“A partir de ahora nos quedan diez horas de predicadores y programas de agricultura”
Justin Long en Jeepers Creepers (Jeepers Creepers, 2001)
En su autobiografía, Yo necesito amor (Ich brauche Lieve, 1988), Klaus Kinski definía a los telepredicadores como “unos actores tan malos que no los contrataría ni Menahem Golan” [1]. A los ojos de las Grandes Costas y de los extranjeros estos evangelistas catódicos, tan propios de la televisión usamericana, que sueltan su sermón y piden donativos para la iglesia (para sus iglesias) pueden resultar unos fantoches, unos timadores, unos mercachifles que usan la palabra de Dios para sacar los cuartos al personal como antaño hicieran los buhoneros que llevaban el elixir que (supuestamente) lo curaba todo. Es más, parecen una adaptación al medio y a su tiempo de aquellos predicadores ambulantes que, en lugar de quedarse en alguna parroquia de cualquier barrio o pequeña localidad, recorrían los distintos pueblos vociferando los más violentos pasajes de las Sagradas Escrituras al aire libre o bajo una carpa (todo muy circense, sí) [2]. Pero en el Medio Oeste y en el Sur de los Estados unidos, principalmente, estos oradores televisivos cuentan con una amplia congregación de feligreses que les siguen fervorosamente y les aportan grandes cantidades de dinero. La mayoría de ellos son ministros protestantes fundamentalistas, y muchos han promovido el llamado Evangelio de la Prosperidad, doctrina que promete salud, riqueza y felicidad a sus fieles. La salvación y los milagros al alcance de cualquier telespectador a cambio de unos pocos (o muchos) billetes.
Antes que la televisión se instaurara, un puñado de oradores buscaron una mayor audiencia a través de la radio. Una pionera en estas cuestiones fue Aimee Semple McPherson, fundadora de la Iglesia Cuadrangular, que en las décadas de 1920 y 1930 usó la radio y el teléfono para acercarse a un público más numeroso. Igualmente, el cine fue un estupendo medio que precedió a las ondas catódicas en estas cuestiones, y en él se mostraron visionarios el productor Dick Ross y el evangelista baptista Billy Graham, que por 1951 fundaron la productora World Wide Pictures, desde donde realizaron películas cristianas y grabaciones de los sermones del segundo. Graham, posiblemente el evangelista más famoso de la historia, mantendría relaciones con el séptimo arte el resto de su vida, interviniendo como actor en muchos films, en ocasiones haciendo de sí mismo, además de ser una presencia habitual en la pequeña pantalla, participando en muchos shows, y dejó publicados antes de su óbito en 2018 casi una treintena de libros. Por 1956 empieza a emitirse por radio y televisión el programa The Old-Time Gospel Hour, presentado por el ministro Jerry Falwell y emitido desde la iglesia bautista Thomas Road, que transmitía el servicio dominical de dicha congregación. Logrando una gran audiencia a nivel nacional, y generando una importante fuente de ingresos a Falwell, que alcanzaba más de 90 millones de dólares a principios de la década de los ochenta. La popularidad del programa se mantuvo durante los noventa, periodo en el que continuó emitiéndose en cientos de emisoras de todo el país. El programa de televisión llegó a su fin tras el óbito de Falwell en 2007. Su hijo, Jonathan Falwell, asumió el papel de ministro principal en los servicios dominicales y, tiempo después, integró el programa en Internet, en la biblioteca de vídeos en línea y el sitio web de retransmisiones en directo de la iglesia, denominado Thomas Road On Demand. Otros hitos en el tema de los telepredicadores lo supondrían la Christian Broadcasting Network (CBN), cadena de televisión fundada en 1960 en Virginia Beach por el ministro baptista Pat Robertson [3]; así como el espacio televisivo In Touch, que en 1978 empezara a transmitir Charles Stanley, y que se traduciría a unos cincuenta idiomas.
Los años ochenta fueron realmente lucrativos. La difusión de la televisión por cable y satélite y el conservadurismo que se adueñó del país durante los años de la Administración Reagan ayudaron a crecer las cuentas bancarias de los telepredicadores, que iban consiguiendo progresivamente más seguidores entre los televidentes. Sus programas eran en parte show y en parte religión, entretenimiento y evangelización a un tiempo. Algunos de estos oradores catódicos causaron mucho revuelo en los medios, y no sólo desde el púlpito que les brinda la pequeña pantalla. Pat Robertson, por ejemplo, obtendría muchas respuestas de protesta hacia sus declaraciones (muy) conservadoras sobre el adulterio, la política, y otros temas. Pero han sido más aireados por el cuarto poder los escándalos monetarios y sexuales que han acompañado a un puñado de televangelistas. Los excesos en lujos (Rolex de oro, casas millonarias) de Benny Hinn serían muy criticados. Aunque mucho más sonado resultó el caso del matrimonio formado por Jim y Tammy Faye Bakker, quienes levantaron un auténtico imperio religioso, PTL Ministries, fundado en 1974, y que iría mucho más allá de las emisiones por televisión, llegando a construir Heritage USA, ¡un parque temático cristiano! El escándalo de Jim Bakker saltó a la luz a finales de los años ochenta, resultando uno de los mayores colapsos mediáticos y financieros en la historia de la televisión estadounidense [4]. El famoso telepredicador cayó en desgracia tras destaparse una doble vida de fraudes masivos y affaires sexuales. Su esposa, Tammy Faye Bakker, fue un auténtico fenómeno social y una de las mayores personalidades religiosas televisivas de su época, forjándose además una sólida carrera en el mundo discográfico [5]. Falleció en 2007, víctima del cáncer, dejando tres autobiografías escritas en vida. Otra de las personalidades propicias a los escándalos fue el predicador pentecostal Jimmy Lee Swaggart. Nacido en Luisiana en 1935, comenzó a dar sus sermones por televisión en 1975, prolongándose a lo largo de las décadas, y logrando una gran audiencia a nivel nacional e internacional. La transmisión de Un estudio de la Palabra de Dios se emitía por todo el país y por el extranjero a través de setenta y ocho canales diferentes en ciento cuatro países, y posteriormente en directo a través de Internet. En la década de 1980 su programación catódica fue transmitida a más de tres mil estaciones y sistemas de cable cada semana, siendo vistas por más de ocho millones de personas en los Estados Unidos y más de quinientos millones en todo el mundo, convirtiéndose en el medio de comunicación más amplio del Evangelio en la historia. En sus mejores tiempos llegó a ganar la friolera cifra de ciento cuarenta millones de dólares al año. La figura de Swaggart siempre estuvo rodeada de polémica. Sus cruzadas resultarían célebres y muy rebatidas por los sectores más liberales, e igual de aireados resultaron sus escarceos con prostitutas. Como curiosidad, era primo del cantante y pianista de R’n’R Jerry Lee Lewis. Las parodias no se harían esperar. Desde Saturday Night Live, Phil Hartman y Dana Carvey hicieron troncharse al público a costa de los escándalos de estos telepredicadores.
Si bien la fe cristiana tuvo gran importancia en la música americana de raíces desde sus comienzos, ya fuera folk, country, blues o góspel, también ésta señalaría con dedo acusador a los predicadores televisivos y radiofónicos, tachándolos de timadores que se aprovechan de los feligreses para sacarles el dinero en favor de su propio enriquecimiento. Centrándonos en el country, tantas veces tachado (y en muchas ocasiones injustamente) de música conservadora e inmovilista, encontramos muchas canciones al respecto. Johnny Cash, cuya vida siempre basculó entre el pecado (y los excesos) y su devoción religiosa [6], atacó a los falsos profetas en, por ejemplo, “The Wall”, compuesta por Harlan Howard y que el “Hombre de negro” grabara para su disco Orange Blossom Special, publicado por Columbia a comienzos de 1965. Quizá el tema más conocido, que se burlaba de los escándalos relacionados con el matrimonio Bakker y con Jimmy Lee Swaggart, sea “Would Jesus Wear a Rolex”, escrito por Margaret Archer y Chet Atkins y registrado por Ray Stevens en 1987 en su álbum Crackin Up!. Mientras que a ritmo de country-rock Crosby, Still Nash & Young satirizaban sobre aquéllos y sus revuelos sexuales y financieros en “American Dream”, que podíamos escuchar en el disco de mismo nombre que lanzó Atlantic en 1988. Hay muchos más. John Anderson recurriría a los televangelistas en la melancólica “Would You Catch a Falling Star”, escrita por Bobby Bradock, que salió como segundo sencillo del álbum I Just Came Home to Count the Memories (Warner Bros, 1982). Y en tiempos más recientes podemos citar “Grown Men Don’t Cry” de Tim McGraw, elegido como primer single del álbum Set This Circus Down (Curb, 2001), y dentro del dark-country, Dark Country Boy se ha reído de los telepredicadores en temas como “Gravel In My Blood”.
También el mundo de las viñetas mostraría (de manera negativa) a los telepredicadores en no pocas ocasiones. Lo hemos visto en The Boys (206-2012), la serie de cómics creada por Garth Ennis y Darick Robertson, donde la religión, al igual que los noticieros, es un (otro) arma del Estado que usa para controlar y mantener al mismo tiempo contento al pueblo. Pero quedémonos con el reverendo William Stryker y su cruzada anti-mutantes de la novela gráfica de La Patrulla X Dios ama, el hombre mata (God Loves, Man Kills), publicada por Marvel en 1983 y que contó con guion de Chris Claremont y los lápices de Brent Eric Anderson.
Y respecto al cine, éste ha recurrido frecuentemente a estos predicadores que usan los medios para difundir la palabra de Dios, proyectando las más de las veces una mirada desconfiada e incluso paródica de ellos. Nos viene bien traer aquí al corrupto telepredicador, el reverendo Billy, al que da vida el disc-jockey “Wolfman” Jack en la cinta de terror Motel Hell (Motel Hell, Kevin Connor, 1980). Y al orador catódico Melvin Belli, interpretado por Dom DeLouise, empeñado en cerrar un burdel, por aquello del pecado de la carne, de La casa más divertida de Texas (The Best Little Whorehouse in Texas, Colin Higgins, 1982), film basado en el homónimo musical de Brodway y que contó como principales protagonistas con Dolly Parton y Burt Reynolds. También un burdel y un predicador (encarnado de forma jocosa por Terrell Bennett) encontrábamos en la comedia hicksploitation The Night They Robbed Big Bertha’s (Peter Kares, 1975). Pray TV (1980), realizada por Rick Friedberg, versaba sobre una cadena de televisión en quiebra que es comprada por un televangelista que se hace de oro tergiversando sus negocios con programación religiosa. Igualmente paródica era la visión que daba de los telepredicadores Pass the Ammo (1987), dirigida por David Beaird y vista en España en formato doméstico como A Dios rogando... y a los fieles timando. Tim Curry interpretaba aquí a un excéntrico religioso. Ned Beatty, que había previamente encarnado a un telepredicador en un telefilm (también) titulado Pray TV (1982), emitido por TVE como El predicador de televisión, dio vida junto a Lana Schwab a una pareja de televangelistas ansiosos de ganar dinero, parodias evidentes del matrimonio Bakker, en la spoof-movie Reposeida (Repossessed, Bob Logan 1990). Los Bakker, no obstante, verían sus vidas (sus éxitos y sus escándalos) trasladadas a la gran pantalla en Los ojos de Tammy Faye (The Eyes of Tammy Faye, Michael Showalter, 2021), con Jessica Chastain y Andrew Garfield en los papeles protagónicos. También Jimmy Lee Swaggart ha sido reinterpretado en cine (y televisión). En Gran bola de fuego (Great Balls of Fire!, Jim McBride, 1989), biopic del Killer Jerry Lee Lewis, aquél aparece con el rostro de Alec Baldwin; mientras que Jonah Lees le prestaría su físico en la serie catódica Sun Records (2018-2019), siendo como el reverso de la moneda de su famoso primo y a todas luces un personaje siempre desagradable. Mientras que un prisma caricaturesco se proyectaba sobre el reverendo Jimmy Current (Chris Sarandon), personaje más bien secundario de la comedia de terror Bordello of Blood [tv/vd/dvd: El club de los vampiros, Gilbert Adler, 1996], película perteneciente a la serie Cuentos de la Cripta (Tales From the Crypt).
En cuanto a los predicadores que usaron la radio para sus sermones, cabe hacer mención de la hermana Alma (Agnes Moorehead) cuyo programa escucha la cada vez más desquiciada Helen Martin (una muy apropiada Shelley Winters) en el psycho-drama ¿Qué le pasa a Helen? (What’s the Matter with Helen, Curtis Harrington, 1971). Además, una de las mejores cintas de temática sureña de los noventa, Camino del cielo (The Apostle, 1997), retomaba el tema de los predicadores radiofónicos. Un trabajo escrito, dirigido y protagonizado por Robert Duvall, sobre un orador de Texas que mata al amante de su esposa y, tras huir a un pueblo de Luisiana, empieza una nueva vida adiestrando al rebaño desde una emisora de radio local. Contó en el reparto con un joven Walton Goggins, con Billy Bob Thornton (en un pequeño papel) y con June Carter Cash -miembro de la Carter Family y (segunda) esposa de Johnny Cash-. Elogiada por la crítica, llegó a estar nominada al Oscar al Mejor Actor para Duvall. Cruda y apasionada, muestra perfectamente que la locura y el fanatismo, el Bien y el Mal, Dios y el Diablo, van de la mano en perfecta armonía destructora.
Lejos de desaparecer ante las nuevas tecnologías y hábitos de consumo, de ser y formar parte del pasado siglo XX, estos religiosos televisivos han seguido acompañando a sus fieles seguidores a lo largo del nuevo milenio. En el cine no han faltado ejemplos de telepredicadores siniestros, caso del Jim Cunningham (Patrick Swayze) de la cult-movie Donnie Darko (Donnie Darko, Richard Kelly, 2001); o el televangelista interpretado por Simon Prast que insiste en la degradación y el pecado de forma constante y obsesiva (hay algo personal en su sermón) en X (X, Ti West, 2022), y que volvería cargado de malas intenciones en la tercera entrega de la saga, MaXXXine (MaXXXine, Ti West, 2024).
Un par de cintas estrenadas directamente en televisión (y muy diferentes entre sí) mostraron a predicadores afroamericanos. Come Sunday (2018), dirigida por Joshua Marshton, trataba el caso de Carlton Pearson, un destacado pastor pentecostal y telepredicador estadounidense que fundó la exitosa mega-iglesia Higher Dimensions en Tulsa, congregando a más de seis mil fieles durante los años noventa. Su fama internacional se vino abajo cuando afirmó que el infierno no existía y promovió el Evangelio de la Inclusión, provocando que fuera declarado hereje por otros líderes religiosos. Chiwetel Egiofor encarnaría al predicador caído en desgracia en esta cinta que se pudo ver por la plataforma Netflix. De muy diferente signo se mostraba Honk for Jesus. Save Your Soul (2022). Acogiéndose al formato de falso documental (mockumentary), Adamma Ebo, en su debut como directora de largometrajes, elaboraba una comedia satírica sobre estos siempre cuestionados hombres de Dios. Adamma se ocupó del guion, la dirección y la producción, adaptando un corto propio de 2018. Contando con Regina Hall y Sterling K. Brown como la primera dama y el pastor de una mega-iglesia, que intentan reabrir y reconstruir su congregación tras un gran escándalo. Austin Crute, Nicole Beharie y Conphidance participan en roles secundarios. Hall y Brown ejercieron de productores de la película junto con Daniel Kaluuya, quien la produjo bajo el pabellón de su 59% Productions, y Jordan Peele figura como productor ejecutivo con su productora Monkeypaw Productions.
Pero si tenemos que destacar en el audiovisual de tiempos más recientes una (muy ácida y paródica) visión sobre los telepredicadores esa es por derecho propio la que arroja la serie Los Gemstone (The Righteous Gemstones, 2019-2025). Creada para HBO por Danny McBride, quien también escribiría e incluso dirigiría muchos de sus episodios, además de reservarse uno de los principales (y más jugosos) papeles. La trama circula alrededor de una poderosa y millonaria familia de oradores, liderada por el patriarca (al que interpreta John Goodman), que en busca siempre de agrandar sus ya bien saneadas arcas expanden sus sermones a través de una plataforma digital (signo de los tiempos). Ambientada en Carolina del Sur, a lo largo de sus cuatro temporadas podemos ir viendo, perfectamente integrados en las diversas tramas, todos los clichés que los estadounidenses les señalan al hillbilly en particular y al redneck en general, y donde no es difícil reconocer entre los diferentes personajes y sus acciones a algunos famosos telepredicadores.
Y es que aún hoy, o tal vez ahora más que nunca, con más medios de difusión, más plataformas de televisión, más redes sociales y una tecnología cada vez más avanzada, la salvación, la salud, la prosperidad y cualquier milagro siguen en venta. Dios te ama, Jesús salva... por un puñado de dólares.
Alfonso Romero & Malina Murnau
[1] Kinski había trabajado en los setenta con Menahem Golan en la película Operación relámpago (Mivtsa Yonatan, 1977), que éste dirigiera y produjera (junto a su primo Yoram Globus) en su Israel natal. Para cuando el actor de origen alemán escribe sus memorias, Golan y Globus son bien conocidos en el mercado internacional al estar al frente de Cannon Films, productora estadounidense que adquirieron en 1979 y que a lo largo de los ochenta se hizo muy famosa por sus títulos de acción, muchos de ellos protagonizados por Chuck Norris, Charles Bronson y Michael Dudikoff.
[2] En la gran pantalla, tal vez la más destacada representación de estos predicadores ambulantes nos la brindara Richard Brooks en El fuego y la palabra (Elmer Gantry, 1960), según la novela de Sinclair Lewis publicada en 1927. Inolvidable Burt Lancaster como el amoral vendedor ambulante Elmer Gantry que, reconvertido a orador, se une con una evangelista, encarnada por Jean Simmons, en busca de fama y dinero. Y no está de más recodar la comedia El charlatán (Leap of Faith, 1992), dirigida por Richard Pearce y protagonizada por Steve Martin.
[3] Marion Gordon Robertson, más conocido como Pat Robertson, fue un carismático evangelista y magnate de los medios de comunicación, canciller y CEO de Regent University, y presidente de Christian Broadcasting Network. Su formidable éxito en las finanzas permitió sostener la campaña presidencial del propio Robertson en 1988.
[4] El documental Praise the Lord (1988), de William Cran, investigaba el ascenso y caída del matrimonio Bakker así el porqué los organismos gubernamentales no investigaron a fondo las acusaciones de corrupción contra aquéllos.
[5] Aunque hayan predominado los hombres (la religión siempre ha sido machista, no nos engañemos), no han faltado destacadas mujeres televangelistas. Pongamos por caso a Pauline Hutchison Joyce Meyer, conocida como Joyce Meyer, autora y conferencista cristiano-evangélica de la teología en los USA. Sus programas de radio y de televisión se transmiten en más de setenta idiomas, en unos doscientos países. Ha publicado además más de setenta libros sobre la vida cristiana.
[6] Cash, que grabó muchísimos temas de temática religiosa, llegó a registrar uno junto al evangelista Billy Graham, que fue amigo suyo, “The Preacher Said Jesus Said”, incluido en su LP Man in Black (Columbia, 1971).







