Le rodeaba una oscuridad absoluta. Aunque tuviera los ojos abiertos, no podía ver nada. Estaba paralizado por el miedo. Un hedor insoportable le dejaba casi sin respiración.
Olor a humedad, algo que
había estado años cerrados. Sus pies estaban sumergidos en agua, o eso creía
él.
Dio unos pasos hacía adelante
y se topó con una pared, pringosa y cubierta de algo que creyó bichos.
De repente notó cómo algo le
tocaba la pierna derecha. Se puso a gritar.
Fue cuando entró en ese
habitáculo un pequeño rayo de luz, que se abrió encima de su cabeza.
Raúl miró hacia arriba y pudo
ver una ranura por donde podía entrar luz. Sonrió. Pero enseguida esa ranura
desapareció, volvió rodearle la oscuridad. Algo le empezó a morder los pies. El
pánico se apodero de él. Comenzó a gritar, y sus gritos no paraban.
Todas las noches, desde hacía
semanas, tenía la misma pesadilla, siempre la misma.
Nadie le creía, sus
compañeros se reían de él.
Raúl tenía diez años, pero
ningún amigo, y sus padres no le tenían en cuenta. Estaban muy preocupados con
sus maravillosos e importantes trabajos. Simplemente nadie lo escuchaba. Estaba
solo.
Nota algo distinto en la
pesadilla.
Nota como el agua va
subiendo. Sigue sin poder ver nada. Intenta moverse, tropieza con algo y cae al
agua. Enseguida pone sus manos en el suelo y puede tocar algo. Es como si fuera
una masa blanda, siente un asco terrible y se incorpora. Está de nuevo en pié.
Grita con todas sus fuerzas.
De nuevo algo de luz, mira
hacía arriba, de nuevo esa pequeña ranura da un poco de claridad, un anhelo de
vida. Siente que se encuentra mejor. Pero le dura poco. Se cierra la ranura,
vuelve la oscuridad. Y Raúl vuelve a gritar histérico.
De nuevo en su cama, llora.
Tiene miedo, no quiere ir a
la cama, no quiere dormir.
Esta vez se despierta y ve
que sus pies están sangrando.
Sus padres lo llevan a
urgencias. Son mordeduras de roedores.
No sabe qué hacer, no puede
resistir al sueño. Cae en su cama dormido.
Sabe que está solo, sus
padres no le creen.
Pero esta vez Raúl ha
guardado una pequeña linterna dentro de sus calzoncillos. Esta vez podrá ver a
su alrededor.
Está de nuevo en ese lugar,
oscuridad, olor a humedad y muerte.
Saca su linterna y la
enciende. Ve las ratas y grita. Pero eso no es lo peor.
Gira a su alrededor, puede
ver que está rodeado por una pared de ladrillos húmedos cubiertos de limo. El
hedor es insoportable. Está en un pozo rodeado de cadáveres. Otra vez nota que
entra luz desde arriba, hay alguien. Es el que abre la tapa todas las veces.
Raúl le grita, le pide
auxilio. Pero no tiene respuesta.
Otra vez cierra la tapa.
Vuelve a gritar, para
despertar en su cama.
De nuevo en la pesadilla.
Esta vez está cubierto de agua hasta el pecho. Enseguida agarra su linterna, pero
esta no enciende, se ha mojado.
De nuevo se abre esa ranura que
deja que entre algo de luz.
Ve con ojos asustados que
está rodeado de cuerpos muertos flotando en el agua.
La luz se hace más intensa,
la tapa se abre más de lo normal.
Raúl mira hacía arriba.
Grita, algo monstruoso se asoma. Es un ser peludo, horrendo, gigantesco. El ser
mira a Raúl.
El niño empieza a gritar,
pero el grito es cortado, ese ser tira algo al agua. Raúl se pega a la pared
mohosa.
Pero puede ver que ha
arrojado a un niño. Está mordisqueado, lleno de sangre, las tripas por fuera de
su abdomen flotan en el agua.
Raúl no puede apartar los
ojos del niño que flota ante él. El cadáver abre los ojos y mira hacía Raúl.
Éste grita, no puede escapar, ese ser cae al agua Le está agarrando el cuello.
Raúl no puede gritar, cierra los ojos, los vuelve abrir y ve a ese ser aferrado
a su pequeño cuello. No puede respirar, intenta luchar, pero su pequeño cuerpo
no puede hacer nada con semejante bestia.
Siente que sus fuerzas le
abandonan.
Y nota como ese monstruo le
muerde la cabeza, pero no siente dolor, sólo sueño y se abandona y ya no siente
nada.
Su madre le llama, grita desconsolada. Grita sobre la pesadilla que tenía su hijo.
Nota su cuerpo débil, se
encuentra muy cansado. Nota su cuerpo flotar, flotar en el agua del pozo. Sus
ojos se cierran. Ya no oye nada, no siente nada. Solo hay oscuridad.
Relato de Malina Murnau (2012)

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