sábado, 12 de octubre de 2024

Mis tres favoritas de... Vincent Price

 

Malina Murnau

"Matar o no matar, éste es el problema" ("Theatre of Blood" 1973), de Douglas Hickox.

Mi favorita sin duda del gran y fabuloso actor Vincente Price. La primera vez que la vi me dejo traumatizada y al mismo tiempo encantada. Una gozada de película.

"La casa de las sombras del pasado" ("House of the Long Shadows" 1983), de Pete Walker.

Lo sé, no es la mejor de él ni la más interesante, pero para mí este film tiene un encanto especial. Y ver a cuatro de los grandes juntos, qué puñetas, es una flipada. Me encanta.

"El último hombre sobre la Tierra" ("The Last Man on Earth"1964), de Sidney Salkow y Ubaldo Ragona.

Aparte de que la novela es de uno de mis escritores y guionista favoritos, esta adaptación para muchos muy floja, yo particularmente la adoro. 

Poner sólo tres de este gran actor me es muy muy difícil. Dejo joyas atrás que nombrarlas sería muy largo. Uno de mis actores favoritos.


Joanna

Aunque ya había encarnado a gigolos y otros tipos de personajes alejados de las buenas costumbres, y más para las órdenes del Código, le corresponde a Jospeh L. Mankiewicz convertirlo en el villano ideal a partir de su "El castillo de Dragonwick" (1946). Intervino en un montón de títulos imprescindibles del terror pero, junto a éstos, también se dejó caer en no pocas bizarradas pop que también me encantan y por las que me decanto:

“Estamos muertos... ¿o qué?” (“Dead Heat”, 1988), de Mark Goldbaltt.

Una auténtica delicia ochentera que mezcla sin pudor ni vergüenza el cine fantástico, la buddy movie policiaca y la comedia y donde cabe absolutamente de todo. Una pareja de policías formada por Treat Williams y Joe Piscopo investigan un caso que irá complicándose cada vez más, y detrás de todo, cómo no, está el villano por excelencia: Vincent Price. Un ejemplo de lo que debería ser el cine fantástico de los ochenta, y no “Los Goonies” (1985).

“Dr. G y su máquina de bikinis” (“Dr. Goldfoot and the Bikini Machine”, 1965), de Norman Taurog.

Un delicioso y delirante film producido por la American International Pictures con música de las Supremes, protagonizado por Frankie Avalon, con Vincent Price como el mad doctor del título, y repleto de bellezas en traje de baño de dos piezas. Tuvo secuela firmada por Mario Bava en la que repetía Price, con Fabian, la bella Laura Antonelli y los inefables Franco Franchi y Ciccio Ingrassia haciendo de las suyas.

“Escándalo en la playa” (“Beach Party”, 1963), de William Asher.

Uno de los muchos títulos playeros dirigidos por William Asher que estaban tan de moda en los comienzos de la “década prodigiosa”. Con la pareja habitual de estos trabajos, Frankie Avalon y Annette Funicello, y con la participación de Dorothy Malone, Robert Cummings, así como de Dick Dale y sus Deltones, quienes volverían a ponerse de actualidad en los noventa al incluir Quentin Tarantino su “Misirlou” en la escena de créditos iniciales de “Pulp Fiction” (1994). Un título fuera de los ambientes góticos a los que nos acostumbró Vincent Price, pero igualmente ideal para sus interpretaciones excéntricas.


Susana Annasus

Si pienso en Vincent Price es pensar en su voz, una voz que traspasaba la pantalla, una pronunciación y un tono perfectos. 

Era uno de los grandes actores de cine clásico de terror, decían que había hecho cine de bajo presupuesto, pero para mí las películas que nos fascinaban ya con su imagen y con su voz llenaba la pantalla, nos hipnotizaba a los espectadores que nos encantaba.

 Creo que fue la voz y la risa que salía en el videoclip de terror "Thriller" de Michael Jackson. 

Podía hacer cualquier tipo de papel, podría ser terror, como dar juego al espectador. Era elegante, y junto con otros grandes el mejor en su género consiguiendo llegar incluso a los jóvenes en su última época.

Es pronunciar su nombre y pensar en muchas de las películas que hizo, e incluso en su última interpretación en "Eduardo Manostijeras". Gracias a Tim Burton volvió a interpretar, y a maravillarnos con sus gestos, sus expresiones. Una escena sin duda estremecedora, como fascinante. Volver a verlo, su elegancia, un rostro inolvidable.

Uno de los detalles que no me sorprendió saber de él es que había estudiado Historia del arte y bellas artes, si ya él era arte puro.

De todas sus películas la que más me gusta, pero me cuesta elegir, porque de sus épocas me encantan todas sobre todo las últimas que hizo, pero de su filmografía elegiría "El último hombre en la Tierra" (1964) o "House on Haunted Hill" (1959).

Hay una foto que me encanta en la que salen los dos grandes juntos a él: Christopher Lee y Peter Cushing. Y es que hay personas que impactan, completan la pantalla con su imagen, su mirada expresiva. Son icónicos.

Sin duda siempre seguiré estremeciéndome al escuchar su voz. Sin duda inolvidable y eterna.


Esther Checa

Me siento mucho más inquieta que cuando hicimos un inciso en Clint Eastwood, porque una dice ¿pero quién soy yo para meterme en este “fregao”?

Para mí Vincent es el actor de culto junto con Lee más grande y con la perturbación de que elige muy bien los papeles, todos, dentro de un lote en el que se hace tan grande como cuando recita, lo mejor para mí “El corazón delator ¡menuda declamación teatral! o “El barril amontillado”.

Que le gusta el terror, está claro, que es incondicional de Poe y de la Hammer también, y es parte o muy gran parte de todo ello. 

Desde “Tales from the Crypt” hasta maravilla en terror humorístico, pero dentro de su “eterno papel” es él quien siempre da ese punto de cuerda en el que el suspense adquiere un punto más que álgido, con su cara, su voz y su pasión por todo lo gótico. 

 “El susto” (“Shock”, 1946), de Alfred L. Werker.

Donde está soberbio en un film que no se toca mucho pero que es un pedazo de cinta de suspense hecha con tanta calidad que ni se aprecia. Tiene muchos guiños a la nouvelle vague, a Godard, y Price es la “pieza“ de maestría en interpretación y declamación.

“El inquisidor” (Matthew Hopkins: Witchfinder General, 1968), de Michael Reeves.

Uno de los mejores villanos de todo el puto cine, un ejercicio de su forma de transmitir inmensa, oscurísimo y carismático a más no poder. 

Dificilísimo, siendo un monstruo interpretativo. 


Alfonso Romero

“El inquisidor” (Matthew Hopkins: Witchfinder General, 1968), de Michael Reeves.

Uno de los títulos que terminarían por dar nombre y definir al folk horror, y a la vez uno de los films sobre la inquisición y los inquisidores más definitivos y redondos, que se apoya y engrandece bastante en la labor de Vincent Price en el rol principal. Reeves había contado con otro grande del terror, Boris Karloff, en su film previo, “Los brujos” (1967). Su nombre apuntaba alto dentro del cine de género, pero falleció poco después del estreno de “El inquisidor” al parecer por una sobredosis accidental de alcohol y barbitúricos.

“La máscara de la muerte roja” (“The Masque of the Red Death, 1964), de Roger Corman.

Resulta harto complicado resaltar una de entre las diversas cintas del ciclo que Roger Corman dedicó a adaptaciones del escritor Edgar Allan Poe, la mayoría protagonizadas por el gran Vincent Price. Si escojo ésta es porque me resulta inolvidable su rol como el príncipe Prospero, que quedaría como modelo a imitar para futuros títulos. 

“El abominable Dr. Phibes” (“The Abominable Dr. Phibes”, 1971), de Robert Fuest.

Aunque estrenada ya en 1971, esta la presentación del vengativo Dr. Phibes tiene aún ese aire pop, colorista y psicodélico propio del cine y la televisión de los sesenta. No en vano detrás de la cámara estaba Robert Fuest, un veterano a quien le debemos no pocos episodios de la serie “Los Vengadores” (1961-1969). La que aquí nos interesa es un vehículo perfecto para Vincent Price quien, aunque interpreta al villano de la función, se gana al respetable sin el menor de los esfuerzos. La seguiría una secuela, “El retorno del Dr. Phibes” (1972), también de Fuest, y a su esquema remite sin pudor la maravillosa “Matar o no matar, este es el problema” (1973), de Douglas Hickox.


Miguel Romero

Todo un icono del cine de terror, elegir sólo tres películas de su inabarcable filmografía resulta demasiado difícil. Tantas películas, y tantas de las que nos gustan… Por decir tres…

“Las ballenas de agosto” (“The Whales of August”, 1987), de Lyndsay Anderson.

Quién mejor que Lyndsay Anderson, con gran experiencia tanto en cine como en teatro, para llevar a la gran pantalla la obra de David Berry (quien precisamente se encargó de convertirla en guion), y darle el necesario toque femenino (que no feminista) que requería la trama.

Con ese maravilloso trío protagonista, Lillian Gish (¡que contaba por entonces con 91 años!), Bette Davis y Vincent Price. Secundados por otros (muy) veteranos como Ann Sothern (quien llevaba décadas en la televisión) y Harry Carey Jr.

Preciosa pieza otoñal, a pesar de desarrollarse a finales de agosto, cuando cada año se ve pasar a las ballenas.

“Matar o no matar, este es el problema” (Threatre of Blood”, 1974), de Douglas Hickox.

Surgida tras el éxito de “El abominable Dr. Phibes” (1971), pero aquí cambiando por un actor de teatro que finge su muerte y con la ayuda de su hija (Diana Rigg) se va vengando de los críticos que en vida lo menospreciaron, matándolos como en las obras de Shakespeare. Con ese guion, esas actuaciones, esa fotografía, secundarios como Dennis Price o Diana Dors… un auténtico bocato di cardinale… Por cierto, los que la vimos siendo niños un domingo por TVE, nunca olvidaremos cuando hace que Robert Morley se coma a sus perros…

Por cierto, el título español es muy superior al original.

“La casa de las sombras del pasado” (“House of the Long Shadows”), de Pete Walker.

La película menos personal de Pete Walker (aunque aparezca su actriz fetiche, Sheila Keith), ya que fue un encargo de la Cannon británica. Se le ha achacado que ya era una película desfasada cuando se estrenó. Pero ver en un mismo film a grandes del cine de terror como Christopher Lee, Peter Cushing, John Carradine y Vincent Price no se da todos los días, y los fans del terror (al menos los de verdad) aprecian esas cosas.

Eduardo Álvarez Cónsul

"La comedia de los terrores" (“The Comedy of Terrors”, 1963) de Jacques Torneaur.

En esta divertida película ambientada en el Londres de la era victoriana,

Vincent Price tiene una funeraria y tiene como ayudante a Peter Lorre, a Boris Karloff como suegro y a Basil Rathbone como un futuro cliente.

"Matar o no matar este es el problema" (“Theatre of Blood, 1973), de Douglas Hickox.

Vincent Price es un prestigioso actor de obras de William Shakespeare que cuando no le conceden un prestigioso galardón decide vengarse de los críticos que no le votaron para ganar el premio asesinándoles de distintas maneras que están inspiradas en obras de Shakespeare.

"El Barón de Arizona" (“The Baron of Arizona”, 1950) de Samuel Fuller.

En este wéstern Vincent Price es el histórico estafador James Addisson Reevie, que con sus malas artes pretende apoderarse del estado de Arizona.

Alfonso Carlos López

“La mosca” (“The Fly”, 1958), de Kurt Neumann.

Una película soberbia y mítica de la ciencia ficción y terror estadounidense de 1958, dirigida por Kurt Neumann, con un Vincent Price magnífico y con David Hedisonn, Patricia Owenss y con guion de James Clavell. Esta película, basada en una historia de George Langelaan, consigue mantenerte pegado a la pantalla. Un científico construye una máquina que teletransporta materia y tendrá tremendas consecuencias para él. Al principio experimenta con objetos inanimados, luego con seres vivos como el gato de la casa y una cobaya. El problema viene cuando quiere teletransportarse a sí mismo y se cruza una mosca en la máquina. Este film inspiró la magnífica canción “The Human Fly”, de The Cramps, una banda que admiro muchísimo.

“La caída de la casa Usher” (“The Fall of the House of Usher”, 1960), de Roger Corman.

Cinta de terror estadounidense de 1960 cuyo director fue Roger Corman. En el reparto Vincent Price, Mark Damon, Myrna Faheyy y Harry Ellerbe. Basada en un relato del gran Edgar Allan Poe de 1839, es un clásico del terror en el cine. A mediados del siglo XIX, un joven, Philip Winthrop (Mark Damon) viaja desde Boston a la casa de la familia Usher, que viven en una mansión rodeada de un paisaje pantanoso, para reunirse con su prometida, Madeline. El hermano de la novia se opone a que se casen y que Philip se la lleve a Boston, alegando una enfermedad hereditaria de la familia. Se queda en la casa y convence a la novia de que se casen y se vayan a Boston, pero repentinamente ella muere. Descubre que no está muerta al bajar a la cripta. Su hermano pretendía con esta treta salvar el linaje de los Usher que estaba maldito por los crímenes de sus antepasados. Madeline se escapa e intenta asesinar a su hermano. Al fin se produce, por un incendio, la muerte de los dos hermanos, Philip escapa y la casa se derrumba hundiéndose en el pantano.

“El último hombre sobre la Tierra” (“The Last Man on Earth”, 1964), de Ubaldo Ragona y Sidney Salkow.

Película de ciencia ficción y terror italo-americana de 1964, dirigida por Ubaldo Ragona y Sidney Salkow y protagonizada por Vincent Price, basada en la novela “Soy leyenda” de Richar Matheson. Por cierto, me encanta la versión de “El último hombre vivo” (1971), protagonizada por Charlton Heston y dirigida por Boris Sagal, también muy buena “Soy Leyenda” (2007) con Will Smith estrenada en 2007, cuya dirección corrió a cargo de Francis Lawrence. La trama de “El último hombre sobre la Tierra” nos sumerge en un mundo post-apocalíptico donde Robert Morgan (Vincent Price) es un superviviente entre un mundo de seres vampíricos que sólo pueden salir de noche. Hace siempre la misma rutina y parece ser el único inmune al virus porque fue mordido por un murciélago mientras trabajaba en Panamá, este hecho fortaleció su sistema inmunitario. Descubre que también hay una mujer, Ruth (Franca Bettoia), a la que realiza como cura una transfusión de su propia sangre. Le comenta que hay también más supervivientes. Se suceden los acontecimientos en una trama muy interesante. Impresionante la escena final de Vincent Price atravesado por una estaca de metal.


Fernando Rodríguez Tapia

Como siempre, complicado escoger sólo tres películas en una trayectoria tan amplia y estimulante como la de Vincent Price.

Nos decantamos por tres películas, una por década, que constituyen títulos característicos en la trayectoria del actor:

“Los crímenes del museo de cera” (“House of Wax”, 1953), de Andre de Toth.

Película icónica sobre la temática que recuperaba un título anterior realizado de treinta años antes. Elaborada en una época en que el terror no gozaba de mucha popularidad, dirigida por un brillante cineasta ajeno al género y rodada en 3D, un film que ante todo sirvió para colocar a Price como uno de las presencias esenciales del horror cinematográfico. Una historia truculenta, mórbida, muy bien realizada con una plástica embriagadora que aún seduce en la actualidad con varias secuencias que se encuentran en todas las antologías del cine de terror. Un gran éxito comercial en su época que contó con varios reestrenos posteriores aprovechando alguna nueva ola de cine tridimensional. De Toth barajó la posibilidad de hacer una secuela y en la década siguiente se propuso hacer una serie de televisión de la que solo quedó el capítulo piloto estrenado como “La cámara de los horrores” (“Chamber of Horrors”, Hy Averback, 1966). 

"El último hombre sobre la Tierra" ("The Last Man on Earth"1964), de Sidney Salkow y Ubaldo Ragona.

Cuando trabaja en esta obra nuestro protagonista era una figura clave del género que había participado en diversos clásicos y obras maestras recordadas por todos. Esta primera adaptación de la excelente novela de Richard Matheson "Soy Leyenda", sin lugar a dudas la mejor, tuvo una génesis complicada que afectó al resultado si bien el tiempo la ha ido colocando en el apacible seno de las auténticas y merecedoras películas de culto. Un film plenamente B con una magnífica interpretación de Vicent Price como único superviviente, que a pesar de sus ligeras arritmias se mantiene bastante bien gracias a su ambiente apocalíptico y su elaborado diseño de producción que luce francamente bien gracias a la fotografía en blanco y negro. Un título que gana en visionados y que supera sin problemas a las posteriores versiones realizadas. Rodada y coproducida en Italia, cuenta en su reparto con rostros reconocibles del cine transalpino.

“El abominable Dr. Phibes” (“The Abominable Dr. Phibes”, 1971), de Robert Fuest.

Un título importante por dos aspectos diferentes. Supone una nueva vía en la trayectoria de Price adoptando una figura casi legendaria que proseguirá en una serie de roles de evidente conexión metalingüística. Por otro lado, es una magnífica muestra del talento esquivo y discordante del cineasta británico Robert Fuest que aúna humor y terror con cierto toque de serial cinematográfico. Esta historia de venganza con evidentes ecos del citado “House of Wax” (1953) cuenta con un magnífico diseño de producción, ingeniosos crímenes y toques ciertamente surrealista donde el talento de Vincent Price brilla en todo su esplendor. Tuvo una curiosísima secuela y una magnífica variante titulada “Matar o no matar, éste es el problema” (“Theater of Blood”, Douglas Hickox, 1973) en algunos aspectos superior al díptico Phibes. Lamentablemente no hubo más secuelas, aunque se planearon algunas estimables continuaciones que se quedaron en el cajón de los sueños perdidos.

Jorge Arincón

Siempre se suele asociar a Vincent Price con el terror, especialmente a sus colaboraciones en las películas de Corman, "basadas" en relatos de Poe. 

No se debe de olvidar, no obstante la participación cómo secundario en clásicos cómo "Laura", "Mientras Nueva York duerme", "Que el cielo la juzgue" o "los diez mandamientos".

Vincent Price siempre aportaba y su extraordinaria voz fue utilizada y conocida a nivel mundial gracias a esa participación en "Thriller" de Michael Jackson. Aunque mucho antes había sido utilizada por Alice Cooper en "the Black widow" y cómo apertura de sus shows en vivo.

Éstas son algunas de mis películas favoritas de éste gran actor.

“Los tres mosqueteros” (“The Three Musketeers, 1948), de George Sidney.

Magnifica versión de la célebre novela de Alejandro Dumas, en la que Vincent Price encarna al malvado Cardenal Richelieu.

La película es una maravilla de esas que disfrutabas en tu infancia cuando la echaban por las tardes en la tele y que ahora vuelves a mirarla con nostalgia. 

Recuerdo sobre todo esos duelos de espada magníficos con Gene Kelly haciendo cabriolas y una guapísima Lana Turner inolvidable como Milady. Y Vincent Price, pues qué podemos decir, nadie podría haber desempeñado mejor el papel del intrigante Richelieu.

"El último hombre sobre la Tierra" ("The Last Man on Earth"1964), de Sidney Salkow y Ubaldo Ragona.

Basada en la novela "Soy Leyenda" de Richard Matheson, que participó en el guión de la misma.

Vincent Price interpreta aquí al último superviviente de la tierra tras una pandemia que ha asolado la humanidad. A parte de él, existen unos seres que sólo salen de noche, vampiros que fueron contagiados en esa pandemia. 

Aquí Vincent Price se luce en su papel como protagonista absoluto.

La última vez que vi la película fue en pleno confinamiento, lo que hacía la película más aterradora aún.

“Los crímenes del museo de cera” (“House of Wax”, 1953), de Andre de Toth.

Otra de esas películas que se me quedó grabada de niño.

Como secundario aparecía un joven Charles Bronson haciendo el papel de ayudante mudo.

Recuerdo cuando la protagonista arranca la máscara a Vicent Price y aparece su rostro desfigurado.

Buenísima película, que cómo curiosidad fue estrenada en su día en los cines con la novedosa técnica de las gafas de 3D.


David Cortabarria Arriga

Vincent Price (1911 – 1993), junto a los magníficos Peter Cushing (1913 – 1994) y Christopher Lee (1922 – 2015) forman para mi parte de la nobleza clásica más pura del fantastique. Pilares básicos del eterno aprendizaje cinéfilo, fieles y constantes compañeros vitales. Y con una huella mucho más profunda, positiva y didáctica que la de muchos que se autodenominaban maestros o profesores tuvieran jamás en mi vida. A esos miserables los recuerdo poco. A Price, Cushing y Lee no paro de evocarlos.

Tres momentos en los que Price se alojó en mi mente para permanecer ahí para siempre:

“La mansión de los horrores” (“House on Haunted Hill”, 1959), de William Castle.

Price como Frederick Loren

La película no será perfecta, pero su encanto es irresistible, y aguanta bien el paso del tiempo. Tuvo que haber sido toda una sensación para una época donde los espectadores asistían a una experiencia única en las salas de cine, generando recuerdos únicos. En ella Vincent Price encarna de perlas al millonario Frederick Loren, un imponente amo de títeres, que roba planos con total tranquilidad cada vez que aparece en pantalla. Película entrañable y maravillosa. Envidio cordialmente a quien no la haya visto todavía.

“El abominable Dr. Phibes” y “El regreso del Dr. Phibes” (“The Abominable Dr. Phibes” & “Dr. Phibes Rises Again”, Robert Fuest, 1971 & 1972)

Price como Dr. Anton Phibes

Seguimos moviéndonos dentro de la esfera entrañable, esta vez con dos películas deliciosamente imperfectas, con momentos que coquetean sin miedo con la vergüenza ajena, pero cuya mezcla de entretenimiento retro, camp y de terror, junto a unos maravillosos decorados Art Déco es simplemente irresistible. Dos comedias negras que rebosan encanto por doquier, dos rara avis que dotan a este invento del cine de carisma y esplendor. Vincent Price está increíble como el Dr. Phibes. Es una pena que las películas no aprovechen su vozarrón, pero eso Price lo suple con un catálogo de expresiones faciales y corporales que son un festín visual. Y tenemos en la primera película a Joseph Cotten, y a Caroline Munro en ambas (sin acreditar, malditos sean), y al gran Peter Cushing en la segunda… Dos artefactos setenteros de lo más recomendable, no aptos para intensitos del Cahiers du cinema, o de los que se piensan que el cine murió en la década de los sesenta.

“El último hombre sobre la Tierra” (“The Last Man on Earth”, 1964), de Sidney Salkow y Ubaldo Ragona.

Price como Dr. Robert Morgan

Ninguna adaptación al cine ha conseguido captar al cien por cien el tremendo impacto del libro “Soy leyenda” (“I Am Legend”, 1954) del gran escritor Richard Matheson, aunque hay dos que sí se acercan bastante a su atmósfera. La primera es la película que destaco aquí con Price, la segunda es una joyita, la adaptación al libro más fiel de todas, dirigida en España por un desconocido Mario Gómez Martín en 1967. Un soberbio cortometraje que, por desgracia, es de complicado visionado, ya que afloró brevemente en 2020 en la iniciativa “Doré en casa”, donde se mostraban (de manera temporal, qué lástima…) maravillas restauradas por Filmoteca Española. 

Vincent Price está atinadísimo en su papel, transmitiendo de manera muy fiel lo que se siente al combatir un virus mucho más letal que el de los vampiros que le acosan, el virus de la soledad. Y como sucediera con la primera adaptación de la novela 1984, dirigida (¡En vivo!) para la televisión por Rudolph Cartier en 1954, y protagonizada por Peter Cushing, los precarios escenarios realzan sobremanera la historia narrada. No distraen en absoluto, facilitando del todo el que el espectador se adentre de lleno en la historia. Y qué historia… Quien sólo haya visto la entrañable pero muy inexacta adaptación con Charlton Heston (“El último hombre… vivo” –“The Omega Man”, Boris Sagal, 1971) o la efectista y superficial con Will Smith (“Soy leyenda” –“I Am Legend”, Francis Lawrence, 2007) ya tarda en adentrarse en la muy superior versión con Vincent Price. Un peliculón injustamente olvidado y que merece ser siempre reivindicado.

Coda final: 

No podía no mencionar el primer recuerdo que tengo de Vincent Price. Fue en el videoclip “Thriller” de Michael Jackson, dirigido por John Landis en 1983. Tenía por aquél entonces 9 años y recuerdo que escuchar la voz de Price fue toda una experiencia. El clip me divirtió mucho, pero esa voz se quedó dentro de mí para siempre.

Aquí el propio actor rememora tan icónico momento en 1987 para la televisión:

https://www.youtube.com/watch?v=RpEfX1IKEak

Y me queda mucho en el tintero sobre Price, pero es que esas son las condiciones del pacto con este sacrosanto blog, “solo tres podrás escoger”, y las acato con sumo placer (aunque a veces las sigo a medias, pero me lo perdonan siempre).


Oscar "Woody" Correa

Icono del terror gótico, y muy asociable como primera imagen que se te viene a la mente de las obras de Edgar Allan Poe, adaptadas y dirigidas por Roger Corman, Vincent Price, se puede describir en una frase como: “el rostro del terror gótico con un aire de sofisticación”. Además de su imponente presencia, su voz, inconfundible y reconocible como terror puro, se hizo más leyenda si cabe sobre todo por el mítico monólogo del video musical "Thriller" de Michael Jackson, que para mí es de lo mejor que se ha hecho, y que cuando escuchas sus frases todavía a día de hoy da mucho miedo!!! En mi opinión su mayor legado y reconocimiento cuando escuchas … “Darkness falls across the land, the midnight hour is close at hand…” 😂

Para elegir sus tres me quedaría por ejemplo, aunque siempre complicado, con: 

"Eduardo Manostijeras" ("Edward Scissorhads", 1990),

Vincent Price interpretó a El Inventor, el creador de Eduardo Manostijeras (Johnny Depp), un “Dr. Frankenstein” que deja incompleta su creación cuando muere, y dejándole con cuchillas en lugar de manos. Esta fue su última actuación antes de fallecer en 1993, y su presencia en la película también es un merecido homenaje a su legado dentro del cine, ya que Tim Burton, como no puede ser de otra forma, creció admirando a Price en sus películas de terror gótico.

“La mansión de los horrores” (“House on Haunted Hill”, 1959), de William Castle.

¡La primera de todas! Ahora en los 2.000 tenemos numerosas secuelas, versiones, series con más o menos acierto… En este clásico del terror, Price interpreta a un millonario que invita a varias personas a pasar la noche en una mansión embrujada, con la promesa de una espectacular recompensa si sobreviven. ¿Alguien pensaría en alguien no fuera Vincent Price para este personaje? Este papel es un ejemplo claro de combinación de su elegancia, cinismo, humor negro y terror presencial que generan sus personajes y que crean esa atmósfera que nos atrapa. Un buen ejemplo de una gotita más que ha terminado sumando a la imagen de Price de maestro del horror gótico.

"El Pendulo de la Muerte" ("The Pit and the Pendulum", 1961), de Roger Corman.

No podía faltar en ninguna selección una del pack de peliculas dirigidas por Roger Corman, basadas en la obra de Edgar Allan Poe. Price interpreta a un hombre torturado por la culpa y el miedo dentro del entorno gótico claustrofóbico que crea Corman, que añade a la vez  terror, locura, tragedia y un poquito de inquisición española que nunca viene mal. Este papel creo de los más memorables en su carrera, llevando el terror gótico a nuevas cotas… Y se me olvidaba la mítica escena del péndulo, en la que el famoso péndulo va bajando lentamente hacia su víctima de manera tensa y angustiante, y que es uno de esos momentos marcados del cine de terror.


Pepe Torres

Desde sus comienzos en dramas históricos y terror de la Universal hasta sus últimos días en las manostijeras de Eduardo, la carrera de Vincent Price encarna, probablemente mejor que ninguna otra, la propia historia del cine de género, desde las producciones de majors a los últimos coletazos en forma de reunión de los actores de terror clásicos, pasando por los autocines y la televisión. (Casi) siempre con una aproximación irónica a la interpretación, convirtiendo el engolamiento y la pomposidad como rasgos de estilo, y con una voz prodigiosa e inconfundible que aquí nos hurtó el fraudulento doblaje (y que contribuyó de forma inolvidable al éxito del "Thriller" de Michael Jackson). Un grande en el más atinado de los sentidos, cuya filmografía daría para tres o cuatro listas igual de justas.

“Darkness falls across the land, the midnight hour is close at hand. Creatures crawl in search of blood to terrorize y’awl’s neighborhood”.

“Los crímenes del museo de cera” (“House of Wax”, 1953), de André de Toth.

Aunque le pese a Matellano, Hickox o Collet-Serra, la modélica aproximación (¡en 3-D!) del gran húngaro tuerto al mundo de los misterios truculentos de los museos de cera constituye la cima indiscutible del subgénero y brinda a Price la ocasión ideal para hacer lo suyo: inquietar desde una aproximación grandilocuente pero sarcástica, granguiñolesca, a los personajes.

“La mosca” (“The Fly”, 1958), de Kurt Neumann.

Tras la emisión televisiva en “Mis terrores favoritos” del gran Chicho, recuerdo perseguir a mi hermana por los pasillos de casa chillando “Ayúdame” ante la cara horrorizada de mi hermana, un reflejo de los rostros incréduclos de Price y Herbert Marshall en la obra maestra del infravalorado realizadoer alemán.

“La caída de la casa Usher” (“The Fall of the House of Usher”, 1960), de Roger Corman.

La primera, y tal vez la mejor, aproximación de Corman a la literatura de Poe supuso el inicio de un ciclo de personajes memorables para Price, de entre los que brilla su Roderik Usher, convertido el actor de San Luis en la personificación canónica del personaje.




jueves, 10 de octubre de 2024

Marco “Sr. Mutante” Sánchez: "30 años de entrevistas mutantes" (Libros Mutantes & Wrack & Roll, 2024).

 


Cuarto libro de Marco “Sr. Mutante” Sánchez, que nos adentra en algo muy interesante como son las entrevistas a diversos grupos de primera fila del R’n’R, psychobilly, rockabilly… tanto de la escena estatal como internacional. Como recordaréis, Marco ya había publicado anteriormente Psychobilly: 30 Años de Rock & Roll para mutantes (el único libro que trata en lengua castellano sobre el género), Mutant Zine Antología 1992-2002 y Yo fui un mutante adolescente.

Ahondando en la figura de Marco, es obligado decir su dedicación y pasión por el R’n’R, su implicación en su difusión, ya sea a través en su día en Mutant Zine, Mutant Radio, escribiendo en diversas publicaciones como Wrack & Roll, como selector musical o en su faceta de bajista de Los Runaway Boys, en ese proyecto junto a Pony Boy llamado Sr Mutante vs Pony Boy, o ahora en su nuevo grupo, el cual he escuchado y por su enorme calidad dará mucho que hablar y que desvelará el propio Marco en su momento.

30 años de entrevistas mutantes es un gran trabajo y algo que creo yo era necesario: poner sobre la mesa las opiniones, las palabras, de infinidad de grupos, siendo el hilo conductor el propio Marco. Como él mismo me decía en una entrevista reciente que le he hecho en mi espacio radiofónico Vintage Sounds: darles la palabra a ellos. Realmente es esfuerzo muy meritorio e interesante eso de poder leer en 30 años lo que dicen todas estas bandas entrevistadas por el autor. Tener acceso a esto es un gran logro que demuestra la importancia de Marco en el mundo musical.

Marco maquinando próximos proyectos

Podemos ver entrevistados grandes grupos como son: Demented Are Go, The Krewmen, The Sharks, Banane Metalik, Departamento B, Tiger Army,  Generador, The Quakes, 13 Bats, Screamers & Sinners, Daniel Rottenbrain, Batmobile, Godless Wicked Creeps,  Lobos Negros, Death Valley Surfers, Hell Maniacs, Ponyboy  Punkat,  Alfonso Carlos López (debo darle las gracias a Marco porque además de sacar bandas mías me hace una entrevista personal y un repaso por mi carrera musical ya en nombre propio, desde el comienzo hasta la actualidad con mi banda The Nafarrak), Hellbilly Club, Os Catalepticos, etc…

El lector tiene la oportunidad de leer las opiniones de todos estos grupos, en castellano y en esta magnífica recopilación de entrevistas, teniendo en cuenta que no suele ser posible tener todo este material, ni en los diversos artículos de internet. Considero por ello, que es muy importante que os hagáis con esta excelente nueva obra de Marco y ya de paso con sus tres anteriores libros que son imprescindibles para todo amante del R’n’R y de la música en general. Pura historia del rock de la mano de ese gran escritor que es Marco “Sr. Mutante” Sánchez.

Este trabajo es muy ágil y fresco, se pueden ver en él aspectos muy necesarios para conocer mejor a todos estos combos referenciados en esta obra.  No estamos ante un libro más de rock, sino algo que acerca al lector y al público lo que opinan esas bandas a las que sigues y que pones en tu equipo de música o ves en sus conciertos. Este libro se puede conseguir en varios sitios: Alta Fidelidad (Oviedo), Chopper Monster (Madrid), Delia Records (Madrid), Picaraza Shop (Zaragoza), El Beasto Shop (A Coruña) … No dejéis de comprarlo, hacerlo rápido, ya que merece la pena y os aseguro que en el mercado de coleccionistas en nada valdrá mucho.

Alfonso Carlos López

Marco junto a sus criaturas

Camposanto

 



Paseando por esas calles asoladas

Rodeada de piel, huesos y cenizas;

Me meto de lleno en su silencio y olvido.



                                                                                

  Tumbas, nichos,

Andando por el Camposanto.

Imponentes cruces y ángeles guardianes

Para pudrirse y ahogarse en llantos.



Hierros oxidados, flores marchitas

Mármol y cemento

Para las solitarias almas de los muertos.

 

Texto y fotografías: Malina Murnau

miércoles, 9 de octubre de 2024

Kris Kristofferson. Shake hands with the Devil.

 


El pasado 28 de septiembre de este 2024 nos dejaba Kris Kristofferson. Compositor, cantante, músico y actor que destacó por su buen hacer en todos estos campos. De vida y personalidad compleja, su calidad como compositor quedó demostrada en primer lugar con artistas consagrados del country como Johnny Cash y Charlie Louvin, y se ganó al público con la versión de Janis Joplin de su “Me & Bobby McGee”. Entró en el séptimo arte de mano de su amigo el actor Harry Dean Stanton, haciéndose con el papel protagonista de Cisco Pike. La policía y la droga (1972) y logró los roles principales de algunas de las más importantes películas de aquella década. Kristofferson se alzó como una de las más destacadas estrellas americanas (en cine y música) de los setenta, vertiginosos años en los que estuvo muy ocupado y cuando nos dejó sus más aplaudidos trabajos. Desde Les Danses Macabres hemos querido recordarle con una selección de seis de las muchas películas en las que intervino a lo largo de casi cinco décadas.

Pat Garret y Billy the Kid (Pat Garret & Billy the Kid, 1973), de Sam Peckinpah.

La balada de Cable Hogue (1970) no había funcionado bien en la taquilla. Pero tras Perros de paja (1971) y sus dos trabajos con Steve McQueen, Sam Peckinpah volvió al cine del Oeste en un film a medio camino entre la rudeza de Grupo salvaje (1969) y el intimismo de La balada de Cable Hogue. Para su visión del mito (y la muerte) de “Billy el niño” contó con Kris Kristofferson en el papel de dicho forajido, y con James Coburn como su némesis, el agente de la ley Pat Garrett. Un wéstern ejemplar: crespuscular y elegíaco, como todos los de su director, con un final tan inolvidable como el de Grupo salvaje-aunque más profundo que espectacular-, y que contiene la frase que resume el cine del Oeste (y el mundo) para Peckinpah: cuando Garrett trata de disuadir a su antiguo amigo Billy para que abandone su modus vivendi y le dice que los tiempos están cambiando, a lo que aquél responde “Los tiempos puede, pero yo no”.


Fuerza de vigilancia (Vigilante Force, 1977), de George Armitage.

Aprovechando el tirón comercial de las películas de vigilantes rurales del mestizo Billy Jack y, sobre todo, del Pisando fuerte (1973) que dirigiera Phil Karlson, George Armitage realizaba para Gene Corman Fuerza de vigilancia, remake "blanco” del blaxploitation Bucktown (1975), de Arthur Marks.

La acción tiene lugar en una pequeña población petrolífera de California donde reina el caos, como si fuera el salvaje Oeste. Protagoniza Jean-Michael Vincent en el papel de Ben, quien pide ayuda a su hermano Aaron, un veterano de Vietnam al que da vida Kristofferson, que acude con algunos de sus colegas para poner orden. Lo peor llegará cuando éstos consigan controlar la situación y decidan hacerse los dueños de la ciudad para su propio beneficio. Ben tendrá que tomar cartas en el asunto y, en clave rural del mito de Caín y Abel, pararle los pies a su hermano y a sus colegas, quienes pretenden robar el dinero de las nóminas durante el desfile del cuatro de julio.

Resulta curiosa la participación de Kristofferson encarnando al villano en esta respuesta al film de Karlson, cuando su nombre se barajó para el rol protagonista de Pisando fuerte, que finalmente recaería en Joe Don Baker, otro de los nombres indispensables del cine sureño de los setenta.


Convoy (Convoy, 1978), de Sam Peckinpah.

Para muchos cinéfilos y críticos Convoy es un film menor (e incluso indigno) para su director. Un título de encargo, donde el realizador tuvo poco espacio de maniobra, surgido para aprovechar la moda del cine de camioneros tan propia de los setenta y, sobre todo, para sacar partido del boom de Los caraduras (1977) de Hal Needham. Y sin embargo la actitud pesimista y anarquista de Peckinpah, así como su poética del perdedor está muy visible, sobre todo en el personaje de Kristofferson, el rudo camionero “Rubber Duck”, que pondrá en jaque a toda la policía consiguiendo el respaldo de su gremio, movilizando a un sinfín de vehículos en su ayuda.

El adorno del pato enfadado que luce el camión Mack RS700L que conduce Kristofferson en esta película, lo recuperaría Quentin Tarantino para el capó del Chrevolet Nova de 1971 del “Especialista Mike” (Kurt Russell) en Death Proof (2007).


La puerta del cielo (Heaven’s Gate, 1980), de Michael Cimino.

Michael Cimino había conseguido con El cazador (1978) el reconocimiento de la crítica, del público y hacerse con un buen puñado de premios. Era uno de los grandes del momento, aquellos tiempos cuando, en palabras de Peter Bogdanovich, el director era la estrella. Pero La puerta del cielo supuso un enorme clavo en el ataúd del Nuevo Hollywood. Los excesos (de presupuesto, de metraje, de drogas, de ego, y de todo) se saldaron con la ruina de la United Artists, terminando con la prometedora filmografía de Cimino (que nunca podría remontar su carrera, pese a algunos trabajos loables), mientras que la de Kristofferson como estrella de la pantalla veía que sus mejores días habían pasado. La compañía, en un intento de salvar lo que pudiera de aquel naufragio, estrenó un montaje muy recortado e ininteligible, pero todo fue inútil. El tiempo le daría la (tardía) razón a Cimino, y La puerta del cielo ha quedado como una de las obras maestras de su época (y del cine) y como reflejo de un tiempo imposible, irrecuperable e irreemplazable.


Lone Star (Lone Star, 1996), de John Sayles.

De finales de los noventa el papel más significativo (el que más terminaría calando en el imaginario popular) de Kristofferson sería el del Abraham Whistler de la saga Blade en las adaptaciones a la gran pantalla del personaje de los cómics Marvel. Pero hemos preferido traer aquí su rol en Lone Star, magnífico thriller rural ambientado en el sur de Texas. Un título escrito, editado y realizado por un John Sayles en plena forma para la Columbia, y que recibió los elogios de la crítica señalándola como una de las cintas independientes más relevantes de su década.


Lazos de sangre (Bloodworth, 2010), de Shane Dax Taylor.

Tomando como base una novela del escritor sureño William Gay, Lazos de sangre supuso el más destacable trabajo de Shane Dax Taylor en la dirección y de paso el último gran papel para cine de Kristofferson, cuya presencia llena siempre la pantalla en cada una de sus apariciones. Interpretando a un viejo cantante de country que regresa a su casa, en un pequeño pueblo de Tennessee, tras cuarenta años de haberse marchado, abandonando a los suyos. Los traumas y problemas son la moneda común para su disfuncional familia de hillbillies. En el reparto, como uno de los hijos de aquél, encontramos otro de los grandes intérpretes del country, Dwight Yoakan. 

Alfonso & Miguel Romero

sábado, 5 de octubre de 2024

Mis tres favoritas de...Charles Bronson

 


Fernando Rodríguez Tapia

En esta selección personal he optado por no incluir sus obras mayores o más relevantes y me he decantado más por algunos placeres culpables.

Disculpen las molestias.

“El desafío del búfalo blanco” (“The White Buffalo”, 1977), de J. Lee Thompson.

A partir de la excelente novela de Richard Sale, este aparente ripeo de “Tiburón” (1975) siempre me ha resultado más atractivo y sugerente que el original, aunque técnicamente no esté a su altura. Sin embargo, estamos ante un memorable weird western donde lo crepuscular se cruza con lo mitológico reuniendo a dos personajes históricos, Wild Bill Hickox y Crazy Horse, a la búsqueda de un legendario Moby Dick que reina en las oscuras y misteriosas montañas nevadas. Excelente reparto, apropiada banda sonora y una cuidada fotografía que redondea esta recordada producción (al menos para un servidor) del siempre avispado Dino de Laurentiis.

“El luchador” (“Hard Times”, 1975), de Walter Hill.

La ópera prima de Hill y uno de los films atípicos en la trayectoria de Charles Bronson. Una historia fielmente ambientada en los tiempos Gran Depresión en el reconocible escenario de Nueva Orleans muestra una historia de supervivencia entre dos personajes claramente antagonistas: un trotamundos que sabe defenderse con los puños y un estafador que le ayudará a introducirse en mundo de las peleas ilegales. Una obra concisa, directa, plenamente narrada y sin artificios que desmonten el código de valores que transmite. 

“Ciudad violenta” (“Città violenta”, 1970), de Segio Sollima.

De ese estupendo periodo que Charles Bronson vivió en Europa entre finales de los sesenta y primeros setenta, este thriller resulta memorable por adoptar un patrón propio del cine norteamericano desde una óptica plenamente europea. Si bien la historia no es novedosa sobresale por la puesta en escena de Sollima y la particular captación del paisaje urbano en el que transcurre esta venganza criminal en ambientes mafiosos. Un reparto sólido (incluso Jill Ireland está bien en su rol), estridente música de Morricone, adecuado tono hardboiled y algunas secuencias de acción para recordar. 


Malina Murnau

"Los compañeros del diablo" ("Cold sweat"/"De la part des copains", 1970), de Terence Young.

Pongo ésta en primer lugar, aparte de que me gusta mucho, por poner una con Bronson de actor principal. Ya que hay otras que me gustan, pero él tiene papeles más pequeños. Una joyita con guion del gran Richard Matheson. Una película que hay que ver.

"Los siete magníficos" ("The Magnificent Seven, 1960), de John Sturges.

Tengo que poner ésta sí o sí, una de mis películas favoritas de pequeña, que vi en el cine y de la que tengo muy buenos recuerdos. Con un reparto de lujo: Yul Brynner, Steve McQueen y el mismo Bronson. Una maravilla.

"La gran evasión" ("The Great Escape", 1963), de John Sturges.

Y por supuesto va ésta, otra de las grades películas de mi infancia. Las veces que he podido ver esta película... Repitiendo de nuevo con Sturges como director y con McQueen en el cast. Otra perla del cine. 

Dejo atrás como siempre muchas: “Los crímenes del museo de cera” (1953), “El justiciero de la ciudad” (1974), y una larga lista.


Alfonso Romero

Aunque para muchos espectadores (para bien y/o para mal según cada cual) el pétreo rostro de un maduro Charles Bronson está indeleblemente asociado al de su periodo como estrella de Cannon Films en la década de los ochenta, el actor de origen lituano ya llevaba una larguísima carrera a sus espaldas, como extra, secundario y/o actor principal, con un buen lote de títulos destacables. Elegir sólo tres no me resulta tarea fácil, pero allá vamos:

“Hasta que llegó su hora” (“Céra una volta il West, 1968), de Sergio Leone.

Mi película favorita del gran Sergio Leone. Una obra maestra que reformula una vez más el género en manos del realizador romano, mezclando a su antojo su particular estilo con su propia mirada del cine del Oeste (ya mejorado), y el wéstern americano clásico. El reparto es soberbio, donde encontramos a Henry Fonda, Jason Robards, Claudia Cardinale y Charles Bronson en los roles principales, este último como Armónica. Y entre los secundarios están Lionel Stander (refugiado en Europa de la caza de brujas macartista), Frank Wolff, Woody Strode o Jack Elam. Inolvidable la larga escena de créditos (lástima que no se rodó como Leone quería en un principio), la música de Morricone en la parte del flashback (que sigue hoy poniendo los pelos de punta), y la frase que Robards le dice a la Cardinale y sentencia el film: “Tú no lo entenderías. Tiene... algo que ver con la muerte”.

“El luchador” (“Hard Times”, 1975), de Walter Hill.

Charles Bronson y James Coburn -ambos en “Los siete magníficos” (1960)- protagonizaron la película que supuso el debut de Walter Hill en la dirección. Ambientada en Nueva Orleans en los años de la Gran Depresión, el primero da vida a Chaney, un luchador callejero de peleas ilegales, y el segundo es “Speed”, que ejercerá como su manager, y ambos tratan de salir adelante en aquellos tiempos duros, que rezaba el título original.

Tuvo un remake en clave de blaxploitation, “The Hitter” (1978), dirigida por Christopher Leitch, que por aquí se vio en vídeo con el título de “El camorrista”.

“Ciudad violenta” (“Città violenta”, 1970), de Segio Sollima.

Originalmente la película iba a estar protagonizada por el italoamericano Tony Musante y la brasileña Florinda Bolkan, la pareja protagonista de “Anónimo veneciano” (1970), que había sido un gran éxito. Pero cuando entraron en la producción los americanos y la película se hizo más grande se tuvo que contar con alguien “con más nombre”, y Bronson entró en el proyecto imponiendo de paso a su mujer, Jill Ireland.

Aunque su realizador, siempre quitando importancia a su trabajo, veía ésta como una cinta sin gran trascendencia, sigue siendo uno de los títulos esenciales del policiaco italiano en sus mejores años. Y pese que muchos lloraron no ver juntos de nuevo juntos a Musante y a la Bolkan (que es mejor actriz que la Ireland, todo sea dicho), el estilo lacónico de Bronson hizo ganar muchos enteros a los resultados.

“Objetivo: matar” (1978), de Mario Siciliano, con Lee Van Cleef de protagonista, copia sin pudor este film de Sollima.


Miguel Romero

Hoy día muchas de sus películas no estarán bien vistas, así como sus personajes (y su personalidad), razón de más para reivindicarlo. El año que murió Bronson, Quentin Tarantino le dedicó “Kill Bill Vol.1”, y en la secuela de ésta podíamos ver un poster de una de sus películas, “Mr. Majestyk” (1974), en la caravana de Butch, el personaje de Michael Madsen. Y es que Tarantino sí que sabe de cine…

Si hubo un actor más duro que John Wayne dentro y fuera de la pantalla, ése fue Charles Bronson.

“Hasta que llegó su hora” (“C’era una volta il West”, 1968), de Sergio Leone.

Cuando empezó a dirigir wésterns, Leone quiso contratar a muchos de los actores que habían protagonizado “Los siete magníficos” (1960), pero ninguno estaba por entonces interesado en trabajar con un desconocido italiano. Se tuvo que conformar con un joven que trabajaba en una de las muchas series de televisión ambientadas en el viejo Oeste, un tal Clint Eastwood. Tras los éxitos internacionales de sus películas, algunos de aquellos actores accedieron a trabajar con el orondo director. Uno de ellos fue Charles Bronson, que protagonizaría “Hasta que llegó su hora”, una de las grandes obras maestras de la historia del wéstern, en el papel de Armónica, frente a él nada menos que Henry Fonda.

“El pasajero de la lluvia” (“Le passager de la pluie”/”L’uomo venuto dalla pioggia”, 1970), de René Clément.

A las órdenes de otro grande del cine europeo de antaño, René Clément en esta coproducción entre Francia e Italia, donde Bronson tuvo que compartir protagonismo con Marlène Jobert (la madre de Eva Green), por entonces una de las actrices de moda en el país vecino por sus trabajos en la pequeña pantalla.

Y es que su etapa en el viejo continente le permitió rodar cintas tan interesantes (y a menudo olvidadas o denostadas) por los historiadores del cine como “Alguien tras la puerta” (1971) o “Los compañeros del diablo” (1970) entre otras.

“La justicia al acecho” (“Big House, U.S.A.”, 1955), de Howard W. Kosh.

Un joven y en plena forma Charles Bronson es uno de los principales actores de esta película de cine negro rodada con un tono bastante realista. Junto a él, otros grandes del cine clásico como Broderick Crawford, Ralph Meeker o Lon Channey Jr. 

Segunda película como realizador de este productor, en cuya carrera tras las cámaras, además de muchos episodios de series de televisión, encontramos auténticas perlas.

Y podría nombrar muchas otras, “Fríamente… sin motivos personales” (1972), “El justiciero de la ciudad” (1974), “Los siete magníficos”… pero sólo se pueden elegir tres…

Aunque suene a tópico, ya no hay actores como Charles Bronson… tampoco creo que lo permitieran…


Eduardo Álvarez Cónsul

"Adiós, amigo " (“Adieu l’ami, 1968), de Jean Herman.

En este thriller franco- italiano Charles Bronson y Alain Delon son dos camaradas que se conocieron en la legión extranjera en la guerra de Argelia y ahora vuelven a verse para robar la caja fuerte de una entidad junto con la hermosa Olga Georges-Picot.

Esta película trata la amistad masculina pero no cae en el clásico machismo de los thrillers de la época.

"Nevada Express" (“Breakheart Pass”, 1975), de Tom Gries.

En este tardío wéstern, Charles Bronson es uno de los pasajeros de un tren donde pasan distintas historias.

En el reparto aparecen Ben Johnson, Ed Lauter, Richard Creena, Charles Durning, Jill Ireland y el ex boxeador y ex campeón del mundo de peso semipesado Archie Moore.

"Caza salvaje" (“Death Hunt”, 1981), de Peter Hunt.

En esta gran película rodada en Canadá, Charles Bronson huye por las montañas de un oficial de la Policía Montada que no es otro que el gran Lee Marvin que lo persigue mientras está nevando. En el reparto aparecen Andrew Stevens. la hermosa Angie Dickinson, Ed Lauter y Carl Weathers, que por entonces era muy popular gracias al personaje del boxeador Apollo Creed de la saga de Rocky Balboa.


Alfonso Carlos López

“Los crímenes del museo de cera” (“House of Wax, 1953), de Andre De Toth

Una revisión del clásico de terror de 1933 hecha en Estados Unidos en el año 1953 dirigida por André de Toth y protagonizada por Vincent Price, Frank Lovejoy, Phyllis Kirk, Carolyn Jones, Charles Bronson, Nedrick Young, etc… Absolutamente imprescindible para los amantes de este género. El escultor de un museo de cera discute con su socio porque pretende quemar dicho museo para cobrar el seguro y al final es quemado con el citado escultor dentro, llamado Harry (Vicent Price) pero será reconstruido. El nuevo museo será una cámara de los horrores, siendo un éxito, donde Harry ha quedado inválido en silla de ruedas a consecuencia del incendio y es ayudado por su ayudante sordomudo Igor (Charles Bronson) y por Leon (Nedrick Young). Se dan una serie de circunstancias y como os podéis imaginar debajo de las esculturas hay cadáveres. Harry acabará cayendo dentro de la cera hirviendo.

 “Los Siete magníficos” (“The Magnificent Seven”, 1960), de John Sturges.

Extraordinario wéstern de 1960 dirigido por John Sturges y con Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, James Coburn, Horst Buchholz, Robert Vaughn, Eli Wallach, Brad Dexter, y Rosenda Monteros. Un pueblo cerca de la frontera de México es asediado por una banda de malhechores capitaneados por Calavera y los ciudadanos del pueblo deciden contratar a pistoleros profesionales para acabar con los abusos a que son sometidos. Una película mítica, con gran ritmo y acción trepidante. La banda sonora buenísima y el tema principal increíble. Ha habido varios grupos que han realizado covers fantásticamente del citado tema principal de este film, como por ejemplo Bad Manners. Un wéstern fundamental en la historia del cine.

“Hasta que llegó su hora” (“C’era una volta il West”, 1968), de Sergio Leone.

Magnífico spaghetti wéstern con dirección de Sergio Leone en 1968, quien la escribió junto a Sergio Donati con base en una historia de Dario Argento, Bernardo Bertoluccii y el propio Leone. Ahí tenemos a Henry Fonda, Charles Bronson, Claudia Cardinale, Gabriele Ferzetti y demás. Con una BSO espectacular a cargo de Ennio Morricone, da todavía más calidad a este trabajo. Un granjero, que vive con dos hijos prepara una fiesta de bienvenida para su futura mujer, Jill, que llegará de Nueva Orleans, pero cuando llega Jill se encuentra que los han asesinado a todos. Un argumento interesante con escenas ya clásicas en el cine como las de la armónica y su sonido.

Podríamos decir muchas más de Charles Bronson pero me gustaría reseñar el impacto que tuvo en bandas de ska , que admiro muchísimo, el tema “Guns Of Navarone” de la película homónima de 1961,  versioneado  maravillosamente por The Skatalites y posteriormente por The Specials.


Joanna

Charles Bronson estuvo en los repartos de muchos títulos inolvidables e imprescindibles del Hollywood de los grandes estudios, codeándose con los astros del periodo dorado. Pero ciñéndonos a aquellas películas que protagonizó en calidad de actor principal me inclino por algunas de las que protagonizó durante los sesenta y setenta:

“Bajo cualquier bandera (“You Can’t Win’em All, 1970), de Peter Collinson.

Un film de aventuras, cuya trama se sitúa en la Turquía de 1922, protagonizado por dos pícaros genialmente interpretados por Charles Bronson y Tony Curtis, a quienes se suma la agradecida presencia femenina de la guapa Michèle Mercier. Un antecedente de las buddy movies que arrasaron en los cines en los ochenta, y que guarda visibles paralelismos con “Adiós, amigo”, film que Bronson había coprotagonizado con Alain Delon un par de años antes.

“Chato el apache” (“Chato’s Land”, 1972), de Michael Winner.

El tema de la violencia explícita en el cine, tan traída y llevada desde el estreno de “Bonnie y Clyde” (1966), explotó con “El justiciero de la ciudad” (1974), llevándose los teóricos y los críticos las manos a la cabeza, ofendidos por el tema del ciudadano que se toma la justicia por su propia mano. Pero Michael Winner y Charles Bronson ya habían hecho juntos un par de años antes otra cinta de venganza llena de muertes, aunque ambientada en el Oeste, “Chato el apache”, que en algunos países sufrió cortes en su metraje.

“Teléfono” (“Telefon”, 1977), de Don Siegel.

Después de despedir a John Wayne con la elegíaca “El último pistolero” (1976), Don Siegel contó con otro de los tipos duros de Hollywood en esta película de guerra fría en la que Charles Bronson comparte créditos con Lee Remick. Agradecidamente anti-política en su resolución, su trama muestra un notable parecido con “El mensajero del miedo” (1962) de John Frankenheimer.


David Cortabarria Arregui

Charles Bronson (1921 – 2003) forma parte indeleble de mis primeras memorias de cine televisivo y, a posteriori, videográfico. Los formatos analógicos nunca me lo pusieron fácil para disfrutar como es debido del cine: el doblaje, la maldita manía del pan-scan, cargarse el formato panorámico para condenar la película al limbo del 4:3… pese a todos esos lastres, hoy día felizmente superados, Bronson imponía siempre en pantalla, robando planos sin parar. Me causó siempre una honda impresión, y me encantan las películas en las que interviene. 

Para esta deliciosa propuesta de Les Danses Macabres (J’adore ce nom là pour un si merveilleux blog!) me imagino una trilogía que desde ya me encantaría revisitar en un glorioso pase cinéfilo de un festival bronsoniano, tan imaginario como apetecible.  

“Hasta que llegó su hora” (“C’era una volta il West”, 1968), de Sergio Leone.

Tras la fabulosa “trilogía del dólar” (o dependiendo del mercado, “The Man With No Name Trilogy”, “la trilogía del hombre sin nombre”) que tuvo lugar entre 1964 y 1966, con un fantástico Clint Eastwood y una banda sonora inmejorable a cargo de Ennio Morricone, Leone redondea su visión del wéstern con esta absoluta maravilla estrenada en 1968. Inolvidables Claudia Cardinale y Henry Fonda, pero me quedo con un Charles Bronson que está completamente en su elemento, alucinante con su armónica, sus miradas, su acento… Una de las películas que es un crimen visionar en blanco y negro y 4:3, que ha nacido para ser visionada en cine y que es pura gloria revisitar en Blu-Ray. Un peliculón que es un regalo constante tanto para el espectador como para Bronson. ¡Qué ganazas de volver a verla!

“Sol rojo” (“Soleil rouge”, 1971), de Terence Young.

Otro wéstern, un gozadón absoluto donde a Bronson le acompañan Ursula Andress, Alain Delon y ¡Toshirô Mifune! Un reparto de relumbrón para una película muy entretenida que funciona como genial contraste a la arriba mencionada, que te deja exhausto con su cegadora perfección. A nada que el espectador se deje llevar por la propuesta aventurera aderezada con ensalada de tiros y más tiros, tendrá la recompensa de los planos compartidos entre Bronson y Mifune. Porque señores, la mezcla entre spaghetti western con samurái de por medio es una maravilla, a eso le llamo cocina de fusión. Me da igual que sea considerado un título menor, o, como me dijeron un día “cine fácil para espectadores no cinéfilos”. Sol rojo es altamente reivindicable. Bronson queda un punto deslucido y eclipsado, pero no importa en absoluto. Un film a reivindicar siempre. 

“Ciudad en tinieblas”, “Crime Wave”, 1953), de André de Toth.

En lugar de reseñar brevemente otra de mis favoritas de Bronson, “Los siete magníficos” (“The Magnificent Seven”, John Sturges, 1960), algo que mis compañeros de líneas harán fenomenalmente bien (como de costumbre), aprovecho la ocasión para desenterrar un film noir con el gran Sterling Hayden y donde Bronson, camuflado bajo el alias de Charles Buchinski, tiene un papel secundario. Por avatares del escurridizo azar la vi doblada al francés a finales de la década de los 80, y me encantó, fue de los primeros noirs de toda mi vida. Película rodada en un par de semanas, tan entretenida como complicada de visionar hoy en día. Es una pena que siga entre tinieblas.


Rafa Coronel

“El justiciero de la ciudad” (“Death Wish”, 1974), de Michael Winner.

 Fascistoide, polémica, con un presupuesto ínfimo y no excesivamente brillante en el aspecto formal, pero prácticamente otorgó su forma definitiva al personaje del "vigilante" con nulo aprecio por las normas que le impiden ejercer "justicia". De esas películas que te deja sensación culpable por empatizar con un antihéroe violentísimo. ¡Y presentando a Jeff Goldblum, ¡Ojo!.

“Hasta que llegó su hora” (“C’era una volta il West”, 1968), de Sergio Leone.

Muy olvidada cuando se enumeran los wésterns de Leone porque queda eclipsada por la “trilogía del dólar” y no sale Eastwood, pero en mi opinión es el mejor de todos los del director. Bronson transmite más que nunca con una expresividad mínima, y Henry Fonda se saca un villano antológico siendo alguien a quien estamos acostumbrados a ver normalmente en el papel del héroe. Mi plano absoluto de todo el cine está aquí, con esto resumo perfectamente.

“Doce del Patíbulo” (“The Dirty Dozen”, 1967), de Robert Aldrich.

Quizás “La gran evasión” sea mejor película, pero la presente es para mí muchísimo más divertida. Bronson borda el papel del oficial degradado y encarcelado con el número 9, contrastando con el histrionismo de la mayoría de sus compañeros criminales.


Emilio Malet

“Hasta que llegó su hora” (“Céra una volta il West, 1968), de Sergio Leone.

Obra maestra de Sergio Leone, en la que Bronson interpreta a Armónica, un misterioso personaje movido por la venganza que al parecer fue pensado por Leone para ser interpretado por Clint Eastwood que afortunadamente, visto el resultado, rechazó el papel.  

"La gran evasión" ("The Great Escape", 1963), de John Sturges.

Aunque el protagonismo se lo lleva obviamente Steve McQueen, Charles Bronson destaca también entre el elenco, con una presencia física imponente, que parece capaz de cavar él solo los túneles con los brazos que se gasta.

 En tercer lugar, voy a poner el conjunto de películas de videoclub de la Canon en las que interpreta papeles parecidos de justiciero, y que fue como conocí realmente a Charles Bronson. Aunque luego lo viera en películas anteriores de mucha más calidad, para mi Charles Bronson siempre será “La Justicia”.

Oscar "Woody" Correa

Charles Bronson, caricaturizado muchas veces y convertido en estereotipo, pero mítico y legendario a fin de cuentas. Aunque muchas de las películas de su última etapa fueron vistas como intentos de seguir explotando su imagen de “vigilante” o héroe de acción sin la creatividad ni la calidad que caracterizaron sus mejores trabajos, sumado a guiones repetitivos y a veces polémicos, esto afectó la percepción de estas películas entre la crítica pero ni mucho menos en el público, quienes lo hemos encumbrado como figura de culto y de género. Pero cabe destacar sus muchas colaboraciones en obras maestras de la acción y el wéstern, como el mega-mix elegiríamos estas: 

Toda la saga de “Death Wish” ("El justiciero de la noche", "Yo Soy la justicia"...). Esta saga de acción y thriller es quizá la más famosa de la carrera de Bronson. Interpreta un hombre común que se convierte en “vigilante” tras la trágica muerte de su esposa y el ataque a su hija. Las películas de “Death Wish” fueron en su momento polémicas por su enfoque de la justicia personal y la violencia, pero que le pregunten ahora a Liam Neeson. La interpretación prototípica de Bronson le permitió conectarse con el público que nos identificamos con el concepto de lucha contra el crimen, y creó este personaje que toda nueva película con la misma temática que venga desde entonces será ya para siempre “hacer de Charles Bronson”. La quinta (última entrega de la saga) es sin duda la peor de la serie. La trama ya tan repetitiva de ese vigilante vengativo, la falta de frescura y la fatiga evidente del personaje de Bronson hicieron que esta película recibiera críticas furibundas, pero sigue siendo mítica para los muy cafeteros.

“Hasta que llegó su hora” (“Céra una volta il West, 1968), de Sergio Leone.

Este wéstern épico de Sergio Leone presenta a Bronson como “Armónica”, un misterioso personaje con una misión de venganza (cómo no 🤣). Su interpretación silenciosa, sumada a la icónica música de Ennio Morricone, lo convirtió en un clásico del género. Es uno de los mejores ejemplos del “spaghetti western”, y Bronson se ganó un lugar como una figura legendaria del cine del Oeste.

"Los siete magníficos" ("The Magnificent Seven, 1960), de John Sturges.

En esta película, Bronson interpreta a uno de los siete pistoleros contratados para proteger a un pueblo mexicano de bandidos. Remake del clásico japonés “Los siete samuráis” (1954) de Akira Kurosawa, se convirtió en un ícono del cine del oeste estadounidense. El elenco de estrellas del que se rodeó, junto con su interpretación carismática y recordada, ayudó a crear la base de su reputación como un héroe de acción.





jueves, 3 de octubre de 2024

Jones, Cleopatra Jones.

 

En 1953 se publicó la primera novela del super agente James Bond, Casino Royale (Casino Royale), un éxito de público que propició la continuación de más libros sobre el personaje. Pero éste adquirió toda su dimensión pop y su completa consagración al dar el salto a la gran pantalla al poco de iniciarse la década de los sesenta con Agente 007 contra el Dr. No (Dr. No, 1962), con dirección de Terence Young [1]. El terremoto que causó en las taquillas de medio mundo el estreno de aquella pionera aventura cinematográfica del agente británico, daría inicio a una longeva saga que llega hasta nuestros días, así como al surgimiento de toda una larga serie de imitadores que, al servicio de las más variadas empresas y países, se subieron al carro de la moda y la fama de Bond. Los italianos fueron posiblemente quienes más insistieron en proponer sus super agentes con los más diversos objetivos, enemigos y gadgets [2], seguidos de cerca por los españoles, y en múltiples ocasiones juntos en régimen de coproducción.


En aquellos coloridos años sesenta, en los Estados Unidos la lucha por los derechos civiles de las diferentes minorías, y en especial de los negros, cobró vital importancia. El 2 de julio de 1964 se promulgó la Ley de Derechos Civiles de 1964, pieza clave para prohibir la discriminación y la segregación racial. Aunque aún deberían pasar unos años para que se fuera aceptando a lo largo del país (no en todos los estados se vio con los mismos ojos). Junto a manifestaciones y marchas pacíficas se dieron también sangrientas revueltas raciales, como las acontecidas en el vecindario de Watts, en el sur de Los Ángeles entre el 13 y el 16 de agosto de 1965, o en Detroit entre el 23 y 28 de julio de 1967 -relatadas por Kathryn Bigelow en su película Detroit (Detroit, 2017)-. A lo largo de los sesenta, y paralelamente a la reclamación de los derechos civiles por parte de la comunidad negra, se estrenaron en los cines una serie de películas de carácter progresista y liberal, propiciadas por blancos, que tenían por objeto la integración de la gente de color en la sociedad, títulos que pretendían dar protagonismo y personalidad a los actores y personajes afroamericanos, durante décadas confinados a roles secundarios y a personajes cliché. Junto a éstas, también arribaron a las pantallas producciones más modestas, pero fuertemente combativas. Además de curiosas y plausibles propuestas por parte de aguerridos luchadores de los bajos presupuestos. Mas al llegar los setenta, en tiempos del “orgullo negro”, reventaron la taquilla unas películas con ciertas características en común que desde las páginas de Variety denominaron despectivamente como blaxploitation. Se considera Algodón en Harlem (Cottom Comes to Harlem, 1970), dirigida por el actor afroamericano Ossie Davis, el primer blaxploitation [3]. Distribuida por la United Artists, la película se alzó, según Variety, como la vigésimo primera más taquillera de su año, tras recaudar unos ocho millones en su trayectoria comercial por las pantallas. Aunque el pistoletazo de salida lo daría Las noches rojas de Harlem (Shaft, 1971), traslación a la pantalla del personaje de John Shaft, creado por el escritor y guionista Ernest Tidyman. La cinta, dirigida por Gordon Parks para la Metro Goldwyn Mayer, ingresaría más de veintitrés millones de dólares sólo en suelo estadounidense. La seguirían una enorme catarata de títulos que aprovecharon el filón, la mayoría a cargo de pequeñas y medianas productoras, tipo AIP o Dimension, junto a otro buen puñado de la mano de las majors, como la ya citada MGM, o la Warner. Esta última quiso sacar tajada con títulos como Superfly (Superfly, 1972), de Gordon Parks Jr., Cinturón negro (Black Belt Jones, 1974), de Robert Clouse, o las dos aventuras protagonizadas por el personaje de Cleopatra Jones.


Dentro del blaxploitation, más dado a situar sus tramas en un entorno urbano de gueto, fueron varias y variadas las propuestas que nos trajeron un socias de color de James Bond. Universal estrenó en 1973 Bolt, agente trueno (That Man Bolt), firmada por Henry Levin y con Fred Williamson en el rol del super agente de turno. Jim Kelly, el Williams de la cinta de artes marciales Operación Dragón (Enter the Dragon, 1973), de Robert Clouse (un film, por otro lado, bastante deudor de la saga Bond), encarnaría a diversos super agentes en algunas de las películas en las que trabajó durante los setenta (más de una para el psicotrónico Al Adamson). Pero de todos estos personajes jamesbondianos de color surgidos en el blaxploitation ha quedado como el más icónico e inolvidable la Cleopatra Jones a la que diera forma y vida la modelo Tamara Dobson en un par de películas para la Warner Bros.


Cleopatra Jones no era el primer agente especial femenino que se había hecho con el protagonismo principal de un film de super espías. En 1966 Joseph Losey dirigió Modesty Blaise, superagente femenino (Modesty Blaise), adaptación al celuloide del personaje creado para tiras de prensa por el guionista Peter O’Donnell y el dibujante Jim Holdaway en 1963 [4]. Un film, estrenado por la Twenty Century Fox y con Monica Vitti en el rol protagónico, que ocasionó un muy mal sabor de boca a los seguidores del personaje por las (muchas) licencias tomadas por los responsables de una película que precedía en muchos aspectos a la caótica Casino Royale (Casino Royale, 1967) que firmaran Val Guest, Ken Hughes y John Huston. Modesty Blaise fue tal vez (y pese a todo) la más famosa aunque no la única mujer super agente de los sesenta, ahí está el díptico de Jesús Franco conformado por El caso de las dos bellezas/Rote Lippen, Sadisterotica y Bésame, monstruo/Küss mich, Monster, ambas rodadas en coproducción entre España y Alemania y estrenadas en 1969, con Janine Raynaud y Rosanna Yanni en los respectivos roles de las agentes Diana y Regina. Y hubieron más, no muchas pero sí unas cuantas más que fueron buscando hacerse un hueco en un terreno dominado por hombres. Aunque claro, estamos hablando de super espías de raza blanca.

Tamara Dobson es Cleopatra Jones

En 1973, aprovechando la moda del blaxploitation, la saga oficial de James Bond incorporaba una serie de personajes de color para uno de los títulos más exóticos de la serie, Vive y deja morir (Live and Let Die), donde la actriz negra Gloria Hendry encarnaba a Rosie, pionera chica Bond de su etnia (si bien tenía más peso en la trama el personaje de Solitaire, a la que daba vida la caucásica Jane Seymour). Aquel mismo año la Metro Goldwyn Mayer estrenaba Shaft en África (Shaft in Africa), con dirección de John Guillermin, sacando al personaje del detective John Shaft del neoyorkino barrio de Harlem y enviándolo a una aventura con cierto toque jamesbondiano por el continente negro, y donde el principal papel femenino recaía en la belleza de ébano Vonetta McGee. Mientras que la Warner, en su afán de aprovechar el filón de aquel cine afroamericano, estrenó la primera aventura de la agente Cleopatra Jones. Un título con todas las características visuales y temáticas de este tipo de películas (música funky, estética kitch y exagerada, importancia del gueto, orgullo negro, etc), pero tratando de dar al producto un toque más cosmopolita, más internacional. Si, por ejemplo, la Coffy que encarna Pam Grier ese mismo año en el film homónimo dirigido Jack Hill es una justiciera, una chica de clase trabajadora que cogerá las armas para combatir las injusticias contra su gente, Cleopatra Jones es un personaje más sofisticado, más glamuroso y de altos vuelos, que lucha contra el crimen organizado. De igual modo, la primera es un título descaradamente explotativo, que juega con las consabidas (y esperadas por el público) bazas del sexo y la violencia, no faltando en su metraje desnudos, drogas, tiroteos, etc.; mientras que la segunda tiene un tono más desenfadado (en ocasiones casi infantil), más para todos los públicos, más colorista y pop, que la acerca descaradamente al mundo de los cómics.


En su primera película, Cleopatra Jones (Cleopatra Jones, 1973), dirigida por todo un especialista del cine de explotación, el gran Jack Starrett, nuestra aguerrida agente se las tendrá que ver con Mommy, una oronda lesbiana traficante de droga encarnada (nunca mejor dicho) por una madura Shelley Winters [5], quien en aquellos años realizó un puñado de papeles excesivos y bizarros (y que nos encantan), como su inolvidable Ma´ Kate Barker en Mamá sangrienta (Bloody Mama, 1970), de Roger Corman, o la Bertha de Masacre en el condado de Cuello Rojo (Poor Pretty Eddie, 1975), de David Worth.

En esta aventura, nuestra agente desbarata la distribución de narcóticos de Mommy, y la oronda villana contraataca tratando de desprestigiar el centro de rehabilitación para jóvenes negros a cargo del novio de aquélla, Reuben (Bernie Casey). Pero Cleopatra Jones no está sola, cuenta con la ayuda de los hermanos Johnson (Albert Popwell y Caro Kenyatta), expertos en artes marciales. Rodada en un momento álgido para el blaxploitation, la película contó con muchos rostros habituales del subgénero: además de Berney Casey, encontramos a Antonio Fargas, Brenda Sykes, o Jeannie Bell (sin acreditar). Y el guion lo escribió otro actor destacado del cine afroamericano de los setenta, Max Julien [6], pensando originalmente en que lo protagonizara su compañera en aquellos tiempos, la también intérprete Vonetta McGee [7]. Sin embargo, sería la modelo de Vogue reconvertida a actriz Tamara Dobson (quien previamente sólo había aparecido brevemente en dos títulos) la elegida para el papel principal. 

Quedan grabados en las retinas los villanos (la Winters y el mafioso al que da vida Fargas), las bien resueltas escenas de acción, la banda sonora de J.J Johnson, cuyo tema principal corrió a cargo de Joe Simon, el desparpajo de su protagonista principal, siempre por encima de las circunstancias, y sobre todo sus detalles más pop: sus continuos cambios de atuendo (siguiendo a la Modesty Blaise de la Vitti) y ese lujoso Corvette cuya matrícula luce “CLEO”.


Mucho más divertida, alocada y conseguida resulta su segunda entrega, Cleopatra Jones y el Casino de Oro (Cleopatra Jones and the Casino of Gold, 1975), dirigida por Charles Bail [8]. Un título más cercano al espíritu de James Bond, con unas miras más internacionales y exóticas [9], y también más próximo al mundo de la historieta, en el que llama la atención sus semejanzas con las viñetas de las Hijas del Dragón de los cómics Marvel [10]. Las películas de artes marciales, que arrasaron en los Estados Unidos (y por casi todo el planeta) en la década de los setenta, fueron muy bien recibidas por el público de color, y pronto el blaxploitation respondió con sus propios héroes marciales [11]. El más recordado y quien más reincidió en este tipo de producciones fue el arriba citado Jim Kelly, pero igualmente otros, como Ron Van Clief (el Dragón Negro) o James Iglehart [12], dejaron algunas aportaciones. También el cómic aprovechó dicha tesitura, y Marvel dio en el clavo al hacer equipo entre el héroe afroamericano por excelencia de la “casa de las ideas”, Luke Cage, con el artemarcialista Puño de Hierro, e hizo lo propio de manera femenina con Misty Knight y Colleen Wing [13]. En la segunda aventura fílmica de Cleopatra Jones, nuestra protagonista de igual modo formará equipo con una chica oriental [14], en este caso una joven china, Tanny Tien Ni. Y es que Cleopatra Jones y el Casino de Oro fue una coproducción con los Shaw Brothers y su rodaje tuvo lugar en Hong Kong, logrando de este modo un mayor exotismo (de cara al público occidental) y una mayor aproximación al cine de artes marciales. En esta secuela, los hermanos Johnson son capturados en Hong Kong por unos desalmados cuando trataban de infiltrarse en una organización clandestina haciéndose pasar por traficantes. Hasta allí se dirige Cleo para terminar por descubrir, con la ayuda de la muchacha china, que quien controla todo el cotarro es Lady Dragón, una (de nuevo) mafiosa con gustos sáficos que opera desde su casino en Macao (el local que da título al film), a la que presta su imagen la guapísima Stella Stevens, en un registro diferente del dado por la Winters a su homóloga.


Una tercera entrega nunca llegaría. Para la segunda mitad de los setenta el blaxploitation iba poco a poco dejando de interesar al público y este tipo de cine se terminaría de extinguir con el cambio de década. Las majors fueron las primeras en perder el interés, siendo las pequeñas productoras las que continuaron tratando de estirar el chicle hasta que pudieron. Sin embargo, la huella de Cleopatra Jones quedó patente en trabajos como TNT Jackson (1974), largometraje de la New World filmado en Filipinas bajo la batuta del director local Cirio H. Santiago y con Jeannie Belle de protagonista; Velvet Smooth [vd: Velvet Smooth. Suave terciopelo, 1976], de Michael Fink, con Johnnie Hill interpretando a la valerosa agente que daba título a la cinta -un blaxploitation tan macarra y desvergonzado como aquel The Black Gestapo [vd/tv/br: Black Gestapo, 1975 que dirigiera el exploiter Lee Frost]; o la producción filipina Cleopatra Wong (1978), de Bobby A. Suarez, con Marrie Lee al frente del reparto. Ya en el presente siglo, en Austin Powers en Miembro de Oro (Austin Powers in Goldmember, 2002), de Jay Roach, tercera entrega de las andanzas del paródico super espía británico interpretado por el cómico Mike Myers, la cantante Beyoncé interviene como la agente Foxxy Cleopatra, que luce un setentero look con plataformas, pantalones de campana, camisas de cuello grande y peinado afro, y cuyo nombre hace evidente alusión por un lado al personaje de Pam Grier en la película Foxy Brown [tv/vd/dvd: Foxy Brown, 1975], de Jack Hill, y por otro a la Cleopatra Jones que interpretara Tamara Dobson.

Beyoncé como Foxxy Cleopatra

La Dobson fallecería en 2006 en Baltimore, Maryland, según declaraciones a la prensa de su hermano, Peter Dobson, debido a complicaciones de neumonía y esclerosis múltiple. Hacía mucho que se había retirado de las pantallas. El resto de sus trabajos, alternando cine y televisión y ya fuera de aquel cine afroamericano comercial y explotativo repudiado por la crítica, no llegaron nunca a alcanzar el papel que consagró en el séptimo arte, abandonando el medio al poco de iniciarse los ochenta [15]. Y sin embargo, bastaron sus dos películas con el personaje de Cleopatra Jones para quedar (después de Pam Grier) como la actriz más recordada del blaxploitation.

Alfonso & Miguel Romero

[1] Previamente, la pequeña pantalla había ofrecido una pionera adaptación de Casino Royale en el programa Climax! de la CBS, emitido el 21 de octubre de 1954. Con dirección de William H. Brown Jr., y contando con Barry Nelson como James Bond y Peter Lorre en el rol de Le Chiffre.

[2] Incluso algunos personajes del spaghetti-western, como Sartana y Sabata (interpretados por Gianni Garko y Lee Van Cleef respectivamente) incorporaron jamesbondianos gadgets en su armamento.

[3] La película adaptaba la novela homónima escrita por Chester Himes.

[4] Fue adaptada también a la literatura, en trece novelas y varias colecciones de relatos cortos ya desde 1965, Y en cine, además de la película de Losey, conoció sendas traslaciones más en 1982, y 2003. La primera un telefilm realizado por Reza Badiyi y con Ann Turkel en el papel principal, el piloto de una serie que no llegó a cuajar; y la segunda una producción de Quentin Tarantino (fan del personaje y no mucho de la adaptación de Losey), que dirigió su amigo Scott Spiegel y con Alexandra Staden como la intrépida Modesty Blaise.

[5] Recordaba el malogrado actor Paul Koslo (quien interpretaba en la cinta a uno de los gánsteres) que la Winters le cogió manía desde el principio, siempre poniendo objeciones a todo lo que aquél hacía. Hasta el punto que Starrett tuvo que poner orden y llamarle la atención a la veterana actriz.

[6] Inolvidable protagonista de The Mack [vd: Goldie el chulo, 1973], de Michael Campus. Es la película que ve el personaje de Gary Oldman en Amor a quemarropa (True Romance, 1993), de Tony Scott (a partir de un libreto de Quentin Tarantino, recordemos); y la escena más famosa del film de Campus, aquella en la que el protagonista recibe un premio al “chulo del año” sería parodiada por los hermanos Wayans en I’m Gonna Git You Sucka [tv: Sobredosis de oro; vd: Voy a por ti, 1988] con el personaje de Flyguy, interpretado por Antonio Fargas.

[7] Se les pudo ver juntos en Thomasine & Bushrod [tv: Thomasine y Bushrod/Tres golpes al día, 1974], escrita también por Julien y con dirección de Gordon Parks Jr. Una versión negra del Bonnie y Clyde (Bonnie & Clyde, 1968), de Arthur Penn, ambientada en los años 10, en el final del Oeste, en lugar de en los tiempos de la Depresión.

[8] Especialista y actor que había dado el paso a la realización en 1974 con otro blaxploitation, Black Sanson, protagonizada por Rockne Tarkington.

[9] Que llevaría al agente 007 a, por ejemplo, Japón, en Sólo se vive dos veces (You Only Live Twice, 1967), de Lewis Gilbert. El segundo James Bond de la saga oficial, el australiano George Lazenby, a punto estuvo de protagonizar una película con Bruce Lee; la muerte del Pequeño Dragón dio al traste el proyecto, pero Lazenby intervendría en dos películas en régimen de coproducción entre Australia y Hong Kong: Tie jin gang da po zi yang guan/Stoner [vd: Stoner, agente muy especial, 1974], firmada por Feng Huang y rodada en Hong Kong, y El Dragón vuela alto (The Man from Hong Kong, 1975), con dirección de Brian Trenchard-Smith y protagonizada por la estrella de artes marciales Jimmy Wang Yu, quedando el actor australiano relegado aquí al rol del villano.

[10] Dúo integrado por la afroamericana Misty Knight y la japonesa Colleen Wing, personajes ambos surgidos en los cómics de Puño de Hierro, y que formaron equipo por primera vez en el número 32 de la publicación Deadly Hands of Kung Fu, en enero de 1977, con guion de Chris Claremont y el arte de Marshall Rogers.

[11] De forma análoga, la moda del blaxploitation se hizo notar en el cine facturado en Hong Kong, como demuestra la progresiva inclusión de funky en sus bandas sonoras (en ocasiones pirateadas de películas americanas, como fue el caso de la música de Isaak Hayes para Las noches rojas de Harlem, que puede escucharse en varias películas del antigua colonia británica); la inclusión de actores negros en los repartos; o que se realizaran remakes (apócrifos) de los títulos señeros del black cinema de la época, caso de Do hou mi shi (aka The Drug Connection/The Sexy Killer), dirigido por Sun Chung para los Shaw Brothers, que viene a ser una versión hongkonesa de la arriba citada Coffy.

[12] Ron Van Cliff protagonizó durante los setenta una serie de trabajos rodados en Hong Kong, como aquel ¿Quién mató a Bruce Lee? (Long zheng hu dou jing wu hun/Revenge of the Black Dragon, 1975), acreditada en su cartel a Tommy Loo Chung. James Iglehart por su parte intervino en un puñado de títulos de la AIP en coproducción con Filipinas, entre las que nos gusta destacar Dioses de bambú y karate (Iron Gods and Iron Men, 1974), rodada en Hong Kong por Cesar Gallardo.

[13] El año antes, Al Adamson ya había hecho su propio cruce entre blaxploitation y cine de artes marciales con Dynamite Brothers (1974), donde unían sus fuerzas un negro y un chino (Timothy Brown y Alan Tang, respectivamente).

[14] También podríamos nombrar a los Hijos del Tigre, quienes igualmente hicieron su entrada en las páginas de Deadly Hands of Kung Fu en la década de los setenta. Un trío conformado por un chico de origen chino, Lin Sun, un afroamericano de Harlem, Abraham “Abe” Brown, y uno caucásico, Robert Diamond.

[15] Su otro rol más celebrado es el de la interna “Dutchess” en la cinta carcelaria Rejas ardientes (Chained Heat, 1983), de Paul Nicholas. Film donde Tamara Dobson volvía a encontrase con Stella Stevens.

Pam Grier en Coffy

Chen Ping en The Drug Connection