domingo, 23 de agosto de 2026

La pesadilla

 


Le rodeaba una oscuridad absoluta. Aunque tuviera los ojos abiertos, no podía ver nada. Estaba paralizado por el miedo. Un hedor insoportable le dejaba casi sin respiración.

Olor a humedad, algo que había estado años cerrados. Sus pies estaban sumergidos en agua, o eso creía él.

Dio unos pasos hacía adelante y se topó con una pared, pringosa y cubierta de algo que creyó bichos.

De repente notó cómo algo le tocaba la pierna derecha. Se puso a gritar.

Fue cuando entró en ese habitáculo un pequeño rayo de luz, que se abrió encima de su cabeza.

Raúl miró hacia arriba y pudo ver una ranura por donde podía entrar luz. Sonrió. Pero enseguida esa ranura desapareció, volvió rodearle la oscuridad. Algo le empezó a morder los pies. El pánico se apodero de él. Comenzó a gritar, y sus gritos no paraban.

 Se encontraba de nuevo en su cama.

Todas las noches, desde hacía semanas, tenía la misma pesadilla, siempre la misma.

Nadie le creía, sus compañeros se reían de él.

Raúl tenía diez años, pero ningún amigo, y sus padres no le tenían en cuenta. Estaban muy preocupados con sus maravillosos e importantes trabajos. Simplemente nadie lo escuchaba. Estaba solo.

 Otra vez de nuevo, está en ese lugar que odia tanto. Siente miedo, mucho miedo. Y presiente que no se encuentra solo.

Nota algo distinto en la pesadilla.

Nota como el agua va subiendo. Sigue sin poder ver nada. Intenta moverse, tropieza con algo y cae al agua. Enseguida pone sus manos en el suelo y puede tocar algo. Es como si fuera una masa blanda, siente un asco terrible y se incorpora. Está de nuevo en pié. Grita con todas sus fuerzas.

De nuevo algo de luz, mira hacía arriba, de nuevo esa pequeña ranura da un poco de claridad, un anhelo de vida. Siente que se encuentra mejor. Pero le dura poco. Se cierra la ranura, vuelve la oscuridad. Y Raúl vuelve a gritar histérico.

De nuevo en su cama, llora.

 Las noches siguen igual. Se encuentra mal, enfermo.

Tiene miedo, no quiere ir a la cama, no quiere dormir.

 De nuevo está en esa pesadilla. Nota que algo le muerde de nuevo, ya sabe que son. Son ratas, le muerden. Le duele.

Esta vez se despierta y ve que sus pies están sangrando.

Sus padres lo llevan a urgencias. Son mordeduras de roedores.

No sabe qué hacer, no puede resistir al sueño. Cae en su cama dormido.

Sabe que está solo, sus padres no le creen.

Pero esta vez Raúl ha guardado una pequeña linterna dentro de sus calzoncillos. Esta vez podrá ver a su alrededor.

Está de nuevo en ese lugar, oscuridad, olor a humedad y muerte.

Saca su linterna y la enciende. Ve las ratas y grita. Pero eso no es lo peor.

 Las ratas se están dando un festín, Raúl ve cadáveres putrefactos.

Gira a su alrededor, puede ver que está rodeado por una pared de ladrillos húmedos cubiertos de limo. El hedor es insoportable. Está en un pozo rodeado de cadáveres. Otra vez nota que entra luz desde arriba, hay alguien. Es el que abre la tapa todas las veces.

Raúl le grita, le pide auxilio. Pero no tiene respuesta.

Otra vez cierra la tapa.

Vuelve a gritar, para despertar en su cama.

 Otra noche más, no podrá aguantar por más tiempo.

De nuevo en la pesadilla. Esta vez está cubierto de agua hasta el pecho. Enseguida agarra su linterna, pero esta no enciende, se ha mojado.

De nuevo se abre esa ranura que deja que entre algo de luz.

Ve con ojos asustados que está rodeado de cuerpos muertos flotando en el agua.

La luz se hace más intensa, la tapa se abre más de lo normal.

Raúl mira hacía arriba. Grita, algo monstruoso se asoma. Es un ser peludo, horrendo, gigantesco. El ser mira a Raúl.

El niño empieza a gritar, pero el grito es cortado, ese ser tira algo al agua. Raúl se pega a la pared mohosa.

Pero puede ver que ha arrojado a un niño. Está mordisqueado, lleno de sangre, las tripas por fuera de su abdomen flotan en el agua.

Raúl no puede apartar los ojos del niño que flota ante él. El cadáver abre los ojos y mira hacía Raúl. Éste grita, no puede escapar, ese ser cae al agua Le está agarrando el cuello. Raúl no puede gritar, cierra los ojos, los vuelve abrir y ve a ese ser aferrado a su pequeño cuello. No puede respirar, intenta luchar, pero su pequeño cuerpo no puede hacer nada con semejante bestia.

Siente que sus fuerzas le abandonan.

Y nota como ese monstruo le muerde la cabeza, pero no siente dolor, sólo sueño y se abandona y ya no siente nada.

 Sus padres lloran, ven a su hijo tumbado en la cama. Totalmente mojado, ensangrentado, casi morado.

Su madre le llama, grita desconsolada. Grita sobre la pesadilla que tenía su hijo.

 Raúl escucha la voz de su madre, pero muy lejos, demasiado lejos.

Nota su cuerpo débil, se encuentra muy cansado. Nota su cuerpo flotar, flotar en el agua del pozo. Sus ojos se cierran. Ya no oye nada, no siente nada. Solo hay oscuridad.


Relato de Malina Murnau (2012)

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