jueves, 13 de febrero de 2025

No tomarás el nombre del Bigfoot en vano


 It was a beautiful day, I was feeling okay

With my best friend by my side

About seven foot tall, a big, furry snowball

With a big shag-carpet hide

We run around and stay away from small towns

Where the folks are unaware

Stay outta sight, do our travelin' at night

And most of the time we don't have a care”

“Running with Bigfoot”, de Groovie Ghoulies


El estreno en junio de 1975 de la película Tiburón (Jaws, 1975), realizada para Universal por un joven Steven Spielberg sobre la novela homónima escrita por Peter Benchley, supondría un revulsivo en la industria del cine. Catapultaría la carrera de su director, que no tardaría en ser llamado "el Rey Midas de Hollywood"; supondría el comienzo del fenómeno blockbuster, apropiándose de paso las majors de temas y tropos propios de la serie B para producciones de gran presupuesto, resultando a la postre una carga para las pequeñas productoras así como para sus canales de distribución y devolviendo por ende el poder a las grandes empresas del sector; además de traer de vuelta a las pantallas un nuevo boom de la monster-movie (que había gozado previamente de cierto prestigio en el circuito de los autocines durante los atómicos cincuenta), con todo tipo de fauna gigantesca y/o peligrosa atacando al ciudadano y/o pueblerino de a pie que no estaba seguro en ningún lado, siendo amenazado/agredido desde tierra, aire o mar. Películas también de "venganza animal", donde la fauna parecía pedir cuentas al ser humano por el daño que le estaba ocasionando al planeta, del tipo El día de los animales (Day of the Animals, William Girdler, 1977), que conformaban una parcela entre las producciones de catástrofes que triunfaron durante los setenta en las carteleras de medio mundo.

Dentro de este revival de películas de bestias cabreadas proliferaron de igual modo las dedicadas al Bigfoot (o Sasquatch, o Yeti, o Yowie, o el nombre que se le quiera dar en según qué país o región). Si bien hay ciertos (y algunos notables) precedentes en la década de los cincuenta [1], es en los setenta cuando más se prodigaron títulos sobre este enorme homínido. La cuestión es sencilla, fue en 1967 cuando apareció el metraje de Patterson-Gimlin, aquel borroso fragmento de alrededor de un minuto que supuestamente capturaba a un Bigfoot real cerca de un arroyo en el norte de California para después adentrarse en el bosque. Cuando esas imágenes aparecieron en las noticias, el Sasquatch entró por pleno derecho en la cultura pop. Ya a comienzos de los setenta encontramos filmes como Bigfoot (Robert F. Slatzer, 1970), enfrentando a la criatura con una pandilla de moteros, The Legend of Boggy Creek, Charles B. Pierce, 1972), todo un éxito que generaría varias secuelas (y posteriormente remakes y homenajes) [2], o Shriek of the Mutilated (Michael Findlay, 1974), y tras el estreno de Tiburón arribaron a las pantallas un aluvión de cintas, algunas tomando el esquema argumental del éxito de Spielberg, tales como The Legend of Bigfoot (Harry Winer, 1975), The Mysterious Monsters (Robert Guenette, 1975), Creature from Black Lake (Joy N. Houck Jr., 1976), Sasquatch: The Legend of Bigfoot, Ed Ragozzino, 1976), The Capture of Bigfoot (vd/dvd: La leyenda del Yeti, Bill Rebane, 1979), o Night of the Demon (vd: La noche del demonio; vd/dvd: Bigfoot sangriento, James C. Wasson, 1980), así como algunos telefilmes, caso de Curse of Bigfoot (Dave Flocker, 1975), o Snowbeast (vd: La bestia de las nieves, Herb Wallerstein, 1977).

El estupendo cartel de Creature from the Black Lake (1978)

Junto a esta catarata de títulos sobre tan peludo personaje que se dio en tan señalada década, la industria del cine y la televisión, y del entretenimiento en general, ha seguido tratando el tema en incontables ocasiones hasta el día de hoy. El Pie Grande continúa obsesionando a muchos norteamericanos, que siguen con interés las reseñas de nuevos avistamientos. Las noticias de que se ha divisado a un Bigfoot (o a varios) por parajes silvestres son habituales en periódicos sensacionalistas del tipo del Weeckley World News, compartiendo páginas con las del encuentro con Ovnis y/o alienígenas, las de experiencias paranormales, fantasmas, virus mortales y conspiraciones gubernamentales, o aquellas que aseguran que Elvis sigue vivo y se ha dejado ver (y fotografiar) por las calles de cualquier ciudad del país. Son muchas las culturas alrededor del mundo con su propia versión del eslabón perdido, el gran hombre mono. Quedándonos en los Estados Unidos, presuntamente se ha visto en los cincuenta estados que conforman el país, pero donde más veces aseguran el atisbo del Sasquatch es el Noroeste del Pacífico. Los más acérrimos fans de este enmarañado homínido aseguran que los bosques de aquella zona pueden albergar la friolera de más de dos millares de ejemplares.

El Bigfoot, estrella en las páginas del Weekley World News

Paralelamente al interés mostrado por algunos científicos, como Jane Goodall, Grover Krantz, Ian Redmond, Loren Coleman o Jeffrey Meldrum [3], existen en el país de las barras y estrellas un puñado de organizaciones donde aficionados de los diferentes estados se reúnen para discutir sobre tan peculiar objeto de adoración. Jim Goad [4] asegura que este fetichista comportamiento desvela el anhelo de un pasado más libre, el de un hombre más fuerte que no haya sido debilitado por la civilización, y donde el bosque es un símbolo de las condiciones edénicas preindustriales. Llegando a ser una auténtica cruzada para sus creyentes, por cómo se entregan, una especie de religión alternativa (y no oficial) propia de la white trash americana, observada con suspicacia e incluso sarcasmo no sólo por los intelectuales sino por todo aquél que no comulgue con el tema.

En St. Johns, Portland, Oregón, estaba originalmente la sede de la Western Bigfoot Society, que comenzó su andadura en 1991. Llegó a contar con alrededor de un centenar y medio de afiliados, y entre sus filas no pocos socios aseguraban haber sido testigos de la existencia del Pie Grande. En 1992 Ray trasladó la sede a Hillsboro, Oregón, y cambió el nombre de la misma a International Bigfoot Society. Y no estaban solos, junto a ellos florecieron otros grupos como The Kansas Bigfoot Research Society, The Southern Ohio Society for Bigfoot Investigation, The Southern Oregon Bigfoot Society, The Greater Boston Bigfoot Research Institute o el Western Bigfoot Researchers Organization, por citar algunos. Ray Crowe (1937-2015) fue el fundador y presidente de la Western Bigfoot Society y también el propietario de la librería de segunda mano cuyo sótano albergaba el museo de dicha sociedad y era donde se celebraban las reuniones mensuales de la misma [5]. Allí se podía adquirir memorabilia variada como gorras, camisetas, muñecos e incluso supuestos excrementos del bicho. Además de las reuniones periódicas, organizaban el Bigfoot Daze, un festival de tres días en verano en Carson, Washington. El condado de Skamania, donde está Carson, contaba con una ley que multaba por 15.000 dólares y un año de cárcel a quien matara un ejemplar del Big Foot. Y no contentos con todo esto, contaron con al menos dos libros de ficción, escritos por sendos feligreses de tal sociedad: Children of a Lost Spirit, redactado por Nancy R. Logan, y The Bigfoot Bar & Grill, obra del propio Ray Crowe. Ambos textos se mueven entre el naturalismo y la pura y dura exploitation. Crowe publicó igualmente diversos estudios sobre su tema favorito en los diferentes volúmenes de Bigfoot Behavior. Y también participó en el documental de televisión Sasquatch Odyssey: The Hunt for Bigfoot (Peter von Puttkamer, 1999) y en un episodio de la serie Weird Travels (2003-2006). Por 2006 Ray cerró la librería, debido a graves problemas de salud, aunque continuó haciendo reuniones por diferentes sitios, y en 2008 David Paulides y su North America Bigfoot Search compraron y guardaron los registros en papel de Crowe/IBS y Track Records.

Primer volumen de los Bigfoot Behavior de Ray Crowe

Frente al escepticismo sobre estas cuestiones que presenta la mayoría de la gente, los grupos pro-Bigfoot están lejos de desaparecer. Además de los muchos libros que continúan llegando al mercado, Internet y las redes sociales han unido más a los fans del Pie Grande, que siguen creyendo fervientemente en la existencia del susodicho y discuten apasionadamente sobre las más variadas cuestiones en relación a este gigantesco ser. También en el presente siglo (con horrorosos efectos de CGI) han ido llegando a las plataformas y a canales varios un buen puñado de nuevas películas, como The Untold (Jonas Quastel, 2002), Sasquatch Hunters (Fred Tepper, 2005), Yeti: The Curse of the Snow Demon [tv: Yeti: La maldición del demonio blanco, Paul Ziller, 2008], Bigfoot (Kevin Tenney, 2008), Rage of the Yeti [tv: La furia del Yeti, David Hewlett, 2011], Bigfoot: The Lost Coast Tapes (Corey Grant 2012), Bigfoot (Bruce Davison, 2012), Deadly Descent [tv: Cumbres mortales, Marko Märkilaakson, 2013], Exists (Eduardo Sánchez, 2014), Throwback (Travis Bain, 2015), o Bigfoot the Movie (Jared Show, 2015), entre muchas otras que impiden que se olvide a la criatura en el imaginario colectivo.

Alfonso & Miguel Romero

Shaggy y Scooby Doo se encuentran con Pie Grande en The Ghost of Bigfoot (1972)

[1] En agosto de 1958 el diario Humbolt Times, de Eureka, California, anunciaba en su primera página el descubrimiento por parte de un operador de una empresa constructora de unas huellas enormes que podrían corresponder a un enorme homínido, desatando la creencia por todo el país de que contaban con su propia versión del Yeti. Fue Ray L. Wallace quien se ocupó de crear la leyenda de un hombre de apariencia prehistórica que vivía en el interior del bosque y al que bautizó con el término de Bigfoot. Wallace falsificó las huellas de los grandes pies y se ocupó de fabricar otras ilusorias pistas que esparció para hacer creer a la gente de la existencia de la criatura.

[2] Rodada con un tono de documental, como haría también Pierce en su aplaudida cinta de terror The Town that Dreaded Sundown [tv/dvd/br: Pánico al anochecer; vd: Terror al anochecer, 1976].

[3] En la actualidad muchos consideran al Bigfoot como un posible descendiente del Gigantopithecus, un primate homínido que habitó en Asia a finales del Pleistoceno, y que habría pasado a América del Norte a través del Estrecho de Bering, como hicieron también los primeros humanos mucho después.

[4] En Manifiesto Redneck. De cómo los hillbillies, los hicks y la basura blanca se convirtieron en los chivos expiatorios (The Redneck Manifesto: How Hillbillies, Hicks, and White Trash Became America's Scapegoats, 1997).

[5] El interés de Ray por el tema surgió después de que fuera con un grupo de cazadores de Bigfoot de la cercana Vancouver, Washington, que le dejaron en una carretera aislada cerca del bosque. Ray encontró un conjunto de huellas que no podía explicar y decidió en ese momento comenzar un grupo dedicado a la investigación del Sasquatch.


sábado, 8 de febrero de 2025

Mis tres favoritas de... John Hurt

 

Fernando Rodríguez Tapia

Con una extensa filmografía, este gran actor británico nos legó interpretaciones memorables y una presencia que siempre destacaba en pantalla.

Escogemos en esta ocasión tres títulos quizás menos reconocibles a la hora de tratar su filmografía.

“El necrófago”/”El resucitado” (“The Ghoul”, Freddie Francis,1975).

Uno de los escasos films de terror que llevó a cabo la Tyburn, ambientada en una mansión aislada donde un grupo de jóvenes llegan al perderse durante una improvisada carrera automovilística. El lugar guarda un terrible secreto y pronto comienzan a sucederse las muertes. Film ambientado en los años veinte con ligeros toques lovecraftianos en su desarrollo que ayudan a incrementar su cuidada atmósfera, cuenta con la excelente presencia de Peter Cushing en un papel a su medida y la bellísima Veronica Carlson que junto a otros participantes en esta producción trabajaron con anterioridad en la venerable Hammer. John Hurt encarna a un personaje desequilibrado y retraído cuyas apariciones en pantalla vislumbran ya su característica figura icónica y su posterior habilidad para matizar todo tipo de personajes. 

“Amor y muerte en Long Island” (“Love and Death on Long Island”, Richard Kwietniowski, 1997).

Pude ver este sólido drama romántico con un determinante toque obsesivo a finales de los años noventa dentro de la sección oficial de la Seminci. Una de esas películas que por razones desconocidas impactan al verlas y de las que posteriormente no he podido reencontrarla dada su ausencia en formatos domésticos, plataformas y similares. Esta película canadiense adaptaba la novela homónima de Gilbert Adair (que se publicó por aquí) y cuenta con un estimable trabajo actoral de sus dos principales protagonistas: John Hurt y Jason Priestley. Un relato de amistad y amor con reminiscencias a alguna reconocida película de temática similar pero que merece mayor reconocimiento y visibilidad que la que tiene. A su director le perdí la pista si bien en su segundo largo volvió a contar con nuestro homenajeado en su reparto.

“Golpe a traición” (“If... Dog... Rabbit...”, Matthew Modine, 1999).

Sísifo en Tijuana o en otras palabras un thriller criminal en torno a un personaje que sale de prisión y su intención de apartarse de la vida delictiva. Este plan se viene abajo cuando su poco frecuentable familia se interpone en su camino. Una película curiosa, bien hilada con un buen desarrollo que salva sus limitaciones gracias a la capacidad narrativa que muestra Modine en su único largometraje como realizador y beneficiada por un excelente grupo de intérpretes perfectamente apropiados en sus caracterizaciones. Hurt encarna al problemático padre del protagonista en uno de esos roles secundarios habituales en su obra si bien con un papel determinante en el desarrollo del relato. El cruce de frontera en este film de perdedores lleva al film a un crescendo dramático que culmina en una vibrante secuencia final y a un desenlace sin concesiones. Recomendable.

Susanna Annasus

Era uno de mis actores favoritos, era actor británico. Desde que lo conocí siempre me ha gustado muchísimo: su apariencia, sus ojos almendrados, y su expresividad, la capacidad que tenía de transmitir con su rostro y con su voz. A mi parecer, muy camaleónico. Como curiosidad ha realizado muchísimas muertes en el cine, supongo por ser un buen actor de teatro. Hay un video muy interesante con las múltiples muertes de John Hurt. Como curiosidad también es que su apellido sea “Hurt”, quizás de ahí esos ojos almendrados melancólicos. Resaltaría también que tenía una voz muy potente. Ha trabajado en teatro, televisión y cine.

De sus primeras películas que he visto sobre él, pues lógicamente...

“Alien, el 8º pasajero”, ("Alien, Ridley Scott, 1979). 

En esta película de ciencia ficción y terror, no siendo el protagonista se ganó hacer un personaje que ha sido inolvidable en la gran pantalla, siendo uno de los personajes más conocidos y famosos. Sobre todo su muerte. Al igual que en muchas otras películas en las que ha trabajado, aunque tenga un personaje secundario o de reparto, consigue llamar la atención. El director como principal opción para el personaje quería a John Hurt y por lo visto no estaba disponible. Escogieron a otro actor, John Finch, pero se enfermó y tuvo que sustituirlo John Hurt. Gracias a eso realizó un papel que siempre sorprende al verlo, sus gestos, sus expresiones, su muerte. Fue nominado a los premios BAFTA por su interpretación como mejor actor de reparto.

"El cuentacuentos" (“The Storyteller”, Jim Henson, 1987-1989).

Una serie que me encantó que protagonizaba y ponía voz. Una serie británica creada y producida por Jim Henson, de 1987. Son una serie de relatos míticos de origenes europeos. John Hurt es el viejo narrador, y está acompañado con un perro parlante, cuya voz pone Brian Henson (tiritero americano ) Esta serie la parodió martes y trece en un especial de fin de año. Josema hacía de John Hurt. Vuelvo a resaltar, su pronunciación tan británica, su voz, y como trabaja bajo tanto maquillaje por la caracterización de su personaje.

“1984” (“Nineteen Eighty-Four”, Michael Radford, 1984).

Me gustó muchísimo en la película de “1984”, está dirigida Michael Radford. Está basada en la novela de George Orwell títulada “1984”. Fue rodada y estrenada en 1984 como detalle. Ya tiene John Hurt 44 años, había realizado bastantes películas, y se nota sus inicios en obras de teatro. Se ve tal cual, como hombre débil, con mirada meláncolica, pero siendo un luchador.

"El hombre elefante" ("The Elephant Man", David Lynch, 1980).

En su papel de “El hombre elefante” de 1980, dirigida por David Lynch. Basada en una historia real que sucedió en Inglaterra, Lynch junto a Christopher De Vore y Eric Bergren adaptaron el guion de varios libros basados en la vida de “El hombre elefante”. Está rodada en blanco y negro, y resaltar la voz de John Hurt, deformandola y adaptándola al personaje. En esta pelicula fue ganador de los premios BAFTA como mejor actor. Creo que la dificultad de transmitir bajo todo ese maquillaje y aún así logró cautivarnos.

Pienso que todos los personajes que ha interpretado son inolvidables, como era él.

Malina Murnau

"El hombre elefante" ("The Elephant Man", David Lynch, 1980).

Creo que es  su mejor papel, aunque estuviera cubierto de protesis y maquillaje. Cuando ves su interpretación crees que era el verdadero Joseph Merrick. Su soledad, su dolor se clava en tí. Una estupenda película.

"Sólo los amantes sobreviven" ("Only Lovers Left Alive", Jim Jarmusch, 2013).

La pongo ya que me encanta, me apasiona. Aunque sea secundario lo hace como siempre solía hacer, simplemente genial. Tilda Swinton y Tom Hiddleston están magníficos. Un film para ver cada cierto tiempo.

“Snowpiercer (Rompenieves)” (“Snowpiecer”, Bong Joon Ho, 2013).

Una película que personalmente me encanta. Chris Evans, Tilda Swinton (de nuevo) estupendos  y un John Hurt muy cascado pero tremendo. Adoro estas clases de pelis.

Alfonso Romero

“La puerta del cielo" (“Heaven’s Gate, Michael Cimino, 1980).

Una de las puntillas definitivas del ataúd del Nuevo Hollywood, de la carrera de su director, Michael Cimino, y de la major que la produjo, United Artists. Un film magnífico incomprendido en su estreno, masacrado por la productora en su momento y que ni la crítica ni el público de su día supieron apreciar. John Hurt, Christopher Walken y Kris Kristofferson están pletóricos.

“El estrangulador de Rillington Place” (“10 Rillington Place”, Richard Fleischer, 1971).

Tras acercarse a la figura de Albert DeSalvo en “El estrangulador de Boston” (1968), Richard Fleischer volvía a la crónica negra con “El estrangulador de Rillington Place”. John Hurt sería nominado al BAFTA como mejor actor de reparto por su papel, como el hombre del joven matrimonio que se instala en el edificio donde vive el peripatético asesino en serie John Reginald Christie (un excelente Richard Attenborough).

“La llave del mal” (“The Skeleton Key”, Iain Softley, 2005).

De las películas en las que John Hurt intervino ya en el presente siglo tengo debilidad por esta entretenida y bien desarrollada cinta de terror que, si bien bebía de un viejo film de los ochenta, sería después copiada hasta la saciedad por una serie de títulos mucho más pretenciosos (algunos incluso premiados y elogiados hasta la náusea) sin que sus responsables lo reconocieran. Hurt es (¿o no?) Ben Devereaux, un anciano de la vieja aristocracia de Luisiana a la que Caroline Ellis (Kate Hudson) contratan para cuidar (¿o no?).

Miguel Romero

No resulta nada fácil resaltar sólo tres películas en una carrera tan extensa como la de este actor británico, quien a comienzos de los años 60 del pasado siglo ya estaba frente a las cámaras.

Recordado por la mayoría por encarnar a John Merrick en “El hombre elefante” (1980) o su sufrido personaje de “Alien, el octavo pasajero” (1979)-el cual él mismo parodiaría en “Spaceballs. La loca guerra de las galaxias” (1987). Aunque posiblemente el papel más importante  de su carrera fuera protagonizar la versión más conocida de las llevadas a la pantalla de “1984” (1984), la eterna novela de George Orwell. Hurt bromeaba diciendo que cada vez que había un papel extraño pensaban en él.

Una filmografía que incluye trabajos a las órdenes de Sam Peckinpah, John Huston, Richard Fleischer, Alan Parker, y tantos grandes del séptimo arte.

En el nuevo siglo además de aparecer en exitosas franquicias tipo Harry Potter o Doctor Who, fue un nombre habitual de realizadores como Jim Jarmush, Lars Von Trier o Guillermo del Toro. 

Sin enrollarme más…

“La propuesta” (The Proposition, John Hillcoat, 2005).

El siempre interesante John Hillcoat, curtido en el mundo del videoclip, contó con un guion de su amigo el músico John Cale -como en 2012 volvería a hacer en “Lawles (Sin ley)”- en esta coproducción entre su país, Australia, y el Reino Unido. Entre los actores británicos destacaban  Ray Winstone, John Hurt y Emily Watson.

“Las puertas del cielo” (“Heaven’s Gate”, Michael Cimino, 1980).

Cimino, uno de los más endiosados directores del nuevo Hollywood –en gran parte debido al éxito de crítica y público de “El cazador” (1978) y a su afición a ciertas sustancias ilegales- dilapidó un enorme presupuesto para su siguiente film. Todo se saldó con un fracaso en la taquilla que conllevaría al cierre de la United Artist. Eso sí, dejó para la historia del cine una obra maestra.

“Wild Bill” (“Wild Bill”, Walter Hill, 1995).

Para su revisión de Wild Bill Hicock, Walter Hill contó con Jeff Bridges, al que acompañaban Ellen Barkin y John Hurt.

Jorge Arincón

"Yo, Claudio" ("I, Claudius", 1976).

Siempre que se veía a John Hurt en una película en mi casa se decía "ese es el que hacía de Calígula".

Recuerdo que me quedaba entusiasmado delante de la tele viendo la intro con la serpiente sobre el mosaico y la fantástica música. 

Años después me compré en dvd la serie y la disfruté.

Puro teatro televisado, sin un sólo exterior, con el sello de prestigio de la BBC. Las interpretaciones son todas excelentes, pero Hurt como Calígula sobresale sobre todos los demás.

"Alien, el octavo pasajero" ("Alien", Ridley Scott", 1979)..

Hurt sale muy poquito aquí, pero es que su escena abriéndose en canal sobre la mesa con el alien saliendo...

"1984" ("Nineteen Eighty-Four", Michael Radford, 1984).

Buena adaptación de la novela de Orwell que capta la atmósfera pesimista y deprimente de esta distopía.

Mención especial para "El hombre elefante" (1980), mi favorita de David Lynch. También destacar los dos cortos de animación "El Gruffalo" (2009) y "La hija del Gruffalo" (2011), buenísimos, donde John Hurt presta su voz para interpretar el personaje del búho.

Alfonso Carlos López

“1984” (“Nineteen Eighty-Four”, Michael Radford, 1984).

Película británica de 1984 dirigida por Michael Radford cuyos protagonistas son: John Hurt, Suzanna Hamilton y Richard Burton. Basada en la novela homónima de George Orwell. Se encuadra en el género de ciencia ficción, política y distopía, sumergiéndonos en un mundo terrible donde Wisnton Smith (John Hurt) es continuamente vigilado por el gobierno de la Oceanía totalitaria. Es enviado al “Ministerio del Amor” y queda en manos de O´Brien (Richard Burton), encargado de acabar con la libertad de pensamiento y quebrantar la voluntad. Una obra que nos adentra en lo siniestro de las dictaduras y la opresión al disidente, a los derechos humanos y a la democracia. Un peligro que no podemos dejar de pasar por alto. Esos mensajes del “Gran Hermano”… Un mundo de pesadilla para cualquier demócrata.

“El expreso de medianoche” (“Midnight Express”, Alan Parker, 1978).

Cinta estadounidense cuyo director fue Alan Parker en 1978, el guion corrió a cargo de Oliver Stone, y la magnífica banda sonora por Giorgio Moroder, basada en una historia real. Su reparto sensacional: Brad Davis, John Hurt, Irene Miracle, Mike Kellin, Bo Hopkins, Paolo Bonacecelli, Randy Quaid, Paul L. Smith, etc… Impresionante e impactante con un drama carcelario en Turquía en unas condiciones espantosas e inhumanas en la prisión. Para mí una de las obras que más duramente han tratado el tema de las consecuencias penales por el tráfico de hachís. Muy inquietante y podemos ver los abusos, la violación de los derechos más elementales de los reclusos y un impactante final. En la mente de todos está la escena de la detención de Bill Hayes (Brad Davis) en el aeropuerto. El papel de John Hurt increíble como Max. El film hizo época.

“Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal” (“Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull”, Steven Spielberg, 2008).

Perteneciente a la estupenda saga de Indiana Jones esta película de aventuras estadounidense de Steven Spierlberg cuenta en su elenco con: Harrisond Ford, Karen Allen, John Hurt, Shia LaBeouf, Cate Blanchett, Ray Winstone, etc... Tiene un gran ritmo y desde el comienzo mantiene la atención del espectador.  Se desarrolla en 1957, en plena Guerra fría, con agentes soviéticos de por medio, enigmas extraterrestres con la Calavera de Cristal Akator y las selvas peruanas. Maravilloso John Hurt como Harold Oxley, encarnando a un científico perturbado mentalmente por causas que se conocerán en la trama y desarrollando un personaje digno de alabanza.

Otros trabajos que me encantan de John Hurt son: “Los Crímenes de Oxford” (2008), “Rob Roy” (1995), “La llave del mal” (2005), “Disparando a perros” (2005), “El estrangulador de Rillington Place” (1971), etc… En 1978 puso voz a Aragorn en la película de animación “El Señor de los Anillos”.

Eduardo Álvarez Cónsul

“Yo, Claudio" (“I, Claudius”, 1976).

Inolvidable la actuación de John Hurt como el emperador Calígula junto al gran Derek Jacobi como su tío Claudio, Sheila White como Mesalina, además de David Robb, James Faulkner y Patrick Stewart.

“La puerta del cielo" (“Heaven’s Gate, Michael Cimino, 1980).

Este wéstern es recordado por el fracaso comercial, pero es una película que por su temática muy actual ha envejecido muy bien, en el reparto aparecen además de John Hurt, Kris Kristofferson, Christopher Walken, Isabelle Huppert, Joseph Cotten, Treat Williams y unos jovencísimos Mickey Rourke y Willem Dafoe.

"Clave: Omega" (“The Osterman Weekend, Sam Peckinpah, 1983).

En este thriller de espionaje que sería la última película de Sam Peckinpah aparecen las clásicas traiciones y contraespionaje de la guerra fría, y John Hurt aparece junto a Rutger Hauer, Dennis Hooper, Meg Foster y Burt Lancaster.

Joanna

Tratando de no aferrarme a los asideros de los títulos emblemáticos para mi generación de este gran intérprete inglés, me decanto por un trío de filmes de algunos realizadores muy de mi gusto.

“Dead Man” (“Dead Man”, Jim Jarmusch, 1995).

El independiente Jim Jarmusch continuaba en los noventa fiel a su estilo a la vez que serpenteando entre géneros y cinematografías varias. Con “Dead Man” nos ofreció un wéstern tan insólito como alejado de los cánones más habituales y trinchados de este cine. Una película en blanco y negro con un reparto tan heterodoxo como irresistible.

“Snowpiercer (Rompenieves)” (“Snowpiecer”, Bong Joon Ho, 2013).

El surcoreano Bong Joon Ho (sí, el de “Parásitos”), había dado en el clavo con su película de monstruos “The Host”, con un éxito masivo a escala mundial. Y después de “Mother”, muy peloteada por algunos críticos, dirigió “Snowpiercer (Rompenieves)”, una adaptación de un cómic galo de Jacques Lob y Jean-Marc Rochette publicado en los ochenta. El film contó con un reparto internacional para dar vida a una serie de personajes tan extraños como disfrutables.

“El perfume: Historia de un asesino” (“Perfume: The Story of a Murderer”, Tom Tykwer, 2006).

De entre sus intervenciones como narrador, que tiene muchas, me encanta esta adaptación de la novela “El perfume” del escritor alemán Patrick Süskind. Una producción de carácter internacional y cierto resabio “euro” con un final de antología.

Carlos Enríquez

John Hurt fue un actorazo británico que ha dejado huella en el cine y la tele. Un montón de buenos papeles en todo tipo de pelis y series. Aunque hizo de todo, tenemos que centrarnos en tres, así que he elegido “Yo, Claudio, “Alien, el octavo pasajero” y “El estrangulador de Rillington Place”. Y, ojo, que también dejó el listón bien alto en pelis como 1984 (Nineteen Eighty-Four,1984, Michael Radford), La Proposición (The Proposition, 2005, John Hillcoat) y muchas otras. 

“Yo, Claudio" (“I, Claudius”, 1976).

Creo que es mi serie favorita de todos los tiempos. Me la pongo cada cierto tiempo, quizás cuatro o cinco años. Producto BBC, o sea, garantizado. Basada en las novelas de Robert Graves, Hurt se metió en la piel de Calígula, uno de los emperadores más locos y desquiciados de la historia. Su actuación es estupenda y combina locura, intensidad y un toque de grima único. El reparto de esta serie es irrepetible. 

“Alien, el octavo pasajero” (“Alien”, Ridley Scott, 1979).

Pues luego vino “Alien, el octavo pasajero”, un clásico de la ciencia ficción que sigue dando miedo a día de hoy. Hurt interpretó a Kane, el pobre desgraciado al que le sale el bicho del pecho en medio de una ristra de contorsiones. Una de las escenas más icónicas del cine de terror, de esas que ya nunca se te olvidan. Todavía hoy pone los pelos de punta ver salir al bichejo entre la angustia y el dolor de Hurt (o de Kane, mejor dicho). Sospecho que será siempre una de sus actuaciones más recordadas. Por cierto, dicen que John Hurt es el actor que tiene el récord de muertes en pantalla. Pulula por ahí por YouTube un video con el título “The Many Deaths of John Hurt” (Las múltiples muertes de John Hurt). Recopila sus muertes ficticias en cuatro minutos.

“El estrangulador de Rillington Place” (“10 Rillington Place”, Richard Fleischer, 1971).

En “El estrangulador de Rillington Place” Hurt hizo de Timothy Evans, un tipo real que fue condenado por error en un caso que sacudió a la sociedad británica. Esta peli es un drama criminal bastante crudo y su actuación es de esas que te dejan el corazón en un puño. Interpretó a un hombre desesperado con una sensibilidad increíble, haciendo que la historia fuera aún más convincente. He recomendado esta película a muchos amigos míos que quizá no consumen tanto cine como yo, y a todos les ha sorprendido. Creo recordar que también hay por ahí una miniserie de cuatro o cinco capítulos más modernita y también de la BBC.  

John Hurt era de esos actores que nunca fallaban, daba igual el género o el presupuesto de la peli. Su voz y su presencia lo hacían único e inolvidable. Con una carrera de más de cinco décadas, sigue siendo un referente en el mundo del cine y la televisión y nos ha dejado un legado estupendo.

David Cortabarria

John Hurt (1940-2017), otro actorazo (el mejor del mundo, según afirmó David Lynch) a quien el maldito cáncer se llevó demasiado pronto. Siempre es demasiado pronto cuando las malditas, inútiles e inaceptables enfermedades arrebatan siquiera un día de vida. El actor que nos ocupa para esta nueva (y ardua) selección de tres favoritas para Les Danses Macabres siempre fue una compañía de lo más agradable y frecuente en mi deambular de cinéfilo sin pretensiones.

“El expreso de medianoche” (“Midnight Express”, Alan Parker, 1978).

John Hurt como Max.

La década de los setenta acogió una producción cinematográfica que contrastada a lo que vino después no para de ganar más y más prestigio. Y atesoraba películas de denuncia como ésta que nos ocupa, donde Billy Hayes (Brad Davis) desciende a los dantescos infiernos de las cárceles turcas, víctima de una muy desproporcionada sentencia que buscando ser ejemplar anula por completo sus derechos. Muy pocos, como el bueno de Max (un genial Hurt) podrán ayudarle, ofreciéndole en este caso el bálsamo de una valiosísima amistad. John Hurt no sale mucho a lo largo del metraje, pero cuando lo hace roba escenas con una naturalidad pasmante, dejando una impresión indeleble en el espectador. Enriquece mucho una película siempre reivindicable, con un par de escenas tremendas, a la par que muy entretenida. La decisión de que la banda sonora corra a cargo de Giorgio Moroder se me antoja un punto extraña, pero con el tiempo he relativizado del todo su disonancia respecto a las escenas que ilustra. 

“Alien, el octavo pasajero” (“Alien, Ridley Scott, 1979).

John Hurt como Kane

+ Spaceballs (La loca historia de las galaxias – Mel Brooks, 1987) John Hurt como él mismo (aunque interpreta a Kane de “Alien”)

“Alien”, claro que sí. La película donde descubrí por primera vez (¡Y de qué forma!) a John Hurt, el inolvidable oficial ejecutivo Kane de la malograda tripulación de la Nostromo. Mucho, muchísimo se ha escrito sobre la mítica escena en la que el xenomorfo del genial Giger aparece por vez primera intrínsecamente unido a Kane (y eso es todo lo lejos que pienso ir, pese a que a estas alturas comentar esa escena no incurra ya en destripe [Nunca mejor dicho] alguno). Mítica película con un gran reparto y un director que, a la manera de un Mike Oldfield al comienzo de su discografía, rueda peliculones de un calibre superior. “Los duelistas” (1977), “Alien” y “Blade Runner” (1982) son el Tubular Bells, Hergest Ridge y Ommadawn de un creador de arrebatadores mundos visuales. 

Y no puedo no comentar el delicioso cameo de Hurt en la cada vez más recomendable “Spaceballs” (omito mencionar las horribles “traducciones” de los títulos españoles que ésta película y “Alien” tuvieron). En la (muy necesaria) parodia de Star Wars que lleva a cabo Mel Brooks volvemos a ver a John Hurt caracterizado como Kane rememorando su pasado como creador de protohuevos Kinder en el transcurso de indigestas cenas. Brooks se pasa de frenada en más de una ocasión, pero se le perdona fácilmente por su muy disfrutable socarronería respecto a una saga fantástica (no, no es ciencia-ficción) que se toma demasiado en serio a sí misma. “Spaceballs”, pese a estar completamente fuera del canon galáctico, ofrece una muy sana perspectiva sobre el mismo. Por supuesto, las versiones en DVD y Blu-Ray están guardadas en la estantería donde archivo las películas de la familia Skywalker. Recomiendo hacerse con ellas, porque la broma se extiende a los menús del formato físico, con un par de opciones que son maravillosamente descacharrantes. 

“1984” (“Nineteen Eighty-Four”, Michael Radford, 1984).

John Hurt como Winston Smith

+ V for Vendetta (V de Vendetta – James McTeigue, 2005)

John Hurt como Adam Sutler

Siempre es bienvenida una adaptación del imprescindible libro de Eric Arthur Blair, alias George Orwell (1903 – 1950, ¡Qué joven te fuiste!). En esta tercera adaptación (segunda cinematográfica, la primera fue televisiva) John Hurt ofrece una impecable interpretación como Winston, la célula rebelde y pensante de un detestable ecosistema de obliteración mental, manipulación constante y deshumanización. Solo el gran Peter Cushing ofreció un Winston a la misma altura en la adaptación para la televisión de la BBC en 1954. Dirigida por Rudolph Cartier, se trata de la adaptación más fiel al libro de Orwell. Su precario y espartano diseño de producción contribuye muchísimo a transmitir el intenso gris de la desesperación descrita en ese tremendo aviso para navegantes contra los fascismos (y que por desgracia más de un gobierno del planeta parece haber acogido como manual de estilo). Así, Hurt es el Winston correcto en una adaptación esforzada pero irregular de 1984. Justo lo mismo que le pasa a la primera adaptación a cine a cargo de Michael Anderson en 1956, que cuenta con muchos más medios que juegan en contra a la hora de describir la implacable decrepitud que transmite el aberrante Gran Hermano.

21 años después, en la muy disfrutable adaptación del cómic de Alan Moore y David Lloyd “V de Vendetta” a cargo de James McTeigue, John Hurt encarna la némesis de Winston Smith en una Inglaterra que avanza a pasos agigantados a una sociedad orwelliana. Es un gran contrapunto a un Hugo Weaving que encarna de manera impecable a V (donde por cierto el doblaje anula por completo su superlativa dicción inglesa), instigador de una muy necesaria rebelión contra una sociedad que abrazó hace tiempo ese inmenso tiro en el pie llamado Brexit (nunca mencionado así en el cómic creado entre 1982-85, pero que lo describe con todo detalle). Quizás el tratamiento de Adam Sutler como líder totalitario tendría que haber sido más extenso, pero para las dos horas y pico que dura tan apasionante película se adaptan fehacientemente las líneas maestras de la obra gráfica, permitiendo que Hurt se luzca de lo lindo en su papel.

Óscar "Woody" Correa

Sir John Hurt fue uno de los actores británicos más talentosos y versátiles de su generación, con una carrera que abarcó más de cinco décadas en cine, televisión y teatro… Su voz y su acento, inconfundibles y muy característicos, le hicieron también habitual en  participaciones como narrador o voz en off en documentales (muchos de la BBC), audiolibros, y películas como: "Dogville" (2003), papel clave de la película además, o "El perfume (retrato de un asesino)" (2006). De entre sus actuaciones y sus narraciones elijo personalmente:

“Alien, el 8º pasajero”, ("Alien, Ridley Scott, 1979). 

Quizás su papel más recordado, tantas veces parodiado y que ha pasado a la historia, es decir, su personaje de Kane, oficial de la Nostromo, que fue el primer humano en ser víctima del letal alienígena. Y dentro de esto protagonizó una de las escenas más míticas del cine de terror y ciencia ficción: ser el padre del “nacimiento” del primer alíen, el primer personaje de toda la saga de estas películas en ser el anfitrión de uno de los extraterrestres más icónicos de la ficción. Se ha dicho siempre que secuencia en la que se mostró cómo el alien le desgarraba el estómago, saliendo entre gritos y sangre, sorprendió incluso a sus compañeros de reparto, ya que ninguno estaba avisado exactamente de lo que iba a pasar. Habría también que añadir entre las películas destacadas a "Spaceballs", ya que el propio Hurt se parodia a sí mismo y vuelve a interpretar a un personaje similar, pero esta vez, después de que el alien salga de su cuerpo, en lugar de una escena de terror, el alien comienza a cantar y bailar con un sombrero de copa... Escena casi más mítica que la original!!! 

"Dogville" ("Dogville", Lars von Trier, 2003). 

Sí, John Hurt también tuvo uno de los papales clave de su carrera, al menos para mí, en "Dogville", aunque realmente no salía físicamente en pantalla. Fue el narrador de esta película del controvertido Lars von Trier, odiado y amado a partes iguales (en el caso de esta peli yo me declaro súper fan)… su voz peculiar grave y distinguida le dio un tono casi literario a la historia, que es clave en la estructura teatral de la película, y que ayuda a entender mejor lo qué sucede ante el espectador en esta escenografía tan minimalista (que no tiene nada salvo líneas pintadas en el suelo!). Aparte de ser el hilo conductor y clave en llevarte a ver lo que la escena no te enseña, añade tonos irónicos y desapasionados, que intensifican la crudeza de lo que ocurre en la historia. Su voz es la guía al espectador a través de la transformación del “pueblo” y de la protagonista (Nicole Kidman), ayudando a construir la sensación crítica social que define la película. 

"El hombre elefante" ("The Elephant Man", David Lynch, 1980).

Precisamente se me quedó atrás esta película mítica en el artículo de hace unas semanas dedicado a David Lynch, por lo que la ocasión la pintan calva para rescatar esta gran obra de arte, y qué mejor excusa que la genial actuación de su protagonista, John Hurt. Su interpretación de John Merrick, un hombre con deformidades, es una de las más conmovedoras de la historia del cine, aunque no se le reconoce conoce pesar del maquillaje (del que terminó algo harto), Hurt transmitió una enorme sensibilidad y humanidad, lo que le valió a fin de cuentas una nominación al Óscar y al Globo de Oro.



jueves, 6 de febrero de 2025

Blue Moon "Introducing the Hits Volumen II" (Soundcloud, 2024)

La banda catalana Blue Moon es uno de los mejores proyectos actuales de grupo tributo al Rock’n’Roll y al Rhythm & Blues, centrados en dichos estilos de la época de los años 50, 60 y 70. Su diversidad musical también incluye dentro de su repertorio el swing, por citar algún tema “Just a Gigolo” o “Mack the Knife”.

Blue Moon se funda en Barcelona en la primavera del 2016 por Josep Pladevall (voz) y José Patrón (bajo y guitarra acústica). La formación eran: Barnat Compte (bajo y guitarra acústica), y Carlos Manau (teclados) que dejaría el grupo ese en junio de ese año. En febrero de 2017 entra como batería Alfredo Arcusa, fundador del mítico grupo de rock progresivo Altair y que ha tocado con grandes de la música como Jordi Sabatés, con quien grabaría el icónico álbum Nosferatu Hacia el Vampiro, Pau Riba, Toti Soler, Benjamín León (genial organista de Jazz que incluso hizo duetos de Hammond con el genio del órgano Jimmy Smith en su visita a la Ciudad Condal), Conrad Setó, etc.. Debo decir que el gran baterista de Blue Moon, Alfredo Arcusa participó en el mítico concierto en la Sagrada Familia con Ovidi Montllor ante más de 60.00 personas y que además se retransmitió por TV3, imaginaros la categoría de los miembros de este grupo. Por cierto, en nada se reeditarán sucesivamente dos legendarios CDs de Altair, el de título homónimo y Fantasías y Danzas.  Blue Moon funcionaron como cuarteto acústico hasta marzo del 2019 que se incorpora Marco Greco como teclista. Con esta formación graban el disco Introducing the Hits vol. I en verano del 2022, que vio la luz ese octubre y de nuevo se da algún cambio en los miembros ya que entra Alex Sellers a la guitarra eléctrica. Graban el videoclip “All Right Now”, un magnífico cover del inmortal tema de Free. A finales del 2023 nuevo cambio y se suma Luis Carbó como guitarra acústica, en una línea electroacústica y siendo actualmente: Josep Pladevall (voz), José Patrón (Bajo), Alfredo Arcusa (batería), Lluis Carbó (guitarra acústica y coros) y Alex Sellers (guitarra eléctrica). El disco es grabado, mezclado y masterizado por José Patrón. Serían estos componentes quienes facturan el disco actual Introducing the Hits Vol. II que acaba de salir en Soundcloud y en formato físico en CD de tirada limitada.

Nos encontramos ante 6 canciones realmente bien ejecutadas y con esa magia que imprime Blue Moon a los covers haciéndolos suyos con su toque personal. Realizan versiones de:  Chuck Berry, Creedence Clearwater Revival, Elvis Presley, Free, Lynyrn Skynyrd, T. Rex, Roy Orbison, etc… El secreto de este conjunto es su estupenda instrumentación a cargo de consumados instrumentistas y con un gran cantante capaz de interpretar a los genios del Rock’n’Roll y Rhythm & Blues, además del swing clásico. Debo reseñar que además, y es muy loable por su parte, se han implicado en causas benéficas como el concierto que dieron para la Asociación Española Contra el Cáncer patrocinado por el Ayuntamiento de Cornellá.

Este su segundo disco, Introducing Hits Vo. II es una joya del género de homenajes al rock que no debéis dejar de escuchar. Mi favorita es “Don´t Be Cruel” de Elvis Presley, destacando también “Never Can´t Tell” de Chuck Berry -como sabéis la canción de Berry salía en la película del genial Quentin Tarantino Pulp Fiction (1994), en el momento del baile de John Traviolta y Uma Thurman-. Me parece muy interesante la reconversión del tema “Footloose” (de la película del mismo título) al que le dan un toque country en la línea del Rock & Roll sureño. Se incluye así mismo el citado “All Right Now” de Free pero cualquiera de los 6 temas que componen este trabajo está al máximo nivel.

Un buen ejemplo de cómo veteranos de la escena musical pueden realizar una música fantástica y según me dijo en su día Alfredo Arcusa: “Estamos reviviendo la música que oíamos cuando éramos jóvenes”, de hecho en una foto del grupo él cita que posa al estilo del batería de The Shadows , una banda que de joven le influyó mucho. Apostillaría yo, una música inmortal e imperecedera. Así que ya no os podéis perder sus actuaciones en directo y sus discos. Toda la historia del Rock’n’Roll en manos de esta banda que no defraudará a nadie. En definitiva Introducing the Hits Vol II un buen disco y Blue Moon una banda interesantísima formada por músicos experimentados. Su píldora de la eterna juventud es la música.

Alfonso Carlos López



sábado, 1 de febrero de 2025

Mis tres favoritas de... Gustavo Adolfo Bécquer

 

Malina Murnau

“Las hojas secas” (1865).

Pongo ésta en primer lugar ya que, aunque no sea una de sus obras más conocidas, a mí en particular me encanta. Es muy cortita, pero en esa brevedad transmite mucho. La decadencia de la vida, el pasar del tiempo. Y lo breve que puede ser una vida.  La primera vez que lo leí me encanto. Al leerlo te das cuenta lo hermoso y triste que es al mismo tiempo, una pequeña joya.

"El Monte de las Ánimas" (1861).

En esta leyenda que más se puede pedir, es una maravilla desde el principio hasta el fin.  Noche de difuntos y la festividad de todos los santos. Alonso en busca de esa cinta que perdió su prima Beatriz, y que esta reta a ir a buscarla en el monte de las ánimas. Todo un clásico. La más leída y conocida del autor. 

“La promesa” (1885).

Esa mano, esa promesa... Imposible dejarla fuera de mis favoritas. Romanticismo en cada palabra, lenguaje poético en todo su esplendor. El amor, la muerte. Margaritas siempre.

Muy complicado quedarme con tres, pero creo que he elegido bien, ya que son las que me inspiraron para crear mis primeros poemas. La muerte, el amor, el miedo.

Pero dejo fuera auténticas joyas. Por eso me gusta el de elegir tres. Hay que machacar el coco y decidir realmente cual te gusta más y con cual te quedarías.

Raúl Allén ilustra la leyenda de 'Las hojas secas'.

Neferet

"El Monte de las Ánimas" (1861).

Leyenda por antonomasia del autor. 

Creo que es una de las leyendas más leídas precisamente porque es atemporal. Escrita antes de los 23 años de edad, entra dentro de la colección de narraciones sorianas, todas exquisitas. A destacar el seguimiento hora a hora, casi al minuto diría yo de la lucha interna por la culpa y los terrores nocturnos de Beatriz. Abordando, así mismo las consecuencias del castigo por la vanidad y el capricho. Terminando con un final visualmente sobrecogedor e impactante.

"La venta de los gatos" (1862).

La escojo por el gran cariño que le tengo, al ser tan autobiográfica y transcurrir en mi ciudad. La venta siempre ha sido un lugar al que he podido acudir en mi adolescencia. Destacó la descripción histórica de la ciudad y de esta venta y su entorno en 1.860. La trama es un romance donde es testigo el autor con un trágico desenlace como no podía ser de otro modo. (Se trasluce la comparación luz y sombras con la Sevilla del ayer y del hoy).

“Cartas desde mi celda” (1864).

Lo he escogido porque son relatos menos conocidos al no incluirse en las leyendas. Relatan su periplo en Soria, que se encontraba en un retiro convaleciente. La descripción del viaje, desde que coge el tren, el monasterio de Veruela, los lugares abandonados, propios del romanticismo como el cementerio de la aldea, que describe con tanto detalle, hace que te traslades allí sumergiéndote a otra época en un abrir y cerrar de ojos. 

En concreto las cartas sexta, séptima y quizás también la octava, son las más interesantes porque hablan de las últimas brujas que existieron en España (considerándose real la historia que narra), así como la brujería de la época y todo lo que rodea ese mundo.

Alfonso Romero

Lentamente caen las hojas secas al pasar

Y el Cierzo empieza a hablar

En una tibia mañana el sol asoma ya

No llega a calentar

Cuando divises el monte de las Ánimas

No lo mires, sobreponte

Y sigue el caminar

Que decía una de las estrofas del tema “Camino Soria” de Gabinete Caligari. Y es que la fuerte impronta de Gustavo Adolfo Bécquer ha quedado bien patente a lo largo de los años en múltiples artistas, más allá y más acá de la literatura: el cine, el cómic, o la música, por ejemplo, han sabido homenajear y absorber la obra de este genial poeta y narrador nacido en Sevilla. Sus “Rimas y leyendas”, así como el resto de sus escritos,  son un referente ineludible para múltiples generaciones (lástima que los más jóvenes hayan mostrado poco interés en su obra... y en la cultura en general).

“El miserere” (1862).

Carlos Giménez llevó al arte secuencial este genial relato en una historieta que vería la luz por primera vez en 1971 en las páginas de la revista Trinca. La búsqueda de la redención tras años de pecado, llevarán a un romero a tratar de escribir un miserere que le redima de su pasado. Pero no encontrará sino la locura al tratar de trascribir ese cántico que se oye todas las noches de Jueves Santo.

"El Monte de las Ánimas" (1861).

Ambientada en Soria, como bien nos recordaron los Gabinete, sobre un monte que fue guarida de los caballeros templarios y donde se vivió una batalla terrible entre dicha orden y los nobles. Desde entonces, cada año durante la noche de todos los Santos, las almas de los guerreros caídos en la batalla regresan a nuestro mundo. Un referente claro para “La noche del terror ciego” (1972), y las otras tres películas que Amando de Ossorio dedicó a sus vengativos templarios redivivos.

 “La cruz del diablo” (1871).

Una leyenda sobre la condición, digamos, diabólica de algunos hombres. Con un noble caballero convertido en un cruel tirano en el pueblo de Bellver. Paul Naschy (Jacinto Molina en su DNI) escribió un guion para llevarla al cine (con otras leyendas), proyecto del que quedaría finalmente excluido y que dirigió el británico John Gilling... quedando lejos de sus más notables trabajos para Hammer Films.

"El miserere", según Carlos Giménez

Ángel Marrero

“La cruz del diablo” (1871).

Sin duda, una de las leyendas favoritas de cualquier fan de Bécquer. Me encanta esta historia del caballero maldito, cuya armadura vacía pero viviente recuerda a la de aquel otro gran clásico de la literatura gótica que es "El castillo de Otranto", obra del escritor inglés y pionero del género Horace Walpole. Mi primer contacto con el relato de Bécquer fue a través de "La cruz de los atormentados", una historia del dibujante Joan Boix inspirada en su leyenda, donde la cruz demoníaca sigue ganando almas para el averno.

“El miserere” (1862).

Otra encantadora historia de fantasmas, la cual me hace recordar "Los elixires del diablo" del escritor romántico alemán E. T. A. Hoffmann. Aquí encontramos a un compositor arrepentido de sus pecados (curiosamente de origen alemán), que viajando como peregrino por tierras españolas será testigo de un pavoroso espectáculo: el cántico fantasmal de unos monjes asesinados en su monasterio un Jueves Santo. En los años setenta, el dibujante Carlos Giménez hizo una adaptación al cómic tan alucinante como amena.

“El beso” (1863).

Otra maravillosa leyenda de ruinas y fantasmas, a la que Bécquer le otorgó ciertas connotaciones patrióticas. Durante los tiempos de la guerra de la Independencia, un destacamento de soldados franceses busca alojamiento en un convento abandonado de Toledo. Allí su capitán se enamora de una estatua funeraria, que representa a una bella dama, a cuyo lado se alza también la estatua de su esposo, un valeroso caballero que luchó antaño contra los moros que invadieron España. Al intentar besar a la estatua de la dama, el capitán gabacho recibe una tremenda bofetada por parte de la estatua del caballero que lo mata en el acto. Me sigue alucinando este final tan inesperado como brutalmente "gore". Bajo estas líneas dejo una simpática y viejuna ilustración del relato.

"La cruz de los atormentados", Bécquer según Joan Boix


Ilustración para "El beso"

Eduardo Álvarez Cónsul

"El Monte de las Ánimas" (1861).

De este libro siempre recordare el final.

"Maese Pérez el organista" (1861).

Esta historia la ley en mi época de estudiante y todavía recuerdo a un compañero de clase a quien un profesor le dijo " Maese Pérez el cínico ".

"La venta de los gatos" (1862).

Hace unos años pasé por un sitio de Sevilla llamado "La venta de los gatos" y ufff... me acorde de esta historia de Bécquer pues alguien me dijo que se inspiró en dicha venta.

Miguel Romero

A pesar de su fama y prestigio universal poco se ha adaptado su obra, qué pronto nos olvidamos de los nuestros…

"Maese Pérez el organista" (1861).

Esta leyenda del organista que tocaba en el sevillano convento de Santa Inés, recuerdo que antes de leerla vi la adaptación que hizo de ella Televisión Española. Eran los tiempos de Pilar Miró…

"El miserere" (1862).

Uno de sus más famosos cuentos. Fue una de sus historias incluidas en el film “La cruz del diablo”, que John Gilling dirigiera en 1975.

También Carlos Jiménez hizo una adaptación al cómic.

"El monte de las ánimas" (1861)

Otra de sus más conocidas leyendas. También formó parte del film de Gilling.

Carlos Enríquez

Uno de los grandes del Romanticismo español. Difícil centrarme en solo tres obras si incluimos su poesía, que el bueno de Gustavo Adolfo nunca llegó a ver publicada en vida. Sin embargo, si nos enfocamos únicamente en sus leyendas, la elección se vuelve más sencilla. Mis favoritas son, sin duda, “El Monte de las Ánimas” y “Los ojos verdes”, ambas con elementos naturales en común y un componente macabro y sobrenatural. Son dos cuentos románticos de terror y misterio que, en resumidas cuentas, podríamos etiquetar como «góticos», dada su fuerte raigambre medieval. Además, he querido incluir un poema, uno de mis favoritos de todos los tiempos, por evocador, por su impecable escritura y por el tema que trata: “Volverán las oscuras golondrinas”.

"El Monte de las Ánimas" (1861).

Cuando era niño, en un campamento de verano en Navezuelas, un animador nos contó esta leyenda con la única ayuda de unos trapos, una linterna y su rostro. Me marcó. Horas después, en las tiendas de campaña, temblábamos como hojas, muertos de miedo. Por cierto, otro día, ese mismo chaval nos contó “La noche del terror ciego” (¡más templarios!). Casi nada. Otra noche sin pegar ojo.

Volviendo a “El monte...”, Bécquer juega con lo sobrenatural, con antiguas leyendas sorianas, con los conflictos entre la Orden del Temple y la nobleza de Castilla, con el eterno elemento femenino de su obra y con esos lugares oscuros donde «lo muerto» no descansa. El monte es el destino, el lugar mágico. Toda la historia está imbuida de un ambiente medieval y misterioso que arrastra al lector a mascar la tragedia. No quiero contar más para no arruinar la experiencia de lectura.

“Los ojos verdes” (1861).

Bécquer nos sumerge en otra historia de terror, en la que un cazador se adentra en el bosque y conoce a una misteriosa mujer de ojos verdes. Aquí don Gustavo Adolfo juega con antiguas creencias sobre los espíritus femeninos demoníacos que habitan en el Moncayo. La historia explora temas como el amor apasionado, la culpa, el más allá y otros elementos sobrenaturales, dejando en el lector un escalofriante sentido de la inevitabilidad del destino y del peso de los pecados pasados.

“Volverán las oscuras golondrinas” (1870).

Un poema sublime, con una forma y un ritmo evocadores. En resumen, Bécquer nos habla de cómo todo transcurre de manera inevitable, de cómo el tiempo se nos escapa sin posibilidad de retenerlo. La imagen de las golondrinas regresando simboliza esos momentos que se repiten, pero nunca de la misma manera. De igual modo, «Volverán las tupidas madreselvas» nos recuerda que la naturaleza sigue su curso, a pesar de lo que nosotros queramos. Nuestras vidas no se detienen, y lo que vivimos, una vez pasado, jamás regresa. Podemos interpretar esto como la nostalgia de un amor irrecuperable (tema absoluto en el romanticismo) o con cualquier otro asunto al que queramos extrapolar la idea, y esa sensación que de que el tiempo lo ha cambiado todo y por mucho que hagamos no lo podemos recuperar. 

Para acabar, decir que lo curioso de estas obras es que Bécquer no necesita ser demasiado explícito para llegar al lector. Usa símbolos y metáforas para tratar temas universales como el amor, la muerte y la fugacidad de la vida. A veces parece que te habla directamente al corazón, como si te contara algo personal, pero al mismo tiempo logra que cualquiera se identifique con sus palabras. Esa capacidad de sumergirte en su mundo plagadito de sensaciones intensas (como buen autor romántico) es lo que hace grande su obra. Ya sea la nostalgia de un amor perdido o el terror que transmite un monte plagado de vida «nocturna», su estilo sigue atrapando a la gente. Por eso, todavía hoy, seguimos hablando de él y de sus historias y, con toda seguridad, esto va a seguir ocurriendo. Por cierto, atención a su faceta de ilustrador, merece la pena echar un vistazo a sus dibujos.

Ilustración de Gustavo Adolfo Bécquer

Alfonso Carlos López

Bécquer, nacido en Sevilla en el 17 de febrero de 1836 y fallecido en Madrid el 22 de diciembre de 1870, ha sido uno de los mejores escritores que hayan existido. Ese estilo romántico que tanto me gusta, muy influido además por el romanticismo alemán, es sencillamente magnífico. De este escritor insigne he escogido estas tres obras:

“El Monte de las Ánimas” (1861).

Un cuento increíble que vio la luz el 7 de noviembre de 1861 con todos los ingredientes del terror clásico que lo envuelve. El comienzo es espectacular, creando ya el ambiente con lo de la habitación a la noche: el tañido de las campanas, el crujir de los cristales estremecidos por el aire frío de fuera… Entrando en materia, cuenta lo que le ocurrió a Alonso al querer complacer a su prima Beatriz en la noche de difuntos, con su desafío a su citado primo de que vaya a recuperar una cinta perdida esa noche en el Monte de las Ánimas. Se narra la leyenda de los Templarios en su batalla con los nobles de Soria por envidia, ya que un rey les encargó la defensa del feudo a esta orden, enterrándose en el atrio de la iglesia los muertos de ambos bandos. En la Noche de Todos los Santos se oye doblar la campana de la iglesia y las ánimas corren por el monte envueltas en sus ropas echas jirones. Como se dice: la imaginación es un caballo que se desboca…

“El miserere” (1862).

Publicado el 17 de abril de 1862 nos relata la tragedia de unos monjes asesinados por un caballero malvado que había sido desheredado por su padre ya que se construyó un monasterio con los caudales que le hubieran correspondido a él. Todos los Jueves Santo las almas de los religiosos vuelven y entonan el Miserere. Cuenta como un músico llega al Monasterio de Fitero (Navarra) para pasar la noche ya que peregrina a Santiago. Allí le narran una historia terrorífica que le llevará a la locura ya que querrá escuchar el miserere de los monjes sin hacer caso de que no vaya al monte donde se aparecen y cantan. Me gusta mucho la finalización donde pasa a partitura lo que había oído, pero al no poder haber escuchado el final no pudo concluirlo y murió enloquecido por el esfuerzo quedando la obra inconclusa y con frases extrañas.

“Maese Pérez el organista” (1861).

Este cuento de 1861 nos adentra en una leyenda recogida por Bécquer donde un organista de la iglesia de Santa Inés de Sevilla muere tocando en Nochebuena. Se describe el ambiente de la Sevilla de la época y se describe a Maese Pérez como ciego, virtuoso, bondadoso, de 78 años, enfermo y con una hija novicia. El citado día hay una gran afluencia de gente a la misa. Él pensaba iba a ser la última para él ya que iba a ser sustituido por otro músico, pero se presenta y por ello interpreta una música celestial muriendo en el momento de la consagración. A partir de ahí la historia narra diversos acontecimientos, con su apoteosis final que es cuando el órgano suena solo.  Está narrado maravillosamente con una prosa evocadora y refleja muy bien el mundo sobrenatural.

Otros trabajos imprescindibles suyos son: “La ajorca de oro”, “El beso”, “La cruz del diablo”, “El gnomo”, “La venta de los gatos”, etc.

"El Monte de las Ánimas" ilustrado por Aintzane Cruceta

Joanna

“Maese Pérez el organista” (1861).

La historia del organista Maese Pérez y sus prodigiosas manos que todos querían escuchar en Nochebuena en la misa del gallo, y que seguiría tocando... incluso más allá de su muerte.

“El gnomo” (1863).

Situada en Aragón, a las faldas del monte del Moncayo, un anciano relata a jóvenes como advertencia la existencia de unos malvados seres, los gnomos, cuya llamada, como las de las sirenas, puede llevarte a la perdición.

“El beso” (1863).

Ambientada en Toledo, en los tiempos de la España ocupada por las tropas napoleónicas, narra la historia de un capitán francés seducido por la belleza de una estatua. El amor nos lleva a hacer locuras.

Jorge Arincón

Había leído las leyendas hacía mucho tiempo y me picó la curiosidad de volverlas a releer porque me encapriche de la magnífica edición que sacó Valdemar hace poco.

Tenía un poco de miedo de que tanto tiempo después me decepcionaran y no las encontrase tan buenas cómo la primera vez.

Después de releerlas, tengo que decir que me siguen pareciendo espectaculares y deberían de ser de lectura obligatoria para cualquier chaval en el colegio. Ahí van mis favoritas,

"La rosa de pasión" (1862).

 Que los judíos son un pueblo que no ha despertado especiales simpatías a lo largo de la historia, por decirlo suavemente, es un hecho. 

Esta leyenda del autor bebe de las creencias populares que enraizaron y que pintaban al prototipo de judío cómo tipo avaro de nariz picuda.

Prejuicios a parte, el relato es fantástico y sirve cómo extensión para crítica a cualquier fanatismo religioso sobre el que se impone el amor de la hija del protagonista.

No había reparado en éste relato cuando los leí por primera vez y con la relectura reciente de las leyendas se ha convertido en mi favorito.)

"La ajorca de oro" (1861).

Me encanta este relato y especialmente ese final. La atmósfera de tensión que consigue crear el autor con el protagonista aterrado en la iglesia vacía de madrugada, es impresionante.

"Maese Pérez el organista" (1861).

Posiblemente sea el relato más reconocido de todos los que componen las leyendas.

El relato cómo casi todos los que componen las leyendas, te absorbe desde el principio y su desenlace es de los que no se olvidan.

David Cortabarria

Vericuetos del destino, hace décadas que no escribo nada sobre Bécquer (1836-1870, ¡Qué pronto te fuiste, genio!), nuestro Edgar Allan Poe patrio (salvando las diferencias, por supuesto). Sus leyendas contienen muy buen material para una antología del terror fantástico, y de haber sido un autor americano habría tenido más difusión que el ya mencionado Poe o Lovecraft.

Selecciono tres de sus leyendas que más me gustan.

"La cruz del diablo" (1860).

Una premisa interesantísima, una armadura maldita de un psicópata señor feudal que dio rienda suelta a su maldad en las espantosas cruzadas, y que termina siendo poseída por el diablo que la lía de mala manera en el pueblo de Bellver de Cerdaña. Qué lástima que Sam Raimi o John Carpenter no se hubieran fijado en esta leyenda, porque habría dado para una muy interesante adaptación de puro fantaterror. 

"La creación" (1861).

Extraña y deliciosamente atípica, sobre cómo el dios alquimista Brahma fecunda a Maya, engendrándose así los gandharvas, quienes experimentan en el alucinante laboratorio de su padre la creación de un nuevo mundo… Mi leyenda favorita de Bécquer, que aquí se adelantó muchas décadas a escritores como Terry Pratchett o Neil Gaiman, que habrían estado encantados de haber escrito semejante delicia. Y encima con giro final, en la más pura línea de los relatos ultracortos de Fredric Brown. Una joya oculta del siempre reivindicable Bécquer.

"Los ojos verdes" (1861).

Una leyenda que leí hace ya mucho tiempo, pero que se me quedó grabada en la memoria. Una seducción fatal y diabólica, que hunde sus raíces en arcanas fuentes literarias. Con un par de retoques sería un muy buen relato de una antología de Stephen King. Malsano, melancólico y con un toque de fatalidad que lo convierten en una de mis leyendas favoritas.

Susanna Annasus

Es de los primeros escritores y poetas del que me enamoré perdidamente siendo niña. Recuerdo que no tenía ninguna obra de él, e iba a la biblioteca a copiar sus poemas, empapelé mi cuarto con muchos poemas suyos, poster de películas, y las letras de las canciones que me gustaban. Era caótico la mezcla explosiva que había en esas paredes y en la puerta.

Y tengo un detalle super emotivo, que el tío de mi amiga, le di tanta pena supongo, de ver una niña tan pequeña obsesionada, que me regaló un librito pequeño, que guardo como un tesoro. Con la cubierta roja, y para mí fue el mejor de los regalos. Un gesto tan sencillo, pero que me marcó, porque alguien se había dado cuenta por mi pasión por las letras.

De Bécquer es que me encanta todo, hasta su imagen. Con los años fui aprendiendo que era una métrica trabajada, una métrica sencilla, pero de una mente privilegiada. Era poeta, pintor, escritor, colaboró con obras como las zarzuelas, porque también le apasionaba la música. Le influía el romanticismo alemán como Heine, y le influía también escritores como Byron. Una de las frases que repetía mucho era que “la mejor poesía escrita es aquella que no se escribe”.

Me cuesta decidirme cuál sería mis favoritos de él, mientras miro mi pequeño librito con su poemario. Creo que a todos los que nos apasionan escritores así, nos resulta muy difícil decidirnos, pero haré un super esfuerzo por Malina.

Aparte quería destacar, que también le influía los amigos y compañeros que tenía que eran poetas como él, supongo que se embriagaba de todos ellos, y conseguía plasmarlo.

De sus rimas, la que siempre me sentí muy identificada y me hacía emocionarme, era la rima VIII (25) de su obra “El libro de los gorriones: colección de proyectos, argumentos, ideas y planes de cosas diferentes que se concluirán o no según sople el viento”. Es un manuscrito de 1869, y recopilado por amigos suyos (Campillo y Ferrán) fueron haciendo recopilatorio y ayudando así a la viuda de Bécquer y sus hijos con el dinero que sacaban. Pues este poema dice así:

"Cuando miro el azul horizonte

perderse a lo lejos,

al través de una gasa de polvo

dorado e inquieto,

me parece posible arrancarme

del mísero suelo,

y flotar con la niebla dorada

en átomos leves,

cual ella deshecho.

Cuando miro de noche en el fondo

oscuro del cielo

las estrellas temblar, como ardientes

pupílas de fuego,

me parece posible a do brillan

subir en un vuelo,

y anegarme en su luz, y con ellas

en lumbre encendido

fundirme en un beso.

En el mar de la duda en que bogo,

ni aun sé lo que creo,

¡sin embargo, estas ansias me dicen

que yo llevo algo

divino aquí dentro!"

Con estos versos, me sentía reflejada y sentía que realmente él expresaba los mismos sentimientos que tenía yo en mi corazón. No había conocido todavía ni el amor, siendo tan pequeña, ni sabía cómo era, ni cómo sería, pero ya con Bécquer me imaginaba ese laberinto de pasiones del romanticismo.

Él se muestra tal cual es en sus rimas, extrae todo sentimiento que lleva dentro y puedes llegar incluso a sentir el calor, el frio que transmite. Muy realista y observador, con una capacidad de escribir detalles y también expresar todo el caos del mundo interior.

De sus leyendas, que me gustaban muchísimo, sobre todo cuando celebrábamos la noche de difuntos (soy de una familia muy practicante, curioso) pues me gustaba leer las leyendas de Bécquer, era muy conocida su leyenda urbana del monte de las ánimas. Pero para mí, la leyenda que más me gustaba y con la que me sentía muy identificada era “El rayo de Luna”, escrita en 1862. Y la sitúa en Soria. Describe como un poeta Manrique, va expresando sus sentimientos incomprendidos, su locura interior, abandonando toda la realidad. Persigue una fantasía, una mujer, y se deleita, se enamora, se apasiona por ella sin verla. Para mi es una de las leyendas más pasionales que he leído de Bécquer.

Pienso que él se sentía así, buscaba y buscaba esa amada, que se perdía entre los árboles, y que tristemente no lograba atrapar, ni encontraba.

Otra leyenda “Maese Pérez el organista”, es una leyenda recogida por Bécquer de 1861, trata de la leyenda de un organista que tocaba en el Convento de Santa Inés en Sevilla. Me gusta muchísimo, porque un poco me recuerda a Poe (espero que nadie me quiera matar por el comentario). Me fascina la evocación del arte que no muere, que siga “vivo” aún tras su muerte. Es una leyenda que atrae a leerla, a conocer que está sucediendo. Con suspense, y ese halo de romanticismo. Muy cultural, y muy conocedor de la sociedad en aquel tiempo.