente.