martes, 16 de julio de 2024

Bobby Gonzáles Trío "Since You’ve Been Gone" EP 7” 33RPM (Sleazy Records, 2024).

 


Bueno, pues desde Les Danses Macabres me piden que comente el nuevo trabajo del asturiano Bobby Gonzáles, y por supuesto ahora que lo tengo entre mis manos, vamos a ello: el trío lo componen el propio Bobby, Pablo González, su hermano, también formado en grupos de rock, y su contrabajista de confianza, Pablo Souto, el cual lo acompaña desde sus anteriores bandas, Trashtornados y Colt Miners.

Pero veamos la puesta en escena del tipo: vuelve a grabar en vinilo, EP con 4 temas, aunque ojo, no va a 45rpm, este es distinto, y va a 33 rpm, simplemente porque se pasó en el minutaje de uno de los temas, y por no querer censurar la obra primigenia lo dejaron así. Así que aviso a los djs que vayan a pinchar su disco, hay que cambiar la velocidad de reproducción, o no sonará bien.  Ahora prestando atención a la portada del trabajo, nos encontramos a Bobby, junto a un vagón de tren color verde (esperanza) bastante oxidado y gastado por el tiempo, pero que sigue en su vía esperando la ocasión de salir una vez más a rodar, sin perder ni un milímetro sus raíles, convencido de que es ese y no otro su lugar en el mundo, un símil del rockero asturiano, que aunque las modas vienen y van, él no pierde un ápice su sonido.

Otro punto y aparte merece la contraportada: un claro homenaje a la escena final de "Centauros del desierto" (1956) donde Ethan (el personaje de John Wayne) se aleja de su hogar para vagar por el desierto solitario, en una eterna odisea buscando su destino. Sólo por la foto ya merece la pena para mí el disco, puesto que “Centauros del desierto” (“The Searchers”, en su título original) es mi película favorita de la historia del cine. Entonces ¿aquí podemos encontrar también el estado de ánimo de Bobby a la hora de hacer estas canciones? Claramente hay temas que hablan de desamor, de reencontrarse con la persona querida, sentimientos encontrados y encuentro con el diablo, todo esto está en el personaje de Ethan Edwards en el en el film. 

Visto el paralelismo con la obra maestra de John Ford, entremos ya en los temas y el sonido en sí. Bobby Gonzáles lleva casi cuarenta años tocando Rock’n’Roll por la península, con proyectos varios, pero siempre dando guerra con su Gretsch a mano cambiada, que dirían los ortodoxos. Desde los Coronados allá por los ochenta, más tarde Sun Cats, Jungle Fevers, Trashtornados y su último proyecto, Colt Miners, siempre en el candelero, aunque nunca llegando a grandes audiencias. Bobby tenía estas composiciones ahí desde su época de Coronados, pero no veía que fueran potables para Los Trashtornados con sección de viento, ni para unos Colt Miners demasiado clásicos, estos temas eran para sonar a ese neo-rockabilly trío que el maneja como nadie. Así que se los presentó a Vivi y Guille de Sleazy records y estos dijeron que sí. Contacta con Ely Agramunt para la producción, el gurú actual del sonido rockabilly en España, y hace un magnífico trabajo, pues él sí sabe lo que son unos amplificadores de válvulas y esas cosas viejunas que usan los rockabillies para sus grabaciones.

El disco además está grabado en un día y en directo, así suena tan fresco y vital, tal y como los pioneros del Rock’n’Roll hacían.

Ahora ponemos el disco a girar y nos encontramos con "Since You’ve Been Gone", quizás mi favorito de los cuatro temas, un rockabilly perfecto que habla de perder a la persona que amas, y las heridas que no se cierran, con un Bobby con la voz más madura que queda perfecta. Le sigue "Devil’s Son", una canción que juguetea con el psychobilly, o más bien power-rockabilly, como Bobby describe a este sonido que tan bien ejecuta, marca de la casa del zurdo de Mieres. Damos la vuelta a la rodaja, para encontrarnos con un corte cantado en español, "Hablemos claro", una ranchera inusual en su trayectoria, pero que borda en la ejecución, perfectamente podría haber sido un tema de Los Lobos; de hecho, me recuerda bastante al "Corrido n1" del segundo trabajo de los chicanos allá por 1984, salvando las distancias, porque aquí ni hay acordeón ni hay vientos, pero sí que tiene un aire tex-mex. Y cierra el disco para terminar un instrumental marca de la casa, aquí Bobby vuelve a su zona de confort, para regalarnos "Racing the Dark" un hot-rod para sonar a todo volumen mientras das gas en la carrera "Grand National Roadster Show" de Pomona, California.

Pues esto es lo nuevo que nos trae el zurdo de Mieres, puro sonido Bobby Gonzáles, para no abandonar su vía, la vía maldita del Rock’n’Roll.

Emilio Cortijo



martes, 9 de julio de 2024

Costureros miniatura de viaje "Vintage"


 Mini costurero  con dos compartimiento y dos tapas. Con todo lo necesario para llevarlo en el bolso, mochila o maleta. No ocupa sitio. Pintado, y con material de cartón y pegatinas estilo vintage, 

Lo creé con dos tapas de las que vienen en las toallitas húmedas. En el centro puse doble papel de cartón floral. Espero que le guste mi idea ;) pasen y vean.





Nuevo diseño







jueves, 4 de julio de 2024

Teenage Riot! Delincuentes juveniles en papel impreso.

 


It's easy to be good, it's hard to be bad

Stay out of trouble, and you be glad

Take this tip from me, and you will see

How happy you will be

Oh-oh, boys and girls, this is my story

And I add all of my glory

I know, because I'm not a juvenile delinquent

“I’m Not a Juvenile Delinquent” de Frankie Lymon & The Teenagers


La década de los cincuenta, años de fuerte represión conservadora en los Estados Unidos, trajo consigo diversas cazas de brujas. La más conocida (o deberíamos decir “infame”) fue la comandada por el senador Joseph Raymond McCarthy en su búsqueda y captura de todo lo que oliera a comunismo, una cruzada contra el “enemigo rojo” que afectó principalmente a la industria del cine. Muchos profesionales de Hollywood vieron sus carreras gravemente afectadas, cuando no prácticamente arruinadas, y no pocos emigraron a Europa para poder seguir trabajando. Por su parte, el psiquiatra Fredric Wertham, desde su ensayo La seducción de los inocentes (Seduction of the Innocent, 1954), tachó a los cómics de literatura menor y los culpó de corromper a la juventud, responsabilizándolos de la delincuencia juvenil. Ello supuso un gran golpe al mundo de la historieta, creándose el Comics Code Authority para regular qué se podía y qué no se podía mostrar en las viñetas, y dañando especialmente a la editorial EC comandada por William Gaines y a sus distintas colecciones dedicadas a los tebeos de terror. También en aquellos años, concretamente en 1952, y debido al aumento de la criminalidad entre los adolescentes, el Senado de los Estados Unidos formó un subcomité para encargarse de la delincuencia juvenil y se culpó una vez más a la cultura popular: comics, libros, revistas y películas fueron los principales objetivos a perseguir e investigar celosamente.

Estados Unidos, una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, vivió un periodo de crecimiento económico reflejado después en aquellos anuncios de electrodomésticos y demás signos del bienestar y la estabilidad social tan propios de la década de los cincuenta. Los adolescentes de aquella década fueron la primera generación que disfrutó tanto de tiempo libre como de (cierto) dinero para gastar. No tardaron en surgir en las distintas ramas del entretenimiento una amplia gama de productos orientados a estos nuevos jóvenes. Una generación que, no obstante, rompió moldes respecto a los gustos y horizontes de sus padres, con una forma novedosa de vestir y de peinarse que miraba hacia los recientes ídolos que llegaban del mundo del cine y de la música principalmente. La fusión de ritmos blancos y negros dio lugar al Rock ‘n’ Roll, un sonido que en un principio muchas emisoras se negaban a pinchar, pero que terminaría imponiéndose debido a la gran aceptación que tuvo. Surgen en aquellos años los primeros grupos de jóvenes con ciertas inquietudes y gustos similares que décadas después se llamarían subculturas. Muchos jovenzuelos, en contra del agrado paterno, empiezan a vestir vaqueros con vuelta, cazadoras de cuero y botas, y llevan el pelo largo y grasiento (peinado con pomade), lo que les proporcionará el apelativo de greasers. Mostrando además cierta querencia por las motos y los coches (empezando la customización de muchos autos antiguos, los denominados dragsters). La imagen idílica de la familia perfecta vendida desde los spots publicitarios y aquellas buenas costumbres de tiempos pretéritos (y que siempre se recuerdan mejor) parecía romperse con la irrupción de estos teenagers con ganas de diversión.

Ese incremento en la trasgresión de leyes y (buenas) costumbres entre la gente joven que alarmaba a la sociedad desde los titulares de los periódicos y que había movilizado hasta al Senado del país sería, empero, bien explotado por los mismos medios populares a los que responsabilizaban de la caída de los adolescentes en el mundo del crimen. Las primeras películas sobre delincuentes juveniles pueden rastrearse desde los años treinta, claros ejemplos son las distintas aventuras de los Dead End Kids [1] y algunos títulos de pura exploitation como Reefer Madness [dvd: El cigarro de la locura, 1936], de Louis J. Gadnier, que versaba sobre los peligros del consumo de marihuana entre la juventud. Aunque, ya lo hemos dicho en otras entradas en este mismo blog, fue a partir de los años cincuenta cuando el cine, especialmente el usamericano, se ocupó de la temática de los delincuentes juveniles. En ocasiones de manera tangencial, como esa pandilla de greasers chicanos que atormentan al personaje de Janet Leigh en Sed de mal (A Touch of Evil, 1958), de Orson Welles, pero en muchas otras ocupaba la trama central del film. Las majors dieron buena cuenta de ello, y de este modo Columbia estrenaría Salvaje (The Wild One, 1953), dirigida por Laslo Benedek, adaptando un relato de Frank Rooney, y que tuvo como protagonista a Marlon Brando, uno de los nuevos ídolos de la década; Metro Goldwyn Mayer presentó Semilla de maldad (Blackboard Jungle, 1955), realizada por Richard Brooks, y que contó en su banda sonora con el tema de Rock ‘n’ Roll “Rock Around the Clock” a cargo de Bill Haley & His Comets [2]; mientras que Warner Bros llevaba a los cines Rebelde sin causa (Rebel Without a Cause, 1955), con Nicholas Ray en la realización, trasladando a la pantalla el libro homónimo de Robert Lindner publicado en 1944. Pero serían las pequeñas productoras especializadas en títulos de serie B, como American International Pictures, Allied Artists Pictures o Imperial Pictures [3], las que más jugo sacaron a este tipo de producciones, facturando una catarata de títulos volcados los más de ellos en la vertiente explotativa, como sería el caso de, por ejemplo, Motorcycle Gang [tv/dvd: Pandilla de motoristas, 1957], de Edward L. Cahn, o High School Hellcats (1958), de Edward Berns, la primera una producción de Golden State  y la segunda de Indio Productions, ambas fueron distribuidas por los avispados de la AIP. Títulos destinados al público joven para su consumo en autocines, muchas veces con una historia y/o un final moralizante, pero, y ahí estaba lo importante, repletos de chicos con cazadoras de cuero y cabellos grasientos, chicas atrevidas y de apretadas curvas, unos y otras con ganas de pasarlo bien, alcohol, drogas, coches, motos, peleas, Rock ‘n’ Roll, etc... De igual manera, fue desde los márgenes de la literatura, desde los paperbacks o libros de bolsillo (que continuaron la labor de las anteriores revistas pulp), donde más se trató dicha temática en el mundo de la letra escrita. Los paperbacks vivieron su época de mayor esplendor (siguiendo a Lee Server) entre 1945 y 1955 [4]. Unos libros de tapa blanda y precio asequible para cualquier cartera que, debido a sus temas a tratar y puntos de vista, quedarían durante décadas arrinconados, cuando no olvidados, por los historiadores. Ya en el presente siglo, como tantas obras de la cultura popular, se verían reivindicados por coleccionistas que harían que el valor de mercado de sus viejos ejemplares llegara a alcanzar precios desorbitados.

Irving Shulman hizo muy buenas ventas con la novela The Amboy Dukes (1946), que sería llevada al cine por la Universal en City Across the River (1949) [5], cinta que contó con la dirección de Maxwell Shane y con un jovenzuelo Tony Curtis en su primer papel acreditado. Shulman se trasladaría a Hollywood, donde trabajó en tareas de guionista, colaborando en el libreto de uno de los títulos fundamentales de las películas de estos teenagers problemáticos, la ya nombrada Rebelde sin causa. Cuando Shulman fue apartado del proyecto, su novela Children of the Dark fue rápidamente impresa. De todos modos, en cuanto a su relación con la gran pantalla, el escritor no trataría más la cuestión que nos concierne en estas líneas.

Si hay un nombre esencial en la ficción escrita sobre delincuentes juveniles ese es el del neoyorkino Hal Ellson, quien escribió una ingente cantidad de novelas sobre la temática. Historias sórdidas, con un lenguaje directo carente de dobles lecturas y utilizando el argot propio de los adolescentes, sin finales felices, y ambientadas la mayoría de ellas en el neoyorkino Brooklyn. Él mismo había nacido en dicho distrito en 1910, y vivió la Gran Depresión, pasando penurias y hambre. Trabajando un poco de todo, observó de primera mano las mafias y la delincuencia de las calles y los muelles. Había publicado cientos de relatos en periódicos y revistas de pequeñas tiradas cuando en 1949, a la edad de 39 años, vio la luz su primera novela, Duke [6]. Narrada en primera persona, versaba sobre un chico negro que malvive trapicheando con drogas por Harlem (y ocasionalmente por Brooklyn). La seguiría al año siguiente Tomboy, esta vez la protagonista era una muchacha y de orígenes irlandeses que anda metida en una pandilla juvenil [7]. La novela resultó novedosa por el punto de vista tomado, e inspiraría a Marcel Carné su película Terrain vague [tv: El solar, 1960]. Ellson fue el responsable de retratar las pandillas criminales de chicas que en aquellos tiempos empezaban a expandirse [8]. Como en el mundo del celuloide, la década de los cincuenta fue la mar de fecunda en cuanto a la ficción literaria de delincuentes juveniles, y Ellson fue el más prolífico en el tema de los escritores que lo trataron. Algunas de las novelas del autor pudieron leerse en español, caso de Jailbait Street, publicada originalmente en enero de 1963 por Monarch Books y que pudimos leer como Callejón sin salida dentro de la Colección Jaguar de la mexicana Editorial Diana.



Dos ediciones de Tomboy

Un importante punto de inflexión lo supondría para los libros de bajo coste la instauración en 1952 de una nueva compañía. Ian Ballantine, un británico que era ya perro viejo en estas lides y que en las Islas había arrasado en su puesto para Penguin Books, fue llamado desde Estados Unidos por Bantam Books. En el seno de esta casa no logró mucho éxito al tratar de introducir sus ideas, pero las continuaría desde su propia empresa, Ballantine Books, Inc. La segunda referencia de Ballantine sería The Golden Spike de Ellson. Ballantine estaba en las filas de Bantam cuando se publicó Tomboy y comprobó su enorme éxito. The Golden Spike trataba de manera muy gráfica el tema de la drogadicción adolescente, y la novela supuso el principio de la relación entre Ellson y Ballantine, la seguirían Summer Street, Rock, y Tell Them Nothing.

A mediados de la década docenas de nuevos ejemplares veían la luz cada mes [9]. Las palabras delinquent y teenage se repetían contantemente en los títulos como claros ganchos comerciales. Ellson, evidentemente, no estaba solo. Un largo reguero de escritores se animaron a retratar (o fantasear sobre) la delincuencia juvenil, algunos de los cuales se harían tarde o temprano un nombre en el mundo de las letras, caso de Benjamin Appel, autor de la aplaudida The Funhouse en 1959, y quien en el campo de la ficción que nos interesa nos ofreció en 1952 Alley Kids (publicada en México por Diana como Delincuentes juveniles en 1966), o  Harlan Ellison, uno de los grandes nombres del terror y la ciencia ficción de los sesenta, que en 1958 publicaba (con portada original de Rudy De Reyna) para Pyramid Books Rumble (posteriormente sería revisada y editada como Web of the City). Fueron muchos más los nombres que escribieron sobre chicos y chicas con cazadoras de cuero y conducta delictiva, caso de David William con Basement Gang (que editaron en 1953 tanto Intimate Novel como Complete Novel Magazine), David Hulburd que en 1954 nos ofrecía H is for Heroin (publicado por Popular Library con portada a cargo de Rafael DeSoto), Alan Bennett en 1959 con Savage Delinquent (en cuya edición a cargo de Bedside Books lucía en la portada la conocida pin up Bettie Page), William P. McGivern en 1961 con Savage Streets (fuertemente influenciado por Harlan Ellison y Hal Ellson)... y tantos más...

Rumble de Harlan Ellison

Conforme avanzaban los sesenta, los pandilleros con el pelo grasiento y con cazadora de cuero propios de la década anterior se verían desplazados por los surfistas, los bikers a lo Hell Angels, y los hippies, estos últimos hijos naturales de la contracultura que reinaba entre los jóvenes. El Rock’n’Roll más primitivo dejó paso al pop que desembarcaba procedente del Reino Unido, además de a nuevos sonidos patrios que se iban poco a poco imponiendo, como el soul, el surf, la psicodelia y otros. En los controvertidos setenta, George Lucas dio el pistoletazo de salida con American Graffiti (American Graffiti, 1974) a lo que se denominaron “películas de nostalgia”, una mirada a tiempos más sencillos (y felices) a comienzos de los sesenta, poco antes de la “invasión británica” y en cuyo tramo final acontecía el asesinato del presidente John F. Kennedy, el momento en que América despertó. A la cinta de Lucas la siguieron Días felices (The Lords of Flatbush, 1974), de Martin Davidson, Coolie High [tv: Instituto Coolie, 1975], de Michael Schultz, o Las pandillas del Bronx (The Wanderers, 1978), de Philip Kaufman. Pero, paradójicamente, fueron los británicos quienes en los setenta reclamaron una vuelta del viejo Rock’n’Roll hecho dos décadas antes, junto a la imagen y simbología del rebelde made in USA de aquellos tiempos por parte de una nueva generación de teddy boys. Una primera reivindicación en Estados Unidos por la década de los cincuenta se dio ya en los ochenta, con Ronald Reagan en la Casa Blanca. El reaccionario gobierno del presidente Reagan miró hacia los cincuenta como el espejo perfecto de una época tranquila y conservadora, al contrario de los bulliciosos y cada vez más violentos sesenta y setenta. Muchas películas (y algunas de gran éxito y calado popular) se volvieron a ambientar en aquella década dorada. Desde el mainstream, las majors apuntaban a reverdecer laureles de grandes nombres de la música de los cincuenta como Patsy Cline, Ritchie Valens o Jerry Lee Lewis.

Pero respecto a las novelas (así como en relación a las películas) sobre delincuentes juveniles de las que hemos estado hablando en estas líneas, tendríamos que dirigirnos hacia el underground, al mundo de los fanzines y las publicaciones independientes hechas por fans, y hacer mención especial a Miriam Linna (baterista de The Cramps a mediados de los setenta, antes de que se sentara a los parches Nick Knox), quien empezó a publicar por 1984 el fanzine Bad Seed, dedicado a la temática que aquí nos concierne [10]. La idea surgió a partir de un artículo sobre los paperbacks de los años cincuenta titulado “1,000,0000 Delinquents”, escrito por la propia Miriam para el número tres del fanzine Kicks [11], tras el cual decidió editar una publicación volcada en el tema y que tratara no sólo de los libros de bolsillo, sino también sobre películas, revistas y canciones. Posteriormente y bajo el mismo nombre de Bad Seed publicó una serie de colecciones de treinta postales recuperando aquellas fabulosas portadas de los paperbacks y los posters de los films. También imprimiría otro fanzine, The Smut Peddler, dedicado a los libros de bolsillo, pero en esta ocasión enfocado a los paperbacks para adultos de los sesenta. Y no quedaría ahí la cosa, en publicaciones de terceros, caso de la revista Tease! (centrada en el mundo del burlesque), continuó escribiendo sobre juvenile delinquents [12].


La portada de Hell to Pay reproducida en en el fanzine Bad Seed

En los noventa fueron muchas, muchísimas, las portadas de discos, sobre todo de Rock’n’Roll y rockabilly, las que aprovecharon para ilustrar sus carátulas con aquellas maravillosas cubiertas de los libros de bolsillo de Ellson y compañía y de las cintas de serie B de la AIP y demás, apropiándose de paso en no pocas ocasiones asimismo de sus títulos. Más juvenile delinquents en los noventa, John Waters, en su primer trabajo para una major, la Universal, volvió la vista a las viejas producciones de los cincuenta para su musical satírico Cry Baby (El Lágrima) (Cry Baby, 1990), al mismo tiempo que se inspiraba en fotografías de revistas de pin ups y beefcakes de la época para componer algunos planos. El realizador de Baltimore, por supuesto, se ponía del lado de los chicos malos, la pandilla de los Drapes, liderada por Wade Walker, apodado “El Lágrima” (un apropiado Johnny Depp). Y en 1994 el canal Showtime produjo bajo el nombre de Rebel Highway una serie de diez telefilmes basados (al menos en sus títulos originales) en películas de delincuentes juveniles de los dorados cincuenta, contando con directores curtidos en la serie B y la exploitation como Jonathan Kaplan, Ralph Bakshi, Mary Lambert, Allan Arkush, John McNaughton, John Milius [13], Uli Edel, o un Robert Rodriguez en uno de sus primeros trabajos y quien nos dejó el mejor trabajo del lote, Roadracers [tv: El indomable], con David Arquette y Salma Hayek en los roles principales y con la música de Link Wray y Hasil Adkins.

Ya en el corriente siglo, aparte de la revalorización (en todos los sentidos) de los paperbacks originales (como citábamos más arriba), han sido de nuevo sus geniales portadas las que (junto a otras de diversos géneros) se han reunido en distintos volúmenes que tratan el arte de los libros de bolsillo. Ilustraciones que son por sí mismas pequeñas y geniales obras pictóricas que lucen hoy incluso mejor que en su día, dado por otra parte lo desangelado de las cubiertas de las publicaciones actuales. Al igual que aquellos posters maravillosos y explotativos (también mentirosos en ocasiones, o al menos prometían más de lo que daban en realidad) de las películas de delincuentes juveniles de los años cincuenta, que mantienen su atractivo frente a los formularios, tristes y aburridos carteles de los estrenos de hoy día.

Alfonso & Miguel Romero

[1] Los Dead End Kids fueron un grupo de jóvenes actores de la ciudad de Nueva York que aparecieron en la obra de Broadway Dead End de Sidney Kingsley en 1935. En 1937, el productor Samuel Goldwyn se los llevó a Hollywood y convirtió la obra en una película.

[2] En el estreno en el Reino Unido de Semilla de maldad, al sonar el “Rock Around The Clock” los jóvenes teddy boys (subcultura propiamente británica) apreciaron el Rock’n’Roll como el sonido que andaban buscando.

[3] E incluso más pequeñas, caso de Dél Productions, que llevó a cabo The Violent Years (1956), dirigida por William Morgan a partir de un guion de Ed Wood.

[4] Como bien indica Jesús Palacios en su artículo “Caspa Fiction” para el fanzine 2000 Maníacos en su número veintiuno (noviembre de 1999).

[5] Anunciada en prensa para su estreno en España como Dime con quién andas, al final no se pasaría por salas en nuestro país. Se vio posteriormente en Filmoteca con el título original en inglés.

[6] Publicada originalmente con pasta dura por Scribner’s, en 1950 una edición más barata de pasta blanda saldría de la mano de Popular Library, y en 1951 la relanzó Banton Paperback.

[7] En una de sus múltiples ediciones contó en la cubierta con el arte de James Bama, con su habitual composición de figura apoyada en una pared y con las piernas cruzadas.

[8] En el cine, las pandillas femeninas se verían en películas como Teenage Doll (1957), producida y dirigida por Roger Corman. Una producción de Woolner Brothers Pictures Inc. distribuida por Allied Artists Pictures.

[9] Como también ocurrió en el mundo del cine, algunos libros volvían a ser reeditados con diferente título como técnica comercial un tanto fraudulenta.

[10] El primer número del fanzine Bad Seed reproducía en su portada la cubierta del bolsilibro Hell to Pay, escrito por William R. Cox para Signet Book, y cuya primera edición data de enero de 1960. En la portada, obra de Robert Schulz, tenemos en primer plano un greaser sosteniendo amenazante una navaja, un tipo que luce muy parecido al cantante Vince Taylor.

[11] Miriam Linna estuvo muy involucrada en lo referente a la cultura popular, y formó parte importante de las escenas garage, punk y rockabilly. Junto a su compañero, Billy Miller, editaría el fanzine Kicks, dedicado al Rock’n’Roll, los dos primeros números salieron en 1978 y tras un parón lo retomarían con el número tres en 1984.  También montaron el sello Norton Records, desde el que recuperaron no pocas joyas olvidadas de los cincuenta y sesenta. Además de militar ambos al frente de dos bandas tan interesantes como The Zantees, que estuvo en activo entre 1979 y 1983 aproximadamente y que nos legó un par de LPs y un puñado de 7”, y después con los A-Bones, que igualmente dejaron grabados un buen puñado de discos de lo más recomendables, y estuvieron funcionando desde 1984 hasta el óbito de Billy en 2016.

[12] Su artículo “She Wolves in Blue Jeans”, sobre los bolsilibros de teenagers problemáticos de los cincuenta, salió impreso en el número cinco (1995) de la citada revista.

[13] Milius se ocuparía de rehacer el Motorcycle Gang de Edward L. Cahn. Este remake se vería por televisión en nuestro país con el título de Los motoristas del miedo.


lunes, 1 de julio de 2024

Mad Martín Trío "Black and White" EP 7" 45RPM (Meseta Records, 2023).

 

Aquí los queridos amigos de Les Danses Macabres me piden opinión sobre lo último que ha llegado a mis manos en forma de rodaja rockanrollera, y en este caso comentaré el nuevo trabajo de Mad Martin Trío, "Black and White", grabado para el sello vallisoletano Meseta Records, el cual hace un estupendo trabajo por sacar y dar luz a la auténtica música independiente de éste país; y que tiene en cartera los trabajos de gente tan estupenda como los Correcaminos, o Cecilia y the Candy Kings. Así que Meseta Records se une a otros sellos, como los catalanes "El Toro" o los malagueños "Sleazy", esforzándose por sacar a la luz y en formato físico a la escena rockera de nuestra patria, haciendo que estén disponibles para un público minoritario, pero ansioso de Rock'n'Roll.

Mad Martin Trío es el nombre de la banda que lidera Martín Sturao, rocker de Santiago de Compostela, apostol absoluto de Brian setzer y de todos sus mandamientos en esto de afrontar el Rock'n'Roll. Haciendo retrospectiva, los gallegos debutaron en 2014 con un EP de título, "If Was a Very Good Year", y como tienen un moderado éxito , al año siguiente se meten en estudio y publican un mini CD, "Seven Lucky Shots", con lo que se van granjeando un público fiel en su tierra, amén de salir por toda Europa a mostrar su calidad interpretativa en directo. Es 2018 cuando dan a luz su disco más conocido y que ha llegado a más rincones, el CD de ocho temas "Tornado", título del disco y del clásico de Dale Hawkins que el trío compostelano hace suyo de manera brillante. Es este disco donde entran en contacto con Meseta Records, con tan buena conexión que ahora, cinco años después, vuelven a editar y distribuir este su nuevo trabajo.

Entran en los estudios Bungalow, en Santiago, para grabar cuatro nuevos temas, todos en inglés, y está vez en vinilo, algo inevitable hoy en día para cualquier banda que se precie de la escena rocker. Los cuatro pepinazos de Martín y sus chicos son totalmente nuevos, y todos escritos por él mismo, producido por Martín Sturao y Mike mariconda, productor que anda muy metido en la escena, conocido por dar un sonido más pop a sus trabajos, aunque aquí, siendo sinceros, no se nota nada. Empieza a girar el vinilo y nos encontramos con el "Black and White" que da nombre al disco, un Rock'n'Roll/western que podría sonar perfectamente en la trilogía del dólar de Sergio Leone, la poderosa armónica y el contrabajo marcan el ritmo para que galopen los caballos. Le sigue "Roads for Broken Hearted Times" , un neorockabilly donde la banda cambia de dirección para regalarnos el ejemplo perfecto de cómo debería sonar el rockabilly en 2024: fresco, veloz, pero sin traicionar las raíces clásicas del estilo, puede recordar perfectamente al "Mistery Train" de Elvis, pero sin duda, suena a Mad Martin Trío. Damos la vuelta al vinilo para encontrarnos con "To Las Vegas", homenajeando al gran festival de rockabilly que se celebra allí año tras año, un corte que baja un tanto las revoluciones y que hará la delicias de las parejas para bailarlo. Cierran este trabajo con "Tell Me" un espídico rockabilly con aires psycho, donde la banda perfectamente encajaría en un festival dando un directo que elevaría crestas y tupés fálicos.

Así que recomendadísimo el nuevo trabajo de Mad Martin Trío, unos tipos que en directo son buenísimos, y que te dejarán exhausto después de presenciar su "high-energy rockabilly" (como Martín bautiza su sonido), y que con estos cuatro cortes en casita, te quedas con ganas de más, mucho mas... MMT!!

Emilio Cortijo

sábado, 29 de junio de 2024

Mis tres favoritas de... Winona Ryder


 Jose Manuel Sarabia

“Bitelchús” (“Beetlejuice”, 1988), de Tim Burton.

No fue la primera película de ninguno de los dos, pero estoy más que convencido de que fue la cinta que los dio a conocer a más de uno, incluido un servidor. El “Bitelchús” de Tim Burton es importante por muchas cosas. A priori se me ocurriría decir que fue la peli que mostró por vez primera toda la iconografía y look del maravilloso (en aquel entonces) mundo de su autor, la participación de Michael Keaton como Bitelchús, ese bioexorcista (signifique lo que quiera significar eso) que llegó a ver “El exorcista” 167 veces, es apabullante y, entre muchísimas otras cosas: la música de Elfman, los efectos prácticos, el número musical del, puso en el candelero a Winona Ryder.  Lydia era, sin duda, esa amiga “rara” que todos quisimos tener.

“Reality Bites (Bocados de realidad)” (“Reality Bites”, 1994), de Ben Stiller, 1994.

Para todos aquellos que formamos parte de la denominada como Generación X, en la década 90 dos películas acabaron por dividirnos (seguramente hubo otras muchas, pero estas dos eran muy definitorias). En aquellos días había una clara diferencia entre aquellos que preferían la cinta de Cameron Crowe, “Solteros” (“Singles”, 1992), mucho más introspectiva y con el foco puesto en la escena musical de Seattle (cuna del grunge) y los que éramos fans de la primera película como director de Ben Stiller porque allí aparecía Winona. “Reality Bites (Bocados de realidad)” no dejaba de ser una comedia romántica al uso con un telón de fondo que pretendía ser el himno de una generación. Nada más lejos, pero la protagonizaba Winona Ryder y su personaje, Lelaina, era la novia que todos hubiéramos querido que nos quisiera. Era lista, guapa, no paraba de hablar, fumaba como un carretero (sé que es un hábito nada sano, pero siempre lo he encontrado muy sexy) y era, en definitiva, … No sé, me faltan los calificativos positivos para definirla en esta cinta tan, tan ligera.

“Donde reside el amor” (“How to Make an American Quilt”, 1995), de Jocelyn Moorhouse.

Mi enamoramiento de juventud por Winona Ryder me ha llevado en muchas ocasiones a tragarme auténticos bodrios protagonizados por la actriz. Caso flagrante es el de “Donde reside el amor”, una de esas películas hechas para su lucimiento en el que nuestra actriz protagonista interpreta lo que mejor se le ha dado a lo largo de su carrera, es decir, ese personaje más inteligente de lo normal que anda un poco perdido por la vida y que no sabe qué hacer con ella. “Donde reside el amor” es la historia de varias historias de amor protagonizadas por distintas mujeres que las acaban por estampar en una colcha familiar. Una colcha que ella heredará y que un día también tendrá que decorar con su historia de amor vital para ceder el testigo a su futurible descendencia femenina. Esta producción auspiciada por Steven Spielberg es de una ñoñería espectacular, está mal escrita y su trama es ideal para esos telefilmes de sábado tarde en la tele convencional. Sin embargo, es una de las cintas donde Winona está más encantadora. Solamente por verla vale la pena el suplicio.

Malina Murnau

"Alien: Resurrección" ("Alien Resurrection", 1997), de Jean-Pierre Jeunet.

Me encanta esta película. Un buen elenco de actores: por supuesto la gran Sigourney Weaver, Dominique Pinon, Ron Perlman, Michael Wincott y obviamente Winona que lo hace genial. Desde el comienzo hasta el final toda una gozada. La vi en su estreno hace ya bastantes años y lo pasé realmente bien. Para algunos no es tan buena, incluso la tienen como "mala", pero para gustos los colores.

"El Crisol" (" The Crucible" 1996), de Nicholas Hytner.

Otra imprescindible de la Ryder, que aquí te entran ganas de asesinarla. Lo hace de maravilla en el papel de hija de puta (risas). Y con un Daniel Day-Lewis estupendo.  Una película muy olvidada.

"Sirenas" ("Mermaids", 1990), de Richard Benjamin.

Al menos para mí otra joya de la filmografía de Winona Ryder. Con una Cher siempre estupenda y una pequeña Christina Ricci, quien interpreta a la hermana menor de Ryder que lo hace súper bien. Y aquí nuestra Winona, como es habitual, lo borda.

Dejo atrás muy buenas películas. Decir que Winona Ryder siempre me ha encantado. Desde el primer día que la vi en "Bitelchús” (1988). Tiene muchas que no me gustan, pero otras que sí. Supongo que como todos los actores. Dejo unas cuantas que me encantan, como "Eduardo Manostijeras (1990), "Mujercitas” (1994), “Drácula de Bram Stocker” (1992), y así muchas más...

Alfonso Romero

"Escuela de jóvenes asesinos" (“Heathers”, 1988), de Michael Lehmann.

Michael Lehman debería de haber tenido un lugar privilegiado en el mundo del audiovisual, por encima de adorados falsos dioses, esos becerros dorados a los que algunos aún reverencian aunque haga años que se vio que el oro que antaño relucía y cegaba era un engaño. Lehmann, realizador de verdaderas cintas de culto (aquellas previas a la era Internet) como “El gran Halcón” (1991), “Cabezas huecas” (1994) o esta “Escuela de jóvenes asesinos” pronto pasó a realizar productos intrascendentes y, como tantos otros de su generación, terminó reciclándose en la pequeña pantalla (que cada vez es menos pequeña). Eso sí, dejando su buen hacer en algunas series tan populares como recomendables del tipo de “Dexter”, “True Blood”, “Californication”, “American Horror Story”, “Scream Queens” o “Heels”.

Winona Ryder y Christian Slater en “Escuela de jóvenes asesinos” se convirtieron en una especie de Bonnie & Clyde adolescentes para la generación juvenil de finales de los ochenta. Una cinta teenager que no trataba como idiotas al público al que iba dirigida y que se alzó, en tiempos en los que no había redes sociales, en un film imprescindible para cientos de chavales.

“Mr Deeds” (“Mr. Deeds”, 2002), de Steven Brills.

Dramedia (como se dice hoy) descaradamente “capriana” (por Frank Capra, evidentemente) al servicio de un Adam Sandler en su salsa. Una parábola contra el capitalismo agresivo industrial con dos escenarios bien diferenciados: la gran ciudad (donde reina el vicio y repleta de corporaciones corruptas a las que sólo importas por tu dinero y poder) y las pequeñas poblaciones (donde todos se conocen y la vida es tranquila y feliz).

Winona brilla aquí como en sus mejores tiempos, con un papel que le viene como anillo al dedo, el de chica buena pero echada para adelante (con bastante morro, eso sí) que termina enamorando al protagonista (Sandler, claro está) y de paso a la audiencia.

“Gran bola de fuego” (“Great Balls of Fire!”, 1989), de Jim McBride.

A finales de los ochenta llegaría a las carteleras este biopic del Killer, Mr. Jerry Lee Lewis, interpretado en la pantalla por un entregado Dennis Quaid. La Ryder encarnó aquí a Myra, la segunda esposa del famoso pianista de Luisiana. Ella era una adolescente, y además hija de un primo de aquél. Cosas nada extrañas por el sur de los Estados Unidos, aunque la vieja Europa no lo vio con buenos ojos... y menos aún cuando se acusó al Killer de bígamo pues no estaba formalmente divorciado de su primera mujer, con la que por cierto se casó a punta de escopeta (shotgun wedding). El profundo sur...

Y como bonus track su participación en el videoclip “Debbie Gibson is Pregnant with My Two-Headed Love Child” de Mojo Nixon, con dirección de Scott Kalvert.


Miguel Romero

Musa del primer (y más interesante) Tim Burton, gracias a lo cual se convirtió en una de las actrices de moda en los primeros noventa, llegando a trabajar con grandes directores como Martin Scorsese o Francis Ford Coppola.

Hoy día su papel en “Stranger Things” ha hecho de ella un rostro más que habitual no sólo para nostálgicos de los años ochenta, también para las nuevas generaciones.

De su carrera resaltaría (entre otras):

“Los confidentes” (“The Informers”, 2008), de Gregor Jordan.

Adaptación de una novela del siempre polémico Bret Easton Ellis. La película en la que volvieron a coincidir Mickey Rourke y Kim Basinger veintidós años después de “9 semanas y ½”. También en el reparto (además de Winona): Billy Bob Thorton, un acabado Brad Renfro y la hoy innombrable Amber Heard.

“Alien: Resurrección” (“Alien Resurrection”, 1997), de Jean-Pierre Jeunet.

La Ryder es aquí el ciborg que acompaña a Ripley (Sigourney Weaber) en la que fue la aventura hollywoodiense de Jeunet (ya sin Marc Caro), para la que el gabacho contó con sus dos colegas Dominique Pinon y Ron Perlman, junto a otros grandes secundarios como Brad Dourif con un papel a su medida.

“Cisne negro” (“Black Swan”, 2010), de Darren Aronofsky.

Winona también se hizo con uno de los personajes principales de “Cisne negro”, uno de los mejores trabajos de Aronofsky y también de los que mejor han funcionado en la taquilla.


Eduardo Álvarez Cónsul

"Escuela de jóvenes asesinos" (“Heathers”, 1988), de Michael Lehmann.

En esta película de finales de los años 80 Wynona Ryder y Christian Slater son una pareja de estudiantes.

"Eduardo Manostijeras " (“Edward Scissordhads, 1990), de Tim Burton.

Winona Ryder aquí hace de Kim Bohhs, la amiga del "monstruo" Eduardo Manostijeras, interpretado por Johnny Depp.

"Drácula de Bram Stoker" (“Bram Stoker’s Dracula”, 1992), de Francis Ford Coppola.

En esta conocida adaptación del clásico de Bram Stoker, Winona Ryder hace de Mina y de Elizabeth, la esposa de Drácula.

Alfonso Carlos López

“La casa de los espíritus” (“The House of the Spirits”, 1993), de Bille August.

Una película excepcional y adaptación de la novela homónima de la chilena Isabel Allende por el director Bille August, con un reparto de lujo: Winona Ryder, Jeremy Irons, Meryl Streep, Glenn Close, Antonio Banderas, etc. Tiene todos los condimentos para gustar: sucesos sobrenaturales, el trasfondo político y la reivindicación de los derechos labores, un golpe de estado con toda su crueldad y represión por parte de los militares en connivencia con los conservadores cuando gana las elecciones la izquierda, un hijo ilegítimo del señor de “Las Tres Marías”, finca de Esteban Trueba. Es una de esas películas que te llegan muy adentro y las interpretaciones son soberbias.

"Drácula de Bram Stoker" (“Bram Stoker’s Dracula”, 1992), de Francis Ford Coppola.

Increíble revisión del clásico de Bram Stoker por Francis Pord Coppola, con Gary Oldman, Winona Ryder, Keanu Reeves y Antony Hopkins. Winona espectacular, como el resto de actores. Gary Olman recrea incluso la psicodelia visual, en mi opinión, fijaros en esas gafas de sol y ciertas imágenes que le rodean… Unos detalles que me gustan mucho son el papel de las novias de Drácula, las escenas con los revólveres y el Winchester, etc. Es una revisitación maravillosa que incorpora elementos muy interesantes, está hecha con mucho gusto y una ambientación magnífica.

“Bitelchús” (“Beetlejuice”, 1988), de Tim Burton.

Obra genial dirigida por Tim Burtom a partir de un guion de Michael McDowell en la que se combina comedia y terror. Muy divertida, con buenas dosis de humor y protagonizada por Alec Baldwin, Geena Davis, Jeffrey Jones, Catherine O'Hara, Winona Ryder y Michael Keaton.  El argumento es bien conocido, por lo que no voy a incidir en él, pero sí quiero resaltar lo colorista del filme, esa gracia irreverente del personaje de Bitelchús, situaciones surrealistas como el famoso baile de la mesa a ritmo de Harry Belafonte con su “Day-O (Banana Song Boat)”, el detalle de que el papel de Lydia (Winona Ryder) sea una adolescente gótica con interés por la fotografía, el “Manual Para Difuntos”, los gusanos de arena, etc.

Joanna

“Inocencia interrumpida” (“Girl, Interrupted, 1999), de James Mangold.

Del indie-cinema de los noventa a entrar por la puerta grande de la industria hollywoodiense triunfando en la ceremonia de la industria. James Mangold se consagraba con “Inocencia interrumpida”, y Angelina Jolie se llevaba a casita el Oscar a la mejor actriz de reparto, además de los mejores halagos de la prensa especializada. Fueron ellos los ganadores con esta película, basada en el relato autobiográfico de Susanna Kaysen, cuando la verdadera protagonista, y quien cargaba con todo el peso de la historia sobre sus estrechos hombros, era Winona en uno de sus mejores papeles de la década. Y como el personaje que interpretaba, la actriz lo pasó realmente mal.

“Noche en la Tierra” (“Night on Earth”, 1991), de Jim Jarmusch.

Película antológica, con cinco episodios ambientados en diferentes lugares de Estados Unidos y Europa, sobre diferentes taxistas. Winona, en el segmento que se desarrolla en Los Ángeles, es la taxista que lleva a Gena Rowlands a su destino. Para algunos es un Jarmusch menor, en comparación con otros trabajos más reputados, pero es un film delicioso lleno de personajes entrañables y donde el director vuelve a sacar a relucir al mejor Roberto Benigni.

“Cisne negro” (“Black Swan”, 2010), de Darren Aronofsky.

Una recuperada Winona interpreta un papel, si bien secundario, imprescindible en esta particular pesadilla perpetrada por Aronofsky claramente inspirada en el anime “Perfect Blue” (Satoshi Kon, 1997), y que recuerda también a cintas tan dispares como “Repulsión” (Roman Polanski, 1965) o “Showgirls” (Paul Verhoeven, 1995). El personaje de Winona Ryder sería ese futuro en cuyo espejo la protagonista, la bailarina que interpreta Natalie Portman, tema asomarse.

Oscar Villalta

“Gran bola de fuego” (“Great Balls of Fire!”, 1989), de Jim McBride.

Una colorida biografía del controvertido rockero Jerry Lee lewis, al que Dennis Quaid materializó perfectamente, en una actuación puntillosa hasta el extremo, que sin embargo, acabó siendo tachada de excesiva. El cantante y enloquecido pianista, tuvo una vida llena de episodios turbulentos, siendo uno de los más notorios su matrimonio con su prima de 15 años, Myra Gale Brown, a quien da vida en el film Winona Ryder, aportando la frescura, inocencia y abrupto despertar en una muy lograda amalgama de registros interpretativos. La banda sonora, plagada de éxitos de los 50, es una verdadera gozada, y el film en sí, un espectáculo que consigue capturar toda la esencia de un momento salvaje y musicalmente único, de un país que estaba pidiendo un cambio a gritos.

“Bitelchús” (“Beetlejuice”, 1988), de Tim Burton.

El fantasma que a todos pasma, fue el segundo largometraje de Tim Burton, y a día de hoy sigue siendo una de sus mejores obras. De ritmo endiablado y sugerente diseño de producción, el film ya presenta todas las obsesiones visuales que en futuro serán el sello incuestionable de su autor, y la logradísima actuación de Michael Keaton en estado de gracia, que obviamente le abrió las puertas para ser el mejor Batman que se recuerde en pantalla, hace sumar muchos puntos, agregándole además, unas cuantas escenas verdaderamente surrealistas, como la canción de la banana, o el momento "Shake Señora", en el que vemos a Winona explotar todo su potencial gótico interactuando con fantasmas a lo largo de la escalera principal. Toda una delicia que se llevó el Oscar al mejor maquillaje.

"Eduardo Manostijeras " (“Edward Scissordhads, 1990), de Tim Burton.

Segunda colaboración de Tim Burton con Winona Ryder. El director ya convertido en estrella tras el monumental éxito de “Batman”, optó por un formato más íntimo en su siguiente largometraje, lo que no fue impedimento para que nos mostrara un nuevo despliegue de imaginería visual y elementos estéticos verdaderamente rupturistas. El film, imaginado como un cuento de hadas moderno, a caballo entre Frankenstein y El mago de Oz, suponía todo un desafío para Johnny Depp, un actor joven y atractivo que quiso desligarse de la etiqueta del convencionalismo y halló en Burton la llave perfecta para ello. Winona interpreta en esta historia melancólica y esperanzadora, el amor imposible de un ser condenado a la intolerancia y a la incomprensión de por vida, a causa de su condición diferente. 

  Vincent Price, dio vida al creador de la criatura, cumpliendo un sueño de Tim Burton, ya que la admiración que el director sentía por este actor no tenía límite. Y resultó ser la última película del príncipe del terror.

Rafa Coronel

“Reality Bites” (“Bocados de realidad”, 1994), de Ben Stiller.

Si tuviese que escoger dos comedias románticas post80's, una sería “Persiguiendo a Amy” (1997) de Kevin Smith. La otra sería ésta. El debut de Stiller como director no pudo ser más prometedor -tanto como para poner en sus manos a un Jim Carrey que venía lanzadísimo después de “Ace Ventura” (1994) y “La Máscara” (1994), aunque “Un loco a domicilio” (1996) fracasase- y ha quedado en la memoria como el retrato y testamento cinematográfico de la Generación X. Nunca he pensado que fuese para tanto –“Clerks” (1994) del mismo Smith me parece mucho más mordiente, por ejemplo- pero quedó una comedia romántica muy tierna, llevadera y a ratos tontorrona, pero disfrutable

“Bitechús” (“Beetlejuice”, 1988), de Tim Burton.

Cuando Burton ponía sus ideario e imaginación al servicio del cine y no al revés, salían películas deliciosas como ésta. Un desatadísimo Keaton lleva el peso de la película y es el contrapeso perfecto de la canónica chica gótica que no encuentra su lugar en el mundo interpretada por Ryder, pero es que el matrimonio Baldwin/Davis están también maravillosos en su papel de recién llegados que no se enteran de nada. Incluso los efectos especiales, merced a la buena mano en maquillaje y decorados, han envejecido de puta madre.

“Escuela de jóvenes asesinos” (“Heathers”, 1988), de Michael Lehmann.

Heredera en parte de las comedias de instituto y universidad USA de la década anterior, coge todo el contexto anterior y le da una vuelta de tuerca a la clásica historia de chicos y chicas populares que putean al resto, que buscan la manera de vengarse. Y lo hace de manera macabra, sangrienta y cabrona. Creo que aquí está el mejor papel de Christian Slater de toda su carrera, por cierto.

Pepe Torres

Los 80 y 90 eran suyos, hasta que su cleptomanía acaparó titulares a comienzos del nuevo milenio, al punto de casi liquidar su carrera (Free Winona!). Antes había sido adorable y diminuta actriz adolescente, musa indie (My Sharona!), carne de tabloides por sus mediáticas relaciones amorosas (Winona forever!) y reconocida actriz de prestigio para grandes directores (pese a que ya apuntaba a conductas erráticas). Aunque en su trayectoria posterior al escándalo nunca haya alcanzado las cotas de calidad anteriores (y ha exacerbado su tendencia a la gesticulación y el movimiento constante de ojos), por esas cosas más extrañas de la vida ha acabado resucitando popularmente gracias a la televisión (como tantos otros antes que ella). Mis tres favoritas se corresponden con el apogeo de su filmografía, y demuestran su versatilidad frágil. Como rapean Los Chikos del Maiz: “Yo sólo le pido a d10s que no me falte el aire y me perdone por enseñarle a mangar a Winona Ryder”.

“Escuela de jóvenes asesinos” (“Heathers”, 1988), de Michael Lehmann. Película de culto por excelencia, o cómo sobrevivir al instituto y las Heathers con la ayuda de Christian Slater canalizando (una vez más) su Nicholson interior. “¿Eres una Heather? No, soy una Verónica”.

“Eduardo Manostijeras” (“Edward Scissorhands”, 1990), de Tim Burton. Cuando Burton aún era un director relevante le ofreció un personaje de princesa de cuento, cómo no rubia, en un entorno suburbano más pesadillesco que los castillos góticos o los inventores locos, pese a la presencia itinerante de Avón.

“La edad de la inocencia” (“The Age of Innocence”, 1993), de Martin Scorsese. Una de las últimas grandes películas de Marty (sé que no es una opinión popular) y quizá el mejor film de época de Winona (su físico menudo y su rostro de antaño le llevó a interpretar un buen puñado de ellos). Un personaje secundario y aparentemente sumiso a las normas sociales del momento y lugar pero que acaba demostrando una mayor complejidad de la esperada. Ay, esas cosas que nunca te dije...

Oscar "Woody" Correa

Winona Ryder fue la imagen de los 90 (estaba en todas las producciones!), y  fue también la imagen de la “conocida” generación X -con "Reality Bites (Bocados de realidad)" (1994) como clásico de culto de dicha generación, y aunque parecía que había desaparecido del panorama cinematográfico hasta "Stranger things" (2016-), siguió trabajando de manera continua y generando también buenos trabajos como por ejemplo: "A Scanner Darkly" (2006) o "Cisne Negro" (2010). Mis 3 pelis o series favoritas suyas son (y sin poner ninguna de las que fue una de las musas de Tim Burton y que ha sido complicado excluirlas!!!):

"A Scanner Darkly" ("A Scanner Darkly", 2006), de Richard Linklater.

Winona Ryder interpreta a Donna Hawthorne, un personaje principal en esta adaptación de la novela de Philip K. Dick, y dirigida por Richard Linklater. Aunque su actuación pueda parecer extraña porque Linklater utiliza la técnica de animación llamada rotoscopia, donde las imágenes filmadas se animan para crear un efecto visual de cómic, esta técnica precisamente resalta las expresiones y movimientos de los actores y especialmente en Winona, dándole unas características más etéreas y surrealistas a su complejo personaje. Esta distopia suma al elenco otras estrellas como Keanu Reeves (y su traje cambiador), Robert Downey Jr. o Woody Harrelson, que con la apariencia cómic y densidad de la historia de este mundo lleno de adictos a la droga M (y con el objetivo principal de los personajes como la supervivencia y cómo no caer en dicha adicción), crean un caldo de cultivo que te atrapa y sorprende.

"Stranger Things" ("Stranger Things", 2016-). La celebérrima serie de Netflix, que ha aunado a padres e hijos de varias generaciones, nostalgia y revival para unos, descubrimiento de mundos para otros, destaca por muchas cosas, entre ellas  Winona Ryder y su personaje de Joyce Byers, aunque muchas veces demasiado histriónico. Este papel ha revitalizado su carrera y la ha vuelto a poner en el “candelabro” presentándola de manera mundial  a una nueva generación de espectadores, que no entienden y ya no se identifican con "Reality Bites (Bocados de realidad)". La mezcla de actores noveles y otros menos conocidos, se cohesiona perfectamente con la veteranía y las tablas que aportan tanto Winona como Matthew Modine. Poco decir de la serie de la que ya se ha dicho todo, pero que de la que estamos ya deseando que llegue la última temporada. 

"Drácula de Bram Stoker" ("Bram Stoker's Dracula", 1992), de Francis Ford Coppola.

Aunque a la fecha de estreno ya había visto varias versiones de Drácula de diferentes épocas (adaptaciones normalmente más o menos libre con respecto a la novela), justo ese año acababa de leer el libro de Bram Stoker y fue la primera película que vi tras leerlo, por lo que para mí la imagen de Mina Murray ya quedó asociada para siempre a Winona Ryder. Otra vez compartiendo protagonismo con Keanu Reeves (aunque mucho antes que en "A Scanner Darkly") y de la mano del genial Gary Oldman (aunque esta peli no estuvo en mi TOP de Gary Oldman hace unas semanas) Winona interpreta a una Mina que cuando pasa de ser racional y controlada a apasionada y vulnerable, se maneja muy bien a nivel  transformación, con sutileza. En esta adaptación, muy fiel al libro original de Bram Stoker, destaca también la química con Gary Oldman es otro de los puntos fuerte de la película, unido a la mezcla de inocencia y pasión, que contribuye significativamente al tono gótico y la profundidad que Coppola le da a la película.

David Cortabarria

No es que Winona Ryder sea de mis actrices favoritas, reconozco que la encasillé, prejuicios mediante (típicos de un jovenzuelo muy verde en esto del cine), tras el visionado de "Mujercitas" (1994) y "Donde reside el amor" (1995)… hasta que fue secundaria en tres de mis películas favoritas de ciencia-ficción. Ahí me di cuenta de que tener prejuicios solo te ahorra tiempo… para lamentarte después por haberlos tenido, porque ciegan cosa mala. 

"Alien: Resurrección" ("Alien Resurrection", 1997), de Jean-Pierre Jeunet.

Tras la “A” de Ash (Ian Holm), el psicópata, y la “B” de Bishop (Lance Henriksen), el asimoviano, en el universo de películas de Alien, tenemos la “C” de Cal, la androide que también comparte las tres leyes de la robótica de Bishop, encarnada por Winona (Luego tendríamos la “D” de David, a quien daría vida sintética Michael Fassbender, en una jungiana dualidad en el binomio Prometheus/Covenant, pero esa es otra historia).

No puede competir con el carisma de Ash y Bishop, pero me creo del todo su papel en el primer Alien europeo que inaugura Jeunet, una película interesante pero a la vez extraña, por atípica. 

"Simone" ("S1m0ne", 2002), de Andrew Niccol, 2002.

No la mejor película del interesante pero irregular Niccol, pero arroja muy buenas ideas, que 22 años después no han perdido un ápice de originalidad e inquietante probabilidad. Winona Ryder está genial como la superpija Nicola Anders dándole la réplica a un Pacino que, por cierto, está inmenso en esta película. "Simone" se merece más y mejor reconocimiento.

"A Scanner Darkly" ("A Scanner Darkly", 2006), de Richard Linklater.

Alucinante y alucinada película que supo captar fenomenalmente bien la novela homónima del gran Philip K. Dick mediante el uso del rotoscopio. Winona Ryder interpreta el papel de Donna Hawthorne, contribuyendo a incrementar la deliberada confusión de toda la trama (premio a quien consiga unir todos los puntos en el primer visionado de la película), sin llegar a robar planos como en "Simone" o en "Alien: Resurrección". No obstante no concibo a otra que no sea ella para esta película. 

Fernando Rodríguez Tapia

Aunque el tatuaje que se puso Johnny Depp presagiaba una trayectoria brillante y eterna, la figura de esta resplandeciente actriz se fue apagando misteriosamente entre títulos de poco calado y problemas personales nunca aclarados.

No obstante verla en pantalla casi siempre ha sido un placer y en los últimos años su madurez interpretativa resulta muy destacable. En mi selección se han quedado fuera sus  trabajos para cineastas del calado de Coppola, Scorsese, Jarmusch, Richard Linklater, Woody Allen e incluso el propio Al Pacino en su brillante debut como director.

"Escuela de jovenes asesinos" ("Heathers", 1989), de Michael Lehmann.

Cerrando la década de los ochenta nos llegó esta comedia adolescente nada convencional y ciertamente transgresora con obras similares de la época, volcada hacia un humor negro francamente perverso que la convertía en algo diferente a lo inicialmente previsto. Buena muestra de un cineasta díscolo e imprevisible como Lehmann que nos legó varios títulos destacables, alguno de ellos bastante olvidado que en la época streaming viene bien recuperar. Christian Slater y Winona Ryder destacaban ya en sus roles principales dentro de una obra repleta de juegos perversos, que ganó el premio del jurado en Sundace y en los Spirit Awards el galardón a la mejor opera prima. Hace unos años apareció una serie basada en esta película pero no me he atrevido a verla.

"Eduardo Manostijeras" ("Edward Scissorhands", 1990), de Tim Burton.

Este hermoso cuento navideño sigue siendo una de las obras cumbres de su autor y de las obras fantásticas más admirables e irrepetibles de las últimas décadas. Inclasificable en muchos aspectos, su singular particularidad reside en aunar comedia, ternura, vitalidad y emoción sin caer en un terreno almibarado muy propio en fantasías similares. Además se despliega en última instancia como una fantasía cinéfila, repleta de guiños personales que trascienden al propio relato narrado. Inolvidable interpretación de Johnny Depp, maravillosa recreación de Winona Ryder, y un sentido homenaje al genial Vincent Price aquí  como venerable figura legendaria. Mención aparte la genial banda sonora de Danny Elfman, olvidada como de costumbre por la Academia de Cine norteamericana.

"Cisne negro" ("Black Swan", 2010), de Darren Aronofsky.

Un buen ejemplo de esos pequeños papeles que la actriz americana ha ido aceptando en la segunda etapa de su carrera destacando siempre en sus breves cometidos. Este excelente thriller psicológico repleto de paralelismos con el magnifico anime "Perfect Blue" (Satoshi Kon, 1997) muestra perfectamente la pesadilla vital de una bailarina (Natalie Portman) en su angustioso y doloroso ascenso hacia la fama que acabarán perturbando completamente su consciencia y el propio relato fílmico. Una película no apta para todos los gustos y sensibilidades en manos de uno de los pocos cineastas americanos que sigue arriesgando en cada trabajo que ha hecho hasta la fecha. 



lunes, 24 de junio de 2024

La Dama de Negro.


 Sesión de fotos a cargo de la fotógrafa  @the.fairies.world

Mi primera vez que me pongo delante de una cámara.  No deje de visitar su página de Instagram.

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